El almuerzo en el restaurante Mont Pellier de Washington

El almuerzo en el restaurante Mont Pellier de Washington
Córdoba expuso ante el equipo de Clinton todas las urgencias de Salinas
Carlos Puig
WASHINGTON, D C- José Córdoba vino, dialogó y se marchó
Quería: firma rápida del TLC, rápido envío de la legislación de implementación del TLC, no negociación de acuerdos paralelos, rápida ratificación, reunión en Monterrey
“Para nosotros los tiempos son todo”, insistió Córdoba
“No quisiera reaccionar en este momento”, le contestaron
“No tiene que hacerlo”, admitió el funcionario mexicano
El titular de la Coordinación de la Presidencia de la República y máximo asesor del presidente Carlos Salinas de Gortari, tuvo en esta ciudad, el martes 24, la primera reunión de alto nivel con miembros del equipo de Bill Clinton y salió con las manos vacías, después de dos horas de conversación, mientras comían, con Samuel Berger, director de Seguridad Nacional del equipo de transición del presidente electo de Estados Unidos
El resultado de la reunión reflejó que, a diferencia de la relación existente entre Bush y Salinas, gracias a la cual Córdoba y otros funcionarios mexicanos obtuvieron acceso al gobierno norteamericano y resultaron eficaces en sus demandas, ahora, con el presidente electo, todo es volver a empezar, construir nuevas relaciones y esperar llamadas con incertidumbre
Además, las filtraciones a la prensa que acompañaron a la reunión, las cuales se iniciaron desde que se anunció que Córdoba venía a Estados Unidos, dos días antes de su viaje, y concluyeron dando a conocer el contenido de la reunión, revelan un nuevo ambiente en la relación México-EU
El corresponsal de Proceso puede reconstruir las partes esenciales de la trascendental reunión en su contenido y ambiente:
José Córdoba Montoya llegó a su cita unos minutos antes de las doce En las manos, un sobre tamaño carta de manila Pasó por el lobby del hotel Madison y caminó hasta el fondo del hotel, donde está el lujoso restaurante Mont Pellier —18 dólares por plato fuerte— y donde el capitán de meseros, Armando, le dio una mesa, al lado de la ventana
Elegante, el coordinador de la Presidencia de la República vestía traje oscuro, camisa a rayas azules tenues y una corbata oscura con rombos Viajó a Washington para esta reunión, que inicia su relación con el próximo gobierno de Estados Unidos, de la misma manera que cuatro años antes hizo otros viajes para reunirse con los protagonistas de la administración Bush
Unos minutos más tarde llegaron al restaurante Samuel Berger y Barry Carter
“Sandy” Berger, como se le conoce en Washington, es el director de Seguridad Nacional del equipo de transición del presidente electo Bill Clinton; fue subdirector de planeación de políticas del Departamento de Estado en el gobierno de Jimmy Carter; es autor del libro Cosecha de dólares, sobre política rural en Estados Unidos; en los doce años de los gobiernos Reagan-Bush, fue socio de la firma de abogados Hogan and Harston, de la que se desligó para evitar un “conflicto de intereses”, pues el bufete representa a grandes compañías extranjeras y estadunidenses en esta capital En la campaña, fue uno de los principales asesores de Clinton en política exterior
Barry Carter, abogado comercial y profesor de derecho internacional de la Universidad de Georgetown, es asesor del director de Política Económica del equipo de transición, Robert Reich, y enlace entre los equipos de Reich y Berger Carter fue el primer contacto de funcionarios mexicanos en la campaña de Clinton, en el verano
Los tres personajes se saludaron con formalidad y comenzaron la primera conversación entre representantes de Clinton y Carlos Salinas desde la elección En México, ese mismo martes 24, los periódicos publicaron un boletín de la Cancillería, en el que se anunciaba la salida de Gustavo Petricioli como embajador de México en Estados Unidos Berger sabía, como antes lo comprobaron otros altos funcionarios estadunidenses, que estaba sentado con el verdadero representante de Salinas, quien ha viajado en innumerables ocasiones para destrabar asuntos, planear estrategias, resolver conflictos
La presencia de Petricioli en el almuerzo fue sólo su Mercedes negro, a la puerta del hotel y con su chofer, que esperaba a Córdoba
La conversación se inició con formalidad; solemnes y tensos, los tres hablaron de nimiedades Mientras revisaban el menú, se habló poco Declinaron el ofrecimiento del mesero de tomar aperitivos A lo largo de la comida, los tres bebieron agua
Ansioso, Córdoba fue el primero en entrar en materia y preguntó a Berger sobre la estructura del equipo de transición “Me imagino que se la pasa entre Little Rock y Washington” Berger dijo que sí y se quejó de tantos vuelos Hablaron de la elección de Clinton Berger dijo que su jefe “está muy bien preparado para ser Presidente”
YALE Y HARVARD
La conversación derivó en las personalidades de los presidentes Córdoba mencionó que “en México hay la percepción de que la relación personal es crucial para la relación entre los países”; y agregó que Bush y Salinas eran muy cercanos
Berger lo tranquilizó: “Yo creo que la relación entre Clinton y Salinas será muy buena personalmente No tendría por qué ser de otra manera” Córdoba utilizó la oportunidad para bromear: “Claro, aparte de que uno es de Yale y el otro de Harvard”, refiriéndose a la rivalidad tradicional entre ambas universidades Risas Silencio
Llegó la sopa para Córdoba y la ensalada para Carter “Por favor empiecen”, dijo Berger, que no comió el primer plato Pero aprovechó el momento para entrar en materia y el tema que eligió desconcertó a Córdoba, que venía preparado para discutir el TLC
Berger señaló que Clinton, personalmente, le pidió que hablara del tema de las drogas, en qué situación está la lucha antinarcóticos y cómo ve el gobierno mexicano las cosas
Córdoba dio una larga explicación de las actividades contra el narcotráfico en México, con énfasis en “el gran éxito que hemos tenido en la intercepción de aviones colombianos” Se refirió largamente a Colombia y a las drogas que de allá llegan a México Afirmó que “la colaboración entre ambos gobiernos era excelente”, aunque negó la posibilidad de realizar operaciones conjuntas “Ese tipo de cosas pone nerviosos a muchos en México; preferimos que cada quien haga lo suyo en su territorio; la clave es el intercambio de información”
De ahí la conversación saltó a la economía mexicana, a pregunta de Berger Particularmente, la deuda externa de México Córdoba argumentó que lo importante es la relación del servicio de la deuda con el Producto Interno Bruto Puso ejemplos de otros países, donde el servicio de la deuda aún significa hasta el 30% del PIB
De ahí se pasó al papel de la inversión extranjera en México, a la que Córdoba calificó de “importante en el futuro”; aquí apareció por primera vez el Tratado de Libre Comercio
Se habló del GATT y su relación con el TLC; Córdoba arguyó que no veía incompatibilidad entre ambos acuerdos comerciales Berger preguntó por la cláusula de acceso y los países que han mostrado interés Se mencionó a Chile como uno de los primeros países en la lista para ser beneficiados Córdoba dijo que Brent Scowcroft, Director de Seguridad Nacional de Bush, insistió mucho en que no se cerrará el acceso a Chile y a otros países del continente
Berger preguntó cuál es el estatus del Tratado, qué falta por hacer Córdoba explicó que, dadas las reglas del “fast track”, a partir del 17 de diciembre Bush puede firmarlo Dijo que el consenso entre los gobiernos es que no habrá una ceremonia en la que estén presentes los tres mandatarios, por lo que se firmará en cada uno de los países Se recordó que así firmaron Mulroney y Reagan el TLC canadiense, cada quien en su país, el mismo día, después de una conferencia telefónica Córdoba aclaró que, sin embargo, esto sólo sería posible con la bendición del presidente electo
Berger le preguntó cuál es la posición del gobierno mexicano respecto a la firma y Córdoba respondió: “Nosotros favorecemos la firma tan pronto como sea posible para mantener la actual situación” Además, Córdoba explicó que si Bush no firma el acuerdo, en México habría mucha incertidumbre sobre qué pasará después de la toma de posesión de Clinton
Por lo mismo, Córdoba propuso que la mejor manera de arreglar la autorización de Clinton, sería una reunión entre él y Salinas, antes de la toma de posesión Córdoba invitó a Clinton a Monterrey, una ciudad “cerca de la frontera” Berger respondió que tal vez sería mejor para Clinton que la reunión fuera en los Estados Unidos Se mencionó a San Antonio Córdoba insistió más de una vez en que, más allá del lugar, sería muy importante que la reunión se realizara antes de la firma Berger especuló: “Una manera diferente de hacerlo podría ser si él (Clinton) hace una declaración pública, aunque no hubiera reunión”
ASUNTO SAN ANTONIO
Al mencionarse a San Antonio, se recordó que en esa ciudad se firmó la “inicialización”, con la presencia de los tres presidentes, y que se habló de que Salinas había entrado al juego electoral de Bush
Córdoba explicó que Bush le habló a Salinas para proponerle reunirse en San Antonio “¿Por qué San Antonio?”, preguntó el gobernante mexicano Aun así, Salinas asistió, pero no dijo nada respecto a las elecciones o al futuro de la relación “porque nosotros quisimos ser muy cuidadosos, para no intervenir en la elección”
Llegó el segundo plato y Berger comenzó a apuntar algunos detalles de la conversación en su libreta
Berger preguntó sobre la opinión del gobierno mexicano acerca de las preocupaciones de Clinton y los propuestos acuerdos paralelos sobre ecología y derechos laborales
Córdoba dijo que a él le parecía que esos eran asuntos más “para cooperación que para negociación Lo que nos pone nerviosos es que a veces estos temas se usan como una forma de proteccionismo”
Berger respondió que el problema es que el Tratado tiene mecanismos de castigo y aplicación en temas como derechos de propiedad intelectual, pero no en ecología o derechos laborales
Córdoba insistió en que en esas áreas “cada quién debe trabajar en su propio territorio Nosotros favorecemos el intercambio de información, la cooperación, pero no podríamos aceptar que un inspector estadunidense cerrara instalaciones en México; eso causaría demasiados problemas”
Con el Tratado firmado, dijo Córdoba, todo esto se puede hablar, e insistió en la importancia de una reunión Clinton-Salinas y en la importancia de que el Presidente electo apruebe la firma Dijo que pasados estos meses todo cambiaría “Vamos a cambiar de embajador, ¿sabe? Será Jorge Montaño, estuvo con usted en aquel desayuno”, dijo Córdoba refiriéndose a la reunión que, a fines de septiembre, tuvo Berger con Herminio Blanco, Gustavo Petricioli y Montaño, al terminar la campaña electoral
A estas alturas de la reunión, a Córdoba el tiempo se le iba y no se habían discutido detalles; trató, entonces, de saber qué tanto Clinton está pensando en el TLC y con qué detalle Preguntó qué se pensaba acerca de cuándo el gobierno de Clinton pudiera mandar al Congreso la legislación de implementación, asumiendo que el TLC se firme antes de la toma de posesión El coordinador de la Presidencia dijo que en México todo está listo para que, a partir de la firma, el Senado comience a trabajar en esos cambios y en la ratificación Berger contestó que eso no lo sabía, pero que, en todo caso, tendría que ser parte de un paquete más grande de recuperación económica
“Para nosotros los tiempos son muy importantes Nosotros quisiéramos ver esto terminado para finales del verano de 1993”, dijo Córdoba y dio una amplia explicación a sus contrapartes estadunidenses sobre la legislación “fast track”, los días legislativos que se tardará el Congreso en ratificar el Tratado y cómo se acomodan en los recesos del Congreso estadunidense
“Para nosotros lo óptimo es tener terminado esto antes del receso de agosto —del Congreso estadunidense— Pero a más tardar, antes del receso de diciembre”
“No quisiera reaccionar”, respondió Berger
“No tiene que reaccionar ahora”, interrumpió Córdoba, sabedor de que todo esto tendrá que ser consultado con Clinton y otros asesores
Llegó el café Nadie comió postres Córdoba, que aún no obtenía compromisos, hizo otro razonamiento sobre la urgencia mexicana:
“En diciembre de 1993 tendremos un candidato a la Presidencia y habrá comenzado el proceso electoral en México Es muy importante para nosotros haber terminado esto, para que el TLC no se mezcle con asuntos políticos internos Para esas fechas queremos haber dejado este tema atrás”
Llegó la cuenta que pagó, con tarjeta American Express dorada, Barry Carter, que permaneció como oyente durante la reunión, aunque a veces tomó notas
Córdoba sacó de su sobre dos copias de un texto y se las entregó
Ambos funcionarios comenzaron las despedidas, tras de que Berger prometiera llamar a Córdoba después de haber platicado con Bill Clinton
Los tres salieron del hotel y se estrecharon las manos Córdoba subió al Mercedes Benz negro del embajador Era la una de la tarde con cuarenta minutos
Córdoba pasó al hotel Watergate, donde se alojó, y de ahí al aeropuerto, para volver a México