Tengo celos
Francisco Ponce
Vale aún el comentario sobre el final de la reunión de la sagrada familia olímpica panamericana: “la carta de Acapulco”
Del encuentro entre los principales dirigentes del olimpismo en América afloró el síndrome de Otelo entre los de la Antorcha reencendida por el Barón de Coubertin y los defensores de la causa gubernamental
Cuestión de celos, desde luego
Como que no se consienten Como si vivieran divorciados y tuvieran que verse todos los días
Porque, finalmente —y lo saben bien—, todo comienza y termina en un solo motivo: la juventud
El deporte, un excelente pretexto, que tanto los olímpicos como los gobiernos de los países proponen como uno de los caminos hacia la productividad social
Pero está claro que se niegan a caminar del brazo y por la calle
La “carta de Acapulco” dice, en su primer párrafo:
—A efecto de mantenerle la buena relación de respeto mutuo entre las autoridades gubernamentales y los comités olímpicos nacionales (CON’s), se recomienda a los gobiernos de cada país que respeten las normas establecidas en la Carta Olímpica
Y está bien, aunque para ser realistas, es evidente que un comité olímpico nacional no puede ser ajeno a los objetivos de la sociedad a la que representa Exige respeto y requiere dinero gubernamental Asimismo, los propios gobiernos son los que tienen la obligación y el derecho de vigilar que la educación física y el deporte sirvan para la formación de los jóvenes Y cuentan con el comité olímpico para fines olímpicos
Pero no hay duda: debe existir reciprocidad en la relación olimpismo-gobierno Hay varios ejemplos: el teniente coronel Alonso Pérez González es titular de la Federación Mexicana de Beisbol y de la Confederación Panamericana de este deporte Es parte fundamental en la promoción deportiva nacional, y gracias a sus gestiones, cede su torneo beisbolístico para insertarlo en el próximo festival olímpico
Eso es colaboración
Eso lo hacen los dirigentes gubernamentales también Y los olímpicos, al menos en México: ¿no acaba Samaranch de premiar al presidente Salinas?
Quienes no se midieron fueron los responsables de Proexcelencia Deportiva: en su informe, ni la Conade, ni Codeme, ni COM, bueno, ni los atletas, fueron meritorios de las victorias en juegos regionales Sólo Proexcel
El caso es que en todo esto, cada instancia debe atender un fin común: el deporte mexicano
Pero, cantaría Daniela, “tengo celos”








