En Tlatelolco, García Barragán desplazó a Díaz Ordaz y tomó la decisión

En Tlatelolco, García Barragán desplazó a Díaz Ordaz y tomó la decisión
Alemán politizó al Ejército, Salinas lo lleva a determinar comicios
Enrique Maza
Desde 1952, ningún acontecimiento ha afectado tanto las relaciones entre el ejército y el poder político como la represión de los estudiantes en Tlatelolco durante el otoño de 1968
La versión tradicional de los hechos es que el presidente Gustavo Díaz Ordaz optó por la fuerza y ordenó a las tropas, a través de su secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, hacer frente a las demostraciones de los estudiantes Pero esa es una versión que se ofrece sin pruebas La versión opuesta, basada más firmemente en entrevistas con personas que fueron testigos de la determinación, es que se trató de una decisión militar, tomada, al margen del Presidente, por el general Marcelino García Barragán
“Gracias a la lealtad personal de que gozaba Gustavo Díaz Ordaz entre los oficiales de alto rango, no se dio un golpe militar Era preferible remilitarizar el país gradualmente y a través de los canales institucionales”
Roderic Ai Camp, investigador de la realidad mexicana, doctor en ciencias políticas y sociales con especialización en historia de América Latina y de México, es autor de ocho libros sobre México, entre ellos —los que él mismo considera los más importantes—, uno sobre los intelectuales y el Estado en el siglo XX, otro sobre los empresarios y los políticos, otro sobre la formación de los gobernantes mexicanos, otro sobre los líderes políticos y otro titulado Biografías políticas mexicanas, que fue su primer libro y el que estableció su reputación académica Acaba de publicar un nuevo libro —el noveno referente a México— sobre el ejército mexicano, que titula Generals in the Palacio – The military in modern México (Los generales en Palacio —El ejército en el México moderno), editado en Nueva York por Oxford University Press
“El ejército en México —dice— me ha intrigado por muchas décadas, desde mi contacto, como estudiante, con el general Carlos Berzunza, el primero que me hizo descubrir la cultura y el nacionalismo del ejército mexicano” Revela muy pocas de sus fuentes El mismo lo dice: “Este proyecto es distinto de otros Aquí sólo puedo ofrecer pocos reconocimientos” Las fuentes militares son escasas y secretas
En el segundo capítulo, El contexto histórico, cuenta la historia del 68 La que sigue es una síntesis de esa historia
Muchos relatos académicos y populares especulan sobre la decisión de emplear la fuerza contra los estudiantes Pero es importante obtener un cuadro más completo del papel de los militares en la decisión La versión aceptada de una decisión presidencial no tiene pruebas En cambio, los otros relatos, fundamentados en entrevistas con testigos presenciales, “dan una interpretación fascinante y significativa” Hay dos versiones fundamentales Una coloca a Díaz Ordaz fuera de la capital para impedirle el contacto con los acontecimientos Otra pone a Díaz Ordaz en la capital, pero renuente a tomar la decisión
He aquí la primera versión: “La situación se había vuelto sería y se decidió que el presidente Díaz Ordaz tenía que dejar la ciudad Estaba jugando golf en Michoacán cuando se tomó la decisión El general García Barragán había ordenado las tropas y estaba en el palacio presidencial Echeverría, que era secretario de Gobernación en ese tiempo, estaba en la calle con el general Ballesteros
“Echeverría empezó a dar órdenes para movilizar a las tropas, y el general Ballesteros lo interrumpió y le dijo que el general García Barragán era el comandante de las tropas y esas órdenes debían ser aprobadas por él Así, el general Ballesteros llamó al general García Barragán para explicarle la situación La respuesta de García Barragán fue que Echeverría se mantuviera al margen de los asuntos dcl ejército Ballesteros le pasó el teléfono a Echeverría y García Barragán le dijo lo que podía ir a hacer Después de eso, se dio la orden de despejar la plaza”
“Una vez hecho, el general García Barragán se trasladó al campo de golf para decirle a Díaz Ordaz que todo estaba resuelto Díaz Ordaz estaba atemorizado, porque pensó que el ejército iba a decirle que había tomado el poder Cuando oyó lo que el general García Barragán le dijo, le dio un abrazo emocionado y le dijo que era un buen soldado”
La segunda versión coloca a Díaz Ordaz en la escena, pero incapaz de tomar la decisión, que deja en manos de su secretario de Defensa:
“Estaban presentes Echeverría, el general García Barragán y tres oficiales del Estado Mayor Iban llegando los informes de la refriega estudiantil ‘Bien, señor Presidente, es obvio que debemos hacer algo Si usted no objeta, voy a despejar Tlatelolco’ El general García Barragán se volvió a sus ayudantes y les dijo: ‘Quiero que despejen la plaza’ Cuando terminó todo, informó al Presidente: ‘señor Presidente, la situación está resuelta”‘
Las características esenciales de los dos relatos son consistentes: fue el secretario de la Defensa el que tomó la iniciativa, no el Presidente, ni Echeverría De hecho, García Barragán estaba tan disgustado con toda la cadena de acontecimientos que le dijo a Echeverría: “Usted y el Presidente crearon este lío, ahora déjenme resolverlo a mi modo”
Las repercusiones de la decisión fueron más importantes que la decisión misma, porque alteraron la opinión de los militares sobre el liderazgo civil, alteraron la opinión del poder civil sobre los militares, alteraron la opinión de los oficiales jóvenes sobre los oficiales mayores en el ejército y alteraron la opinión sobre el papel del ejército en la sociedad mexicana El cuerpo de oficiales proclamó con orgullo su lealtad al Presidente, porque se dio cuenta de que él y no los políticos había tenido las riendas del poder en ese momento
La imagen del liderazgo civil se opacó en la estima del cuerpo de oficiales, sobre todo entre los jóvenes Y eso provocó el traslado de los cadetes del Heroico Colegio Militar a Chetumal durante el verano Un oficial, que era entonces cadete, piensa que sus comandantes no querían que los acontecimientos de la ciudad los influenciaran negativamente Nada se les dijo a los cadetes sobre el papel militar en los disturbios Futuros oficiales del ejército no volverán a repetir ese tipo de acción contra grandes números de mexicanos, asumiendo la culpa de la incompetencia civil La percepción militar de la falibilidad civil les hizo revalorar su papel en el proceso de toma de decisiones sobre seguridad nacional El ejército optó por una intervención mayor en las medidas preventivas contra el desorden civil
No se sabe si los militares les impusieron a los civiles este nuevo énfasis o si los civiles invitaron a los militares a involucrarse más Pero ambos coincidieron en revisar el papel de la seguridad interna A los civiles les quedó claro que ya no podrían pedir a los militares que perpetraran “el horror de masacrar a grandes números de compatriotas en el futuro”
El cambio de dirección en la seguridad nacional se originó en Tlatelolco y desarrolló en el ejército los servicios de inteligencia política y de información sobre grupos potencialmente subversivos Desarrolló también la cooperación del ejército con la policía, sobre todo con los agentes federales Y algo más preocupante: elementos del ejército, con el conocimiento y la tolerancia del alto mando, empezaron a participar en grupos paramilitares La versión mexicana se llamó Brigada Blanca: una fuerza de contragolpe, con personal selecto militar y civil, militarmente organizada, contra la extrema izquierda
Otro efecto del 68 fue la ascensión al mando de oficiales jóvenes: 97 nombramientos, que incluyeron altos comandantes en el cuerpo de generales y siete comandantes de zona Fue el alto precio que exigió el ejército para reparar el daño a su reputación institucional en Tlatelolco
Los residuos del 68 marcaron la Presidencia del sucesor de Díaz Ordaz, porque Echeverría estuvo profundamente involucrado en aquellos acontecimientos, pero nunca le perdonó al ejército su violencia en Tlatelolco De acuerdo con relato de primera mano, Echeverría le dijo a García Barragán que fuera “benévolo con los estudiantes” El general le contestó, a través de un ayudante: “que chingue a su madre” A los militares les desagradaba intensamente Echeverría
En la universidad de Michoacán, siendo candidato a la Presidencia, Echeverría pidió un minuto de silencio por los estudiantes muertos en Tlatelolco Cuando se enteraron los militares, le pidieron a Díaz Ordaz que retirara su candidatura
La opinión de Echeverría sobre los militares dio color a sus actitudes hacia la modernización técnica del ejército y hacia su propia seguridad política frente a él
El ejército trató de adquirir más armas, especialmente aviones de combate, durante el sexenio de Echeverría El Presidente rehusó En cambio, mejoró su entrenamiento técnico, amplió los programas de especialización militar, construyó nuevas instalaciones y aumentó la participación militar en programas de acción cívica Pero a pesar de las tendencias restrictivas de Echeverría, el ejército incrementó rápidamente su presencia en asuntos de seguridad nacional, sobre todo con el enfrentamiento y, finalmente, con la eliminación de grupos guerrilleros Eso le dio un invaluable entrenamiento de combate y le hizo recuperar prestigio
EL JUEVES DE CORPUS
Echeverría tuvo también su pequeño Tlatelolco El jueves 10 de junio de 1971, los Halcones, una organización paramilitar, instigada por los oponentes políticos de Echeverría en el gabinete, suprimió brutalmente una manifestación estudiantil Parecía que el Presidente había perdido el control de su propio gabinete En medio de esa crisis, el apoyo militar resultaba indispensable, mucho más que en el 68, porque Echeverría se enfrentaba a la traición abierta desde sus propias filas Sin el apoyo militar, podía no tener —o podía pensar que no tenía— la suficiente fuerza política para confrontar a sus enemigos
El Presidente convocó a los más altos comandantes militares a una junta de emergencia Una vez que recibió su apoyo unánime, destituyó al regente y al jefe de la policía del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez y Rogelio Flores Curiel, respectivamente El ejército salvó a Echeverría de los miembros reaccionarios de su gabinete
Y a pesar de todo, Echeverría siguió viendo en los comandantes a potenciales rivales políticos La amenaza de un golpe militar pesaba de hecho en la mente presidencial, sobre todo a raíz del golpe de Estado en Chile contra Salvador Allende, en 1973, después de 40 años de subordinación militar al poder civil De ahí que Echeverría, en vez de fortalecer a los militares con nuevas armas, como premio a su lealtad, sólo pagó exagerado y público tributo verbal al profesionalismo, al patriotismo y a las raíces populares de las fuerzas armadas, con lo que enfatizaba su función apolítica
Por eso orientó al ejército hacia las acciones cívicas, incrementó sus res ponsabilidades de seguridad interna y le concedió importantes puestos aduanales Si alguna posibilidad hubo de un golpe de Estado contra Echeverría, fue al final de su sexenio, no en 1971 Pero aun entonces, a pesar de la intensidad de los rumores —recogidos como noticia en algunos medios de Estados Unidos—, todo se redujo a imaginación pública más que posibilidad real
Sin embargo, esos rumores fueron significativos, porque revelaron el grado de deterioro tanto de la legitimidad presidencial como de las relaciones entre los militares y el poder civil Ambas cosas necesitaban reparación urgente
Echeverría nombró sucesor a José López Portillo Surgieron los rumores de un nuevo maximato Un grupo de generales le dijo a Echeverría: “Entre el Presidente y la Constitución, debemos escoger la Constitución” López Portillo siempre les agradeció eso y alentó a los militares a consolidar e incrementar su papel en el área de seguridad pública y asumir la protección de instalaciones vitales, como las petroleras; aumentó su participación en seguridad nacional, inclusive en la elaboración de Políticas; aceleró la modernización del ejército no sólo en educación, sino en armas, y acrecentó su presencia pública
Además, autorizó presupuesto para los sistemas de transporte militar, para equipo de alta tecnología, como computadoras y radar, para personal administrativo y para nuevas unidades de combate Para promover una educación más profesional que incorporara una nueva filosofía integral, militar y civil, de seguridad nacional, construyó el Colegio de Defensa Nacional, con maestría en seguridad nacional y en conducción de la defensa López Portillo incluyó al secretario de la Defensa en todas las consultas importantes De hecho, le informó de su decisión de nacionalizar la banca antes que al secretario de Hacienda, para asegurar su apoyo
Miguel de la Madrid intensificó estos programas en favor del ejército, necesitado como estaba de revivir la legitimidad de la Presidencia y de las instituciones, y le añadió los títulos de “piedra angular” de la estabilidad interna y “guardián” de la sociedad
Aunque la participación del ejército en la lucha contra el narcotráfico empezó con López Portillo, de hecho fue la característica del gobierno de Miguel de la Madrid, que llamó al ejército “la falange de México más honesta y dedicada a la campaña antidroga” El énfasis fue parte de la participación creciente de los militares en los asuntos de seguridad nacional Era el momento en que los acontecimientos de Guatemala y de Centroamérica en general agravaban las preocupaciones de seguridad en la frontera sur Creció allí de inmediato la presencia militar y el ejército adquirió mayor influencia en los asuntos de política exterior
LA MODERNIZACION
Pero vino el terremoto de 85 Miguel de la Madrid limitó la participación del ejército, le asignó un papel demasiado pasivo —lo mismo que haría cuando hizo erupción el Chichonal— y provocó con eso una división entre los gobernantes civiles y los viejos oficiales militares, y entre los viejos oficiales y los oficiales jóvenes, que demandaban una participación mucho mayor en los esfuerzos de emergencia, como está definido en el plan nacional de desastres La decisión de Miguel de la Madrid expresaba las dudas que muchos funcionarios civiles tenían sobre la creciente prominencia militar en el foro público, que podía opacar el liderazgo civil y ampliar el potencial político de los militares
En el fondo de estas disputas estaba el hecho de que Miguel de la Madrid le dio fundamento legal, como ningún Presidente había hecho, a la modernización del ejército Medido en términos de nueva legislación sobre el papel y las responsabilidades del ejército, el gobierno de Miguel de la Madrid sobrepasó, inclusive, al de Manuel Avila Camacho, que fue decisivo en la transición del liderazgo militar al gobierno civil Calles inició el movimiento con dos estatutos a los que Avila Camacho añadió tres nuevas leyes Alemán y Ruiz Cortínes, cada uno, impulsaron dos nuevas leyes que afectaban al ejército Echeverría y López Portillo sólo pasaron una cada uno
Miguel de la Madrid promulgó seis nuevos cuerpos de ley y estabilizó las relaciones con las fuerzas armadas, al mismo tiempo que daba nuevo vigor a su presencia nacional Pero con él, el desprestigio del poder civil llegó a su punto más bajo, hasta provocar la crisis electoral de 1988
Carlos Salinas de Gortari empezó a hacer uso extensivo del ejército para ejecutar algunas de sus decisiones Por ejemplo, fue el ejército, no la policía, el que arrestó al narcotraficante Miguel Angel Félix Gallardo Ordenó la toma militar de Cananea Usó las tropas para mantener el orden y evitar —o contrarrestar— la violencia electoral que ha caracterizado las elecciones en tiempos de Salinas, sobre todo a niveles estatales y locales, y, en algunos casos, para perpetrar el fraude en las elecciones Con esto, involucró al ejército en el proceso electoral —cuya consecuencia es la politización militar—, pero también acrecentó su papel en la seguridad nacional
Salinas ha dado prominencia a un grupo de seguridad nacional dentro de su gabinete, que encabezó primero el coronel Jorge Carrillo Olea —veterano de la seguridad en la Secretaría de Gobernación— y que encabeza hoy Fernando del Villar Y ha acelerado el paso de la modernización del ejército
La transición del poder militar al poder civil empezó con Lázaro Cárdenas, que lo centralizó cada vez más en manos del Presidente y fue removiendo toda posible competencia, inclusive de los generales disidentes Creó los cuatro sectores del PRM en 1938 —acababa de cambiarle el nombre al PNR—: obrero, popular, campesino y militar Muchos militares, incluido el secretario de la Defensa, Manuel Avila Camacho, se opusieron a incluir al ejército entre los sectores del partido, porque quería evitar la intromisión política de los militares Cárdenas aseguró, y lo hizo en público, que los militares en el partido no representarían a la casta militar Quería que no se diferenciaran socialmente, para que no tuvieran intereses de casta distintos del resto mexicano Impuso restricciones a la pertenencia política de los militares, pero dio una salida a los militares que tuvieran ambiciones políticas legítimas
Avila Camacho dio marcha atrás a la medida Más que Cárdenas, contribuyó definitivamente al tránsito del poder El hecho de que hubieran sido dos presidentes militares los que entregaron el poder a los civiles es una de las razones que explican el equilibrio entre ambas fuerzas, una de las características importantes del sistema mexicano
Miguel Alemán desajustó el equilibrio Combinó las funciones policiacas y militares para propósitos de seguridad interna, expandió la represión militar —sobre todo contra los sindicatos independientes— y reconstruyó el liderazgo militar con una nueva generación de oficiales, para asegurarse la lealtad personal Politizó las promociones militares y abusó de su autoridad —desde entonces, ningún Presidente lo ha hecho— para contravenir las leyes establecidas de promoción en el ejército, por razones personales y políticas Promovió a 329 coroneles y a 379 generales El único Presidente que ha promovido más generales que coroneles Además, usó a las fuerzas armadas, en combinación con fuerzas civiles de seguridad, para garantizar el éxito de sus programas económicos Con la nueva generación de oficiales introdujo también el constreñimiento de la seguridad interna, políticamente definida sólo por el Presidente y sus colaboradores
Ningún Presidente volvió a repetir este tipo de funciones adjudicadas al ejército, hasta que Carlos Salinas de Gortari las impuso en su primer año de gobierno, 1989 Salinas le añadió al ejército las funciones de cerrar plantas industriales y de imponer resultados electorales
Entre 1952 y 1968, ninguna decisión presidencial relacionada con el ejército se puede comparar con las de Calles, Cárdenas, Avila Camacho y Alemán Hasta que llegó Tlatelolco