Versión entre militares de alta jerarquía
Los judiciales iniciaron el tiroteo contra los soldados
Carlos Marín
Hasta el viernes 6, cuando la Comisión Nacional de Derechos Humano rindió su informe sobre la matanza de judiciales federales en el llano de La Víbora, la Secretaría de la Defensa Nacional mantuvo silencio oficial ante la versión, cada vez más ampliamente propalada dentro y fuera de México, de que varios de sus efectivos asesinaron a los policías como parte de un operativo de protección a narcotraficantes
Hacia el interior del ejército, y especialmente entre sus rangos elevados, la responsabilidad penal de cualquiera de sus elementos en aquel suceso está por esclarecerse, de acuerdo con los procedimientos penales Pero lo que escuece en la institución es que se afirme que hubo complicidad con los narcotraficantes
En todo caso, de acuerdo con las versiones recogidas, la conexión puede encontrarse del otro lado: los narcotraficantes pudieron venir protegidos por los agentes de la Policía Judicial Federal y sus colegas de la DEA estadunidense
En este sentido apuntan, por una parte, datos e interpretaciones recogidos en mandos de alta jerarquía y, por otra, una de las actas levantadas por la Procuraduría General de Justicia Militar, la que registra la declaración del presunto proveedor de turbosina para la avioneta de los narcotraficantes, acerca de lo que ocurrió en Tlalixcoyan, Veracruz, la noche y la madrugada del 6 al 7 de noviembre
Lo que sigue forma parte de la averiguación, la visión, la interpretación y las inquietudes militares en torno del suceso
EL ACTA DE LA PROCURADURIA MILITAR
A las ocho de la noche del 19 de noviembre, el capitán segundo auxiliar de justicia militar, licenciado José Luis Armas Cuevas, agente del Ministerio Público Militar en turno adscrito a la Primera Zona Militar (Ciudad de México), con los subtenientes oficinistas Justino Flores Liborio y Humberto Rubén Olea Cisneros como testigos, hizo constar que en ese momento compareció “voluntariamente” ante esa Fiscalía Militar el ciudadano Rafael González Caudillo, originario de Guaymas, Sonora, de 36 años de edad, casado, con estudios de licenciatura en Contaduría Pública
Luego de que el “personal de actuaciones” dio fe de su integridad física, “no apreciándose huellas de lesiones externas”, lo cual se corroboró con un certificado médico “que se anexa por separado”, González Caudillo declaró lo siguiente:
—Que en junio de 1986 conoció al señor Marcos Díaz “N”, quien le dijo que era comerciante en esmeraldas Lo conoció en casa de una sobrina cuyo esposo, Filiberto López, tenía un medio hermano que vivía en Colombia Ese medio hermano, llamado Teodoro, falleció a causa de una embolia, allá en Colombia, en 1989
—Que en 1987 Marcos Díaz le llamó por teléfono desde Bogotá para avisarle que venía a México y pedirle “que le mostrara la ciudad”, lo cual ocurrió aproximadamente en septiembre de ese año
—Que cuando se vieron, Marcos Díaz le confió que su verdadero negocio era el narcotráfico y le pidió “ayuda” para localizar pistas para el aterrizaje “de aviones pequeños cargados de cocaína” Durante las tres semanas que Díaz estuvo en México se vieron a diario, González Caudillo aceptó la propuesta y, si bien no llegaron a un acuerdo sobre el pago del servicio, quedó precisado que “no necesariamente deberían ser pistas de aterrizaje, pudiendo ser cualquier terreno plano que tuviera 1,000 metros de largo por 30 de ancho, principalmente en estados del sur del país, tales como Hidalgo, Veracruz, Oaxaca, Tabasco, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo”
—Que varias veces, en el resto del año, Marcos Díaz le llamó para saber si ya había localizado alguna pista, “contestándole que no había encontrado ninguna”
—Que en marzo de 1988 Marcos Díaz volvió a México para recibir un avión en Huichapan, Hidalgo, con 400 kilos de cocaína, la cual fue transportada por vía terrestre por el propio Marcos Díaz hasta Los Angeles, California En este operativo, el trabajo de González Caudillo consistió en abastecer de combustible la aeronave, el cual fue llevado en trailers contratados por los colombianos de nombres Jairo y Omar
—Que por ese trabajo Marcos Díaz le pagó 10,000 dólares en efectivo
—Que aproximadamente en febrero de 1989 González Caudillo volvió a ver a Marcos Díaz, quien volvió a preguntarle si ya había encontrado alguna pista de aterrizaje, “contestándole el de la voz que no” Díaz le pidió guardar 32,000 dólares
—Que la Policía Judicial Federal andaba siguiendo a Marcos Díaz y éste llamó por teléfono a González Caudillo para que le devolviera su dinero, mismo que se lo llevó al hotel María Cristina, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México, el 4 de mayo de 1989, donde ambos fueron detenidos
—Que Marcos Díaz y Rafael González Caudillo fueron puestos a disposición del juez Quinto de Distrito en Materia Penal del DF, autoridad que les decretó auto de formal prisión como presuntos responsables de delitos contra la salud, en su modalidad de “posesión de cocaína”, y que seis meses después, en noviembre, ese mismo juez les decretó “sentencia absolutoria” Marcos Díaz fue deportado a Colombia
—Que en enero siguiente (1990) volvieron a tener contacto telefónico y que González Caudillo le dijo que “por el momento no” quería volver a trabajar
—Que las llamadas se hicieron regulares hacía abril de 1991 y en mayo, a través de un señor Aldemar, Marcos Díaz le envió 30,000 dólares para que localizara pistas de aterrizaje En agosto de ese año, 1990, Marcos Díaz lo puso en contacto con un tal Paco, quien resultó ser jefe de Díaz Este “Paco”, a través de un tal “Leo”, le entregó a González Caudillo otros 10,000 dólares que le fueron entregados en el hotel Del Prado de Plaza Galerías, en Marina Nacional
—Que en octubre pasado compró un camión Ford de 35 toneladas modelo 1989, con placas del Estado de México, a un particular, por 35 millones de pesos, así como una camioneta Dodge Explorer pickup, modelo 1990, con placas del estado de Puebla, en un lote de autos, por otros 35 millones de pesos
—Que los vehículos serían utilizados para transportar el gas avión desde la Laguna Mandinga, Veracruz, al llano que se iba a utilizar como pista, localizado en el ejido La Víbora, en el municipio de Tlalixcoyan
—Que el combustible fue entregado por un señor conocido como “Chacho” a un tal Reynaldo, quien fue ayudado por un tal David, el 2 de noviembre, en Mandinga David, tiene entendido el declarante, es ejidatario de La Víbora Este mismo David, según González Caudillo, es quien dijo que se podía aterrizar en ese llano En recompensa, recibiría 40 millones de pesos que González Caudillo sufragaría con la ganancia que obtuviera
—Que el 6 de noviembre, como a las diez y media de la noche, González Caudillo se reunió con Reynaldo y David en el ejido La Víbora, donde ya se encontraba el combustible desde cuatro días antes
—Que al cuarto para las once de la noche, González Caudillo y Reynaldo salieron en el camión, con el gas avión en tambos y una bomba con manguera, “para cargarles el combustible a los dos aviones que se esperaba aterrizaran”
—Que antes de llegar a la pista, “aproximadamente a las 23 horas con 30 minutos” de ese 6 de noviembre, distinguieron “personal militar dentro de la pista, por lo que optaron por bajarse del camión y echarse a correr con dirección opuesta a la que venían, es decir, a la salida de la carretera”
—Que corrieron con el propósito de toparse con el señor Gaspar, amigo de Reynaldo, el tal David y un sobrino de éste, quienes venían hacia la pista en la camioneta pickup
—Que los de la camioneta no le hicieron caso a González Caudillo, pero sí a Reynaldo, quien trepó a la camioneta, se puso al volante y huyó por la carretera, sin detenerse a recoger al “de la voz”
—Que González Caudillo corrió por el monte y se despojó de su camisa blanca, en virtud de que los soldados “estaban disparando”
—Que caminó hasta las seis de la mañana del 7 de noviembre, llegó a Laguna Mandinga, tomó un camión hacia la ciudad de Veracruz y de allí viajó en un camión de la línea Autobuses Unidos al Distrito Federal, a donde arribó hacia las tres de la tarde
—Que desde la central de autobuses Tapo llamó a su esposa, Laura Martínez, a quien le pidió saliera de su casa Se vieron en el domicilio de un medio hermano de ella, donde permanecieron hasta el domingo 10, con sus cuatro hijos menores
—Que por teléfono pidió asilo a una compañera del Instituto Politécnico, ésta se rehusó, pero aceptó llevarlos a casa de otra amiga, en la colonia Condesa Cuando la anfitriona se enteró de que González Caudillo tenía un problema relacionado con el narcotráfico, se molestó y la familia desocupó el viernes 15 de noviembre
—Que se trasladaron a una casa, que compró el jueves 14, con un anticipo de 60 millones de pesos, en la Unidad CTM, de la Delegación Gustavo A Madero
—Que el 19 de noviembre salió, acompañado de su esposa, a hablar por teléfono, y se dio cuenta de que “había bastante gente” y se puso nervioso
—Que un agente le preguntó su nombre y él contestó “Miguel Angel”, pero se acercó otro agente
—Que iban a buscar a alguien que lo pudiera identificar y en ese momento empujó a su esposa para evadirse, echándose a correr, y en ese momento pensó que no tenía caso, y se paró “a esperar a los seis señores que andaban preguntando por mí, llegando otro señor, y accedí a acompañarlo al lugar donde se encuentra declarando, lo cual ha hecho por su propia voluntad, sin coacción de ninguna especie
Rafael González Caudillo, a preguntas expresas y según el acta de la Procuraduría General de Justicia Militar, detalló la adquisición del camión, el monto de los dólares recibidos, las casas de cambio donde los convirtió en pesos y en qué los gastó
También declaró:
—Que no tiene ni ha tenido ninguna relación con personal del ejército
Habitual que los inculpados renieguen ante jueces y prensa de las declaraciones que firman ante sus captores, debido a lo común que se volvieron las confesiones arrancadas bajo presión y tortura, en el caso de González Caudillo sobresale lo contrario:
La reportera Sara Lovera, de La Jornada, publicó que el 21 de noviembre Rafael González Caudillo, “detenido por la policía militar el 19 de noviembre, recluido en el Campo Militar Número Uno, presentado ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos”, fue entregado al Ministerio Público Federal de Veracruz por la Vigésima Zona Militar, y quedó recluido en el penal Ignacio Allende
“Entrevistado en el penal, una hora después de presentar su declaración preparatoria ante el Tercer Juzgado de Distrito, González Caudillo afirmó que la policía militar lo detuvo el 19 de noviembre a las nueve horas en su domicilio de la Ciudad de México
“Afirmó que tiene relación amistosa con Marcos Díaz —colombiano— y Reynaldo Salinas —sonorense—, implicados en la misma averiguación
“Visiblemente asustado, parco en sus declaraciones, sin presentar ninguna seña de maltrato físico, pidió una y otra vez durante la entrevista que participaran sus abogados, quienes ayer llegaron a este puerto para llevar la defensa
“Señaló González Caudillo que su detención se efectuó a las nueve horas por policías militares vestidos de civil Mencionó que le vendaron los ojos pero no habló de malos tratos Esta mañana, en el penal, vestía pantalón color caqui y camisa estampada Usa lentes y pidió suspender la entrevista para volver a su celda” Tal es el testimonio de Sara Lovera
La versión periodística concuerda con el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, tanto en la relación que el detenido reconocía con el colombiano Marcos Díaz como en que no presentaba huellas de maltrato
El informe de la CNDH, además, aporta un elemento adicional: que González Caudillo inspeccionó la pista en octubre, acompañado de una mujer (presumiblemente la narcotraficante que aterrizó el 7 de noviembre), y en ningún momento se insinúa alguna complicidad de militares
Otro punto que sobresale es el hecho de que Rafael González Caudillo y Reynaldo Salinas, cuando llevaban el camión con el combustible, hubieran huido tan pronto como se apercibieron de la presencia de los soldados
Otro más, el que los soldados hubieran incautado el camión, inutilizándolo para imposibilitar su eventual traslado a la pista y evitando así la posibilidad de que cualquier aeronave pudiera reabastecerse
La falta de una evidencia de la conexión entre elementos del ejército en la zona y los narcotraficantes constituye una premisa fundamental en los altos mandos para descartar la hipótesis de que los delincuentes gozaban de la protección de militares
También destaca el hecho de que la Procuraduría General de Justicia Militar seguía haciendo pesquisas después de que la Secretaría de la Defensa (lo mismo que la Procuraduría General de la República) dejaba el esclarecimiento del caso en manos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos
No hay, en rigor, ningún impedimento formal para que las averiguaciones prosiguieran El propio comunicado de la CNDH, publicado el mismo día en que González Caudillo rindió su declaración ante la procuraduría militar, dio cuenta de que la petición de la Secretaría de la Defensa, presentada el sábado 16 de noviembre, fue formulada “independientemente de las competencias de la Procuraduría General de la República y de la Procuraduría General de Justicia Militar”
No obstante, sigue sin respuesta la razón de que el ejército realice aprehensiones que corresponden a la autoridad civil, en este caso la Procuraduría General de la República
LOS NARCOS HUYERON ENTRE LOS FEDERALES
En el interior del ejército esta es la visión de lo que ocurrió:
—Como a las 5:45 del 7 de noviembre, cuatro aeronaves volaron sobre La Víbora y a las 6:45 aterrizó la primera (avión Cessna Centurión, matrícula superpuesta XALAN) Después se comprobó que era de narcotraficantes y transportaba 370 kilos de cocaína Inmediatamente después aterrizó un avión King Air, con matrícula estadunidense N68KA, transportando “civiles armados, sin evidencias de que fueran policías”
—Al descender de la primera avioneta los ocupantes, uno de ellos aparentemente mujer, caminaron hacia el vehículo que contenía el combustible, que estaba cerca de catorce soldados del 13¼ Batallón de Infantería, al mando del teniente José Alfredo Coronel Vargas
—La distancia que mediaba entre los soldados y los ocupantes de las dos aeronaves era de entre 200 y 600 metros
—Los militares marcaron el alto a los dos sujetos y les pidieron identificarse, y éstos se dieron a la fuga sobre sus pasos, en dirección al segundo avión, el que acababa de aterrizar y del que descendían “los civiles” mencionados, los cuales portaban armas largas y que, con excepción de dos, vestían ropas con diferentes colores y tonalidades
—La pareja del Cessna, que primero había ido en dirección a los soldados y echó después a correr en dirección contraria, pasó cerca de los agentes federales que descendían del King Air
—Fueron los policías judiciales quienes iniciaron en ese momento el fuego Esta convicción es tan firme en la Secretaría de la Defensa que por eso se modificó el segundo comunicado conjunto con la Procuraduría General de la República, cuyo personal en el suceso de La Víbora no “se confundió al descender de la aeronave, iniciándose el tiroteo”, como decía el original, sino “se confundió al descender de la aeronave, iniciando el tiroteo”, como quedó en el texto definitivo
—Aproximadamente a las 8:10 horas, una hora y 25 minutos después de iniciado el tiroteo, aterrizó una tercera aeronave de color café, no la azul de la Procuraduría General de la República En la cola llevaba pintadas las siglas PGR, y de ésta descendieron cinco personas, dos con overol y tres de civil, disparando en dirección al personal militar
—Esas cinco personas fueron sometidas por los soldados, que los sorprendieron por las espaldas
—El enfrentamiento concluyó aproximadamente a las 8:45
—Toda la operación militar en La Víbora estaba autorizada, a través de su comandancia de Zona, por la Secretaría de la Defensa Nacional Es decir, no tuvo carácter de ilícita
—El personal de la Procuraduría General de la República se transportaba en aeronaves sin identificación oficial, una de ellas con siglas estadunidenses, y sólo dos de sus agentes vestían uniforme negro, característico de la corporación
—Los dos presuntos narcotraficantes que llegaron en la Cessna se dirigieron despreocupadamente hacia el camión que tenía los tambos del gas avión, denotando una tranquilidad que no es común en quienes son perseguidos
—El comandante de los judiciales, Eduardo Salazar Carrillo, “se escondió en una zanja”, “no dirigió a sus hombres”, se afirma en el medio castrense y se pregunta el por qué de esa actitud, contraria a quien dirige un operativo antinarcóticos de la magnitud del de La Víbora
Y en la lógica militar quedan otras certezas y algunas preguntas sin respuesta:
—El avión que condujo a los federales fue capturado por la PGR en el sexenio anterior, tiempo suficiente para haberle puesto emblemas de esa dependencia ¿Por qué la Procuraduría indicó que se trataba de una nave “recién capturada”?
—¿Por qué la mayoría de los agentes iba sin uniforme?
—Si la avioneta que transportaba la cocaína era realmente perseguida, ¿por qué no se detuvo inmediatamente para bloquear la pista e impedir así que aterrizaran sus perseguidores?
—En cambio, sus ocupantes se dirigieron tranquilamente hacia el camión donde estaba el combustible
Y una última consideración:
—Si el ejército protegía a los narcotraficantes, “¿es lógico imaginar que los militares hubieran dejado sobrevivientes?”








