¡HAY BANDIDOS!
Susana Cato
Todos los niños son unos pequeños bandidos, a pesar de que las películas de Walt Disney y los mitos mojigatos se hayan encargado de divulgar lo contrario
Con este telón de fondo, el joven director Luis Estrada asalta la cartelera de esta ciudad con Bandidos, botón de muestra de lo que se ha dado en llamar “nuevo cine mexicano”, que por cierto, tendrá una segunda semana de estrenos en enero, según hizo saber a Proceso Ignacio Durán
“Lo único nuevo somos nosotros”, ha dicho Estrada, quien a sus 28 años de edad es quizá el único de su generación con un oficio de hombre viejo: desde los quince comenzó a trabajar como asistente de dirección al lado de su padre y maestro, el “Perro” José Estrada, y ha sido asistente de más de 25 largometrajes nacionales y extranjeros Estudió en las dos escuelas de cine profesional del país, aunque fue expulsado del CUEC durante la gestión de Marcela Fernández Violante junto con Alfonso Cuarón —director de la excelente y aún no estrenada Sólo con tu pareja
Bandidos es el segundo largometraje del cachorro Estrada, quien después de cortos como La Divina Lola y Vengance is mine debutó este año en la pantalla grande con Camino Largo a Tijuana (l987) Esta vez, se trata de un pequeño grupo de bandoleros perseguidos a la vez por el ejército y los criminales, en un mundo indefinido de principios de siglo, indefinido porque a pesar de su evidente tono Western, no deja de reconocerse en su ambiente lo mexicano, y hasta los colgados en los árboles parecen asunto de cristeros
La factura de esta cinta es de primer mundo (en fotografía, edición, sonido) a pesar de haber sido realizada con un presupuesto de tercer mundo
Filmada en Hidalgo, Morelos, el Estado de México, el Distrito Federal y Durango, Bandidos tiene momentos fotográficos —a cargo de Emannuel Lubeski— que superan aún a la multicacareada Danza con Lobos, como el entierro de Pablito (Sebastián Hiriart) en un montículo de piedra bajo una nube que parece de algodón
Con una cuidada estética visual y la bella música de Santiago Ojeda, Bandidos, sin embargo, quiere olvidarse de la preciosa moral en sus personajes, en su historia, en sus conceptos, y seguramente causará polémica en el gran público Habrá madres que escucharán aterradas el diálogo donde el niño bueno dice: “Extraño a mamá ¿tú no?” Y el niño malo responde: “No, mi mamá es una perra”
“Es una película de cuna, comparado con lo que ven los niños por televisión”, dice Jorge Russek, uno de los malos de esta cinta en donde solamente sale por unos minutos una mujer, Gabriela Roel, quien según los créditos, sale de “guapa”
El arranque de esta película es sensacional: un grupo de malvados bandoleros llegan a un colegio de niños bien en donde incendian, matan, saquean, cortan orejas y demás Solamente se salva un niño, el bueno, testigo de la escena (Eduardo Toussaint), que se encierra en las aulas humeantes a leer y comer duraznos enlatados hasta que vengan por él Pero quien llega es el pequeño trío de bandidos, a los que tendrá que unirse: “el gordo” Martín (Alan Gutiérrez), el pequeño Pablo (Sebastián Hiriart), y el más malo de todos, Miguel, interpretado muy bien por Jorge Poza
Sin embargo, a pesar de que la película está plagada de aventuras, balaceras, ahorcados, curas rateros, un sublime cachondeo amoroso, sustos, conejos asados, huídas, el guión —escrito por Jaime Sampietro y Luis Estrada— va perdiendo fuerza dramática a medida que avanza la película Los diálogos son disparejos, algunos rígidos, mientras que otros brillan por su sarcasmo y su humor negro Las aventuras se unen, pero no van in crescendo De manera que si la narración —cinematográficamente hablando— no logra atrapar totalmente al espectador, igual que sucede con Camino largo a Tijuana, el valor de la historia de Bandidos —aprobada por el Consejo Técnico de IMCINE— está en una concepción de la infancia muy cercana a la realidad
La realidad es que los niños son seres totalmente fantasiosos y amorales Y que los malos se divierten más que los buenos
Y, sobre todo, Luis Estrada demuestra que —a pesar de su edad— es un gran director que sabe jugar con la cámara con la misma seguridad y tino con que sus bandidos juegan con armas de fuego








