SIN PRECEDENTE EN EL MUNDO, A LA APERTURA COMERCIAL MEXICANA, WASHINGTON HA RESPONDIDO CON MAS BARRERAS

SIN PRECEDENTE EN EL MUNDO, A LA APERTURA COMERCIAL MEXICANA, WASHINGTON HA RESPONDIDO CON MAS BARRERAS
Carlos Acosta
Aprobada la vía rápida para las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, el gobierno mexicano reaviva su esperanza de lograr lo que no se ha podido en más de ocho años de apertura comercial, más de cinco como miembro del GATT y de continuos acuerdos de entendimiento comercial con Estados Unidos: reciprocidad, diversificación de exportaciones y fortalecimiento de la planta productiva nacional
Porque, en efecto, la apertura, con todo y que ha sido rápida, unilateral y casi completa —sin precedente, en esos tres términos, en la historia económica reciente del mundo—, ha sido correspondida con un mayor y cada vez más complejo proteccionismo, una concentración de las exportaciones y una subordinación creciente de la economía nacional a la estadunidense, expresada en una poca integración de la industria mexicana y el fortalecimiento de las empresas trasnacionales que comandan el sector exportador
Esta es una de las conclusiones a que llega el Informe para la Comisión de Comercio de la Cámara de Diputados que sobre el TLC concluyó en abril la Facultad de Economía de la UNAM y que esta semana será presentado, en forma de libro, al público en general
En el Informe, elaborado a petición de la propia Cámara y dirigido por el investigador Emilio Caballero, se hace un recuento de todo lo que se ha hecho en el país en materia de liberalización del comercio exterior y de sus resultados que, anticipa, no fueron “ni la diversificación de las relaciones comerciales con el exterior ni la tan buscada reciprocidad”
Con el propósito de darle mayor competitividad a la planta productiva y diversificar e incrementar las exportaciones, informa el documento de 180 páginas, el gobierno “transita rápidamente de una política proteccionista de importaciones a una política de liberalización comercial” Así, se cambia el sistema de permisos a la importación por uno de aranceles y se reducen éstos a niveles por debajo, incluso, de los acordados en el GATT Ese proceso se inicia en 1983 y se acelera notablemente a partir de 1987: en junio de ese año, México contaba con una tasa media de protección arancelaria del 227% —menor que el promedio, de 30%, fijado por ese organismo—; en diciembre era ya de 117% y actualmente el promedio es de poco menos de 10%
Otras fuentes coinciden con el documento de la Facultad de Economía La Secretaría de Comercio señala, en un texto sobre la política mexicana de comercio exterior, que en 1982 todas las importaciones estaban sujetas a permiso previo, había 16 tasas impositivas, que iban de 0 a 100%, y existían precios oficiales para valorar unas 1,350 fracciones arancelarias La liberalización fue radical: al término del sexenio pasado, el 96% de esas fracciones (unas 11,500) estaba exento del permiso, se redujeron a siete los niveles impositivos y menos de 40 fracciones estaban sujetas a precios oficiales
La Presidencia de la República, en un recuento de los dos primeros años de esta administración, señala que “el máximo nivel arancelario fue reducido de 100% a 20%, en diciembre de 1987, y el número de niveles de 10 a 3 El arancel mínimo para la mayoría de los productos fue incrementado a 10%, en enero de 1989, para poder reducir más adelante la dispersión de niveles arancelarios Hoy, menos del 2% (unas 240, de casi 12,000) de las fracciones arancelarias incluidas en el código comercial sigue sujeto a aquella restricción”
También como parte de la política de liberalización comercial, se apunta en el Informe de la Facultad de Economía, el gobierno suscribió una serie de acuerdos de entendimiento comercial con Estados Unidos —para dirimir diferencias y sobre subsidios e impuestos compensatorios— y se adhirió, por fin, al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, el GATT, en 1986
Sobre esto último comenta: México fue más allá de lo estipulado por el GATT en su apertura comercial El organismo exige que los impuestos a la exportación no sobrepasen el 50%, pero en el país ningún producto tiene hoy un arancel mayor que el 20% El GATT exige que la tasa promedio de impuesto a la exportación no rebase el 30%, pero en México esa tasa es actualmente de sólo 978%
Sin embargo, nada de ello ha sido efectivo, ni para diversificar las relaciones comerciales con el exterior ni para abatir el proteccionismo “La concentración de las importaciones y exportaciones de México con un solo mercado, ha aumentado: la participación del valor de las exportaciones de México hacia Estados Unidos pasó de 5422% en 1981, a 6935% en 1989, y el valor de las importaciones provenientes de ese país aumentó ligeramente su importancia relativa: 6627% del total en 1981 a 6776% en 1989”
Respecto del proteccionismo, el Informe acota: si bien Estados Unidos tiene un arancel promedio ponderado cobrado a las importaciones desde México, de 305%, que resulta menor que el del sistema mexicano (978%), “las prácticas proteccionistas de ese país por la vía de la dispersión respecto al promedio de los aranceles de los distintos productos y las barreras no arancelarias (impuestos compensatorios, cuotas de importación, controles fitosanitarios, etc) constituyen obstáculos muy importantes para nuestro comercio”
La respuesta estadunidense a la política de apertura comercial de México, se dice en el documento, ha sido “grados crecientes cada vez más sofisticados de proteccionismo mediante barreras arancelarias y no arancelarias” Estas últimas se han multiplicado a un ritmo mayor que el de la eliminación de aranceles comerciales En el período 1971-1975, Estados Unidos imponía 29 barreras no arancelarias; entre 1976 y 1980 las aumentó a 61, y para 1985 contaba ya con 152 barreras no arancelarias Tan sólo en 1988, la protección no arancelaria, junto con la reducción del número de productos mexicanos que pueden entrar libres de impuesto en el Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), afectó casi el 26% de las exportaciones nacionales de productos alimentarios, el 52% de las de hierro y acero, el 26% de sustancias químicas y el 90% de textiles y prendas de vestir
Calcula la Facultad de Economía que, en ese año, las medidas proteccionistas de Estados Unidos significaron que México dejara de percibir 2,680 millones de dólares, cantidad similar a la que se esperaba obtener por la renegociación de la deuda externa
Y no obstante los acuerdos de entendimiento comercial que han firmado México y Estados Unidos, el proteccionismo de este último no cede Y así lo reconoce la propia Presidencia de la República En su Agenda de México, promocional del país de distribución en el exterior, señala los principales documentos suscritos por los dos países para establecer un “marco institucional que ha contribuido a solucionar problemas y a identificar oportunidades de comercio y de inversión”, y dice, por ejemplo, que el acuerdo sobre textiles, suscrito en 1975 y renovado en cinco ocasiones, “todavía obstaculiza algunas exportaciones en las que México es muy competitivo”
También, que el acuerdo sobre productos de acero, suscrito en 1984 y renovado por segunda vez en 1989, “impone limitaciones considerables a algunos productos de acero mexicanos”, dice la Agenda y concluye que el Sistema Generalizado de Preferencias —establecido en 1974 por el gobierno estadunidense, para conceder reducciones arancelarias a ciertos productos de países en desarrollo— “no contribuye a la elaboración de un marco comercial estable, puesto que depende de decisiones burocráticas periódicas”
Lejos, en cambio, de los objetivos perseguidos, la apertura comercial ha traído otros efectos, de poca ayuda para la economía nacional: concentración de las exportaciones, poca integración en la industria mexicana y beneficio máximo para las empresas altamente exportadoras, locales y trasnacionales El Informe para la Comisión de Comercio de la Cámara de Diputados señala que a partir de 1985 los productos que mueven casi el 40% del total de exportaciones manufactureras del país son apenas diez: automóviles para transporte de personas, motores y partes sueltas para automóviles, piezas para maquinaria, productos de acero, hierro en barras o lingotes, vidrio y cristal, ácidos policarboxílicos, fibras textiles sintéticas y cables para electricidad
Y si por el lado de la cantidad y tipo de productos exportados se observa la concentración —los productos de la industria automotriz y de las ramas ligadas a su desarrollo pesan 254% en el total de las exportaciones nacionales—, ésta es aún mayor en lo que hace a las empresas exportadoras ubicadas en México, destacándose significativamente la presencia de trasnacionales, se dice en el texto de los economistas de la UNAM, que a los datos se remite: sólo las empresas Chrysler, General Motors, Ford Motor Company, Volkswagen, Nissan e IBM —todas con el apellido “de México, SA”— concentran poco menos de 20% de las exportaciones totales del país
El documento interpreta: el dinamismo y la importancia de la rama automotriz “sugiere que las grandes empresas trasnacionales, mediante su estrategia internacional de inversión y comercio, han localizado a México como un centro de operaciones importante El comercio intraempresa (filiales entre sí y matriz con filiales) es parte de la política general de la trasnacional”
A las empresas nacionales, fuera de las altamente exportadoras, pero que son la mayoría —las pequeñas y medianas constituyen 85% del total—, les queda un papel de subordinación, se dice en el Informe
Sin embargo, la esperanza muere al último, y el gobierno se apresta, aprobado el fast track, a buscar lo que no se pudo con la apertura comercial
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