Córdoba Montoya es el problema de la diplomacia

Córdoba Montoya es el problema de la diplomacia
Ricardo Valero, exsubsecretario de Relaciones Exteriores, enjuicia: el servicio exterior, subordinado a Washington
María Esther Ibarra
En las últimas semanas, los nombramientos de nuevos embajadores sacudieron, como suele ocurrir, al Servicio Exterior Mexicano Se trató de una nueva embestida del sistema presidencial de designar representantes diplomáticos En unos cuantos días, Jorge de la Vega Domínguez se convirtió en embajador en Canadá, Santiago Oñate en embajador permanente ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y se dio a conocer que Jesús Silva Herzog será el próximo embajador en España
¿Políticos designados por el Presidente o diplomáticos de carrera?
“Eso no es el problema”, dice Ricardo Valero, exsubsecretario de Relaciones Exteriores “Lo que importa de veras es la ausencia, durante este sexenio, de una política exterior clara, congruente y digna de los intereses nacionales”
Iliana Cid Capetillo, coordinadora de la carrera de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, completa:
“Es de importancia relativa que un político ocupe una embajada Lo cuestionable son las contradicciones y el desacuerdo ya evidente en las cuestiones de la política de comercio exterior del país”
Y el presidente de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano (ASEM) y director adjunto de Protocolo de la Cancillería, José Ignacio Gonzáles Pita, lo plantea de otro modo:
“Son puestos que obedecen a criterios políticos y no los vamos a cuestionar El acento y preocupación es fortalecer y profesionalizar el Servicio Exterior Mexicano, sobre todo en momentos en que hay un proceso de regionalización e integración mundial”
Valero, artífice del Grupo Contadora al lado de Bernardo Sepúlveda Amor, este último canciller durante el gobierno de Miguel de la Madrid, es severo al enjuiciar tanto a la diplomacia como al servicio exterior del presente, sexenio
Dice que las recientes designaciones —”embajadores improvisados”, los llama— en realidad sólo remarcan lo bajo del perfil de la diplomacia mexicana, hacia el exterior, e internamente el tono menor del actual secretario de Relaciones Exteriores, Fernando Solana
Y lo expresa sin ambages:
“El abuso o exceso que ejerce el Ejecutivo en los nombramientos de embajadores resulta inconveniente Sin embargo, más grave es la actitud y el desdoro de la diplomacia mexicana en el concierto internacional”
Pese a los llamados del canciller Solana a que México” no sólo sea contemplador de lo que pasa en el mundo, sino que debe asumir los cambios de una manera activa, creativa y participativa”, el embajador Valero encuentra pocos signos de esto en la actuación del gobierno mexicano, por lo menos —dice— en los foros internacionales
A su juicios el papel que nuestro país ha jugado en materia de política exterior, se reduce a una simple cosa: a competir con otros países por ser el más grato a la mirada de los Estados Unidos
En otras palabras, precisa, “nada que dañe la relación con Estados Unidos, es el sello de la actual política exterior mexicana”
El punto de partida, el “secreto a voces”, que —critica— ha marcado el viraje en la otrora actitud digna y congruente de México en materia de política exterior, es el desplazamiento del canciller Solana por la figura del jefe de la oficina de Coordinación de la Presidencia de la República, José María Córdoba Montoya
“Es ofensivo para el país, el gobierno y el servicio exterior mexicano, que Córdoba figure de manera destacada hasta en el más simple acto protocolario interno Esto, además de ser en desdoro de la política exterior y de su servicio, es el problema de fondo”, lamenta Valero Becerra, quien como subsecretario de Relaciones Exteriores criticó el manejo de la diplomacia mexicana interna y externamente
La activísima presencia de Córdoba Montoya no se reduce, en el exterior, al simple protocolo Va más allá:
En la relación con Estados Unidos, el abogado francés naturalizado mexicano es una especie de diplomático personal del presidente Carlos Salinas Dos hechos lo sugieren: la primera reunión, que el gobierno quiso mantener en secreto, de autoridades mexicanas con autoridades estadunidenses, en febrero del año pasado, fue encabezada por Córdoba Montoya, quien planeó y encabezó la delegación mexicana integrada por el titular de la Secretaría de Comercio y Fomento (Secofi), Jaime Serra Puche, y otros funcionarios de esta dependencia Córdoba se reunió en aquel entonces no sólo con Carla Hills y funcionarios del Departamento de Estado —contraparte de Relaciones Exteriores—, sino con Brent Scowcroft, asesor de Seguridad Nacional del presidente George Bush La Casa Blanca, al confirmar la reunión, consideró a Córdoba contraparte de Scowcroft
Ha sido Córdoba, también quien en las visitas de Salinas a Washington ha preparado la agenda En todas las ocasiones Córdoba llega una semana antes y es él quien concierta entrevistas, encuentros y horarios, con funcionarios estadunidenses, labor que correspondería a Solana Morales o al embajador Gustavo Petricioli
De hecho, ante el Congreso y el Ejecutivo estadunidense, Córdoba se ha convertido en representante por excelencia del presidente Salinas
CRITERIOS DIVERGENTES
La licenciada Cid Capetillo afirma que las divergencias públicas en las negociaciones del TLC, son otro de los signos de indefinición de una política exterior en los asuntos comerciales del país en el extranjero “Es evidente que en la negociación global del acuerdo, no hay un criterio uniforme” Refiere:
“Cuando Canadá anunció su interés en participar en el acuerdo, por un lado Córdoba declaró oficialmente que entraría y, el mismo día, por otro lado, uno de los negociadores mexicanos, Herminio Blanco, declaró que aún no estaba clara la participación del gobierno canadiense En el asunto de si se incluiría o no el petróleo en la agenda de negociaciones, el manejo fue todavía peor y culminó con las renuncias de, entre otros, Alberto Escofet, en SEMIP, y de Miguel Angel Toro, uno de los negociadores de Secofi, renuncias que, opina, están relacionadas con el equívoco y poco claro manejo interno de la negociación global del Tratado”
De ahí, insiste, la cuestión no está en que los políticos vayan a las embajadas “Esto, ciertamente, ha creado tensión y un relativo descontento en Relaciones Exteriores Pero en donde hay que poner el acento es en la presencia mínima de que, hasta ahora, ha tenido la cancillería frente, incluso, a la Secretaría de Comercio”
Explica: “es un punto negativo para el país que una parte importante de los actuales negociadores internacionales en materia de comercio exterior no tenga experiencia y sí responsabilidad en cuestiones como el Tratado Es lamentable ver a Pedro Javier Noyola (coordinador de asesores de Secofi) frente a una abrumadora Carla Hills No dudo que haya gente valiosa en el equipo, pero como tal, es elocuente que poco tiene que hacer ante el grupo de negociadores estadunidenses”
Desde su posición de espectadora y ante el relegamiento de sus embajadores en los países participantes en el TLC, la Cancillería “debería tener un papel más activo No digo que fije los temas, ni la agenda, o los puntos, pero sí que coordine interna y sobre todo externamente, las negociaciones comerciales, en las que ha habido desinformación e indefinición en un asunto tan determinante para el país”, remarca Cid Capetillo
Los primeros tumbos e incongruencias en el manejo de la política exterior los observó Valero siendo subsecretario de la Cancillería, en el sexenio anterior Su resuelta posición respecto a la propuesta de paz de Contadora, que causaba alergia al gobierno de Washington, derivó en su repentino traslado a la embajada de México en Moscú Y, el colmo, sin siquiera haber presentado sus cartas credenciales, Valero fue cesado por el Presidente doce días después de que la Comisión Permanente de la LIII Legislatura había ratificado su nombramiento (Proceso 596)
Diplomático de carrera —cursó la licenciatura y maestría en Relaciones Internacionales en El Colegio de México e ingresó por concurso en la SRE, en la que desempeñó diversos cargos—, Valero Becerra expone:
“Desde hace algún tiempo la política exterior mexicana se ha venido subordinando a consideraciones económicas que, obviamente, son importantes, pero en las que debería prevalecer un enfoque político Es claro que el gobierno la ha subordinado a la función de mantener una buena relación con Estados Unidos Así, por ejemplo, ha sido su actuación en el combate al narcotráfico, que México abordó con una lectura y una óptica estadunidense Así, por igual, tenemos el embargo atunero y lo único que se hace es acelerar la firma del Acuerdo de Libre Comercio”
Enfatiza: “Nada, pues, que dañe esa relación, puede ser el factor orientador de la política exterior de México, que ahora está absolutamente supeditada a la suscripción del tratado comercial en su parte bilateral o trilateral”
Dedicado al quehacer académico en la Coordinación de Humanidades de la UNAM, Valero, que milita en el PRD, analiza aspectos que, a su juicio, marcan el trazo de la política exterior del actual gobierno
AUSENCIA EN EL PERSICO
El punto álgido del sometimiento de la diplomacia mexicana fue —dice— la posición adoptada en el conflicto del Golfo Pérsico
“La opinión nacional no conoció ni pudo valorar la posición del gobierno frente a la crisis del Pérsico No hubo una sola iniciativa, una sola propuesta Simplemente, generalidades: el llamado abstracto, sin contenido, a la unidad nacional Una invocación de la tradición pacifista del país, pero sin una posición frente al problema real y concreto Es cierta esta tradición, pero no tiene sustancia, efectividad, si está ausente una posición No basta con la declaración verbal
“La única respuesta del gobierno mexicano fue el aumento inmediato de su plataforma de explotación y exportación de petróleo, con la paradoja, que casi era una broma, de que el conflicto se libraba a muchas millas de distancia del territorio mexicano y que preocupaba, pero no afectaba”
Valero reclama: “Se habla de la incorporación creativa y participativa de México a un mundo de interdependencias y de integración regional, pero cuando al gobierno se le presentó la gran oportunidad, hace dos semanas, de hablar en el Consejo de Naciones Unidas, se hizo un planteamiento inocuo, que prácticamente pudo haberse ahorrado De qué sirve que se diga, que puede haber nuevas oportunidades de negociación, si no se define ninguna Con esta indefinición, lo único que se hace es respaldar la posición de Estados Unidos y de las grandes potencias”
—¿México tiene la calidad moral o la credibilidad para que se le escuche en el concierto internacional?
“En efecto, ése es el punto: ya no tiene credibilidad La tuvimos y la deberíamos recuperar o dar pasos en esa dirección No hace mucho México llegó a tener un papel destacado y digno en el Consejo de Seguridad de la ONU Lo importante no es sólo reconocerlo, sino retomar aquello que corresponda a la trayectoria del país, pero con alternativas viables y eficaces”
Postula: “México tendrá credibilidad cuando recobre la dignidad y su política exterior no se subordine a enfoques económicos muy discutibles Es triste ver el papel de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que tampoco está cumpliendo su papel, incluso en aspectos meramente protocolarios”
Por eso, también según Valero la procedencia, el reclutamiento y designación del personal del servicio exterior mexicano (SEM) resulta secundario “La personalidad y la capacidad cuentan, pero no son determinantes Lo determinante es la dirección de la política exterior”
Sin embargo, sí considera “gravoso” que se hagan designaciones como las de Jorge de la Vega y Santiago Oñate, cuyo “único motivo o fundamento posible es la compensación política, sin importar el tipo de representación que tiene México Francamente se envía a personas con un pasado bochornoso y que, en todo caso, el Ejecutivo no debería de poner de manifiesto”
Frunce el ceño ante todo por la designación de De la Vega Domínguez como embajador de Canadá “Es verdaderamente una provocación que al artífice del proceso electoral de 1988, que fue el responsable de hacer los cálculos de los votos que obtendría el candidato presidencial del PRI, se le designe a una embajada No le hace ningún bien al servicio exterior mexicano, por el contrario, daña su imagen dentro y fuera del país”
No menos grave le parece el nombramiento de Santiago Oñate como representante de México ante la Organización de Estados Americanos (OEA) “Tiene una dedicatoria muy clara, particularmente sobre cuando está el asunto de la posibilidad de la presencia de observadores internacionales en las próximas elecciones y ante las dudas, más que fundamentadas, que suscita el proceso electoral mexicano En función de razones presumiblemente pragmáticas se le envía a manejar un asunto incómodo para el gobierno mexicano, cuando la función diplomática y la política dentro de la OEA implica cubrir campos y aspectos mucho más importantes para el país”
Opinión diametralmente distinta tiene de Jesús Silva Herzog, destinado a la embajada de España Aunque considera que el nuevo cargo del economista es importante, por tratarse de una embajada desde todos los puntos de vista atractiva, desea que no implique un exilio político Dice: “Es posible que entre las consideraciones haya estado, de ambas partes, el colocar distancia respecto a los procesos políticos internos electorales del país, y quizá eso sea conveniente para el gobierno y para él mismo”
Como su amigo personal, Valero desea que no se convierta en un “trasterrado mexicano en España o se quede en ese círculo, cuando todavía puede aportar mucho a los cambios políticos del país”
Valero llama la atención sobre las frecuentes rotaciones en la embajada de México en España “El hecho de que en los últimos tiempos haya habido cambios, sin que aparentemente concluyeran los embajadores en turno sus misiones y encomiendas, habla de la poca seriedad y consistencia para una política exterior y para una relación supuestamente destacada entre México y España”
Afirma que si en el caso de Silva Herzog fue buena la decisión, en los de Oñate y De la Vega “habría que ser más riguroso en el mecanismo y meditar las designaciones”
El presidente de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano (ASEM), José Ignacio Gutiérrez Pita, dice que “la razón por la que el Presidente decidió las recientes designaciones obedecen eminentemente a un criterio político No vamos a cuestionarlas Además, en política no hay nada escrito, sobre todo en momentos importantes que está viviendo México en su relación con el hemisferio norte”
El también director adjunto de Protocolo de la Cancillería tampoco es de la idea de que se desempeña mejor un político o un diplomático de carrera “En todo caso, cualquiera que sea su procedencia o formación, las cualidades básicas, esenciales, importantes de un diplomático son: la prudencia y la discreción”
El ministro Gutiérrez Pita insiste: “La ASEM no va cuestionar una decisión política No lo puede hacer, somos una asociación civil y no se constituyó para eso Su objetivo y obligación es dar a los miembros del servicio exterior de carrera y a los integrantes de la asociación, los elementos y conocimientos necesarios para que en el momento en que se tomen decisiones algunas nos favorezcan”
Según Gutiérrez Pita, el 70% de los 1,200 miembros del servicio exterior mexicano está afiliado a la ASEM, que —asegura— es un órgano independiente de la SRE