10+1=X

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Francisco Ponce
Cuando me disponía a abordar la dócil aventura de la rusita enamorada del entrenador mexicano —y el fallido intento de los judiciales por arruinarla—, resulta que siguen agarrados de la solapa esos locos muchachos de la caterva futbolística
La historia inicial es muy bonita: resulta que Marina Abroshkina asumió las ventajas que le ofrece la perestroika y no regresó con la selección soviética de basquetbol a su país Decidió —caso omiso a quienes pretenden hablar de deserción— integrarse al capitalismo mexicano, mediante su idilio con el auxiliar del equipo nacional de basquet femenil, Luis “Cabrito” García Sevilla
Pero en realidad, con el asunto del fut en puerta, no podría relatar esta romántica historia Mejor, del idilio entre Marina y “Cabrito” nos ocuparemos después: la aventura continúa
Ante las dimensiones del problema —una sociedad con escasos ganadores, martirizada por la explotación del fut como catarsis que sólo alivia los bolsillos de los mercaderes—, merecería la intervención presidencial para redefinir la función de ese deporte-espectáculo, corrompido a través de las actitudes demenciales de los dirigentes, quienes mantienen una batalla contra sí mismos que, de antemano, la tienen perdida Están desesperados y, por ello, acudieron a la única instancia viable conciliatoria: Raúl González
El que estos 20 notables estén dispuestos a ceder el poder que envileció su prepotencia, significa que su situación es grave: por un lado, el grupo del poblano Emilio Maurer, que ostenta la mayoría, y por otro la tan rara y débil respuesta de la televisión privada, otrora engallada y arrogante
Bueno, pues ahora, hasta el señor Emilio Azcárraga se dirigió a Raúl para solicitar, vía Presidencia de la República, el enlace para la concertación: para Televisa es más viable ahora tratar con el gobierno que con Emilio Maurer y compañeros
Ya ocurrió en 1973, cuando el “alto” comisionado Gustavo Petricioli intervino por decreto del costumbrista Luis Echeverría Alvarez, enfundado en los colores del América
Ahora, la situación ha llegado al zénit: en 17 años en nada se ha modificado, para beneficio de su propio desarrollo, la estructura del futbol nacional
Siguen las grandes transacciones de principio de campaña —se estima que ahora fueron de 50,000 millones de pesos—, las evasiones fiscales, las cifras ocultas y, sobre todo, la fracasada gestión para mejorar el espectáculo
El riesgo principal —si decide intervenir el gobierno para encontrar una verdadera solución al asunto—, sería despojar a la veintena de empresarios del derecho de decidir por más de diez millones de futbolista en el país