Su sobrino lo denunció en la Contraloría, pero ésta no actuó

Su sobrino lo denunció en la Contraloría, pero ésta no actuó
Inexplicablemente rico, Schleske omitió declarar sus residencias en Houston
Carlos Marín
HOUSTON, TEXAS – La venida a pique del almirante Mauricio Schleske, secretario de Marina hasta el 18 de julio pasado, tiene como causa directa lo que la ley sanciona como enriquecimiento ilícito: se le halló en posesión de dos residencias, ubicadas en el próspero desarrollo Galleria de esta ciudad, valuadas en 350,000 dólares cada una y que el dueño no incluyó en su declaración de bienes patrimoniales
La suerte de Schleske se liga a la de otro jefe de la armada, el almirante José Luis Cubría, quien fue director general de Marina Mercante hasta el 10 de enero del año en curso y que tiene otras dos propiedades idénticas en el mismo y exclusivo predio de Lexington, en el 2101 de la calle Bering
De ambos exfuncionarios se comenta aquí que son socios de una cadena de tiendas y que poseen, al menos, un astillero en España
A fines del año pasado o a principios de éste, la secretaría de la Contraloría hizo aquí, en Houston, una investigación y el resultado —con las pruebas documentales de rigor— fue dado a conocer al presidente Carlos Salinas de Gortari
Lo primero que se resolvió fue destituir a Cubría de manera inmediata, pero con la mayor discreción
A Schleske, sin que él se enterara, le concedieron el beneficio de la duda, con la esperanza de que diera parte de sus casas en Houston, con ocasión de las nuevas declaraciones que los funcionarios públicos debieron rendir en mayo No lo hizo, y en los Pinos empezó a prepararse la primera destitución de un secretario de Estado en lo que va del sexenio, la que finalmente se dio a conocer en un boletín suscrito por la Presidencia de la República
En lugar de cese, el comunicado emplea el ingenuo y vetusto eufemismo de “renuncia”, pero contiene un acierto formal: el almirante hizo agua por razones, efectivamente, “familiares”, toda vez que un sobrino suyo fue quien puso sobre aviso a la secretaria de la Contraloría, María Elena Vázquez Nava, respecto del status internacional del almirante, sin proporción con las percepciones legales de un marinero por muy elevado que sea su rango, del ahora exsecretario
Dada la discreción con que ambos almirantes fueron echados del gobierno, la Presidencia de la República incurrió en una falla central: pasó por alto preceptos fundamentales de la legislación, que obligan al decomiso de las propiedades detectadas en beneficio del Estado, a prisión de dos a catorce años, a multa de hasta 500 veces el salario mínimo, la destitución del funcionario y su inhabilitación, de dos a catorce años, para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos
Sólo hasta el jueves de la semana pasada (ocho meses después de haberlo corrido), la Contraloría General de la Federación, al informar de convenios entre el gobierno federal y los estados respecto de inhabilitación de exfuncionarios, filtró a la prensa el dato de que el almirante Jose Luis Cubría fue “castigado por omitir en su declaración de modificación patrimonial propiedades en Estados Unidos”, desde el 26 de diciembre de 1988
Nada sobre decomisos, multas o cárcel, y menos algo acerca de su vecino y camarada de armas e inversiones, Mauricio Schleske
De los dos funcionarios, sin embargo, hay constancia oficial en esta ciudad, con fecha 7 de junio de 1990, de que conservan al menos tres de las cuatro propiedades detectadas por la Contraloría entre los bienes que nunca declararon
La lógica del encubrimiento es simple: por una parte se pretende poner a salvo una especie de infalibilidad o acierto en la designación de los empleados de primera línea del Presidente y, por otra, no exponer la proclamada honorabilidad de los altos mandos militares al escarnio público
Más aún, el almirante Schleske, bajo cuya administración como Secretario de Marina se permitió la vejación de marinos menos encumbrados para alimentar los apetitos de la Policía Judicial Federal antinarcóticos, vendió, según asienta una de las escrituras notariales obtenidas aquí una de las dos casas —apenas el 5 de mayo de 1990— a una empresa de las Islas Vírgenes Británicas, con fama de ser uno de los centros internacionales de lavado de dinero generado por las drogas
SECRETOS FAMILIARES EN LA CONTRALORIA
Recién destituido Schleske, algunos invitados a cenas con la secretaria María Elena Vázquez Nava supieron por ella, en alguna de sus habituales muestras de confianza, que la Contraloría tenía atrapados a los titulares de Marina y Marina Mercante desde hacía varios meses, y se comentaba que no les fueron aplicadas las sanciones que establece el Código Penal
Uno de esos invitados, con la petición concedida de no revelar su nombre, le obsequió al reportero de Proceso dos datos claves: el chisme de las cenas y el recorte de una columna de Ovaciones, edición matutina, del 30 de julio del presente
La columna se titula Estado de los estados y la firma Lilia Arellano Los dos últimos párrafos dicen así:
“Y, por otra parte, la preocupación hecha patente por doña María Elena (Vázquez Nava) con sus cercanos amigos sobre la forma de reaccionar en este caso y en especial del exsecretario de Marina con la compra de un departamento en Estados Unidos de Norteamérica, la ha llevado a emitir frases que en fondo reflejan el cuidado porque ‘el verdugo de hoy puede ser la víctima de mañana’ En fin
“Ahora sólo cabe esperar se haga justicia y al personaje se le aplique, se lo merece, el peso de la ley, a sabiendas de que vivimos en un estado de Derecho y que se han abierto realmente las puertas para que en el terreno del amiguismo y la cuatitud nos encontremos con un mandato y un México nuevo”
Hasta aquí la columna de Arellano Ya en los últimos días del año pasado, en su columna En privado, (18 de diciembre) Joaquín López Dóriga había relacionado a Jose Luis Cubría con una serie de desaciertos, operaciones sospechosas y trapacerías
López Dóriga, quien casualmente posee una de las once exquisitas casas del conjunto Lexington en Houston, reaccionaba al parecer ante el dato de que la Contraloría iniciaba su pesquisa y quién sabe hasta donde llegarían sus investigadores en la averiguación del origen de las propiedades mexicanas de la calle Bering
Ocho días después (el 26 de diciembre), el columnista retomó el tema de Cubría y afirmó que son más los bienes que el almirante tenía en propiedad “que los anotados en su declaración (patrimonial)” Por eso, vaticinó —y lo juntaba con Mauricio Javelly, embajador en Suiza— “vendrá el cese a (sic) sus actuales cargos y la inhabilitación”
Detrás de las confidencias de María Elena Vázquez Nava, de la reciente columna de Lilia Arellano, y de las otras de López Dóriga, está una anécdota familiar:
La secretaría cuenta con un equipo de asesores que coordina un abogado de 38 años, doctorado por la Universitá de di Napoli en Derecho Administrativo Su nombre es Antonio Schleske, sobrino del almirante
En el Diccionario biográfico del gobierno mexicano aparece que es miembro del Partido Revolucionario Institucional desde 1971; ha sido jefe de asesores en el ISSSTE y director de normatividad de obras públicas, adquisiciones y bienes muebles
Iniciado entre pocos en el conocimiento de lo que confiesan poseer los empleados del gobierno (las declaraciones de bienes patrimoniales se mantienen como secreto de Estado pese a que retratan a los funcionarios públicos), Antonio conoció la de su tío (rendida en mayo de 1988) y descubrió la omisión de las casas de Houston
Como servidor público, vio la oportunidad de ganar para la causa y razón de su presencia en la Contraloría como coordinador de asesores a su encumbrado pariente y, luego de vencer la incomodidad que el asunto entrañaba, invitó al tío Mauricio a rectificar
Imposible lograrlo: a la de por sí desventajosa relación familiar se sumaban la edad, la carrera militar frente a la civil, los currícula, el cargo dentro del organigrama de puestos federales y, por si fuera poco, el almirante había sido nombrado secretario por el Presidente y su sobrino era importante pero modesto colaborador de María Elena Vázquez Nava
Al término del áspero alegato —aquí en Houston se dice que fue “pleito”— rompieron para siempre
Antonio Schleske decidió entonces —octubre o noviembre— demostrarle a su jefa que no se equivocó al nombrarlo asesor en la Contraloría: le pasó el tip
Enseguida se puso en marcha la investigación, a cargo de una docena de sabuesos en asuntos de enriquecimiento ilícito
LAS PROPIEDADES
El acceso a los archivos públicos en los Estados Unidos, con excepción de los oficialmente catalogados como top secret (y cualquiera puede saber cuando menos esta particularidad) es menos que un juego de niños
En las oficinas de avalúos y catastro, en menos de cinco minutos, una amable empleada consultó el lunes 6 de agosto su computadora, localizó e imprimió estos cuatro registros:
Del 2101 de Berin Drive, donde está el conjunto de las once casas que integran el predio Lexington, aparece como propietaria de la casa 2121 “Schleske María Luisa” Se trata de la esposa del almirante, fallecida en febrero del año pasado
De la casa 2123, cuando hizo su averiguación la Contraloría, aparecía también María Luisa como dueña, pero en la copia actualizada obtenida por Proceso figura ya otro propietario: “Aritmos LTD”
En cuanto a las casas de José Luis Cubría, las 2111 y 2131, aparecen como dueñas “Cubría Elsy” y “Cubría María C”
La esposa del almirante se llama Elsy Lizárraga Hernández
Para despejar la incógnita de la aparición de Aritmos, en otra oficina de servicio público pudieron verse los microfilms de las escrituras de Lexington y obtenerse la copias certificadas correspondientes
La casa 2123 fue vendida por “Mauricio Schleske, a resident of Mexico City”, mediante su “agent” Francisco Schleske a “ARITMOS, LTD, a British Virgin Islands corporation”, cuya dirección “is PO Box 3150” en aquella región del Caribe El convenio se firmó el 5 de marzo y lo registró la municipalidad a las ocho y media de la mañana del 27 de abril
Es aquí donde salta un elemento curioso: El sistema PO Box es de los más socorridos en presuntos centros internacionales de lavado de dinero sucio, y ha puesto a las Islas Vírgenes británicas en informaciones referentes difundidas por distintos medios Se trata de apartados postales a través de los cuales se realizan operaciones bancarias de menor riesgo policiaco que las operaciones directas en los bancos
En la obligada y morbosa visita al conjunto Lexington es inevitable ver el edificio que se levanta en su esquina sur en la intersección de la avenida Westheiser y Bering Es el que pertenece a uno de tantos príncipes o reyes árabes que invierten en Houston sus ganancias petroleras, un tal Abdul Hassal, cuyo capricho arquitectónico de sólo 22 pisos insinúa los trazos esenciales de la cara de la Esfinge
Sus vecinos mexicanos tienen sus casas a unos 100 metros de distancia, sobre la acera oriente
Bardado de ladrillo rojo y en el centro una reja metálica, el conjunto de once casas permite ver desde la acera sólo parcialmente cinco o seis
En el directorio, a un lado del interfono, el primer apellido que aparece es el de “CUBRIA” (“María C” en las boletas catastrales) La otra casa del exdirector de Marina Mercante figura en este directorio como de “GONZALEZ”
La que Mauricio Schleske vendió a Aritmos tiene al apellido castellanísimo de “ZAVALA” y la que conserva se presenta como de la familia “OYARZABAL”
Al fondo de los jardines que bordean una entrada de unos 60 metros de largo para coches, pueden verse las construcciones de dos pisos con desvanes de dos aguas que le dan la altura equivalente a cuatro niveles
Son casas de ladrillo rojo sangre unas, rosado las demás, y las de Schleske están en el rincón sudoriental, a un lado de las áreas deportivas que incluyen por supuesto alberca
En la quietud de este rincón de la ciudad son pocos los que transitan en le medio día del miércoles pasado Ni siquiera el vigilante del predio se inquieta por el empleo de una cámara fotográfica y se agazapa tras las ventanas de la caseta, que asemeja la cabaña en que nació Abraham Lincoln
Al intentar comunicación con el interior —el interfono es igual que un teléfono electrónico de servicio público— ningún Cubría, ningún Schleske responde No contesta nadie y un diligente chofer de servicio privado comenta al reportero que lo más seguro es que quienes habiten esas casas, si son mexicanos, “han de venir como todos, cuatro o seis semanas al año, cuando más”
REMEMBER EL ALAMO
Paraíso de inversionistas de todo género provenientes de cualquier parte del mundo, esta ciudad ha
sido elegida entre varias del sur de los Estados Unidos por miles de mexicanos decepcionados de la economía de su patria, sobre todo a partir de 1976, en que se suscitó la primera oleada de fuga de capitales
Lejos aún de restablecerse la confianza, abundan los que hoy, en pleno auge de la modernidad salinista, llegan de los estados norteños de la República Mexicana y de ciudades importantes como el Distrito Federal, Guadalajara, Puebla, León y Veracruz a comprar con fruición todo tipo de bienes, muebles e inmuebles, con los que consideran poder mantener y acrecentar sus medianas o elevadas fortunas
Conjuntos y barrio como Warwick Towers, Four Leafs Towers, St James, Greenway Plaza, Houstonian 2, 3525 Sage, The Bristol, The Oxford, Conroe, Woodlands y Atascosita se han atascado de paisanos que, como Cubría y Schleske se agrupan como vecinos para vivir a prueba de desastres económicos
Las torres Four Lears son un par de rascacielos sembrados en una loma artificial El vigilante —al centro de una sala de recepción atestada de caobas, alfombras orientales y docenas de obras artísticas, más lujosa que las de hoteles como el Chapultepec o el Niko— coincide en que entre el 15 y el 20 por ciento de los propietarios de pisos viven habitualmente en México Bajo los jardines de un cerro artificial están los estacionamientos, la alberca y hasta un frontón
En Walden, a una hora de Houston, y desde los tiempos de José López Portillo, Gustavo Carbajal Moreno, expresidente del PRI, exsecretario de Trabajo, director de Tabamex, es uno de los recolonizadores de Texas
En Houston y sus suburbios, en proporciones que van del 15 al 20 por ciento respecto de otras nacionalidades y enfrentando los azares del prejuicio racial que persiste en casi todo el territorio estadunidense, los mexicanos compran también motocicletas, automóviles, obras de arte, antigüedades, ganado, tierras de cultivo y acciones de empresas de lo más diverso
Desde luego, los modernos y célebres hospitales de esta ciudad, casi tan redituables como la industria local petrolera, son buena coartada para tranquilizar la conciencia de inversionistas con problemas de salud que no se la juegan ni en el ABC de la ciudad de México
A propósito de la industria Clínica de Houston, hace tres semanas trascendió —con mezcla de sorna e indignación de mexicanos que vienen a trabajar aquí— que Guillermo Jiménez Morales, dirigente de la mayoría priísta de la Cámara de Diputados, llegó al Hospital Metodista con una comitiva de diez familiares y cinco médicos traídos de México Hubo quien pensó que algo serio le ocurría, pero pronto se supo que lo que le hicieron fue uno de sus regulares chequeos
Un vendedor de automóviles BMW que vino de Jalisco hace 20 años, habla con júbilo de la frecuencia con que los mexicanos le solicitan estos vehículos —60, 70 o más miles de dólares, según los accesorios— “y fíjese que la mayoría los usa unas cuantas semanas al año”
Hace dos meses fue uno de los varios vendedores a quienes el hijo del almirante José Luis Cubría, homónimo de éste, pidió un Ferrari de manufactura especial, de más de 80,000 dólares de costo
El junior Cubría es gerente de la empresa Intex —”un nuevo concepto en oficinas”, reza su publicidad—, que además de vender pisos en las torres del conjunto Galleria, asesora negocios de importaciones y exportaciones
Los rumbos de Galleria son tan importantes ya que la zona disputa al Down Town su importancia
Es en estas atmósferas, tan distintas de cuando transitaron por aquí las huestes del dictador Antonio López de Santa Anna y el filibustero Sam Houston, donde concluyó la travesía de dos viejos lobos de mar