La fiscalía pugna para que surjan nombres; sus testigos se contradicen
El juicio de Zuno Arce: a la luz, juntos, funcionarios, políticos, militares, policías, narcos
Carlos Puig
LOS ANGELES, CALIFORNIA – Minutos después de haber aceptado su primera derrota, la fiscalía del caso Camarena sacó a relucir su carta más preciada en el juicio contra los autores materiales e intelectuales del asesinato del exagente de la DEA y del piloto mexicano Alfredo Zaval: llamó a intensificar a Héctor Cervantes Santos y convirtió un juicio criminal en un acontecimiento político, que involucra a altos funcionarios mexicanos y por primera vez a un secretario de Estado del gobierno actual: Manuel Bartlett Díaz
En su testimonio , que duró del miércoles 23 al mediodía al jueves 24 por la tarde, Cervantes Santos, expolicía antimotines de Jalisco y exjefe de seguridad de Javier Barba Hernández —socio de Rafael Caro Quintero—, hizo el relato de lo que vio y escuchó en los meses finales de 1984 y hasta febrero de 1985, cuando Camarena y Zavala fueron secuestrados
Contó Cervantes la amistad de su exjefe, Barba, con Rubén Zuno Arce, su compadrazgo con Javier García Paniagua, jefe de policía del Distrito Federal y sus relaciones con Manuel Ibarra y Miguel Aldana Las visitas que Barba hacía al general, entonces secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, para obtener protección para los narcotraficantes, y su asociación con Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Casi al final, provocado por el fiscal Manuel Medrano, mencionó a Manuel Bartlett, el exsecretario de Gobernación, lo que lo llevó a ocupar las primeras planas de los diarios en esta ciudad, el viernes 25
El testimonio de Cervantes cerró la segunda semana del juicio contra Rubén Zuno Arce, Javier Vázquez Velazco, José Bernabé Ramírez y el hondureño Ramón Mata Ballestero, por el secuestro, tortura y asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena y de Alfredo Zavala, acusación que también pesa sobre Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo, Manuel Ibarra y Miguel Aldana, entre otros
En la sala primera de la Corte Federal en los Angeles, que preside el juez Edward Fafeedie, los doce miembros del jurado escucharon durante el martes y miércoles testimonios relacionados con los asesinatos de los estadounidenses John Walker y Alberto Radelat, en Guadalajara, dos semanas antes de que Camarena fuera secuestrado, supuestamente al ser confundidos con agentes de la DEA, por los hombres de Caro Quintero, pero el expolicía judicial Javier Vázquez Velazco, único acusado por esos crímenes en este juicio, obtuvo un respiro cuando Enrique Plascencia Aguilar, chofer de Antonio Gárate Bustamante, exnarco ahora informante de la DEA y organizador del secuestro de Humberto Alvarez Machain, no lo pudo identificar en la corte
Plascencia Aguilar relató varias reuniones, a las que supuestamente asistió acompañando a su jefe, donde Fonseca Carrillo y Caro Quintero planearon secuestrar a Camarena; describió con especial detalle una realizada en diciembre de 1984 en “La Bajadita”, la residencia de Fonseca Ahí, Fonseca, acompañado de Caro Quintero, mostró una fotografía a Gárate Bustamante, en la que se aprecia a Camarena con Antonio Padilla de la Mora “Es la clase de amigos que tienes”, le dijo Don Neto a Gárate, ordenándole después asesinar a los dos fotografiados “No puedo, porque Padilla es gente del Cochiloco (Manuel Salcido), respondió Gárate, según contó su chofer en la Corte Fonseca le dijo entonces que el se encargaba del “licenciado Camarena”
“¿Quién llegó a La Bajadita cuando terminaba la reunión?” preguntó Medrano al testigo “Un coronel del ejército” “¿Y qué paso después?” “Fonseca habló con él un momento y después le ordenó a Javier Vázquez Velazco que subiera por diez centímetros de dinero Vázquez Velazco y yo fuimos por el dinero y se lo dimos a Fonseca, quien se lo dio al militar mientras preguntaba si eso era suficiente El coronel lo partió en dos y se lo guardó en el saco”
“Y Javier Vázquez Velazco estuvo durante toda esa junta verdad?, preguntó Medrano “Sí” “¿Le podría pedir que se parara y me dijera si ve a Javier Vázquez Velazco en esta corte?” De pie, Plascencia tardó dos minutos y medio en recorrer con la mirada la sala, se detuvo en cada jurado, en los miembros de la prensa, en abogados y acusados “No, lo veo aquí” Los presentes incluido Vázquez Velazco, dejaron escapar la risa
Era el segundo punto contra Medrano Antes que Plascencia, ocupara la silla de los testigos, Tony Gómez, agente especial de la DEA, afirmó haber estado en México entre noviembre y diciembre de 84, haciendo labor de vigilancia en las casas de Fonseca, Caro y Félix Gallardo y en el restaurante La Langosta En todo este tiempo afirmó no haber visto a Mata Ballesteros y sí a los otros narcotraficantes Eso no concuerda con lo establecido por la fiscalía: que el hondureño estuvo en Guadalajara desde septiembre de 84 hasta febrero siguiente Lejos estaba Medrano de rendirse y fue cuando llamó a la Corte a Héctor Manuel Cervantes Santos
Vestido de saco gris platinado, camisa negra, corbata plata, Héctor Cervantes Santos declaró tener 30 años, haber nacido en Guadalajara, Jalisco, estar casado y tener dos hijos Haber ingresado en la policía antimotines de Jalisco en 1979, de donde pasó a la “Red de Patrullas” y después a la policía rural de La Huerta, Jalisco En 1982, su excompañero de escuela Javier Barba Hernández le dio trabajo como jefe de seguridad de su casa, en Loma Dorada
Con el brazo extendido, como jurando bandera, Cervantes juró decir la verdad y nada más que la verdad, con la ayuda de Dios Se acomodó en su silla y cuando la interprete estuvo lista, comenzó el testimonio del escándalo
En septiembre de 1984 el “licenciado” —distinción que nunca olvidará mencionar el testigo para referirse a Barba Hernández— decidió ofrecer una fiesta para bautizar a su hija Yuremi, en la casa que cuidaba Cervantes Asistieron entre otros: Javier García Paniagua, Marcelino García Paniagua — expresidente de las Chivas de Guadalajara y de la FMF— Rafael Caro, Ernesto Fonseca y Jorge Barba Hernández, tío de la bautizada Después de reconocer en una fotografía a Javier García Paniagua, Medrano le preguntó: “¿Quién sería el padrino de la niña?” “Javier García Paniagua” “¿Quién más llegó a la fiesta?” preguntó Medrano “Don Rubén Zuno Arce”, contesto Cervantes con un respeto inusitado para el hombre al que su testimonio podría enviar a prisión
Después del bautizo, según el relato, se realizó un junta en la sala de la casa, donde los mencionados “trataron el asunto del agente de la DEA que estaba causando problemas y que querían saber quién era” “¿Qué dijo Zuno?” preguntó el fiscal “Que lo levantaran” “¿Puede reconocer a Zuno Arce en esta sala?” Cervantes Santos se levantó y pidió permiso al juez para bajar del estrado y caminar por la sala “No tengo muy buena vista”, dijo El compacto hombre se paró en medio de la sala Sus ojos, pequeños con ranuras, localizaron rápidamente a Zuno, sentado entre su abogado James Blancarte, y su intérprete “Ese es” “Cuál” El testigo caminó hasta que se encontró a metro y medio del cuñado de Luis Echeverría y viéndolo directamente a la cara dijo: “Ese es don Rubén Zuno Arce”
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El 9 de agosto de 1989 comenzó para Rubén Zuno Arce la odisea que podría terminar en tragedia Ese día lo arrestaron en San Antonio, Texas, agentes de inmigración, quienes lo trajeron a Los Angeles, donde se le requirió para que testificara ente el Gran Jurado del Caso Camarena No era esa la primera vez que Zuno estaba relacionado con el asesinato; en 1986 había viajado voluntariamente a EU, para entrevistarse con agentes de la DEA y explicarles la historia de la Casa de Lope de Vega 881, en Guadalajara, construida por Zuno en los años sesenta y donde, siendo propiedad de otra persona fue torturado y asesinado Enrique Camarena en febrero de 1985 Contó Zuno en aquella ocasión que el terreno de Lope de Vega se lo había regalado su padre, quien a su vez lo había comprado en los años veinte En 1969, construyó la casa que habitó hasta 1979 cuando la rentó a Sergio Velazco Virgen Velazco la dejó a mediados de 1984 y Zuno Arce, quien ya vivía en su rancho de Mascota, Jalisco, decidió venderla En diciembre de 84, Zuno conoció a través de José Martín Barba, pariente de Barba Hernández, al doctor Rubén Sánchez Barba Un día antes de la navidad de 84, Zuno Arce visitó por última vez la casa de Lope de Vega para recoger algunas cosas El 11 de enero se firmaron frente al Notario Público los últimos documentos detallando la operación de compra-venta del lugar donde menos de un mes después sería asesinado Camarena Todo esto consta en el reporte de investigación de la DEA de 1986, así como las argumentaciones de Zuno que al contrario del narcotraficante, él, en repetidas ocasiones había informado a las autoridades mexicanas de los plantíos de mariguana que se hacían en los alrededores de Mascota; en aquel entonces, la DEA se quedó conforme con lo que Zuno les había dicho
En otoño del año pasado, y después de pasar casi dos meses en la cárcel sin que se presentaran cargos en su contra, en lo que el periódico Los Angeles Times llamó una acción “de régimen totalitario” del gobierno de Estados Unidos, Zuno Arce testificó ante el Gran Jurado y días después fue acusado de perjurio Por fin se le permitió al hermano de María Esther Zuno de Echeverría regresar a México, mediante la garantía de varias casas de amigos suyos en Estados Unidos y su visa permanente A su regreso —”para limpiar el nombre”—dijo—, fue arrestado y coacusado en diciembre del año pasado de la autoría intelectual del asesinato del agente de la DEA
Hijo de gobernado, cuñado de un Presidente, Zuno Arce no es extraño a los escándalos de la política El mismo estuvo involucrado en uno a mediados de los setenta, cuando se le acusó de haber asesinado a dos policías judiciales en Jalisco El caso fue borrado y hoy acusado se ha declarado siempre inocente de aquellos crímenes
Su actual esposa y madre de sus dos hijos, José Alberto de siete años y María Esther de 4, Enriqueta Guitrón lo visita dos o tres veces a la semana en la cárcel de la Corte Federal, zona de alta seguridad, donde se encuentra recluido desde que se inició el juicio
Sus abogados fundamentan la defensa en la falta de evidencia “dura” que ha presentado la fiscalía y, entre otras cosas, en el hecho de que la fortuna de Zuno Arce asciende a unos 2,300 millones de pesos, en comparación con los millones de dólares que, según han declarado en este mismo juicio exnarcotráficantes, se pueden hacer en el negocio De poco serviría todo esto, sin embargo, si el jurado le cree al expolicía vuelto guardaespaldas de narcotraficantes, Héctor Cervantes Santos
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Después de relatar dos encuentros de Zuno con Barba Hernández, donde acompañado de militares no identificados, Zuno hizo entrega de credenciales de la DFS para los ayudantes de Barba, Cervantes relató una reunión fundamental para el alegato de la fiscalía de conspiración política
A principios de octubre del 84 se celebró la boda de Jorge Barba Hernández hermano de su jefe Momentos antes de la boda se reunieron en la casa de Manuel Herrera, Miguel Aldana, Javier Barba, Ramón Mata y Eliseo Vázquez Velasco, hermanos de Javier, presente en la sala Ahí, según Cervantes, Aldana pasó una carpeta , con esta inscripción en el lomo: “Archivos Policiacos” y dijo que “pronto va a tener la identificación del agente de la DEA que está causando los problemas” Mata comentó que “en boca cerrada no entran moscas” “¿Se mencionó en esa reunión el nombre de Manuel Bartlett Díaz?” preguntó el fiscal “Sí, Ibarra dijo que todo esto del agente de la DEA eatá causando problemas para Bartlett y que se debe para la bronca ya” El “mayor Aldana” insistió en que urgía tener la identificación del agente de la DEA, para saber quién era el que estaba causando los problemas
Al final de la boda se volvieron a reunir los antes mencionados, esta vez acompañados por los hermanos Javier y Marcelino García Paniagua, Rubén Zuno Arce, Armando Pavón Reyes, Caro Quintero y Fonseca Carrillo Otra vez se refirieron al agente de la DEA Todos dieron su opinión Zuno dijo que una vez que se supiera quien era, “hay que levantarlo” Caro afirmó que “lo quiere ver frente a frente” Javier García Paniagua dijo que quería identificarlo para hablar con él y convencerlo de que “colaborara” Se terminó la boda, todos se retiraron
En una última reunión, a principios de febrero del 85, se precisa el secuestro; en ella están Zuno Arce, Caro, Fonseca, su guardaespaldas Bernabé Ramírez y Barba Hernández Ordenó Caro: “Hay que levantar al agente” Añadió Zuno: “Hay que sopearlo para saber con quién está colaborando Hay que saber qué tanto sabe de mi general Gardoqui”
Después de esa última junta, los acontecimientos y el relato de Cervantes se aceleran A los pocos días llegó a la casa de Barba Hernández el “Corita”, guardaespaldas de Fonseca: “Exploto la bomba —le dijo al cuidador— se le pasó la mano a Rafa, le tengo que avisar al licenciado” Cervantes lo dejó pasar y hablar con Barba, quien inmediatamente le hablo a Zuno Testigo siempre, Cervantes escuchó la conversación: “Hubo problemas, necesito verte” Llego Zuno a la casa con su chofer David Macías y le explicó a Barba que necesitaba levantar esas cinco tonelada, porque esta vez no podría parar la bronca, este es gabacho” Barba mandó a los hermanos Vázquez Velasco a Ocotlán, a conseguir 25 personas para que fueran a Mascota, con Zuno, a “levantar esa hierba”
Días después, las cosas se complicaron: Cervantes estaba presente cuando se informó a su jefe que “Pavón había matado a toda la gente del rancho de los Bravo (El Mareño)” Barba le ordenó a Javier Vázquez Velasco “mover los cuerpos de La Primavera (el parque Primavera) porque esos terrenos son de Rubén y si no le va a caer toda la bronca a él”
CONTRADICCIONES
Del 30 de noviembre de 89 a la fecha, Héctor Cervantes ha recibido 36,140 dólares —más de 6,000 mensuales— para cubrir sus gastos y los de su familia El gobierno estadounidense le ha prometido arreglar sus papeles para que obtenga la residencia permanente en este país El testigo asegura que eso no tiene nada que ver con su testimonio y que si no lo dijo antes fue porque tenía miedo de “personas tan poderosas como Javier García Paniagua” Supo cómo, en 1987, su jefe, Javier Barba Hernández, fue balaceado y muerto por judiciales federales de Mazatlán ¿Por qué no había dicho nada antes? se le pregunta “Porque no estaría vivo”
La defensa, sobre todo la de Zuno Arce, sabe que acabar con la credibilidad de Cervantes es la única posibilidad para su cliente Ed Medvene lanzó largas preguntas al testigo que, a través de una traducción deficiente, dijo no entender Sale entonces a relucir la primera contradicción: En su testimonio ante el Gran Jurado de noviembre de 1989, Cervantes dijo que el padrino de la hija de Barba había sido Caro Quintero Molesto el acusado se defiende: “No, yo les dije que fue García Paniagua, Caro fue padrino de la boda” La transcripción del Gran Jurado, que dice lo contrario es leída por Medvene El abogado se refiere también, a que en la última reunión, Caro había propuesto “levantar” a John Gavin entonces embajador de Estados Unidos en México, a lo que Barba y Zuno se habían opuesto por “peligroso” Nada de esto había salido en su testimonio ante la Corte Cervantes alegó que no se lo preguntaron, que el no tiene nada que decir más que la verdad Medvene, siguió leyendo la transcripción del Gran Jurado, donde se encuentran más menciones a la relación de Zuno con militares: (página 10) “Don Rubén Zuno Arce le dijo entonces a Barba Hernández que sería una buena idea saber qué pensaba el general Gardoqui de todo lo que estaba pasando” (la necesidad de deshacerse de un agente de la DEA)
Medvene y Cervantes se entramparon dos horas en una discusión sobre la precisión de las fechas de cada una de las supuestas reuniones Las preguntas del abogado fueron muy complicadas, la traducción muy mala y la voluntad de Cervantes nula, lo que hizo que el jurado comenzara a perder atención Algunos cabeceaban El juez Raffeedie intervino para que el abogado fuera más concreto, sostuvo todas las objeciones de la fiscalía y Rubén Zuno Arce endureció el gesto y se recargó en el escritorio; ya no buscaba la mirada de su esposa, sino la del hombre que lo podría mandar a prisión el resto de sus días
Ablandado por el contrainterrogatorio de los cuatro defensores, Cervantes cayó en imprecisiones y contradicciones respecto a sus testimonios ante el Gran Jurado Negó estar hablando por dinero, insistió que “lo estoy haciendo porque, donde quiera que esté, el licenciado Barba estaría contento, viendo lo que les van a hacer a los que le hicieron daño”
En esos interrogatorios, Cervantes siguió también precisando lo que sabía de la mafia de Guadalajara Dijo que Zuno Arce y Javier García Paniagua eran los dos contactos políticos del grupo “para obtener protección del gobierno” Describió a su jefe como el hombre “educado” del grupo, “él era el abogado de esa gente”, dijo Platicó de fiestas donde todos “andaban bien pasados y tenían que venir sus doctores a revivirlos”
Para hacerlo caer en una contradicción, lo que por lo menos en esa ocasión no logró, la defensa leyó otro párrafo revelador de los testimonios a puerta cerrada de Cervantes: (P26) “El licenciado Barba iba mucho a México, a la Defensa a visitar a Gardoqui” Y así como visitaba, también lo visitaban: contó Cervantes cómo llegaba a la casa el primer comandante Federico Castel del Oro, de la Dirección Federal de Seguridad “Siempre venía con muchos guardaespaldas y con el licenciado hablaba de cosas del director de la DFS” (en aquel entonces, José Antonio Zorrilla)
Tal era el nerviosismo de Cervantes el viernes 25 al cerrar la sesión —que continuará el martes— que el abogado de Mata, Martín Stolars, se aprovechó y le gritó: “Cierto o no que lo me dice es absoluta mentira, señor Cervantes” Enfurecido, el testigo contestó: “No, no estoy mintiendo”
La introducción temprana de un testigo tan importante para la fiscalía tiene la intención, según explican abogados de este circuito, de que dentro de siete u ocho semanas, cuando el juicio haya concluido y los jurados comiencen las deliberaciones, no tengan fresca en la memoria la apariencia gansteril y el nerviosismo de Cervantes Santos, quedándose con las transcripciones de su testimonio Nadie puede saber, sin embargo, lo que piensan estas doce personas —cinco mujeres y siete hombres, tres negros, tres latinos— que están obligadas, por la ley, a no discutir entre ellos hasta que todos los testimonios hayan sido presentados
ESTO AUN NO SE ACABA
Después de los tropiezos, Cervantes le devolvió la sonrisa al fiscal Medrano ¿Por qué insistir en mencionar a Javier García Paniagua, Arévalo Gardoqui o Bartlett, si no están acusados formalmente? “No puedo contestar nada a ese respecto —dice a Proceso—; lo único que le puedo decir es que el Gran Jurado del caso Camarena sigue trabajando y que la investigación aún no ha terminado y que puede haber más personas indiciadas” Lo mismo confirma Héctor Berrellez, cabeza de la operación Leyenda de la DEA, quien durante todo el juicio se encuentra en la mesa de la fiscalía
Igualmente, Antonio Gárate Bustamante, expolicía, exnarco y ahora colaborador de la agencia antinarcóticos estadounidense, insiste en que a pesar de ser buscado en México, por su relación con el secuestro de Humberto Alvarez Machain, seguirá tratando de traer a Los Angeles “personas dispuestas a colaborar con la fiscalía, dando información relativa al caso”
Faltan aún 40 testigos en la presentación de la fiscalía, y según adelanta Medrano, habrá muchas sorpresas Cervantes Santos fue apenas la primera de ellas_








