Las metas, lejanas; las necesidades, insatisfechas.

Las metas, lejanas; las necesidades, insatisfechas
Al comunicar el arreglo, Salinas se anticipó y magnificó los logros
Carlos Acosta Córdova
Sin más argumento que las ganas de que las cosas salieran como él las deseaba, el gobierno de Carlos Salinas de Gortari festejó el acuerdo con los bancos acreedores —firmado el domingo 23— con un triunfalismo que excedió, en mucho, el resultado concreto del mismo La renegociación de la deuda con la banca internacional —53,000 millones de dólares— no proporciona el alivio que se esperaba, sus logros quedaron abajo de las metas oficiales, no precisa el monto de la reducción de la deuda y su servicio y genera expectativas cuyo logro no está asegurado
Fue tal la euforia del Presidente, en su comunicado a la nación, la noche del domingo y en sus intervenciones públicas del día siguiente, que, sin regatearse méritos, cantó la victoria en una batalla no concluida y dibujó el rostro de un país que todavía no existe El problema del endeudamiento quedó resuelto; la crisis empezó —el domingo— a quedar atrás y el auge y la prosperidad están a la mano, dijo Salinas de Gortari con un optimismo que desentonó —particularmente a la hora de invitar a los mexicanos, todos, a entonar el himno nacional— con el estilo sobrio y austero con que se había conducido públicamente
Sin embargo, con todo y los beneficios que proporciona el avance y las novedades que puedan atribuírsele, la renegociación de la deuda con la banca comercial dista mucho de reportar todo lo que se esperaba de ella
El acuerdo firmado con el comité Asesor de Bancos, formado por quince instituciones que representan, a su vez, a más de 500 bancos de todo el mundo, establece, para responder a las necesidades de reducción de la deuda, menor servicio y financiamiento fresco, tres opciones de las cuales los bancos pueden elegir una o una mezcla de ellas Estas son: a) una quita del 35% al principal; b) reducción y estabilización de la tasa de interés a 625% y c) nuevos créditos
La primera opción operará así: México entregará a los bancos bonos por 65 centavos de dólar a cambio de los cuales los bancos darán a México bonos con valor de un dólar La nueva deuda se contrata a un plazo de 30 años y su servicio se rige por los términos actuales: la tasa libor más trece dieciseisavos (8125 puntos porcentuales) Los pagos del principal serán respaldados por bonos cupón cero emitidos por el Tesoro de Estados Unidos, o por otros instrumentos comprometidos por México con el producto de sus préstamos de dinero fresco
No serán, pues, operaciones en efectivo El subsecretario José Angel Gurría, cabeza de los negociadores, lo explicó así: México entregará bonos que vencen en 30 años El costo de esta operación, incluyendo las garantías que se darán a los bonos que vamos a cambiar por la deuda antigua, es bastante similar al efecto que tendría el recomprar en el mercado, en efectivo, la deuda mexicana La operación se hizo así porque el gobierno no cuenta con recursos, liquidez La compra de esos bonos, más la garantía de intereses, ocuparán cerca de 7,000 millones de dólares, de los cuales 1,000 serán aportados por el propio gobierno y el resto, en partes iguales, por el FMI, el Banco Mundial y el gobierno japonés
La segunda opción, la reducción de la tasa de interés, indica que las partes cambian títulos nuevos de deuda por deuda antigua al mismo precio, también contratada a 30 años, pero ya no la tasa libor más los trece dieciseisavos (que significan ahora entre 105% y 11%), sino a una tasa fija de 625%, con lo que el ahorro en el pago de intereses sería de alrededor de 40% La consecusión de los bonos en esta opción se rige por la misma mecánica que en la anterior
Para la tercera opción, nuevos créditos, el acuerdo establece que los bancos que la elijan deberán aportar dinero fresco al país, por un período de cuatro años, equivalente al 25 % de los préstamos que ya han otorgado a México a mediano y a largo plazos, y que no podrán ser canjeados por bonos de reducción de principal o de intereses Los nuevos préstamos serán pagaderos en quince años con siete de gracia y tendrán la tasa libor más trece dieciseisavos Las opciones de dinero fresco podrán ser canjeadas en intercambios financieros y/o por bonos de dinero fresco Cada banco que decida prestar dinero fresco tendrá que desembolsar una cantidad nueva de dinero, o podrá reciclar los pagos de intereses que recibe de México por créditos anteriores Del 25% adicional que aporten los bancos que así lo elijan, siete puntos porcentuales se aplicarán este mismo año y entre 1990 y 1992, seis puntos porcentuales cada año
El acuerdo señala que los beneficios del paquete serán retroactivos al 1¼ de julio de este año Es decir, suponiendo que la negociación definitiva con cada banco se cierre en noviembre, los bancos están obligados a reintregar a México la diferencia entre la tasa de interés de mercado que se estaría pagando durante el periodo y la tasa más baja, 625%; en caso de la reducción del 35%, también sería devuelto el capital sobre el cual se habría pagado la tasa normal Los bancos que hayan optado por dar más dinero entregaran, el día que se cierre la operación, el monto de recursos acordados, también con base en el 1¼ de julio
El optimismo gubernamental
En la óptica oficial los beneficios que proporciona el acuerdo son los siguientes: se reduce el valor de la deuda histórica acumulada, se reducen las transparencias netas de recursos al exterior y se tendrán recursos de financiamiento multianual para disminuir o eliminar la incertidumbre de las negociaciones anuales Y aquí, justamente, es donde topa el triunfalismo de las autoridades: no han podido —no pueden hacerlo— precisar el monto de las reducciones que vendrían por las opciones uno y dos, ni la cantidad de dinero fresco que entraría al país cada año La razón: no se sabe qué cantidad de bancos escogerá tal o cual opción
El presidente Salinas en su discurso del lunes, aventuró una hipótesis para el tamaño de lo que se lograría Dijo que si todos los bancos optaran por la quita del 35%, “eso sería equivalente a borrar, literalmente a borrar de los libros del endeudamiento, un monto que es igual al contratado por México entre 1810 y 1976: 166 años de endeudamiento sería posible quitar de los hombros de los mexicanos En pesos es una cifra que se escribe con un cinco seguido por trece ceros”
Sin duda, un hábil y espectacular manejo del discurso Se cuidó de no decir que el monto de esa hipotética quita es de 18,550 millones de dólares (35% de 53,000) y que, considerando la tasa de interés actual, de entre 105 y 11%, apenas significa una alivio de 2,000 millones de dólares por año, que no son ni la mitad de lo que se esperaba obtener Tampoco habría podido decir que entre este año y el próximo se pagarán —con todo y el acuerdo con los bancos— intereses por un monto similar a toda la quita sexenal
Más adelante, también en el discurso del lunes, matizó la magnitud de la quita hipotética: por “los excesos cometidos en el pasado”, aquella “sería equivalente a un año de endeudamiento de los contratados en el pasado reciente” Sin duda, se refería a 1981, cuando se contrataron poco más de 19,000 millones de dólares Sin duda, también, con “los excesos del pasado” se refería a los regímenes de Luis Echeverría y López Portillo Sin embargo, con todo y que encierra una gran verdad, la acusación directa de Salinas resulta, por decir lo menos, desproporcionada, toda vez que él, funcionario del ramo financiero que era entonces, no es ajeno a los hechos que hoy critica
En efecto, por lo menos durante la administración de López Portillo tuvo cargos que no lo hacen ajeno a la política de endeudamiento De 1978 a 1979 fue director de Planeación Hacendaria en la Secretaria de Hacienda y se encargaba, entre otras tareas —según el reglamento interior de la dependencia—, de “formular y proponer, para la aprobación superior, la política y el programa financiero, en coordinación con las direcciones generales de Crédito Público y Política de Ingresos; también, de analizar la actividad económica del país y el financiamiento del gasto público, además de integrar la información económica, financiera y hacendaria del país para apoyar el análisis de conjunto y la toma de decisiones de la Secretaría”
De 1979 a 1981 fue director general de Política Económica y Social en la Secretaría de Programación y Presupuesto, en donde se encargaba de “efectuar el diagnóstico económico y social del país, para proponer alternativas de política de desarrollo”, y “analizar las prioridades económicas y sociales de la política de desarrollo, considerando los aspectos sectorial, espacial y temporal, en apoyo de la formulación de los planes nacionales”
Al margen de esos datos y siguiendo de los beneficios del acuerdo con los bancos, el gobierno destaca particularmente uno: que la deuda ya no será carga ni para esta ni para la siguiente generación de mexicanos Entrevistado por la televisión comercial, José Angel Gurría explicó: el principal de la deuda se pagará solo, en virtud de que la inversión que se haría con los bonos cupón cero —multiplicándose sobre sí mismo, acumulando los intereses, capitalizándose constantemente a lo largo de 30 años— se convertiría en un monto equivalente al capital que está garantizado Esto quiere decir que si los pocos, más de 30,000 millones de dólares de los 53,000 que están en juego, se convierten a reducción de deuda o del servicio, compraríamos bonos por un valor que dentro de 30 años sería exactamente igual a los poco más de 30,000 millones y con eso quedaría saldado el capital
Todo ello, sin embargo, sólo está referido a la deuda del sector público contratada con los bancos comerciales El resto, unos 38,000 millones de dólares (la deuda total del sector público supera los 90,000 millones) no entra en el esquema: se pagarán capital e intereses
Finalmente, dentro de las virtudes que el gobierno ve en el acuerdo —y que de alguna manera descubren la intención política de festejo anticipado— se encuentra el hecho de que el arreglo aumentará “el nivel de la confianza dentro del país” factor que permitirá impulsar la inversión de los particulares, la repatriación de los capitales fugados y la participación nacional en la recuperación económica
Más allá de los beneficios reales y de los exagerados, el acuerdo, visto su contenido en función de expectativas y metas oficiales, tiene otra dimensión, con logros menos expectaculares y nunca seguros
Por principio de cuentas, la renegociación no ha terminado, aunque el presidente Salinas en varias ocasiones haya empleado frases como “renegociación concluida” y “culminación del proceso de renegociación” En efecto, el propio José Angel Gurría desmintió al presidente Dijo el miércoles: lo que sigue, luego del acuerdo con el Comité Asesor, es “concretar el acuerdo de principio En los próximos días tenemos que ponernos de acuerdo en cómo vamos a comunicar a los bancos estos arreglos fundamentales a los que lleguemos el fin de semana y en los meses anteriores Posteriormente, trabajaremos buena parte del mes de agosto en la redacción y en la negociación de la hoja de términos y condiciones Este documento se enviará, hacia finales de agosto, a los más de 500 bancos, para que ellos tomen sus decisiones sobre las opciones que les presentemos Posteriormente le daríamos unos días para que los estudien y haríamos un viaje a las principales capitales financieras del mundo, unas 20 ciudades, a donde concentraríamos a acreedores de varios países Ese proceso nos llevará algunos meses Seguramente hacia octubre o noviembre estaremos muy cerca de concluirlo”
El cálculo que hace Gurría, de cuatro meses, para documentar el acuerdo con todos los bancos, resulta un tanto optimista si se ve a la luz del tiempo que se llevó la anterior negociación — en mucho, menos difícil y complicada que la actual, según las propias autoridades—: el acuerdo con el Comité Asesor se firmó el 1¼ de octubre de 1986 y la última suscripción se hizo el 30 de abril del año siguiente Es decir, mediaron siete meses, tres más de los que ahora se prevén
Sin duda, el punto central de la controversia suscitada con el acuerdo con los bancos es sus alcance verdadero que, de entrada, nadie está en posibilidad de precisar mientras no se conozca la respuesta de todos los bancos acreedores Sin embargo, el elogio anticipado que hizo el propio gobierno da pie para una revisión más medida
Todo por abajo
En su discurso del domingo, el presidente Salinas fue enfático al señalar que “el resultado de la negociación satisface los requisitos que establecí en mi discurso de toma de posesión, ya que permite reducir las transferencias al exterior y reiniciar, de manera gradual, pero sostenida, el crecimiento del país”
El primer punto se logra parcialmente; el segundo nada lo asegura
Primero, las hipótesis extremas Si todos los bancos eligieran la primera opción, la quita del 35% al principal, el alivio en el servicio sería —como se mencionó antes— de poco menos de 2,000 millones de dólares anuales Si optan por la segunda, la reducción y estabilización de la tasa de interés en 625% (una rebaja de entre 450 y 475 puntos porcentuales respecto de las que ahora rigen), el ahorro estaría entre 2,200 y 2,500 millones de dólares; y si prefieren, todos los bancos, otorgar créditos nuevos, el país recibiría un promedio de poco menos de 3,500 millones anuales, durante cuatro años
Por donde se le vea, lo obtenido en cada una de las opciones está por abajo de las necesidades planteadas desde el inicio de la renegociación por las autoridades mexicanas El 21 de abril, dos días después de iniciadas las pláticas con el comité asesor de bancos, el subsecretario Gurría expuso que “aun asumiendo un desempeño relativamente favorable de la inversión extranjera directa y tomando en cuenta los significativos flujos de agencias bilaterales y multilaterales”, las necesidades de divisas anuales eran de 7,000 millones de dólares, para lo cual, para cerrar esa “brecha financiera”, solicitaba a la banca comercial una contribución —entre quitas y/o dinero— una aportación de entre 4,000 y 4,500 millones de dólares
Entre las hipótesis extremas, pues, no se logra cabalmente la meta gubernamental, amén de que hay que recordar que, desde un principio, se había exhibido a los bancos una quita del 55% al principal, pero los bancos sólo accedieron, y de manera parcial, a conceder el 35%
Obviamente, y eso lo ha señalado el propio gobierno y los mismos bancos, no se dará el caso de que la totalidad de los bancos elija una sola opción
Dentro del gobierno estadunidense y en el propio comité bancario, se estima que el 60% de los bancos optará por la reducción de los intereses, 20% por las quitas y el 20% restante por dar dinero fresco Esta no deja de ser también una mera hipótesis, ha sido difundida por la prensa extranjera —que, por cierto, menciona el magro alivio que significa el acuerdo— la cual señala que el ahorro por la reducción de intereses sería de 1,200 millones de dólares anuales; la deuda disminuiría en 3,700 millones y por ello se ahorrarían 370 millones de dólares adicionales e intereses, y el dinero fresco que aportarían los bancos que así lo hayan preferido sumaría 660 millones cada año
Con todo, el ahorro global sería apenas de 2,230 millones de dólares anuales Otra vez, muy abajo de lo esperado
Otra hipótesis, también estudiada en círculos gubernamentales y bancarios estadunidenses, señala que la totalidad de bancos se dividiría en partes iguales las opciones del acuerdo De suceder así, por reducción de las tasas se obtendría un ahorro de 600 millones de dólares, otro tanto por la quita del 35% al principal y 1,100 millones serían la aportación anual de dinero fresco Es, sin duda, una opción más optimista, pues el ahorro global sería de 3,300 millones de dólares, cantidad que es, sin embargo, menor en casi 30% a la solicitada por el gobierno mexicano
Por otra parte, la meta de reducir las transferencias netas de recursos, que fue en promedio de 63% anual en el sexenio pasado, a un promedio de 2% para el actual, tampoco se logra en ninguno de los escenarios posibles Si se toma la hipótesis considerada por muchos como la más realista —60% de bancos a intereses, 20% a quita y 20% a préstamos—, se tiene lo siguiente: sin el acuerdo, se tenía previsto un pago de intereses, este año, por 9,700 millones de dólares; por efecto de la reducción lograda por el acuerdo quedaría un pago de intereses por 7,500 millones, en números redondos Sin embargo, a esa cantidad habría que agregarle 1,500 millones de dólares por amortizaciones netas (de la deuda no incluida en el paquete bancario), con lo cual resulta un servicio, para este año, de 9,000 millones de dólares, que representan casi el 5% del PIB Para los próximos años, atendiendo a los mismos factores, la cifra no varía mucho: el servicio en 1990 sería de 48% del PIB, de 46% en 1991 y de 44% en 1992
Con todo y que la reducción del servicio, de 16 puntos porcentuales en promedio anual, es positiva —en el marco de una escasez crónica de divisas— resulta a todas luces insuficiente para lograr el otro objetivo gubernamental de reiniciar ya el crecimiento económico Los criterios generales de política económica y el Plan Nacional de Desarrollo señalan requerimientos para impulsar el crecimiento económico y consolidar la estabilidad de los precios, pero del acuerdo no resultan los suficientes
Con ello, y sin que el acuerdo con los bancos ofrezca resultados concretos, es suficiente para el optimismo gubernamental: “Hemos resuelto el problema de la carga excesiva de la deuda que pesaba sobre los hombros de los mexicanos”, dijo el Presidente