CARTA DE JUAN PABLO BECERRA ACOSTA
Señor Director:
En Unomásuno trabajé seis años El pasado 20 de abril renuncié Además de reprobar la línea editorial que adoptó el periódico, el motivo que me obligó a tomar tal decisión fue poseer el apellido que llevo El nuevo director del diario, Luis Gutiérrez, consideró que el único sitio que había para mí era el de formador y cabecero en la mesa de redacción Desde cinco años atrás yo laboraba como reportero Ahora fue imposible publicar con mi nombre o con seudónimo
Algunos antecedentes: por concurso obtuve una plaza de auxiliar de redacción en mayo de 1983 Posteriormente fui ascendido a redactor de Internacional En 1984 inicié mi labor reporteril en Deportes Casi desde el principio adopté el seudónimo de Sebastián Apodaca En 1985 ingresé a información general para cubrir el sector urbano El director me encargaba algunos asuntos especiales En 1987 me instalé en París a cargo de la corresponsalía que luego se extendió a toda Europa hasta agosto de 1988 Durante este lapso adopté el nombre de Jean Lutece Gomez (sin acento)
Cuando volví de Francia el director me puso una temporada en la mesa de redacción Al mismo tiempo haría reportajes Para ello adopté el nombre de Luciano Molina En diciembre pasado fui enviado a Cuba, donde permanecí por más de dos meses Cuando estaba a punto de concluir mis reportajes, recibí la orden de volver urgentemente a México Regresé el 3 de marzo, sin saber con certeza lo que ocurría en Unomásuno Al bajar del avión un amigo me entregó un ejemplar de ese día: Manuel Becerra Acosta, mi padre, dejaba el diario
Ese mismo día sostuve una entrevista con el nuevo director Me aseguró que mantendría la línea del diario, que no toleraría injerencias gubernamentales Me narró lo ocurrido, sus entrevistas con el Presidente, con el secretario de Gobernación, todo, según su versión Unos días después le dije que permanecería en el diario El estuvo de acuerdo
El 15 de marzo regresé a su oficina con las primeras entregas de mis reportajes Antes de abrir la carpeta y revisar el material, me sorprendió por primera vez:
—Te lo tengo que decir para que lo sepas: tu caso quedó pendiente en Gobernación
Me quedé atónito y mudo, él agregó:
—Parece que quieren saber si no vas a hacer agitación dentro o fuera del diario Quieren saber qué va a pasar contigo Pero como había asunto más urgentes, tu caso quedó pendiente
Le reiteré mi ofrecimiento de colaboración, le dije que mi única intención era la de reportear, e incluso firmaría mis reportajes con mi nombre, lo que significaba avalar públicamente al periódico Después de una rápida ojeada al material que le había entregado, asintió y afirmó:
—Sí, yo primero te publico esto mañana mismo, en primera plana, con tu nombre; luego ya hablaré con ellos
Ni al día siguiente ni en los posteriores se publicó Tampoco Gutiérrez accedió a recibirme Ante mi insistencia, me envió con Eduardo Huchim, entonces Jefe de Internacionales Este último me comentó que en opinión de Gutiérrez mi material era “basura” Luis lo negó posteriormente Huchim sugirió modificaciones que acepté Ya no pude entregarle el nuevo material porque al día siguiente lo corrieron debido a sus diferencias con Gutiérrez
El viernes 24 de marzo metí el material al budget o adelanto, para que en la junta de evaluación el resto de los dirigentes se percataran de que estaba bien presentado Gutiérrez tuvo que recibirme y fue más claro: aseguró que las presiones sobre mi presencia en Unomásuno le habían llegado ya por “distintos lados” Dijo que no era conveniente que mi nombre apareciera publicado por el momento Al pedir yo las razones claras, lo único que decía era que Manuel era mi padre y yo su hijo Confieso que siempre me costó trabajo no reír ante semejante argumento Mis reportajes, los consideró bien escritos, pero opinó que eran demasiado positivos, “una visión romántica de hace 20 años” Cuando los defendí, me percaté de que no los había leído: Me sugirió meterles lápiz y me pidió de plazo hasta el miércoles 29 Durante los siguientes días —dijo— tendría reuniones donde se decidiría la suerte del diario
Me contó que hacía gestiones para que el gobierno hiciera un préstamo y algunos fundadores pudieran recuperar las acciones en poder del prestanombre del gobierno, el empresario Angel Borja Luego me contaría que yo estaba en la lista de posibles adquirientes que él presentó, pero que fui “vetado” en Gobernación
Su respuesta me llegó por conducto de Fernando García, subgerente de Relaciones Industriales, el viernes 31: que me presentara a trabajar en la mesa de redacción el martes siguiente
El lunes 3 de abril lo volví a ver Le dije que no podía aceptar; que mi relación con el subdirector Martínez Maestre estaba deteriorada; que eso significaba mandarme al matadero; que además yo era reportero, no formador, y que mejor me iba Opinó que no era la solución, que quizá “en cinco o seis meses” yo podría publicar con mi nombre Al insistir en los motivos para censurarme así, me recordó que “el rompimiento (del gobierno) con Manuel fue muy brusco” Ahí mismo se retractó de que las presiones por mi presencia vinieran de Gobernación: “no te puedo decir más, un día ya entenderás” Sugerí la Presidencia como emisora, no respondió, y sí me narró su última conversación con Salinas de Gortari, en la cual el Presidente le preguntó a Manuel, a quien consideraba, según Luis, como “muy buen periodista, pero le destroza el hígado” Yo insistí, puse el ejemplo de la reportera Jeannete, que hasta la fecha publica con mi mismo apellido Respondió que ella y yo no éramos “la misma cosa”, lo cual concedí de inmediato El argumento de fuerza fue: “Ella es muy grilla, es amiga del Procurador, de Solana”Entendí que para publicar en el nuevo Unomásuno había que tener esas características Propuse que publicaran los reportajes con seudónimo y más adelante ya veríamos Aceptó
El lunes 10 de abril fue el último día que le entregué material: hasta ese momento, cinco series de varios capítulos cada una Las redacté sin firma El viernes 14, a mediodía, pasó por el pasillo de redacción, donde yo continuaba escribiendo Se detuvo ante los cristales y me dijo:
—Ahora sí ya es un hecho, el lunes se empieza a publicar la serie Lo escuché perfectamente, pero fingí sordera para que dos reporteros, Humberto Ríos Navarrete y Guadalupe Baez, así como el hasta entonces coordinador de Información, Luis Acevedo, lo oyeran Lo oyeron y no publicó nada
El miércoles 19, harto de sus mentiras y de las calumnias que corrían por algunos pasillos, y convencido de que la línea entrevista de Unomásuno era irreversible; de que las órdenes venían de afuera, decidí renunciar En esa última reunión Gutiérrez me repitió que la única alternativa era la mesa Me negué, le pedí buen dinero con mi mejor cara de desempleado, y al otro día me dieron 20 millones de pesos
El sábado siguiente ocurrió algo que me decidió a hacer público mi caso Gutiérrez había prometido devolverme los originales de mis reportajes, ya que no los publicaría Pero el día 22, tres días después de mi renuncia, publicó en páginas interiores, bajo el nombre de Luciano Molina, la primera parte de lo que se suponía eran mis reportajes Era un material de unas tres cuartillas, hecho con frases sacadas de distintas entrevistas sobre diferentes temas, lo cual tergiversaba completamente mi reportaje sobre Cuba
Fui al diario y engañé al jefe de Internacionales, quien ingenuamente me entregó el material apócrifo Averigüé que había sido escrito por un argentino de reciente ingreso, redactor de economía, y seguramente amigo de Valladares Como era sábado, Gutiérrez no estaba presente A su secretaria en turno le ordené que me comunicar con él y le informara que yo había incautado el material y que lo cambiaba por mis originales Me lo dieron y por supuesto que yo no devolví la parte tergiversada Evidentemente ya no se publicó nada
Señor Director, aquellos a quienes les interesa no sólo mantener la integridad de la prensa, sino evitar rumbos oscuros para el país, deberían de observar lo que ocurrió en Unomásuno Lo sucedido es muy preocupante
Juan Pablo Becerra Acosta M








