En peligro la estabilidad económica y social

En peligro la estabilidad económica y social
La angustia del gobierno ante la deuda no conmueve a los acreedores
Carlos Acosta Córdova
De su ya extenso peregrinar por el mundo en busca de un arreglo para la deuda externa mexicana, el secretario de Hacienda, Pedro Aspe Armella, sólo ha obtenido que a su petición de respuestas claras y prontas a las urgencias y necesidades nacionales, los acreedores respondan dándose todo el tiempo posible
Nada ofrecen todavía los bancos comerciales, con quienes está contratado cerca del 80% de la deuda Aspe no ha tenido encuentros formales con ellos, pero éstos bien conocen las propuestas mexicanas y sólo han prometido estudiarlas, así como examinar las sugerencias del gobierno norteamericano —el Plan Brady— para reducir la deuda
Los gobiernos de países acreedores no dan luz todavía, salvo el japonés, que está dispuesto a facilitar créditos, pero siempre y cuando el gobierno mexicano firme un convenio con el Fondo Monetario Internacional y permite que éste supervise la marcha de la economía nacional El Banco Mundial, a cambio de recursos hace “exigencias extremadamente severas”, según el propio Aspe, y el gobierno norteamericano apenas esboza —sin el consenso todavía de los integrantes de su sector económico— un conjunto de ideas y sugerencias para reducir la deuda del Tercer Mundo que, si resultan con éxito, empezarían a cobrar forma, a concretarse, hasta fines de año
Los acreedores, pues, se dan su tiempo, que resulta ya lastimoso y agobiante para los negociadores mexicanos
Son muchas las cosas que tiene encima el secretario Aspe, que le obligan a acelerar el paso en la negociación de la deuda El tiempo en primer lugar Por razones políticas y económicas, ha dicho, no es posible, “no puede tolerarse”, una larga negociación que desgaste innecesariamente a las partes y lleve a soluciones tardías y parcas
Políticamente, los riesgos de una larga negociación y de pocos frutos son claros De un arreglo en los tiempos y montos crediticios que ha precisado el gobierno, dependen el cabal cumplimiento del programa económico y la respuesta a las expectativas generadas en la población al principio de la actual administración Más: el costo social que se ha pagado por el continuo y drástico ajuste a la economía —hecho en respuesta a las exigencias de los acreedores en los últimos siete años— ha sido, en palabras del propio Aspe, brutal Por todo ello está en juego la credibilidad del gobierno de Salinas de Gortari
El secretario de Hacienda, tanto en las exposiciones verbales como en los escritos que ha presentado a cada uno de sus interlocutores en la actual negociación, ha sido particularmente enfático en el aspecto del costo social que ha pagado la población, el país, en estos años de ajuste Hace tres semanas, en escrito enviado a los organismos financieros internacionales y a los gobiernos de los países acreedores, fue claro Dijo que por atender las exigencias de los acreedores —un severo ajuste macroeconómico y estructural, “que no ha sido igualado por ninguno de los países en desarrollo”, y una brutal transferencia de recursos al exterior, de más del 6% del PIB— , el país experimentó, en el período 1982-1988, un grave deterioro de la economía y del bienestar de la población: el Producto Interno Bruto “creció” a una tasa cero, en promedio, en siete años de ajuste; el Producto por habitante cayó en 15% y 20%; el salario real de los trabajadores disminuyó 50% y el déficit de empleos llegó a cinco millones (Proceso 645)
Esos resultados “poco halagüeños” —el costo de haber bajado la inflación, adelgazar el sector público, abrir la economía, abatir el gasto público y lograr un superávit fiscal primario ininterrumpido— , dice Aspe en aquel documento, son producto de la pesada carga del servicio de la deuda: de 1983 a 1988 las transferencias netas de recursos a los países acreedores llegaron a más del 6% del PIB, “situación que se vio exacerbada por el deterioro de los términos de intercambio” (menor valor de las mercancías mexicanas en el exterior, mayores dificultades para colocarlas fuera)
Parte de la información financiera que ofrece Pedro Aspe a sus interlocutores son Los Indicadores Básicos de Deuda, 1982-1988, elaborados exponemos por la Secretaría de Hacienda, y de los cuales tiene copia Proceso Allí se indica que la “transferencia neta de recursos al exterior” (definida como “el pago de intereses externos totales menos el endeudamiento neto”) fue de 7,939 millones de dólares (53% del PIB) en 1983; de 11,769 millones (66%) en 1984; de 11,306 millones (61%) en 1985; 8,683 millones (65%) en 1986; 8,119 millones (55%) en 1987, y de 11,231 millones de dólares (64% del PIB) en 1988 Eso da un total de 59,049 millones de dólares por “transferencia neta” al exterior en el sexenio pasado, que equivalen a casi el 60% del saldo total de la deuda externa que, según datos actualizados de la Secretaría de Hacienda, es a diciembre de 1988 de 100,384 millones de dólares
Y si se considera que el saldo de la deuda externa total en 1982 era de 92,408 millones de dólares, resulta que no obstante la brutal transferencia de recursos al exterior, la deuda externa lejos de disminuir, aumenta
Con estas cifras, entre otras, como parte de los argumentos frente a los acreedores Aspe pide, con urgencia, la solidaridad de sus interlocutores para revertir la actual situación, que impide sostener por más tiempo la estabilidad política y económica del país En el documento de hace tres semanas dirigido a la comunidad financiera internacional, el secretario de Hacienda señala que es preciso, ya, que la economía mexicana crezca nuevamente, y por lo menos —advierte— , debe hacerlo a una tasa mínima de 45% que, ciertamente, sólo es de “equilibrio”, pues “no permite compensar el déficit de empleos generado en los últimos siete años” Y para lograrlo, propone, es necesario que las transferencias netas al exterior sean de sólo 15% o máximo, de 2% del Producto Interno Bruto
PRESIONES SOBRE EL PECE
También tiene Pedro Aspe el tiempo encima y los apuros de la economía Para nadie es secreto que las reservas del Banco de México están bajando continuamente (las autoridades no se arriesgan a hacer público su monto para no sobrecalentar las expectativas de los sectores económicos, sobre todo los que apuestan a una caída más de la moneda nacional); que las cuentas corriente y de capital, de la balanza de pagos, siguen deteriorándose, con la consecuente disminución en el ingreso de divisas; que aumenta la presión, la urgente necesidad de recursos, porque el gobierno decidió no hacer uso del crédito puente, por 3,500 millones de dólares, que le ofreció el gobierno norteamericano en diciembre pasado, y porque tiene enfrente ya próximos pagos por concepto de servicio de la deuda
Además, aunque hasta julio concluye la actual etapa de concertación del Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico, las presiones en su contra empezaron desde hace varias semanas: empresarios de varias ramas productivas exigen que se acabe ya con los controles de precios y se liberen éstos cuanto antes; también, dirigentes empresariales reiteran públicamente su opinión de que deben reconsiderarse algunos términos del Pacto para que éste no siga, dicen inhibiendo la capacidad productiva y las posibilidades de inversión de los empresarios
A estas presiones se suman las crecientes manifestaciones de descontento, cada vez más organizadas, de los trabajadores mexicanos, en pos de un mejor salario y, en general, de mejores condiciones de vida: los maestros —su sindicato es el más grande del país— , los burócratas, los telefonistas y los electricistas, han dado muestras ya de que la irritación social está dando visos de magnitud y consecuencia insospechada
No por nada fue calificado de “dramático” el llamado a la solidaridad que Pedro Aspe hizo a los acreedores: si fracasa la negociación y o se logra una reducción sustancial de las transferencias de recursos al exterior, “empeorará nuestro problema de deuda, al tiempo que crecerá la amenaza a la estabilidad de México y del sistema financiero internacional”, dijo en la carta ya aludida
A toda esa urgencia, y a la lentitud de los acreedores en la respuesta a las peticiones mexicanas —Aspe ha dicho textualmente que en los bancos comerciales hay falta de voluntad para dar mayores apoyos crediticios— , se debe la celeridad con que los funcionarios mexicanos están llevando a cabo la negociación de la deuda
VIAJAR Y PEDIR
El apremio en la negociación fue, de hecho, desde el principio En su toma de posesión como Presidente de la República, el 1¼ de diciembre, Salinas de Jorrar “urgió” a su secretario de Hacienda a entablar de inmediato las pláticas con los acreedores En la última semana de ese mes, luego de comparecer en la Cámara de Diputados para presentar la iniciativa de Ley de Ingresos de la Federación y defender el programa económico para este año, el secretario fue a Washington y regresó Tuvo un encuentro preliminar, preparatorio, con Nicholas Brady, quien luego sería nombrado secretario del Tesoro del gobierno estadounidense
Poco más de un mes después, regresó a la capital estadounidense para establecer el “primer contacto oficial” con funcionarios de aquel país George Bush ya había sido investido Presidente de los Estados Unidos Entre el 7 y el 8 de febrero, Pedro Aspe y sus acompañantes negociadores —Miguel Mancera Aguayo, director del Banco de México; José Angel Gurría, subsecretario de Asuntos Financieros Internacionales de Hacienda, y el subsecretario del ramo, Guillermo Ortiz Martínez — se entrevistaron con Nicholas Brady, secretario del Tesoro, Alan Greenspan, presidente del Banco de la Reserva Federal; Barber Conable, director del Banco Mundial; Michael Camdessus, director gerente del Fondo Monetario Internacional, y Enrique Iglesias, director del Banco Interamericano de Desarrollo
A diferencia del primer viaje a Washington, en que —se supo después— no hubo mayor interés y atención a la visita de Pedro Aspe, en buena medida por que la cercanía de la transmisión de poderes en ese país absorbía el interés de los estadounidenses, en el siguiente hubo, al menos, más disposición de escuchar a los negociadores mexicanos Estos, como quien rinde cuentas a su superior, expusieron pormenorizadamente el programa de ajuste instrumentado en México en los últimos años, así como los resultados del Pacto de Solidaridad Económica, los lineamientos de política económica para este año y, por supuesto, las tesis del gobierno mexicano sobre la deuda externa y lo que en esta materia solicita de los acreedores: del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, pide tantos créditos directos como promoción de apoyo de otras fuentes de financiamiento De los gobiernos de los países industrializados también solicita créditos directos y lineamientos más flexibles para que los bancos comerciales de sus respectivos países puedan otorgar mayores concesiones a México De los bancos, Aspe y compañía expusieron que el gobierno mexicano espera recursos adicionales para financiar el crecimiento y/o concesiones en la tasa de interés en el saldo de la deuda, para reducir su servicio y posibilitar recursos para la inversión productiva en México
Los interlocutores de Pedro Aspe sólo escucharon, “atentos y cordiales”, diría luego la Secretaría de Hacienda Pero sólo eso
El tercer viaje de Aspe fue apenas nueve días después El 17 de febrero fue —junto con Gurría y Mancera— a Ottawa, Canadá, y luego, durante una semana, visitó a París, Londres, Zurich y Basilea (ambos en Suiza), Bonn y Frankfurt (Alemania Occidental) y, finalmente, Madrid Regresaron el 25 de febrero
Como en el viaje anterior, hubo exposiciones y solicitudes de los mexicanos Los interlocutores fueron los ministros de finanzas y los titulares de los respectivos bancos centrales En Suiza, además, visitaron el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea
Para no encontrarse con una respuesta tan pasiva como en el viaje anterior, los negociadores encabezados por Aspe ahondaron en explicaciones, agravaron el tono y enfatizaron los costos sociales —nulo crecimiento económico, deterioro profundo de los niveles de vida de la población y pocas oportunidades de empleo— derivados del ajuste a que se ha sometido la economía en los últimos años
Ante canadienses y europeos, expusieron con vehemencia “el serio problema que representa la deuda externa para el futuro desarrollo del país” y recalcaron la urgencia que tiene México de reducir cuanto antes la transferencia neta de recursos al exterior, “mediante un adecuado tratamiento de la deuda mexicana”, informó luego la Secretaría de Hacienda
Por supuesto, plantearon “en detalle” los requerimientos específicos de reducción de la transferencia de recursos, ya sea mediante nuevos créditos y/o mecanismos que reduzcan el servicio en el futuro inmediato
Con todo y la vehemencia de los negociadores mexicanos, y su propósito de “crear conciencia” en el exterior respecto de los enormes esfuerzos que ha hecho el país, los interlocutores no se conmovieron mucho Al regreso de Aspe, la Secretaría sintetizó así los logros del viaje: “Los funcionarios de los países visitados entendieron claramente la dimensión de urgencia que caracteriza a la situación mexicana y ofrecieron realizar consultas que permitan acelerar el proceso” Fue todo
BRADY Y SUS IMPRECISIONES
El cuarto viaje al exterior de Pedro Aspe se inició el lunes 13 de marzo y concluirá esta semana Dos días después de que el secretario del Tesoro norteamericano, Nicholas Brady, dio a conocer la propuesta estadounidense de reducción de la deuda —el inicialmente llamado Plan Brady, que no es plan, sino apenas un conjunto de ideas y sugerencias generales, que no garantiza nada— , el secretario de Hacienda mexicano partió a Washington a entrevistarse con el propio Brady y con Camdessus, del FMI y Conable, del Banco Mundial
Antes, el mismo viernes en que se dio a conocer la propuesta de Brady, la Secretaría de Hacienda emitió un comunicado de prensa en el que señaló la “satisfacción del gobierno mexicano por el nuevo enfoque de las autoridades norteamericanas respecto de la deuda de los países en desarrollo”, a la que consideraron como “una primera y positiva respuesta a los planteamientos que México y sus negociadores han venido realizando a partir de la toma de posesión del presidente Salinas”
Dijo Hacienda; “Resulta particularmente positivo el cambio de énfasis que otorga prioridad a la reducción de la deuda y su servicio y no al endeudamiento adicional, como había sucedido en el pasado También resalta el hincapié que se hace en la necesidad de propiciar el crecimiento económico y elevar los niveles de vida de la población de los países endeudados”
Sin embargo, con todo y que esa propuesta significaba un innegable avance en la percepción del problema de la deuda por el gobierno norteamericano, las autoridades mexicanas —así como de otros países deudores, los propios bancos comerciales— cayeron pronto en cuenta que ese avance era, por el momento, sólo en el terreno conceptual; es decir, que en la práctica no precisaba nada, que tenía grandes lagunas, detalles poco claros y, en general, que era más un catálogo de buenas intenciones que instrumental práctico de aplicación efectiva
Y en efecto, la propuesta Brady gira en torno de la reducción de la deuda y su servicio y de las necesidades de que los países deudores reinicien su crecimiento económico, pero nada precisa sobre la implantación específica de la reducción de la deuda, ni tampoco si responde a las expectativas de los deudores en materia de montos de apoyo financiero y tiempo de aplicación de los mismos Dice, sin precisar, que la comunidad financiera debe dar “apoyo económico más efectivo”, y que éste debe ser flexible y a tiempo No explica cómo se comprometerían los bancos, por ejemplo, a facilitar recursos bajo esas premisas
Esas, y muchas más, son las imprecisiones de la propuesta Brady, pero para el caso mexicano resulta particularmente lastimoso que no haya definición en cuestión de montos —de nuevos recursos y/o reducción de deuda— y tiempos de obtención y aplicación de los mismos Y lo es porque en México hay, respecto de esos rubros, urgencias bien definidas: se requieren por lo menos 7,000 millones de dólares anuales para impulsar una tasa mínima de crecimiento económico, por un lado; por el otro, urgen la aplicación de recursos para antes de que concluya la concertación del pacto y de que terminen por agotarse las reservas del Banco de México
En virtud de las vaguedades de la propuesta norteamericana y de las necesidades concretas del gobierno mexicano, el presidente Salinas de Jorrar —según el comunicado de la Secretaría de Hacienda del viernes 10— “instruyó al doctor Pedro Aspe a que se entreviste cuanto antes con su colega norteamericano, a fin de precisar los alcances de la propuesta del señor Brady y seguir discutiendo las ideas que México ha planteado a sus acreedores”
DE IMPROVISO, A TOKIO
La idea original era que Aspe y demás negociadores fueran a Washington el lunes siguiente y represaran el mismo día para informar al Presidente de las pláticas con Brady, Camdessus y Conable Pero no regresaron Un telefonema bastó para que el presidente Salinas se enterara de que a la propuesta de Brady le faltaba mucho para aterrizar en acciones concretas La prensa estadounidense informaba, luego de la entrevista de Aspe con Brady, que el funcionario mexicano había pedido “poner sustancia detrás de las palabras” (de la propuesta norteamericana) y llamado a la definición de acciones específicas para reducir la deuda
Toda vez que no había definiciones claras en la propuesta Brady y que, además, no había consenso para su aceptación en todas las instancias económicas del gobierno estadounidense, ni los bancos la conocían cabalmente, pero que de cualquier forma era un avance conceptual importante que había que apoyar, el presidente Salinas y el secretario Aspe acordaron que este último y el equipo de funcionarios y técnicos que lo acompañaban, aceleraran el curso de las negociaciones y se trasladaran de inmediato a Japón, a cuya capital, Tokio, llegaron el martes 14
Entre miércoles y jueves se entrevistaron con el ministro de finanzas japonés Tatsuo Murayama, con el directos del Banco Central, Satoshi Sumita, y con otros funcionarios Según la Secretaría de Hacienda, ese fue un viaje previsto como parte de los que han estado realizando para dar a conocer la postura mexicana en materia de deuda Sin embargo, en versión que no desmintió Hacienda, el Financial Times dijo que el viaje a Japón fue imprevisto, inesperado, un cambio en el itinerario de los negociadores mexicanos, que de Washington debían regresar a México y, días después, partir de allí a Amsterdam, Holanda, para asistir a la XXX Asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo, en cuyo pleno hablará Aspe, este lunes
El cambio en el itinerario se debió, según el Financial Times, a dos factores: la importancia que cobra Japón en la propuesta Brady, toda vez que por sus excesos de liquidez está dispuesto a facilitar recursos a los deudores —previas condiciones, claro— y a las urgencias que tiene el gobierno mexicano de allegarse recursos frescos
Ante los funcionarios japoneses visitados, Aspe y su equipo procedieron como en los anteriores viajes por otros rumbos: expusieron los esfuerzos de ajuste en la economía, sus costos sociales y los requerimientos en materia de deuda Más todavía, hicieron una solicitud concreta de nueva crédito El gobierno japonés respondió que sí: que presta, pero antes el gobierno mexicano debe acordar un programa económico con el Fondo Monetario Internacional En concreto, nada
El secretario Aspe viajó el fin de semana a Amsterdam El miércoles 23 estará en París
Si bien las autoridades mexicanas no informan, en absoluto, sobre el verdadero curso de las negociaciones, en particular de las respuestas concretas que de sus interlocutores reciben los negociadores mexicanos, es un hecho que la negociación es tortuosa y los resultados no muy satisfactorios Dos datos contenidos en la carta que Aspe envió a los acreedores hace tres semanas, así lo ilustran Primero, al informar que se negocien 1,500 millones de dólares nuevos con el Banco Mundial, el secretario de Hacienda hace hincapié en que este organismo, a cambio, ha solicitado en las primeras pláticas, “condiciones extremadamente severas”, lo que podría implicar un largo período de negociaciones Por otra parte, al referirse a las necesidades financieras del país y la respuesta que a ellas se les da en el exterior, Aspe señala: “Reducir artificialmente (esas necesidades) y aceptar la falta de voluntad de los bancos comerciales de proporcionar apoyo crediticio adicional, sólo prolongaría innecesariamente las negociaciones, debilitaría nuestro programa económico y permitiría que la banca acreedora no aportara su parte en el proceso”