“¿Qué buscan? ¿qué quieren? ¿qué ocultan?”

“¿Qué buscan? ¿qué quieren? ¿qué ocultan?”
Caro Quintero, tres años después: “Al rato vienen a bombardearme aquí, al reclusorio”
Ignacio Ramírez
Después de lo sucedido en Caborca, Rafael Caro Quintero no aguanta más la angustia y explota:
“¿Cuándo se había visto en México que bombardearan ciudades? Por lo que estamos viendo, al rato vienen a bombardearme aquí en el reclusorio Lo que hicieron fue una infamia Rafaguearon a mi gente, mataron hasta las vacas ¿Qué culpa tiene mi familia? ¿Qué buscan? ¿Qué quieren? ¿Qué ocultan? ¿Qué tapan? ¿A quién le tienen miedo? No creo que el presidente no se dé cuenta de esto Ahora, el señor anda dizque buscando humanidad en otros países, ¿por qué no la da primero en su casa? Mis respetos para él, pero ¿sabe qué? ya la estoy sintiendo muy feo y por eso pego de gritos”
Da su versión de los hechos:
“El ejército dice que hubo un enfrentamiento, que por eso cayeron a la casa Que digan dónde fue ¿Acaso el ganado peleó con los soldados? Ni modo que los cuernos de las vacas sean los famosos `cuernos de chivo’ Los cuatro muchachos que mataron eran los encargados de llevar la comida al ganado en los corrales Quemaron los carros con el pretexto de que eran robados Los helicópteros que intervinieron en la acción nunca se habían visto en México Que se aclare por qué golpearon a los vigilantes de las torres de control aéreo de Hermosillo, cuando estaban declarando sobre los hechos; ellos fueron testigos de muchas cosas en el aeropuerto y les ordenaron callar todo ¿Por qué?, pero principalmente ¿por qué matan a gente inocente?”
—¿Quiénes cree que hayan sido los autores del atentado?”
“Oficialmente dicen que el ejército, pero su versión fue tardía y no aclara nada Yo pido una investigación a fondo al señor presidente, al señor secretario de la Defensa, al señor secretario de Gobernación, al señor procurador, porque otros podrían estar involucrados”
—¿Quiénes?
“La DEA, en el caso de los helicópteros matriculados en el extranjero (HB-UBD, HB-ACH y AB-OZH) Y el comandante Florentino Ventura y su gente, que son asesinos a sueldo, porque ese es su negocio Fue quien mandó golpear a los vigilantes de las torres de control del aeropuerto en Hermosillo Además, lo conozco bien, lo he sufrido en carne propia: me ha torturado con tehuacán y chile Ha secuestrado a mi familia y a mis hijos Y mató a un comandante de la Policía Judicial de Jalisco, Gabriel Hernández, que según él era mi compadre o mi socio”
—¿Quiénes más?
“Otros de sus subalternos El comandante Castillo del Rey, ese se pasea en avión de Tijuana a México con los costales de dinero de la gente que mata para reportárselos a su jefe Y el comandante Valverde y el comandante Peralta Y el comandante de la zona militar con sede en Hermosillo, Miguel Angel Barrón Viescas, cuyo hijo era acusado de tráfico de drogas y fue muerto en un enfrentamiento recientemente en Obregón No lo digo yo, está publicado en los periódicos de Sonora, que la acción en Caborca se debió a un acto de revanchismo suyo Si investigaran bien las cosas, todos ellos estarían aquí conmigo en la cárcel”
—¿Tiene miedo de que lo maten a usted también?
“Yo sí tengo mucho miedo de que me maten Oiga, ¿no está viendo lo que pasa? Aquí mismo, adentro, hay armas para eso”
—¿Lo han intentado?
“Ay, señor, casi me han matado Una ocasión despedazaron los vidrios a balazos, con R-15, M-1 y escopetas Me reventaron los dedos de los pies, tengo dislocado un brazo, me han excarcelado cinco veces para torturarme Y si tenía un poquito de cabeza y pensaba un poco más, ahora pienso de la mitad para atrás Porque me tienen más tonto de lo que yo era, a golpes, a machucones Estoy acabado moralmente Vea mi pelo como lo tengo ya blanco de tanto sufrimiento Pero no estoy decaído, físicamente estoy bien Que nadie se asuste porque, primero Dios, voy a salir de aquí No tengan miedo señores, no debo nada, pero me duele mi familia y mis hijos, porque lo que está sucediendo, de veras, de veras, no tiene madre”
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Rafael Caro Quintero no es el Rafael Caro Quintero que fue presentado por primera vez tras de las rejas del juzgado luego de su detención, el 4 de abril de 1985 en Costa Rica, cuando desparpajado demostraba altivez Está avejentado a los 34 años de edad; efectivamente, el pelo lo tiene casi cano, pero conserva su complexión atlética Vestido con una camisa tipo norteño con bordados a mano, un pantalón de gabardina y botas y cinturón de piel fina, tarda un poco en llegar a la sala del dormitorio 10, el de mayor seguridad en el Reclusorio Norte
Mientras tanto, el reportero tiene la oportunidad de recorrer y conocer las instalaciones del dormitorio 10 Afuera, unas cajas de refrescos vacías, un corral con gallos y gallinas, árboles y flores, una cancha de volibol y basquetbol y, al fondo, una pequeña huerta y una incipiente construcción que se levanta en madera; todo bardeado, con dos torres de vigilancia enfrente y dos más un poco atrás Adentro, está la cocina, angosta; media docena de cocineras y cocineros preparan la comida del día; la sala es como cualquier otra, con un juego de sofás, piso de mosaico, un ventilador al techo y un comedor; en la pared hay siete cuadros con escenas campestres y cabezas de ganado cebú; destaca una pintura grande del rancho “La Noria”, propiedad de la familia Caro Quintero
“Véngase para acá, a mi dormitorio, para que vea los lujos con que vivo”, invita Caro Quintero luego de disculparse porque estaba en la visita íntima, pues su esposa e hijos acababan de llegar
Son dos cuartitos; uno, el baño; otro, con su cama y donde apenas cabe un librero y una grabadora “Fischer” de doble casetera
“¿De dónde sacan que vivo como príncipe? ¿Dónde están las joyas? Me han incautado todo, hasta mi televisión se la han llevado varias veces Vea la grabadora, está toda destartalada”
Cuando uno se imagina cómo vivía antes, con todas las comodidades, ranchos, casas, alhajas, autos y mujeres, inmediatamente salta la inquietud de preguntarle cómo se siente ahora en un triste dormitorio Compungido, responde: “La verdad ya no me hallo aquí Es una vida que no se la deseo ni a mi peor enemigo Antes me levantaba muy temprano, hacía ejercicio y jugaba un poco de volibol Salía a que me pegara el sol Hoy ni salgo al patio”
—¿Por qué?
“Tengo miedo, mucho miedo prefiero leer la Biblia”
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De casi nada le valió al reportero una buena velada para releer el caso y sus implicaciones, de volver a escudriñar hasta el mínimo dato o indicio para interrogarlo Porque Rafael Caro Quintero no iba a echarse la soga al cuello y, en síntesis, negó los cargos que le imputan: nada del tráfico de drogas, nada del rancho “El Búfalo” en Chihuahua, nada de los asesinatos de Enrique Camarena Salazar y Alfredo Zavala Avelar, nada de Miguel Félix Gallardo y Ramón Matta Ballesteros, nada del lavado de dinero con los hermanos Eduardo y Javier Cordero Stauffer, nada de las credenciales como agentes de la Dirección Federal de Seguridad, nada de la multimillonaria fortuna que se le atribuye, nada de nada
—Pero veamos algunos puntos por los cuales está usted aquí Niega lo relacionado con el narcotráfico, pero hay denuncias Incluso, en el caso de la muerte del agente de la DEA y del piloto mexicano, Ernesto Fonseca lo involucró a usted
“Mire, en primer lugar, a esos señores Camarena Salazar y Zavala Avelar los conocí únicamente por la televisión y los periódicos Jamás los había yo visto Al pobre de Fonseca le arrancaron no sólo la declaración sino los dientes y las uñas con pinzas, bueno, hasta le quemaron el bigote Somos chivos expiatorios, porque ni yo mismo sé por qué estoy aquí”
—El día del asesinato de Camarena y Zavala, 7 de febrero de 1985, ¿dónde estaba usted?
“En Caborca”
—¿Qué hacía ahí?
“Tenía dos ranchos rentados para engorda de ganado, otro era de uno de mis hermanos, chiquito, de unas 60 o 70 hectáreas A fines de noviembre fui a Guadalajara y pasé la Navidad y el Año Nuevo en Sonora con mi familia Después estuve en Culiacán y me regresé a Caborca, fue todo”
—¿Y luego?
“Me fui a Costa Rica”
—Se habló mucho del supuesto secuestro de Sara Cosío
“La muchacha se fue a Culiacán y fui por ella No era la primera vez ¿eh? Yo no la secuestré, cómo la iba a dejar sola en la calle ¿verdad? Ella iba a las tiendas a comprarme ropa, que esto, que lo otro Tenía viviendo conmigo tres años Su papá y su tío, el político ese (Guillermo Cosío Vidaurri, exalcalde de Guadalajara, exdirigente del PRI capitalino y actual secretario general del DDF), quisieron taparlo todo ¿me entiendes? En primer lugar, el papá de Sara trae un carro Cougar que yo le regalé Y el tío trae otro Cougar que le había dado a su sobrina, si ella se lo regaló o no, mis respetos Con decirle que el papá y la mamá andaban conmigo dondequiera, nos vieron en todos lados Nada más que se hicieron las víctimas cuando yo caí, pero los entiendo, estaban tensos Entonces ¿cuál es mi problema?”
—Sin embargo, tanto en Costa Rica como en México hay propiedades suyas incautadas
“Ya le dije, es un rancho de mi hermano y dos que tenía rentados Las casas de Costa Rica eran de mis compañeros, que están aquí conmigo, de Rodolfo y Albino Ellos me invitaron allá porque estaba yo recién casado Y como ya me estaban molestando, bueno, dije, pues mientras se aclaran las cosas, de lo contrario me van a matar De las joyas, unas eran mías, otras de la muchacha y de mis compañeros Pero no es tanto, cosas que tenía desde chico”
—Dice que cuando fue a Costa Rica iba recién casado ¿Contrajo matrimonio con Sara?
“No, para allá íbamos, pero no llegamos”
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Para la policía y las autoridades judiciales mexicanas, la fortuna de Caro Quintero asciende a 100,000 millones de pesos, aunque él afirma que no tiene ni en qué caerse muerto Le instruyen siete procesos por delitos contra la salud, homicidio y posesión de armas ilegales, entre otros, a consecuencia del narcotráfico
—¿Qué responde a esto?
“Dígame quién me vio sembrar o vender droga ¿Acaso usted? Si viene Ronald Reagan y me dice que le vendí mariguana, acepto, sí se la vendí Si los de la DEA vienen y dicen que se las vendí, pues sí Pero que me traigan una muestra de lo que supuestamente dicen que les vendí”
Palmetea, molesto
“A ver, ¿quién me vio `quemar’ mariguana, que ni fumo? ¿Quién me vio `pegarle’ a la coca? Ni me gusta Los que vieron, que vengan y que me lo comprueben Señor procurador: aclare esta situación que ya no aguanto, pues lo que quieren es quitarme lo poquito que tenía No tardan en venir a incautarme el cuarto y no más falta que se lleven hasta la colcha
—Usted se declara inocente de todo, pero allí estaba el rancho “El Búfalo”, sus bienes, cuentas bancarias, automóviles, en fin
“¿Dónde están las pruebas? Yo no soy ni de Chihuahua”
—No me diga que no conoce Chihuahua
—Yo iba de mi casa a mi rancho, uno que tenía en Guadalajara ¿De dónde sacan que estoy podrido en millones de dólares? Decían que le di 60 millones de pesos a Armando Pavón Reyes para que me dejara escapar Ni lo conocía, la primera vez que lo vi fue en la Policía Judicial Federal, cuando me quitaron las vendas, iba yo todo hinchado, y luego en el juzgado; el pobre hombre hasta causa lástima También dicen que soy el zar del narcotráfico, que todo lo manejo desde acá Ni una pizca de mariguana ni un gramo de coca me han encontrado ¿Cuáles Grand Marquis que yo regalaba? A los Cordero Stauffer les compré unos cuatro o cinco carros, nada más, los conocía como a cualquier otra persona A mis pobres hermanas sólo les pude regalar unas carcachas y ya ¿Cuáles charolas de la DFS? Ni para guisar tengo ¿Dónde están? Que las enseñen, que me muestren por lo menos la mía con mi foto ¿Cuáles cuentas bancarias? Si del rancho me traen alguna feria para sobrevivir En fin, como usted dice ¿cuál fortuna?
Vuelve a palmotear, otra vez con lo mismo: “¿Acaso usted lo vio?”
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Contra lo que pudiera pensarse a Rafael Caro Quintero le indigna la imagen que alguna gente ha hecho de su persona, sobre todo en Caborca, donde ya es una leyenda, comparable a la de “Chucho el Roto”, por las obras de beneficio social que realizó allá
—¿Es cierto todo eso?
“Ya sé y no me pregunte nada de los casetes o videocasetes, de las obras de teatro o parodias que se han hecho de mí Están haciendo lo que yo nunca en mi vida quise ser Y no tengo por qué serlo Me acabaron moralmente, es una injusticia He metido demandas y de nada han valido Lo que les interesa es otra cosa Yo no soy como dicen que soy ni dije nada de lo que dicen que yo dije, como aquello de que si me dejaban sembrar mariguana con las ganancias pagaba la deuda externa Pero, como están las cosas, ya estoy perdiendo la fe en el gobierno”
—Si no es cierto lo que dicen de usted ¿cómo es entonces Rafael Caro Quintero?
“Soy creyente, católico pues No tengo vicios ni me siento frustrado o amargado No guardo rencor a nadie No tengo enemigos, con decirle que de mi rancho vienen a verme, me envían un chicharrón o una calabaza Si la gente me quiere no es culpa mía”
—¿De qué manera ayudó a la gente?
“Entre mis hermanos y mis compañeros hicimos muchos amigos, nos han hecho préstamos hasta los bancos, nos tienen confianza Como nos han ayudado, los hemos ayudado también Realizamos algunas cosas no con la intención de salir a la luz pública ni para recibir algún beneficio, únicamente para sentirnos bien Hacíamos escuelas, metíamos la luz a los pueblitos, que un camioncito en abonos, que clínicas, que agua, que ropa, que todo lo que se podía Eso es ayudar a la gente que tiene necesidad”
—¿Tiene la conciencia tranquila?
“No tengo remordimientos, soy inocente Si debo algo, que me lo comprueben y que me sentencien, ya voy para cuatro años y nada Igual mis hermanos, si son narcotraficantes que se los comprueben Pero que no nos maten porque, primeramente Dios, voy a salir de aquí”
—¿De verdad tiene confianza en obtener su libertad?
“No pido favores, sólo espero que todo se resuelva conforme a derecho”
—¿Y del intento de fuga? De eso se ha hablado mucho también
“Qué bueno que me recordó eso ¿Cuál túnel? Porque, señor, si yo me hubiera querido ir, ya lo hubiera hecho desde cuando Yo de aquí no me voy hasta que no se aclare todo Quiero salir por la puerta grande
—¿Por la puerta grande?
“Así como lo oye”
—¿Volvería a ser usted el mismo?
“Ahorita estoy desorientado por lo que acaba de suceder Llegaron mi esposa y mis hijos, pero no sé nada de mi madre ni de mis hermanos, ahora andan corriendo, escondiéndose Si de esta manera actúa el gobierno ¿a qué me están orillando, acaso a que sea yo narcotraficante?”
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Con una palmeteada más concluye la entrevista Acompaña al reportero a la puerta del interior que da al solar del dormitorio Todos lo saludan con respeto, entre ellos los catorce “chihuahuas” —sus compañeros presos ahí también por lo del rancho “El Búfalo” quienes le franquean el paso
El llanto de su hijo más pequeño lo devuelve a su familia y a su celda