UNA CRONICA EJEMPLAR
Señor director:
Escribo estas líneas con toda mi admiración y mi amor El último trabajo de José Emilio Pacheco y del equipo de colaboradores de Proceso sobre lo que sucedía en México y el mundo en marzo de 1938, en vísperas de la expropiación petrolera, es realmente notable Un modelo de crónica ejemplar Llena de matices, atisbos, sugerencias, asociaciones inverosímiles y deslumbrantes (¿qué es saber escribir y leer, sino saber asociar?) Y por supuesto: un texto que proporciona una rica información expuesta con humildad, talento, dolor y respeto En suma: esta crónica de marzo nos recuerda otra igualmente ejemplar: la “Crónica de Huitzilac” He allí una forma de ensayo total
Yo creo que en muchos casos el arte narrativo es superior al teoricismo académico Sobre todo cuando el segundo peca de farragoso o dogmático, y si en el primero hay de fondo información de primera mano, talento creador y humildad, mucha humildad (El pecado del literato es literaturizarlo todo en exceso) No se trata de renunciar a las buenas ideas, tan necesarias en el proceso del conocimiento, pero tampoco se trata de buscar, encontrar y servir la verdad absoluta ¿Dónde está y con qué se come ésta? Creo que se trata de algo más vivo y difícil: decir la vida Con sus verdades y sus mentiras, sus odios y sus amores, sus sueños, fantasías y prejuicios “No precisamente decir la verdad o la mentira —eso todavía es un prejuicio— sino decir la Vida, con sus contradicciones y su dolor”, escribe Revueltas en alguna parte de sus Evocaciones requeridas O como diría Ricardo Reis (Pessoa): “No quiero la verdad, sólo quiero la vida”
Atentamente
Julio Figueroa
México, DF








