Dos zócalos en el cincuentenario petrolero
La frialdad del acarreo y el entusiasmo de la participación
Carlos Acosta, Miguel Cabildo, Oscar Hinojosa, Raúl Monge
Con el alma lejos del Palacio Nacional, el encabezado por el titular del Poder Ejecutivo Federal fue un acto de factura burocrática Opaco, sin fibra, cumplido como un trámite protocolario en la agenda gubernamental del día, estuvo lejos de conmover a una multitud indiferente al presidium Ni siquiera alcanzan a desprender chispas aisladas de entusiasmo popular la conmemoración oficial de “uno de los momentos estelares de nuestra historia nacional” Glacial la mañana del 18 de marzo en el zócalo de la capital mexicana
Entusiasta y festiva —en cambio— la ceremonia protagonizada seis horas después, alrededor de Cuauhtémoc Cárdenas, por una muchedumbre anhelante, transformada a cada rato en grito atronador
El acto oficial dio de sí a los 12 minutos, después de un breve discurso presidencial —iniciado casi de sopetón— que cientos de participantes apenas escucharon, ocupados en menesteres consustanciales a la concentración gubernamental , como firmar las listas de asistencia bajo presión Frío de principio a fin, al acto oficial el calor del vino de afuera: el entusiasmo que no generó el discurso presidencial lo produjeron dos oradores de escasos recursos retóricos que desde un balcón del Hotel Majestic encabezaron un contra-mitin en cuanto terminó la conmemoración gubernamental
La capacidad de movilización oficial no se empleó a fondo en fecha tan memorable, es la conclusión que se desprende de los notorios vacíos que se apreciaban en la Plaza de la Constitución, aunque la multitud no deja lugar a dudas sobre el poderío de las organizaciones convocantes, el sindicato petrolero sobre todo Unas 120,000 personas estuvieron presentes en la conmemoración oficial del cincuentenario de la expropiación petrolera, aunque muchos no permanecieron durante toda la ceremonia, pese a la brevedad de esta Las calles que confluyen al zócalo eran el escenario del ir y venir de gente que llegaba, firmaba las listas de asistencia y se retiraba
Sobre todo en las esquinas de la Plaza de la Constitución, los pequeños grupos se formaban para pasar lista Las bolitas son —en estos casos— para firmar
Ahí estaban, en el lado del asta bandera de la Plaza de la Constitución, varios miles de maestros del Distrito Federal y su zona metropolitana, que atendiendo la “atenta invitación” que les hicieron los comités ejecutivos de las secciones 9,10,11 y 26 del SNTE , suspendieron clases en escuelas primarias y secundarias
También estaban hoy miles de trabajadores del Departamento del Distrito Federal, que no trabajaron ese día, pues el director general de Administración y Desarrollo de Personal, licenciado Guillermo C Rojas Ortiz, dirigió el 9 de marzo una circular a los subdelegados, directores, coordinadores y subdirectores administrativos, en la que les informaba sobre el “acto popular” que se efectuaría el viernes 18 en el zócalo, para celebrar la expropiación petrolera, con la asistencia del presidente, y “por tal motivo le agradeceré se otorguen las facilidades necesarias al personal de base y de confianza para que se asista a dicha celebración”
El discurso presidencial se inició prácticamente sin preámbulos Muchos se enteraron de la presencia del licenciado Miguel de la Madrid cuando éste había empezado la lectura de su discurso de cuatro y media cuartillas Tenso, circunspecto era el talante del presidente
Aplausos aislados acompañaron dos o tres frases del texto presidencial, Las matracas cumplieron la tarea de cubrir con ruido la ausencia de aplausos masivos La distracción era tal, que durante todo el tiempo que duró la ceremonia, los grupos musicales llevados al zócalo no dejaron de tocar
Cumplir de prisa con las obligaciones del calendario cívico parecía ser el propósito gubernamental en esta ceremonia No se notaban ganas de realizar un acto impresionante, a la altura de la efemérides
La organización del acto oficial se preocupó de eludir toda posible referencia a Cuauhtémoc Todas las mantas y pancartas que aludían al expropiador del petróleo reflejaban la preocupación de anotar el nombre completo del general Lázaro Cárdenas del Río O se referían a él como Lázaro o Cárdenas del Río Nunca sólo el apellido Cárdenas
En un discurso, a través de una lecturilla sin énfasis, el presidente se refirió a la expropiación petrolera como “momento estelar” de la historia nacional, como “gran hazaña de los mexicanos” Dos veces mencionó el nombre de Lázaro Cárdenas, al que reconoció “talento y valor personales” y capacidad de “estadista que vela por su pueblo” No dejó de elogiar a Petróleos Mexicanos, cuyos trabajadores —dijo— han “consolidado y acrecentado el acto político de la expropiación”
Joaquín Hernández Galicia, La Quina, y Salvador Barragán Camacho a diestra y siniestra de Miguel de la Madrid, no cabían en el balcón presidencial, anchos de gusto Sobre todo cuando los petroleros —con uniforme de pantalón blanco y camiseta roja— se hacían notar con matracas, cornetas, banderas y escudos del sindicato Tan ruidosos estuvieron a ratos los petroleros, que el propio Barragán Camacho, secretario general del sindicato, tuvo que indicarles con señas desde el balcón que “le bajarán” y dirigieran aplausos y porras al presidente
El desgano oficial era notorio en los balcones del Palacio Tampoco ahí el discurso presidencial entusiasmó a nadie Mientras de De la Madrid lo pronunciaba, en parejas o hasta grupos, varios de los invitados conversaban con animación
Tal como empezó el discurso, así acabó, sin estruendo ni entusiasmo, a no ser por el ¡Viva México! que al final del discurso lanzó el presidente, por el que muchos se enteraron de que el acto había terminado
La desintegración de la muchedumbre se realizó rápidamente, pero en la esquina de Madero y Plaza de la Constitución, unas 2,000 personas se congregaron ante el llamado de un par de jóvenes simpatizantes de Cuauhtémoc Cárdenas que con su propio sonido se instalaron en un balcón del Hotel Majestic para repudiar al presidente Miguel de la Madrid y al candidato Salinas de Gortari
No eran jóvenes de abundantes recursos en la oratoria Uno de ellos insistió en llamar a los actuales gobernantes “traidores” y “cobardes”, pero a pesar del inflamado y esquemático discurso lograron atraer la atención y simpatía
Sólo un pequeño grupo —de paso hacia la calle de Madero— se detuvo a vitorear brevemente al injuriado Salinas de Gortari
En el momento en que era claro que el grupo reunido frente al balcón ostentiblemente había tomado partido por Cuauhtémoc Cárdenas el espontáneo agitador convocó a enviar “saludos” a Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari A la una, a las dos y a las tres, era la señal para iniciar los silbidos injuriosos
A pesar del escaso repertorio de los simpatizantes del exgobernador de Michoacán, los dos jóvenes mantuvieron la atención del grupo sustraído de la concentración priísta durante casi una hora Y no sólo la atención, sino la simpatía, cuando revelaron que la administración del hotel había cortado la energía eléctrica para que no usaran más el sonido y, sobre todo, cuando advirtieron que podrían sufrir represalias
En ese momento, el grupo que en la calle los respaldaba surgieron gritos de “los esperamos, bajen” Y, coreando consignas de apoyo a Cárdenas, el grupo se dirigió a la puerta del hotel, formó una valla para que los jóvenes, con el aparato de sonido en la mano, salieran del Majestic Héroes momentáneos, se encaminaron hacia la Plaza de la Constitución, pero miembros de la policía militar los detuvieron frente a la puerta principal de la Catedral Metropolitana, creando mayor tensión, pero al mismo tiempo atrayendo a más gente de los grupos que aún permanecían el zócalo
Todavía alcanzó el grupo a recorrer algunas de las calles que circundan el zócalo y realizar otro mini-mitin frente a la monumental bandera de la Plaza de la Constitución, antes de disolverse
Poco después, alrededor de las 12:15, el presidente De la Madrid salió del Palacio para dirigirse, a bordo del autobús “Morelos” al monumento a la Revolución, para montar una guardia de honor, ante la tumba de Lázaro Cárdenas, acompañado, igual que en la ceremonia anterior, de su gabinete, los líderes petroleros y representantes de los poderes Legislativo y Judicial
A las 12:30, la gran bandera del centro fue arriada, con rapidez y sin el normal protocolo
Pocas horas después, el contraste saltó a la vista Frente a la pasividad de los grupos que casi llenaron la Plaza de la Constitución, los contingentes que acudieron al llamado de Cuauhtémoc Cárdenas, rebosan júbilo y entusiasmo Mayor el contingente de la mañana —ante los 120,000 reunidos por el gobierno, cerca de 100,000 manifestantes vitorearon a Cárdenas—, la alegría, sin embargo, fue desbordante en la tarde
UN MITIN-FIESTA
Desde antes de las cuatro, hora de la cita, empezaron a confluir en el zócalos los contingentes que apoyan a Cárdenas ¡Cuauh-té-moc, Cuauh-té-moc, Cuauh-té-moc! corean los contingentes de más de diez organizaciones convocantes No sólo gritos de apoyo corean los grupos, también improperios y críticas a los gobernantes del país y al candidato del partido oficial
Espectacular fue la llegada del grupo de la Asamblea de Barrios Una fila de tamborileras de amarillo y rojo, precedía a Superbarrio y luego no menos de 10,000 capitalinos
A las 16:30 horas los contingentes reunidos en el zócalo forman ya una multitud considerable A las 17:15, a punto de llegar al estrado el candidato a la presidencia Cuahtémoc Cárdenas la muchedumbre suma unas 100,000 personas Otro punto de referencia para medir la concentración neocardenista: si los grupos que presencian al mitin desperdigados fuera de la plataforma se incorporan al contingente principal , alcanzarían a cubrir toda esa área Frente a la concentración matutina, no queda mal parada esta
Con el pie derecho entra Cuauhtémoc al zócalo Revestida de la mística de los grandes acontecimientos históricos, la concentración tiene también la emotividad que faltó a la ceremonia matutina
La multitud aguarda a Cuauhtémoc y lo que era una valla antes de que el hijo del General saliera del hotel Majestic, se convirtió en torbellino en cuanto apareció el candidato del Frente Democrático Nacional
Rodeado de la compacta multitud Cárdenas llegó al estrado —colocado cara a cara de Palacio Nacional, que permaneció cerrado mientras tanto, en una escena extraña y desoladora— entre empujones y pisotones, preocupado por proteger a su esposa, Celeste Batel Antes que él, subieron al templete doña Amalia Solórzano, viuda del general Lázaro Cárdenas, y los dirigentes de las organizaciones que respaldan la candidatura del exgobernador michoacano
Igual que en la ceremonia matutina, sólo un orador ocupa la escena en la tarde jubilosa Hay fuerza en los aplausos que aprueban el discurso de Cuauhtémoc, energía desprendida de una muchedumbre que participa en la conmemoración no gubernamental de la expropiación petrolera
“Hemos decidido poner las cosas en su lugar” exclama el ingeniero Cuautémoc Cárdenas, ante una multitud que corea el nombre del candidato presidencial por los cuatro costados de la plaza mayor de la República
También coreando ¡Cuauh-té-moc, Cuauh-té-moc, Cuauh-té-moc! la multitud emprende la marcha hacia el monumento a la Revolución Todo el trayecto es una fiesta, salvados los momentos de apuro por los empujones de la multitud que rodea al candidato Sin providencias mínimas para evitar percances en estas circunstancias, —pese a que son varias las organizaciones que apoyan a CCS— las situaciones difíciles se resuelven por sí solas
El paso de la multitud —descompuesta en dos columnas, una por Madero, otra por Cinco de Mayo, para reencontrarse en Avenida Juárez— es impresionante, sobre todo en la primera vía
Cárdenas hijo, es la viva imagen de un hombre feliz, cuando corresponde al saludo de la gente en balcones y azoteas
A pesar de la corta distancia entre el zócalo y el monumento a la Revolución, la marcha consume más de una hora Al llegar a este sitio, el entusiasmo no desciende, no obstante que se halla a oscuras
La ceremonia en el monumento que guarda los restos de próceres del movimiento de 1910 —entre ellos los del expropiador del petróleo— es breve, pero intensa y culmina con el Himno Nacional entonado por miles de gargantas fundidas en una sola








