EL “RIEGO DEL CHAYOTE”, UNA INSTITUCION EN LAS CAMPAÑAS DEL PRI, POR CATEGORIAS

EL “RIEGO DEL CHAYOTE”, UNA INSTITUCION EN LAS CAMPAÑAS DEL PRI, POR CATEGORIAS
Oscar Hinojosa
Imágenes sueltas de la relación prensa-gobierno:
Entrampando en el garlito de Ruiz Cortines, recorre el país Gilberto Flores Muñoz, el precandidato ostensible, el que todo mundo —él mismo, para empezar— cree seguro sucesor Entre sus actividades de promoción de imagen, se reúne con periodistas en el hotel Playa de Mazatlán, de alcurnia en aquellos años, los cincuenta Al final de la entrevista, el poderoso político invita a los reporteros locales a tomar unos tragos en su suite Ya en confianza, la terraza por escenario, Flores Muñoz dice a los representantes de los medios informativos:
—Yo sé que los reporteros necesitan estímulos
Y, cartera gorda la suya, distribuye 125, 150 pesos a cada uno de diez periodistas en aquellos tiempos de estabilidad cambiaria
En el rancho Avándaro termina la gira del candidato Carlos Salinas de Gortari por el Estado de México Jorge Jiménez Cantú, uno de los exgobernadores invitados de CSG, a punto de subir a su automóvil, es abordado por cinco fotógrafos no periodísticos En sus bolsillos, Jiménez Cantú encuentra 15,000 pesos, que entrega al grupo
Hay diferentes evidentes entre una y otra escenas, pero ambas tienen una vinculación interna que descubre una parte de la viciosa relación entre informadores, funcionarios y políticos La primera imagen, reconstruida por un testigo presencial, representa la prehistoria del embute moderno
En la campaña de Carlos Salinas, los responsables del área de información y propaganda aplican el mismo método que rige la campaña de Luis Echeverría, por lo menos: el Partido Revolucionario Institucional entrega una cantidad semanal y cada gobierno estatal, al paso del candidato por la entidad, regala otra
Los periodistas acreditados en la campaña priísta, unos 60, son clasificados en tres niveles, según la importancia del medio que representan, según su propio renombre en el medio periodístico y según su relación personal con los jefes de prensa A los primeros corresponden 4000,000 pesos en la mayoría de los estados recorridos hasta hoy y 300,000 en otros; a los segundos, 200,000 y a los terceros 100,000
No es común que los periodistas aludan a la relación prensa-gobierno, mucho menos al embute, último y más débil eslabón de la cadena que anuda a ambas instituciones
Visto el gremio como la casa del jabonero, es impropio que del medio surjan exposiciones de hechos relacionados con el tema, en opinión de varios periodistas
En una investigación realizada por Julio Zetter para el libro La formación de los periodistas en América Latina, un reportero reconoció que el soborno existe, aunque “el periodista no es el indicado para darse un baño de pureza” Para la redacción de esta nota, el reportero consultó a colegas y funcionarios del campo de la comunicación social
Entre los reporteros consultados por Proceso, uno advirtió que la nota equivaldría a “echarse a todos los compañeros encima”, otro sostuvo que el PRI, en las actuales circunstancias, las más difíciles que haya encarado en mucho tiempo un candidato presidencial, no ha demostrado interés en cambiar o acabar con el embute Del otro lado del escritorio hubo quien celebrara la idea de orear el asunto Todos convinieron en proporcionar información, en el entendido de que sus nombres no serían mencionados
En Nuevo León, punto de inicio de la campaña de Salinas de Gortari, el gobierno del estado —encabezado por Jorge Treviño Martínez— distribuyo 400,000 pesos a los reporteros del primer nivel (A), 200,000 a los del segundo nivel (B) y 100,000 a los del tercero En casos aislados, los periodistas pueden mejorar su posición en la lista gracias a gestiones personales; los reporteros de radio y agencias noticiosas y fotógrafos, regularmente están considerados en los niveles B y C
En la siguiente etapa, Tamaulipas (Américo Villareal), el gobierno estatal comprensivamente distribuyó 300, 200 y 100 dólares La incitación a la fayuca era inocultable En Colima y Michoacán se aplicó, básicamente, el mismo tratamiento usado en Nuevo León: 400, 200 y 100 mil pesos En Morelia, además, el gobernador Luis Martínez Villicaña organizó una cena para los reporteros
Quinta etapa del recorrido de CSG: en Oaxaca (Heladio Ramírez), entidad pobre, corrieron versiones de que el gobierno estatal repartiría una cantidad menor que la establecida en otros estados Sin embargo, al final repartió más que otros gobiernos: 500,300 y 150 mil pesos, según los informes recabados La versión se hace creíble cuando se asocia al incremento del embute con el accidente ocurrido a personal del Estado Mayor Presidencial Excepto publicaciones oaxaqueñas, ninguna nota periodística hizo referencia a la condición militar de los cuatro muertos en el helicopterazo del domingo 22 de septiembre
En los demás estados visitados por Salinas de Gortari el tratamiento a los periodistas ha sido idéntico, excepto en Morelos, donde los encargados de prensa adujeron que el gobierno de Lauro Ortega, en su último tramo, no se sentía comprometido a realizar el reparto Al fin, presiones previas, algunos reporteros recibieron “atenciones”: medio millón
En el Distrito Federal, Proceso no pudo establecer el tipo de atenciones que el gobierno capitalino o los delegados políticos brindan en esta materia a los periodistas encargados de reseñar la campaña del PRI
En nombre del candidato justamente se entregan las gratificaciones, como antes en nombre de Miguel de La Madrid, de José López Portillo, de Luis Echeverría Sobre personajes de primera fila ha recaído la responsabilidad política de mantener la institución del embute en campañas presidenciales: Humberto Lugo Gil, Fausto Zapata y Mauro Jiménez Lazcano, con Luis Echeverría, Pedro Ramírez Vázquez y Rodolfo Landeros, con López Portillo; Miguel González Avelar con De La Madrid y Otto Granados Roldán con Salinas En nombre de los gobernadores se entregan los sobres de provincia
“En un saludo del licenciado Salinas de Gortari”, suele decirse a la hora del reparto, como contraseña del momento O menos formal: “Maestro, tienes correspondencia del licenciado Salinas” Y los mensajeros son, por lo general, funcionarios de segundo nivel del área de prensa
Tres son las actitudes que los periodistas asumen ante esta gratificación sui géneris:
Una, minoritaria, consiste en presionar y exigir la entrega del embute Esta posición se sustenta en la creencia de que a cada visita de un funcionario federal a la provincia, los jefes de prensa reciben una partida para “atenciones” a los reporteros que lo acompañan Exigir que el embute llegue a los periodistas sólo equivale a impedir que el jefe de prensa haga suyos recursos destinados a otros, recursos que de todos modos el funcionario federal o gobernador creerá que se entregaron a los enviados especiales
Otra, mayoritaria, es la actitud de quienes aceptan pasivamente la gratificación especial Reposa esta postura en una argumentación similar: en la disyuntiva de recogerlo o permitir que el jefe de prensa se quede con él, elijo la primera alternativa Otros razonamientos refuerzan esta posición: los jefes de información, de redacción, los subdirectores y los directores obtiene concesiones, privilegios, embute mayor ¿porque yo he de sacrificarme? Sacrificio inútil además, porque rechazar el embute —individualmente considerada tal posibilidad— no conduciría a ningún lugar ¿Quién a final de cuentas —suponiendo que a alguien le interese pasar por santurrón, puritano, limpio— se enteraría de mi actitud, si el que reparte el embute es capaz de “palomearme” e informar a sus jefes que todos recibieron el saludo pecuniario? Y, no menos importante, los bajos sueldos hacen considerar al embute como un sobreentendido salario que complementa el formal, el que se cobra en cada empresa periodística
La tercera actitud es minoritaria también: corresponde a aquellos que declinan el saludo de los altos funcionarios
Entregados los sobres la mayoría de las veces discreta, semiocultamente sólo el jefe de prensa sabe a ciencia cierta quiénes forman este precario grupo
Pero —pese a que el reportero escuchó comentarios favorables al cese del embute, provenientes del otro lado del escritorio— revelar los secretos de este mecanismo va contra el propio mecanismo
El periodista Héctor Gama dio a conocer las ironías de la campaña de Miguel de la Madrid, hace seis años
“Mientras el candidato oficial habla de combatir la corrupción —’atentado contra la Patria’— en su campaña gastará una cantidad cercana a los 1,000 millones de pesos Una parte de ese dinero habrá de repartirse entre periodistas Con el dinero se distribuye también la consigna implícita de hacer eco a su discurso”
Una investigación de Gama, apoyada en testimonios verbales y otros materiales, permitió establecer que en 1981, los primeros embutes de “solo” 14,000 pesos de aquellos, “generaron la protesta airada de muchos reporteros”
Agregaba el entonces reportero de Radio Educación y Canal 13
“El chayote aumentó considerablemente en Aguascalientes y Zacatecas, donde el Revolucionario Institucional dio 25,000 pesos a los periodistas participantes y los gobiernos respectivos dieron, uno 20,000 y otros 30,000 pesos”
Los recursos entregados en propia mano a reporteros, camarógrafos y fotógrafos —y sumados a ellos, el personal de apoyo de las oficinas de prensa montadas por los gobiernos de cada entidad— no son los únicos que canaliza el PRI En temporadas calientes como esta preelectoral, el PRI suele convertirse en un anunciante de primera: por tradición envía media, una y dos planas diarias a los medios capitalinos —porque tanto en el caso del embute como en el de la publicidad los medios de provincia quedan excluidos—, para los que esta propaganda representa cientos de millones de pesos mensuales
A seis millones la plana política en algunos diarios, (tarifas de diciembre de 1987), la publicidad priísta representa 360 millones de pesos al mes para aquellos periódicos que han sido dotados con dos páginas diarias, 180 para los que recibieron la orden de publicar una y 90 para los menos afortunados, los de media plana
En práctica desde mayo de 1987 —cuando Jorge de la Vega inició su “campaña de auscultación”—, el convenio verbal sobre publicidad establece que a cargo de la publicidad pactada se publiquen gacetillas y los discursos del candidato que señale la Secretaría de Información y Propaganda
Mientras otras dependencias gubernamentales procuran acatar las disposiciones de austeridad comprometidas en el pacto “de solidaridad”, el PRI se atiene a las viejas reglas y echa la casa por la ventana