EL PACTO, DRAMATICO RETORNO DE PEDRO ASPE A LA REALIDAD; SU PROYECTO DE RECUPERACION, SEPULTADO

EL PACTO, DRAMATICO RETORNO DE PEDRO ASPE A LA REALIDAD; SU PROYECTO DE RECUPERACION, SEPULTADO
Carlos Acosta
El Pacto de Solidaridad Económica significó el entierro del optimismo gubernamental en torno de los propósitos de recuperación económica anunciados originalmente en el programa económico para 1988 Los cambios introducidos a la Ley de Ingresos y al Presupuesto de Egresos de la Federación, en adecuación al Pacto, significaron también cambios en el diagnóstico de la crisis y en los objetivos, las metas y los instrumentos de la política económica
Al detallar, el 23 de noviembre, la estrategia para el año que se inicia este viernes, el secretario de Programación y Presupuesto, Pedro Aspe Armella, no imaginó que en menos de 20 días tendría que dar marcha atrás en muchas de sus explicaciones y argumentos que con tanto empeño presentó en aquella su primera comparecencia como titular del ramo ante el pleno de la Cámara de Diputados Tampoco pudo prever que mucho antes de que entraran en vigor, los Criterio Generales de Política Económica para 1988 —que empezaron a discutirse en el gabinete económico desde agosto pasado— quedarían rebasados por lo que se ha dado en llamar oficialmente “una nueva realidad económica”
En efecto, los Criterios diseñados en Programación y Presupuesto establecían un entorno económico muy distinto al que después del Pacto sustenta el gobierno Las prioridades, objetivos, metas y propósitos de los Criterios se vinieron abajo abruptamente y tuvo que recurrirse a la estrategia de emergencia llamada Pacto de Solidaridad
La Cámara de Diputados conoció los Criterios el 14 de noviembre Días después se sabrían los pormenores: la economía mexicana, en 1988, entraría en claro repunte; el cambio estructural se haría más visible, la recuperación económica sería un hecho, la inflación por fin cedería y habría una mayor y rápida generación de empleos
“Sustentamos, con objetividad y sin triunfalismos —decían los Criterios—, una actitud de optimismo para 1988 El crecimiento de la producción (se lograría un crecimiento del PIB de 35%) y el empleo continuará de manera gradual y persistente, al contar con bases estructurales más sanas que en el pasado”
Todo en los Criterios estaba enfocado a hacer de la recuperación económica una realidad, que se había escapado persistentemente El orden de las prioridades económicas para 1988 era este: profundizar en las medidas de cambio estructural; consolidar la recuperación económica que incipientemente empezó a manifestarse a fines de 87; intensificar los esfuerzos para combatir la inflación y continuar asegurando el manejo honesto y eficaz de los fondos públicos, en el que será el último año de la actual administración
Con diez medidas se lograría todo eso: mantener la disciplina presupuestal; ejercer un gasto programable equivalente al 22% del PIB; dar mayor prioridad al gasto de contenido social; aumentar el gasto de inversión del sector público y propiciar la recuperación de la inversión privada; fortalecer la recaudación fiscal; profundizar el redimensionamiento del sector público; asegurar la estabilidad de los mercados cambiario y financiero y fortalecer el ahorro y la balanza de pagos; abrir aún más las puertas al comercio exterior para abatir la inercia inflacionaria y proteger los salarios; mejorar el uso de los escasos recursos, fomentar las exportaciones e inducir a una sustitución de importaciones más eficiente; y, finalmente, realizar acciones que disminuyan la inercia inflacionaria, principalmente una mejor sincronización en la fijación de los precios y tarifas del sector público: aumentarían éstos con mayor frecuencia pero en montos más reducidos
Y había, según los Criterios, todos los elementos para lograr esos objetivos: una alta reserva, que amplía los márgenes de maniobra de la política económica; una recuperación que, aunque incipiente y rezagada, daba visos claros de consolidarse en 88: un desenvolvimiento económico externo bien identificado y un entorno económico nacional bajo control
Todo estaba claro La certidumbre era plena Tanto que la inflación, si bien alta y problemática, dejaba su lugar de prioridad número uno al resurgimiento de la actividad económica En efecto, de los cuatro objetivos básicos del nuevo programa económico, el combate a la inflación ocupaba el tercer lugar La estrategia antiinflacionaria para 1988 optaba de nueva cuenta por el combate gradual, porque reducir la inflación abruptamente implicaba mayores costos sociales y productivos
Decía el texto: “Dadas las características actuales de la inflación (costos e inercia), el intento de abatirla significativamente con una reducción de la demanda agregada sólo tendría el éxito produciendo una aguda recesión de la actividad económica, con un costo social muy elevado e insostenible”
Elegir el combate gradual, sostenían los Criterios, era lo correcto, lo que siempre se ha hecho y ha salido bien: “Cuando se ha presentado la opción de avanzar rápidamente en la reducción de la inflación pero a costa de posponer o abandonar los ajustes de orden estructural, aun sacrificando resultados espectaculares, pero insostenibles, en el combate a la inflación”
El secretario de Programación, Pedro Aspe, defendió en su comparecencia las tesis de los Criterios; las repetía: “el gran problema que subsiste es la inflación”, pero para acabar con él no se recurrirá a un populismo efímero de resultados espectaculares Pretender reducirla significativamente mediante una contracción de la demanda implicaría una recesión de consecuencias inaceptables, dijo Y rechazó tajante la viabilidad de una política antiinflacionaria de choque, de contenidos heterodoxos: el año que viene, expuso, se trabajará con aplomo en favor de la consolidación y profundización de los avances logrados, pues sería absurdo sacrificarlos en aras de una popularidad efímera La presente administración, planteó, no ha cedido ni cederá a promesas engañosas que sólo pueden desembocar en frustración y desaliento”
Tan claras tenía las cosas el secretario, tan identificado el comportamiento futuro de la inflación, que plenamente convencido dijo que no había de otra para reducirla que persistir en la disciplina presupuesta, el agotamiento de los impactos rezagados del choque de 1986, la acumulación de reservas, la apertura comercial y la concertación entre los sectores productivos
El problema inflacionario, pues, era manejable
Tampoco eran de mayor preocupación los efectos de la devaluación del peso en el mercado libre de cambios, decidida cinco días antes de su comparecencia Defendió la decisión de devaluar: la moneda nacional sufrió “ataques especulativos” como consecuencia de la incertidumbre prevaleciente respecto de la economía mundial y por la caída en la Bolsa de Valores Pero es, dijo, una especulación “claramente temporal” sin mayores efectos en el entorno económico “pues solamente se está ajustando la paridad libre” Y agregó que con el manejo adecuado de la política económica “se romperá la burbuja especulativa”
Minimizó el problema: “Se tienen todos los recursos para ello (romper la especulación contra el peso) y se está haciendo lo requerido por las circunstancias: actuar con rapidez, decisión, oportunidad y flexibilidad en el manejo de los instrumentos de política económica; se han ajustado las tasas de interés y permitido una total flexibilidad en el tipo de cambio libre”
Imbuido de esa seguridad y confianza, el secretario anunciaba una política de gasto para 1988 en la que el apoyo a la recuperación económica estaba en el primer lugar de las prioridades; estaban allí también los propósitos “claros” de mejoramiento social y económico, los esfuerzos mayores de cambio estructural y modernización y los afanes de atender el mantenimiento y conservación de la infraestructura básica y de la planta productiva
Apenas transcurrieron dos semanas de la presentación de Aspe ante los diputados, cuando tuvo que admitir que las cosas eran muy distintas Ni el entorno económico estaba bajo control ni el desenvolvimiento de la economía internacional estaba suficientemente identificado ni calibradas sus posibilidades de influir tan decisiva como negativamente una economía nacional Tampoco la especulación contra el peso fue temporal, ni los efectos de la devaluación fueron mínimos Los instrumentos de política económica se vieron chicos y poco efectivos: la especulación contra el peso seguía; se tuvo que devaluar el peso en el mercado controlado; la recuperación enseñó toda su fragilidad y vulnerabilidad; la inflación mostró su enraizamiento; el optimismo se vino abajo; cundió la emergencia y se pospusieron los propósitos de recuperación económica y de protección del salario y del empleo
Cambió todo La firma del Pacto de Solidaridad Económica, el 15 de diciembre, expresaba una estrategia económica distinta de la que se había anunciado y defendido menos de 10 días antes Ganó, de nueva cuenta, la inflación: con la firma del Pacto su combate se erigió otra vez en el eje de la estrategia económica; los conductores de la economía renunciaron a verdades que sostuvieron en noviembre, a plantear otro diagnóstico de la crisis, a describir otro contexto económico, a modificar metas y objetivos y a rejerarquizar prioridades en la estrategia económica
Pedro Aspe, como el secretario de Hacienda, Gustavo Petricioli, cuatro días antes, fue tajante al señalar que no se combatiría la inflación con una mayor recesión El 15 de diciembre reconsideró: la fuerte baja en la inflación —”demanda social unánime”—, que se logrará con fuertes ajustes fiscal y monetario producirá inevitablemente una contención de la actividad económica durante el primer trimestre del año
El Presupuesto, por su parte, estaba destinado a impulsar decididamente la recuperación económica por la vía de una mayor inyección de recursos a la economía
Ante la “nueva realidad económica” que llevó a firmar el Pacto de Solidaridad, se tuvieron que hacer cambios en ambos documentos: aumentan los ingresos fiscales, se reduce el poder adquisitivo, suben precios públicos, baja el gasto programable y desaparecen los estímulos a la inversión
Cambio sobre cambio en sus estrategias, emergencia sobre emergencia, Pedro Aspe Armella —heredero de Carlos Salinas de Gortari en Programación y Presupuesto— se dispone a enfrentar su responsabilidad con todo en contra: un pacto que puede tenerlo todo, menos solidaridad, pues el sector obrero se muestra humillado, y los empresarios, ensorbecidos; con una población mayoritariamente al filo de la ira; y una polarización política ante las elecciones Sus posibilidades de sacar adelante la política económica del gobierno de Miguel de la Madrid se ven muy remotas