El país de Miguel de la Madrid

El país de Miguel de la Madrid
La vida en México, peor ahora que hace cinco años
Carlos Acosta
Este martes, Miguel de la Madrid Hurtado cumple exactamente cinco años en la Presidencia de la República El 1 de diciembre de 1982, en su discurso de toma de posesión, dibujó la grave situación económica que heredaba, similar —dijo— a la que se vive en tiempos de guerra, pero que a cinco años de distancia, de realismo económico, parece menos grave que la actual
Dijo entonces:
“Sufrimos una inflación que casi alcanza el cien por ciento; un déficit sin precedente del sector público la alimenta agudamente y se carece de ahorro para financiar su propia inversión; el rezago de tarifas y precios públicos pone a las empresas del Estado en situación deficitaria, encubre ineficiencias y subsidia a grupos de altos ingresos; el debilitamiento en la dinámica de los sectores productivos nos ha colocado en crecimiento cero”
También: “Tenemos una deuda externa que alcanza una proporción desmesurada, cuyo servicio impone una carga excesiva al presupuesto y a la balanza de pagos En estas circunstancias, están seriamente amenazados la planta productiva y el empleo Confrontamos así el más alto desempleo abierto de los últimos años”
Producto de todo ello, decía De la Madrid —en un párrafo que tendría plena vigencia si lo leyera este martes—, “la crisis se manifiesta en expresiones de desconfianza y pesimismo en las capacidades del país para solventar sus requerimientos inmediatos; en el resurgimiento de la discordia entre clases y grupos”
Para darle vuelta a esa dramática realidad, el ya presidente ofreció al país un cambio en el rumbo económico, que nos llevaría no necesariamente a las puertas de la felicidad —fue claro en eso— pero sí a una situación de crecimiento económico con desarrollo social; a una economía dinámica y productiva como base de un bienestar social más elevado Para lograrlo, pondría en marcha, dijo, un Programa Inmediato de Reordenación Económica, el tristemente célebre PIRE, cuyos objetivos eran: combatir a fondo la inflación, proteger el empleo y la planta productiva y recuperar las bases de un desarrollo dinámico, sostenido, justo y eficiente
Empresa nada fácil Realista, el presidente dijo que los primeros meses de su gobierno serían “arduos y difíciles” y calculó que la recuperación económica se llevaría tiempo: “los próximos dos años”, dijo
El discurso inicial del mandatario ponía especial énfasis en la justicia social Recogió puntualmente las tesis sociales de su campaña por la Presidencia: “la prioridad es el hombre”; “llegaremos a la sociedad igualitaria” Su gobierno, dijo, atendería cabalmente las necesidades básicas de la población Y expuso:
“Mientras subsista la crisis, no podremos avanzar en el proceso de justicia social; el peligro inmediato está en el deterioro que le agrava día con día Frenarlo (ese deterioro) es el primer paso; lo haremos con equidad en el peso de los costos e impulsando los cambios cualitativos que nos sirvan de apoyo firme para avanzar más rápidamente hacia la sociedad igualitaria, en cuanto nos sea posible”
Cinco años después, la realidad es otra Si en materia económica los avances son magros, y están a la vista, los propósitos de justicia social no sólo no se cumplieron: se olvidaron y despreciaron No se frenó el deterioro que “agrava día con día” el proceso de justicia social; se aceleró Tampoco se han repartido “con equidad” los costos; hoy, el ingreso alcanza su punto más alto de concentración
El saldo de cinco años de realismo económico es otro:
Se duplicó el número de mexicanos sin empleo ni remuneración alguna; los salarios se redujeron a la mitad; el déficit habitacional y el hacinamiento se agudizan; la malnutrición es severa: el consumo de alimentos ricos en proteínas se redujo en 40%; la deserción escolar se acelera; los servicios médicos oficiales se reducen; el ingreso familiar de las mayorías no alcanza para adquirir ni la mitad de la canasta básica de alimentos La pobreza se agudiza y se extiende a estratos antes menos golpeados Hay ya una generación de mexicanos con menor capacidad de raciocinio y vitalidad menguada
Es el rostro del país que en cinco años de atención prioritaria a los desequilibrios financieros, va dejando la actual administración
Esa conclusión se desprende de dos ensayos y un libro inéditos, de economistas de reconocido prestigio académico y que se desempeñan actualmente en el sector público Los ensayos son: La satisfacción de las necesidades esenciales en México, 1970-1987, de Julio Boltvinik Kalinka, director general de Programación Financiera de SEMIP, y Los costos sociales del ajuste económico, de Raúl Livas Vera, miembro de la coordinación de asesores de la Dirección General del ISSSTE
El libro, Para entender la economía mexicana, es de Armando Labra Manjarrez, coordinador del Programa Regional de Empleo de la Presidencia de la República en los estados de México y Oaxaca Los ensayos fueron presentados, a título personal, en el séptimo Congreso Nacional de Economistas, realizado el mes pasado en Oaxaca El libro está por salir a la venta al público
EL DESEMPLEO, PARA ARRIBA
Aunque la información sobre empleo en México es “insuficiente e inconsistente” —hay encuestas gubernamentales que “manejan una definición de empleo según la cual basta trabajar una hora a la semana para considerarse empleado”—, Julio Boltvinik asegura, con datos de SPP y la consultora Wharton, que entre 1982 y 1986 solamente se crearon 37,000 nuevos empleos remunerados Y si se toma en cuenta que la demanda anual se acerca a millón de empleos, es evidente el aceleramiento de los niveles de desempleo El número de mexicanos (52 y 39 millones, según dos fuentes oficiales distintas) que en 1986 no tenían empleo ni remuneración alguna es cuatro veces mayor que el que había en 1982
Para 1987 el autor no da cifras, pues revela que la información oficial respectiva siempre sale con más de un año de retraso Pero si se toma en cuenta que la pregonada recuperación económica de 1987 apenas se asoma, tímidamente, en estos últimos meses del año es previsible que los datos de empleo no sean muy halagüeños
De cualquier forma, la tasa de desempleo alcanzada en los primeros cuatro años (de entre 162% y 20% de la Población Económicamente Activa según las distintas fuentes, cifras equivalentes a cuatro millones de personas en desempleo abierto), es un nivel —dice Boltvinik— “muy alto para cualquier país y dramático para uno sin seguro de desempleo”
“Su impacto en la miseria —agrega— y el sufrimiento difícilmente puede ser descrito Tómese en cuenta que un trabajador desempleado no solamente pierde acceso al ingreso monetario, sino también a una parte sustancial del no monetario (prestaciones, transferencias, etcétera)”
En materia de salarios es donde el gobierno se ha visto implacable En su fallida lucha antiinflacionaria los ha desplomado a tal punto que en octubre pasado el salario mínimo era de apenas un poco más de la mitad del nivel que tenía en enero de 1982 Informa Boltvinik que los salarios mínimos reales alcanzaron su máximo histórico en 1976 y decrecieron lenta pero sostenidamente hasta 1981 y a partir de entonces empezaron un descenso muy acelerado
Coincide Armando Labra en su libro: el demérito de los salarios entre 1982 y 1986 es grave; cayeron -23% en el primer año, -262% en 1983, -50% en 1984 -13% en 1985 y -93% en 1986 Comenta que en la lógica de las autoridades la restricción del salario real induciría a una reducción sustantiva de la inflación Pero no ha sucedido así Peor aún, la tendencia alcista de los precios se recrudece cada vez más
En octubre, la inflación alcanzó tasas anualizadas y acumuladas sin precedente en la historia económica del país: 1092% y 1409%, respectivamente De enero de 1983 a octubre de 1987, la inflación, medida por el índice de precios al consumidor, se incrementó en 1,728%
Eso quiere decir, en términos llanos, que si un conjunto de bienes o servicios costó en enero de 1983, por ejemplo, unos mil pesos, para octubre de este año esos mismos bienes o servicios pudieron adquirirse con poco más de 18,000 pesos
Otra manera de apreciar lo que ha pasado en este sexenio con los salarios mínimos, dice Julio Boltvinik, es relacionándolos con el costo de las canastas de satisfactores básicos El actual gobierno queda mal parado: “en los últimos diez años, pero sobre todo en los últimos cuatro, los trabajadores de salario mínimo han perdido el equivalente del costo de transporte y comunicaciones, vestido y calzado, cultura y recreación, presentación personal y otras necesidades”
NI PARA COMER
Dice el especialista: “Si se hace el cálculo a agosto de 1987, el número de salarios mínimos requeridos para adquirir la CNSE (Canasta Normativa de Satisfactores esenciales para la familia promedio nacional, definida en 1982 por la ahora extinta Coplamar) se eleva a 35 y hasta 2 los necesarios para adquirir la CSM (Canasta Submínima, que incluye sólo los rubros de alimentación, educación, salud y vivienda), acercándose prácticamente a los niveles de 1963” Una regresión histórica en el ingreso de los trabajadores de casi 24 años, dice
Abunda el autor: “En agosto de 1987 el ingreso mínimo legal no permite adquirir la porción alimentaria (subrayados en el original) de la canasta La familia promedio con 143 perceptores de ingreso mínimo no podría adquirir la canasta submínima Es más, no puede sufragar siquiera los costos de alimentación y vivienda”
Una investigación reciente del Instituto Nacional del Consumidor tiene apreciaciones coincidentes Hizo un seguimiento, entre junio de 1985 y febrero de 1987, de la situación alimentaria de la población de bajos ingresos en el área metropolitana de la Ciudad de México y obtuvo estas conclusiones: “Los efectos de la crisis económica han repercutido de manera general en las condiciones de vida de la población estudiada, ya que sus ingresos se han visto reducidos y han tenido que incorporar un mayor número de miembros de la familia al mercado de trabajo para tratar de contrarrestar esta tendencia”
“De esta manera —agrega—, como consecuencia de la caída de los ingresos y de la competencia que ejercen renglones del gasto como transporte, salud y vivienda, el gasto en alimentos se ha reducido tanto como porcentaje del ingreso, así como en términos reales, de entre 14% y 30%, en los hogares estudiados”
Como consecuencia de ello, dice el INCO, se ha dado un proceso de sustitución de productos alimentarios Los que están perdiendo importancia son los productos de origen animal, en favor de los de origen vegetal El gasto en los primeros cayó entre 58% y 70%, en el período y estratos estudiados Los productos que han perdido importancia son las carnes de res, pollo y puerco, así como el atún, el chorizo, jamón y longaniza Han ganado importancia en ese gasto alimentario la tortilla, el pan blanco, la pasta para sopa, el frijol y algunas verduras y frutas
Los cinco años de inflación continua y ascendente y de atención prioritaria a los desequilibrios financieros, han causado estragos también en materia de vivienda y salud Informa el investigador Raúl Livas Vera que en la actualidad existen cerca de dos millones (17% del total) de familias sin vivienda; 69 millones de viviendas (47% del total) se encuentran hacinadas; tres millones están totalmente deterioradas y 83 millones carecen de agua potable, 54 no cuenta con drenaje y dos millones no tienen energía eléctrica
En materia de salud, señala Livas, se prevé para el período 1982-1983 un estancamiento —ya no un descenso, como ha sucedido en las últimas décadas— en la tasa de mortalidad, de 56 muertes por cada mil mexicanos en 1982 a 52 para 1988; del total de muertes registradas, aproximadamente el 33% se considera como evitable, es decir, atribuibles a causas como malnutrición, y más genéricamente a condiciones higiénicas precarias derivadas de un ingreso insuficiente y una mala educación
Todos esos datos, que dan cuenta de la evidente desproporción entre los altísimos costos sociales del programa de ajuste y los magros avances en materia económica, son resultado —dice Armando Labra— de la desvinculación entre beneficios y perjuicios de corto y largo plazo en las medidas de política económica Es decir, explica en su libro, cuando no se establece una relación directa entre la medida de corto plazo y su consecuencia positiva en el mediano y largo plazos, “lo más probable es que se logre un perjuicio redoblado a quienes soportan la medida del corto plazo y que, además, resentirán los efectos negativos en el futuro”
A este gobierno, sugiere Labra, le ha ganado la urgencia La atención a la mera coyuntura le ha restado alcances de miras En aras de un supuesto bienestar futuro se aplican políticas que concentran el ingreso y retraen la capacidad rectora del Estado; se sacrifica el salario real para combatir la inflación y se restringen importaciones a fin de menguar el déficit con el exterior Todo ello con la perspectiva de futuros beneficios Que de hecho, difícilmente se verán si se sigue por el mismo camino
Una de las políticas que empañan, dice el expresidente del Colegio Nacional de Economistas, la expectativa de un futuro mejor es la de deuda externa cuyo servicio ha llegado a niveles muy lesivos a la economía Y para ilustrar la magnitud de esa carga, pone dos ejemplos contundentes:
1) Al término de la Segunda Guerra Mundial, el monto de las reparaciones que debía pagar Alemania a los aliados ascendía a 5% del PIB Este adeudo fue cancelado (subrayado en el texto) por los países acreedores ya que ocasionaba la descapitalización de la economía alemana por ser excesivo (En 1986, dice Labra, el servicio de la deuda mexicana significaba alrededor del 9% del PIB)
2) El Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la Guerra sumaba 18,000 millones de dólares a ser aplicado en tres años “Un poco más de ese monto pagó México por servicio de la deuda sólo en 1985 Entre 1983 y 1986 desembolsamos 92,000 millones de dólares en pagos de capital e intereses de la deuda externa pública y privada Con todo, la deuda externa total en 1986 es de 103,100 millones de dólares”
No hace falta comentarios, sugiere Labra, Sobran Y más si se toma en cuenta que al concluir este año se habrán pagado más de 10,000 millones por servicio y la deuda total, aún así, seguirá creciendo