La especulación, en el timón de las finanzas

La especulación, en el timón de las finanzas
Desbordó al gobierno la inflación; la caída de la Bolsa lo empujó a la devaluación
Carlos Acosta
El presidente Miguel de la Madrid y sus estrategas económicos, incapaces ya de frenar la inflación y de crear un entorno económico de certidumbre y confianza, optaron por acudir al socorrido recurso de pulverizar aún más el valor de la moneda nacional para hacer de México un país todavía viable
El miércoles 18, con la tradicional y elegante forma de decir que el valor del peso poco importa —”el Banco de México se retira del mercado libre de cambios”— abandonaron el tipo de cambio libre a las “fuerzas del mercado”
Consecuencia inmediata de esa decisión, tomada apresuradamente por las autoridades para proteger las reservas y evitar la fuga de capitales, fue que al día siguiente se necesitaban poco más de 2,700 pesos para adquirir un dólar, mil más que el martes anterior Al inicio de la actual administración un dólar se compraba con 70 pesos la devaluación aproximada en los cinco años de este gobierno es, pues, de más de 3,750%
No hay precedente similar en ningún otro gobierno Esa devaluación es, inclusive, más elevada que la acumulada entre 1900 y principios de diciembre de 1982 En los dos gobiernos anteriores, cuando más ataques sufrió el peso, las devaluaciones fueron de 76% con Echeverría y de 250% con López Portillo (Cifras todas, en términos nominales, del Banco de México)
En el fondo de la decisión tomada el miércoles pasado se halla el desplome brutal de la Bolsa Mexicana de Valores El mercado accionario había perdido, entre el 7 de octubre y el martes 17 de noviembre, todas las ganancias acumuladas en los seis meses anteriores El Indice de Precios y Cotizaciones, que había llegado a un pico de 373,216 puntos el 6 de octubre, cayó dramáticamente hasta los 95,484 puntos el 17 de noviembre
Ello implicaba que ese último día el valor promedio nominal del mercado era apenas de 36% del que tenía el 6 de octubre En consecuencia, la ganancia neta entre principios de enero y el 17 de noviembre era de apenas 103%, cifra que, tomando en cuenta la inflación acumulada del 109%, daba un rendimiento real negativo El contraste con los rendimientos reales superiores al 500% que la Bolsa dio entre enero y principios de octubre era severo
La caída de la bolsa mexicana en esos 40 días no tiene parangón en la historia bursátil internacional de este siglo El precedente más conocido, la crisis del 29 en Wall Street, se quedó corto frente al crac mexicano En esa ocasión, al índice industrial Dow Jones perdió en tres años, entre 1929 y 1932, el 90% de su valor Aquí, en sólo cinco semanas, el índice perdió el 70%
El derrumbe bursátil y la continua baja —persistente durante seis meses— en las tasas de interés bancarias, provocaron una estampida de inversionistas y ahorradores, que huyeron en masa de los centros de ahorro e inversión institucionales y se refugiaron, como era previsible, en la divisa estadounidense
Las autoridades ya habían detectado una demanda creciente de dólares y así lo sugieren en la exposición de motivos del programa económico para 1988 Sin embargo, la caída vertical de la bolsa aceleró la demanda de dólares y dio un fuerte impulso a la fuga de capitales Estimaciones oficiales, no públicas, señalan que las reservas del Banco de México ya habían perdido entre 2,000 y 2,500 millones de dólares, que amenazaban desequilibrar el mercado cambiario
La respuesta, pues, fue el retiro del Banco de México, principal surtidor de dólares, del mercado libre de cambios para no seguir financiando la creciente dolarización, impulsada fuertemente en los últimos días por los intermediarios bursátiles en respuesta a la decisión gubernamental de no colaborar con ellos en el rescate de la bolsa
En la lógica de las autoridades priva la idea de que el encarecimiento del dólar, sin oferta institucional, desalienta su demanda, y ello, junto con el incremento fuerte en los rendimientos de Cetes y depósitos bancarios —superiores al 100%—, el ahorro y la inversión dentro del país, en instrumentos institucionales, volverían a ser la mejor opción para defenderse de los estragos que causa la inflación en los patrimonios familiares o en las ganancias espectaculares a que estaban acostumbrados los que viven de la especulación financiera
NO HAY PROBLEMA
La devaluación drástica del peso en el mercado libre de cambios y las medidas que le acompañan —el enardecimiento del dinero para fines productivos, efecto del alza en las tasas de interés—, parecen no inquietar mucho a las autoridades En su comparecencia del jueves 19 ante la Cámara de Diputados, el secretario de Hacienda, Gustavo Petricioli, repitió los argumentos que siempre se han esgrimido cuando el gobierno opta por devaluar Dijo que no hay mayor problema, pues las divisas que se manejan en el mercado libre apenas representan 20% del total El resto está sujeto al mercado controlado por el gobierno, que es donde están las divisas que se usan para las operaciones de comercio exterior y para cumplir con las obligaciones financieras externas, entre otros renglones
Sin embargo, las experiencias habidas en este sexenio muestran que aunque es reducido el monto de dólares que se negocia en el mercado libre, es suficiente para desquiciar el mercado de cambios y causar mayores desequilibrios en las finanzas públicas La gente, la que puede hacerlo, ante la incertidumbre en el rumbo económico, compra dólares al precio que sea La demanda excesiva de esa divisa, sin la correspondiente respuesta oferente gubernamental, siempre ha jalado al alza al tipo de cambio controlado Y el incremento de éste tiene sus efectos obvios: se encarecen las importaciones, se inhibe su acceso, se incrementan los costos de producción, se desalienta la actividad económica y todo se traduce, finalmente, en mayores precios para productores y todavía más altos para los consumidores Al tiempo, se encarece el servicio de la deuda externa; esto presiona sobre el déficit público, lo que obliga a reducir el crecimiento del gasto y a incrementar precios y tarifas del sector público
Esto, sin embargo, no ha preocupado mayor cosa a las autoridades Con la política devaluatoria han querido, a costa de volcar todo el esfuerzo productivo nacional al exterior, obtener mayores ingresos por la vía de abaratar las mercancías mexicanas en el exterior, de tal suerte que con un amplio superávit comercial se tengan los recursos suficientes para hacer frente a los compromisos financieros externos
De hecho, la política cambiaria de esta administración se ha movido en torno de una idea persistente: que la flexibilidad (“realismo”) en le tipo de cambio y el libre juego de la oferta y la demanda van a hacer competitivas las explotaciones mexicanas y a eliminar la especulación El realismo cambiario de los conductores de la economía se ha ejercido sin contemplaciones desde el inicio de la administración Esta recibió el tipo de cambio a una paridad de 70 pesos por dólar y al 31 de diciembre de 1982, es decir, al término del primer mes de gobierno ya estaba en casi 150 pesos por dólar, 110% de devaluación
A partir de ese golpe severo contra el peso se plantearon tres objetivos de política cambiaria: lograr un tipo de cambio único y “realista” a fines de 83 y principios de 84; mantener un tipo subvaluado, que fomentara explotaciones y redujera las importaciones, y lograr la soberanía del mercado cambiario (perdida por las escandalosas especulaciones y fuga que se dieron en los últimos meses del gobierno anterior) y que era concebida, esa soberanía, como la capacidad de las autoridades de mantener la demanda especulativa, reduciéndola, dentro de los círculos oficiales
Los resultados fueron estos: en 83 no se logra el tipo de cambio único Se introduce el deslizamiento diario con el fin de contribuir a desacelerar el ritmo inflacionario y de mantener un tipo subvaluado que favoreciera las exportaciones Ese desliz se fija en 13 centavos diarios a fines de septiembre de 1983 En 84 se pierde la subdevaluación y desde diciembre empezó a deslizarse 17 centavos diarios Sin embargo, la inflación no cede lo que esperaban las autoridades e, inclusive, el tipo controlado llega a sobrevaluarse A principios de 85 el dólar empieza a “sentirse” barato y se aumenta el desliz a 21 centavos diarios desde marzo
CARRERA SIN FIN
El repunte inflacionario en el primer semestre de ese año y la devaluación insuficiente del dólar empezaron a generar demandas especulativas crecientes, que se aceleran con los insistentes anuncios gubernamentales de establecer un tipo de cambio realista Todo mundo intuía que el dólar subiría y hubo un vuelco casi masivo en su búsqueda Se desata una copiosa especulación que deteriora severamente el propósito de soberanía monetaria
Las autoridades, en lugar de aplicar un control de cambios que racionalizara el uso de las escasas divisas que había, optan por institucionalizar y financiar la especulación, que ya desde fines de junio se veía irrefrenable y tenía desquiciado el mercado cambiario Autorizan la apertura de casas de cambio bancarias con el fin de combatir los movimientos especulativos anárquicos y desenfrenados, impulsados por las casas de cambio privadas El resultado de esa acción fue una especulación aún mayor, de tales proporciones que a fines de julio el gobierno no tuvo otra que devaluar drásticamente el tipo controlado —lo hizo en 20%— para reducir la brecha que lo separaba del libre, al que la especulación había hecho incrementarse, en un mes, en 50%
La experiencia de esos tres primeros años mostró lo que con la devaluación de la semana pasada se quiere negar: que la política cambiaria corría detrás de las fuerzas especulativas que en un principio se querían controlar Si en 83 y 84 no hubo devaluaciones sustanciales, como tampoco se lograron los objetivos de desaceleramiento inflacionario, en 85, ya vista la inoperancia del deslizamiento gradual, se instituyó el sistema de “flotación regulada” que devaluó en 114% el tipo libre y en 93% el controlado Ese mismo sistema que respondía a la plena libertad cambiaria que exigía la iniciativa privada y al propósito gubernamental de incrementar exportaciones a costa de pulverizar el valor del peso, provocó una devaluación, a lo largo de 1986, de 106% en el tipo libre y de 149% en el controlado
En este año, en materia cambiaria han permanecido los mismos propósitos —fundamentalmente, abaratar las mercancías de exportación y desalentar la especulación encareciendo el dólar
Pero en septiembre ya se había rebasado la meta original de tener una paridad de 1,500 pesos por dólar para fin de año Antes de la devaluación del miércoles 18, el tipo libre llevaba una devaluación de 86% y el controlado, de 84% Con el ajuste de ese día y la cotización aproximada que alcanzó al día siguiente, la devaluación del libre alcanzó, en lo que va del año 195% El controlado, por disposición de las autoridades, “no se movió” Por ahora
Lo cierto es que nada garantiza que el repunte que vaya a tener la cotización del dólar libre, así sea transitoria, no jale al controlado Y entonces sí, los márgenes de maniobra para el manejo de la política económica habrán de estrecharse aún más de lo que están De momento, no se puede desconocer que el impacto sobre las expectativas inflacionarias empezarán a observarse en esta misma semana la experiencia ha indicado que luego de las devaluaciones bruscas, productores y comerciantes no tarden mucho en aumentar los precios
Si al impacto posdevaluatorio se agrega el propósito gubernamental de ajustar en breve sus precios y tarifas —el más inminente es el alza a las gasolinas— no hay duda que el impacto en la inflación llevará a ésta a niveles sin precedente De por sí hay ya una suerte de resignación entre las autoridades ante la franca y escandalosa derrota que han tenido este año, como en los anteriores, frente a la inflación El pronóstico original para 1987 indicaba una inflación de entre 70 y 80% en el año Desde los primeros meses se hizo una corrección y se estimaba en 115% El más reciente pronóstico, dado a conocer en los Criterios Generales de Política Económica para 1988, ubicaba la inflación al término de 1987 en 140% Hasta octubre, en que se registró una tasa de 83%, la inflación acumulada en el año era de 1092%, y anualizada de octubre 86 a octubre 87, de 1409% Cifras sin precedente en la historia económica nacional Las cosas no paran allí Estimaciones oficiales ubican la inflación de noviembre y diciembre entre 10 y 12% El pronóstico de 95% de inflación para 1988 nadie, ni el gobierno, lo cree
CONTRA LA INFLACION, SIN ARMAS
La historia se repite Si en los dos primeros años el gobierno no pudo detener la marcha ascendente de los precios, a partir del tercero el repunte ha sido vertical: 637% en 1985; 1057% en 1986 y, por lo menos, 140% para este Muy lejos quedaron los pronósticos originales: 35% para 85; 45-50% para 86 y 70-80 para 87
Para el combate a la inflación, el gobierno ha hecho de todo Ha dado todas las explicaciones e interpretaciones sobre sus causas y efectos Claro, desde su perspectiva Alternativas propuestas fuera del ámbito gubernamental nunca han querido ser tomadas en cuenta Fallaron todas las soluciones que se han imaginado y aplicado
En función de la interpretación más socorrida —que factores de demanda y de costos tienen en permanente alza los precios— se hizo hasta lo indecible: persistentes recortes presupuestales, desaparición de dependencias públicas, venta de paraestatales, manejo flexible de tasas de interés, congelación de créditos, subvaluación radical de la paridad peso-dólar, ajustes drásticos a precios y tarifas públicos y, fundamentalmente, una reducción radical de los salarios reales
Abatidos ya todos los factores de demanda y de costos, la inflación, sin embargo, ha repuntado aceleradamente Este año ha sido evidente la sorpresa y el desconcierto de los diseñadores de la políticas económica por la rebeldía que ha mostrado la inflación Han recurrido, inclusive, a una inesperada congelación de las reservas y del dinero fresco que ha llegado del exterior, en momentos en que la economía está urgida de una inyección decidida de recursos La planta productiva trabaja a menos del 50% de su capacidad y el deterioro de la misma es evidente, pues el gasto en mantenimiento, que es parte de la inversión, se ha reducido drásticamente en estos años
Por otra parte, se han abierto las fronteras, casi de par en par, para el ingreso franco de las mercancías del exterior con el fin de abatir las expectativas alcistas de los productores nacionales También se ha llamado a la concertación con las cúpulas empresariales y la dirigencia del movimiento obrero organizado para actuar, todos, contra la inflación
Todo ha resultado infructuoso
Lo único que ha quedado es un gravísimo costo social que es ya, a un año de que concluya, la herencia del actual gobierno
—El salario mínimo real actual es hoy la mitad de lo que fue hace cinco años La mejora salarial que hubo entre 1971 y 1981 se perdió totalmente en los tres primeros años de lucha antiinflacionaria
—El desempleo abierto se incremento en 50% en los últimos cinco años En éstos se crearon solamente 37,000 nuevos empleos remunerados La tasa de desempleo, de entre 16 y 20 —según distintas fuentes oficiales— es no sólo altísima sino dramática ante una demanda anual de casi un millón de empleos
Las propias autoridades del sector salud señalan que son ya preocupantes, los niveles de desnutrición y malnutrición que hay entre las mayorías de la población; hay reducción en el consumo de alimentos ricos en proteínas, como la carne, cuyo consumo cayó en el sexenio en 60%
Y la inflación sigue al alza