INOCENCIA PROVINCIANA

INOCENCIA PROVINCIANA
Señor director:
Mucho le agradecer, se sirva publicar la presente en respuesta al artículo del señor Víctor Manuel Oropeza publicado en el número 561 de Proceso
Entiendo que en círculos de poca sensibilidad e inteligencia del interior de la República se hable del “chilanguismo” con una supuesta reputación a una figura política como Heberto Castillo Quisiera tan sólo proponer ciertos temas de reflexión al señor Oropeza y a los fascistas caza chilangos como él: ¿ha visto usted en ciudades del interior de la República, especialmente del norte, los tropeles de mendicantes y desamparados que se ven en la ciudad de México? ¿cree usted que esa situación tiene algo que ver con la virtual extradición de la pobreza desde el interior hacia la ciudad de México? ¿considera usted injusto el subsidio del transporte colectivo a las masas de miserables que diariamente recibe nuestra ciudad? ¿Sabe usted que en la zona metropolitana se encuentra más del 50% de la actividad del País? ¿se ha informado usted del porcentaje de la recaudación fiscal nacional que representa la zona metropolitana? ¿sabía usted del enorme subsidio de la Federación hacia los grandes terratenientes, agricultores y ganaderos que prácticamente están exentos de impuestos a pesar de que detentan las más impresionantes fortunas?
Me pregunto, ¿que hace en Proceso una afirmación como la de que los chilangos somos culpables del endeudamiento de la Nación? En una refutación burda bastaría con mostrar la estadística de cuántos presidentes de la República han nacido en el DF, y cuántos en provincia Siendo un poco más serios propondría al señor Oropeza un estudio respecto de la proporción de chilangos y provincianos sacadólares; yendo ya al fondo del asunto no encuentro otra justificación para ese razonamiento que la ubicación geográfica del Palacio Nacional ¡No sabe usted, señor Oropeza, con qué gusto cederíamos los chilangos ese honor a la provincia!
No se trata tampoco de voltear la sartén en un juego maniqueísta; es claro para los que conocemos el sentir de ambos “lados” que el centralismo ha creado resentimientos en el interior del país, pero los daños que ha causado a los que aquí vivimos son igualmente claros ¡Por favor, señor Oropeza, seamos serios! Yo pensaba que tales sentimientos de inocencia provinciana violada sobrevivían sólo en algunos estratos retrógradas de nuestro país; para que se acerque usted un poco más hacia la realidad le invito a indagar si entre los “chilangos” subsiste aquel viejo y estúpido sentimiento de superioridad; hemos sido duramente golpeados y hemos aprendido, aunque por lo que veo, no siempre estamos correspondidos
Ya cuando leo al final de sus catarsis, señor Oropeza, que se propone usted “chihuahuizar” a México se me confirma lo que venía sintiendo a lo largo de mi involuntaria intervención como lector-siquiatra; a usted le importa un bledo la democracia, lo que le interesa es el poder —y sin conocerlo, juro saber más o menos dónde radica y con quiénes se junta
Atentamente
Enrique Gómez Haro
México, DF