Escaldado, el gobierno prefiere no hacer más planes

Escaldado, el gobierno prefiere no hacer más planes
Ante la rebelde inflación se opta por divisas y posponer la recuperación
Carlos Acosta
Hoy no es la ausencia de divisas la causa principal de los males nacionales Ya hay dinero Sin embargo, a pesar de contar con las reservas más altas de la historia, con un gran incremento en las exportaciones manufactureras, con la certeza de un aumento sostenido en los precios petroleros y con la repatriación constante de capitales fugados, el gobierno no encuentra la forma de mover la economía y a abatir la inflación
El año pasado la reticencia del exterior para facilitar recursos al país y la incapacidad de generarlos internamente, mantuvieron a las autoridades en la zozobra y la desesperación Este año están, ya entrado el segundo semestre, en las mismas condiciones, no obstante que el dinero prácticamente sobra El nerviosismo y la angustia imperan en las filas del gobierno Se llegó al punto, dentro del gabinete económico en particular, de reconocer que de nueva cuenta la estrategia económica seguida no ha resultado del todo eficaz
Desde principios de este mes se han estado presentando al gabinete, y ante el presidente, propuestas diversas sobre qué rumbo tomar para cambiar, ahora sí, el panorama económico nacional que, con una reserva —congelada— de 15,000 millones de dólares, enfrenta los problemas que son ya carta de identificación del actual gobierno: inflación desbocada, desempleo masivo, desperdicio de la capacidad productiva del país, desequilibrio en las finanzas públicas, estancamiento económico permanente, desinversión y especulación financiera
Perdida la batalla contra la inflación, “prioridad número uno de la estrategia económica”, y reconocida la imposibilidad de alcanzar las metas propuestas, las autoridades no ven la forma de enderezar el barco, aunque intentos hacen En efecto, el secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, estratega económico del gobierno y en la práctica jefe de las finanzas nacionales, se vio en la necesidad —apurado ahora por su condición de “posible”— de proponer un paquete de medidas económicas para enfrentar la escurridiza inflación que, en los cuatro años y medio que lleva esta administración, ha demostrado ser inmune a las recetas diseñadas en las oficinas del propio secretario
Propuso Carlos Salinas de Gortari un paquete integral de medidas —que incluía, entre otras, rezagar precios y tarifas del sector público, abrir más la economía al comercio exterior, no mover las tasas de interés, reducir el desliz cambiario y someter el gasto público a un nuevo ajuste para detener la marcha vertiginosamente ascendente de la inflación
La propuesta del secretario era el reconocimiento implícito del fracaso de la política antiinflacionaria, no obstante que él y sus voceros insisten pública y permanentemente en lo contrario
El paquete de medidas que sugería el funcionario se justificaba Los incrementos en precios y tarifas públicos, en algunos casos con virtual indexación, decididos sin ritmo y apego a lo programado, desencadenan alzas desproporcionadas en los demás bienes El desliz cambiario, que se da a un ritmo mayor que el de la inflación, ha venido generando mayores presiones inflacionarias: aumenta los costos de los bienes importados y alimenta las expectativas al alza La apertura comercial es, según el secretario, insuficiente aún para darle competitividad a los productos nacionales y para desalentar que los precios de los bienes internos se incrementen desproporcionadamente Un mayor gasto del sector público, así sea ineludible por efecto de la inflación, es también, según el secretario, factor que impulsa al alza de los precios
EL GABINETE A LA GREÑA
En fin, pues, su paquete integral de medidas antiinflacionarias era plenamente, desde su concepción económica, justificada Y urgente: la inflación en el primer semestre del año rebasó todas las expectativas —72% en junio; 549% acumulada desde diciembre de 1986, y 1267% de junio a junio—, a grado tal que es prácticamente imposible llegar a fines de año con una tasa inferior al 1057% registrada el año pasado El pronóstico más reciente de las autoridades ubicaba la inflación para 1987 en 85%
Al secretario, entonces, le urgía que se aceptara su propuesta No detener el ritmo acelerado de la inflación significa un mayor descrédito, no sólo para él como instrumentador de la política económica, sino también para el responsable directo de la misma, el presidente De la Madrid
Pero el paquete antiinflacionario, como tal, fue rechazado Estuvo sometido a discusión en el gabinete económico y encontró fuerte oposición: se dudó de su viabilidad y de la pertinencia política de implantarlo, como estaba concebido, en estos momentos
Varios puntos de la propuesta de Salinas levantaron ámpula en el gabinete y suscitaron verdadero encono de varios funcionarios Pedía, por ejemplo, que todas las entidades del sector público se apegaran estrictamente a sus presupuestos originalmente programados Esto, según los opositores, es tanto como apostar a un mayor estancamiento, peor aún ahora que el PIB sigue cayendo: el conjunto de la actividad económica se redujo 16% en el primer trimestre, según el Banco de México Señaladamente Francisco Rojas, de Pemex, y Fernando Hiriart, de la Comisión Federal de Electricidad, impugnaron la propuesta restrictiva del gasto de Salinas Argumentaron que si sus gastos se presupuestaron considerando una inflación de casi 30 puntos inferior a la existente, era imposible no modificar sus presupuestos nominales
Hacer caso de la propuesta, dijeron, sería tanto como parar definitivamente la inversión, reducir a la nada el gasto programable, lo cual en otros términos equivale a parar proyectos, detener buena parte de la capacidad instalada y despedir a parte del personal
Por otra parte, se le hizo ver a Salinas que su paquete de medidas exigía una mayor concertación con el sector privado, que ahorita está muy susceptible y exige claridad y definición gubernamental en materia económica Convinieron en que es difícil ahora convencerlo de las bondades de un nuevo paquete de medidas económicas, y más aún cuando algunas de ellas afectan directamente a sus intereses, como el desliz cambiario y el control de precios
Además, se aceptó en el gabinete que implantar un nuevo paquete de medidas sería interpretado por los empresarios como una falta de certidumbre del gobierno respecto del rumbo de la economía, además de que evidenciaría el poco control que se tiene sobre la misma Y eso, obviamente, generaría desconfianza, con sus efectos consabidos: menor inversión privada, más especulación, nula solidaridad, mayor fuga de capitales
El rechazo a la implantación de un nuevo paquete de medidas económicas no vino solamente de miembros del gabinete y demás funcionarios públicos Tampoco el presidente aceptó la idea Si ya dentro del gabinete la propuesta de Salinas generaba disputas y desacuerdos, no había razón para suponer que por fuera no sucediera lo mismo
El presidente, por otra parte, fue muy claro en advertir sobre los riesgos políticos que conllevarían el anuncio y la aplicación, en estos momentos cargados de inquietudes políticas, de un nuevo programa económico, así fuera que no trajera novedades en sus contenidos Es decir, si la administración no ha quedado bien parada con los distintos programas económicos del gobierno (señaladamente PIRE y PAC), no tiene sentido correr el riesgo político de que, si no se cumplen los objetivos de la nueva propuesta, se caiga en un nuevo y mayor descrédito y se lastime todavía más la imagen presidencial
El rechazo presidencial al paquete de Salinas no impidió que se diera salida a una de las medidas allí previstas: la apertura comercial y la racionalización de la protección a la industria nacional —medida iniciada y alentada desde el principio de la administración el secretario de Comercio, Héctor Hernández—, como parte importante de la estrategia antiinflacionaria del gobierno
La apertura comercial casi total, como instrumento antiinflacionario, fue anunciada el lunes 20 por la Secofi y descansa en la idea de que al derogar precios oficiales de importación y eliminar el permiso previo a las importaciones, los productores y comerciantes nacionales “se abstengan de fijar precios elevados con base en expectativas inflacionarias exageradas”
ANTE LAS ALZAS EL DESCONCIERTO
Ese planteamiento, sin embargo, no goza de cabal aceptación ni dentro ni fuera del gabinete Se duda de su efectividad Además de que pone en riesgo a buena parte de la planta productiva nacional, orientada tradicionalmente al mercado interno, no tiene un efecto antiinflacionario en el corto plazo, en virtud de que deslizamiento y alza de precios corren a ritmos cada vez más dispares Por otra parte, ni en la exposición de motivos ni en las explicaciones oficiales subsecuentes del programa de apertura se hace referencia al control de los márgenes de intermediación, elemento clave para disminuir efectivamente las presiones inflacionarias
Descartadas las medidas de Salinas de Gortari y cuestionada la efectividad antiinflacionaria de la apertura comercial, las autoridades no ven más opción que centrar su política contra la inflación en el congelamiento de las abultadas reservas Opción que, sin embargo, revela las dificultades del gobierno para controlar el alza desmesurada de los precios
En efecto, el repunte de la inflación tiene, a cinco meses de que concluya el año, sorprendidos a los diseñadores de la estrategia económica Si ya están abatidos los factores de demanda y de costo (el tipo de cambio está subvaluado, las tasas de interés se mueven a la baja, los salarios están reprimidos), la razón del aceleramiento de la inflación está en los elementos inerciales Es decir, si una inflación se mantiene elevada durante largo tiempo, tiende a reproducirse por inercia, “aun cuando la política fiscal sea restrictiva y la política monetaria neutra”, señaló recientemente el subsecretario de Programación, Pedro Aspe
De momento, pues, las autoridades no ven más salida para evitar que se eleve la inflación que mantener congeladas las reservas, así sea a costa de negar a la actividad económica la necesaria inyección de recursos para iniciar la recuperación que tanto se anuncia
De hecho, el congelamiento de las reservas resulta un contrasentido, no sólo por incongruente, toda vez que durante dos años se padeció y luchó afanosamente para recibir recursos del exterior, sino porque se decide ahora el congelamiento —que gran parte de la planta productiva nacional está ociosa, la inversión productiva es totalmente insuficiente, los salarios se encuentran reprimidos y en niveles de hace 22 años y el desempleo abierto supera el 12% de la población económicamente activa, según los últimos datos de la Cepal
La apuesta, pues es clara: el gobierno prefiere inflación con estancamiento