“Degradante para la ciudadanía dañino para la nación”

“Degradante para la ciudadanía dañino para la nación”
Para Muñoz Ledo, desnudar el dedazo fue “parricidio político”
Elías Chávez
Sin decidirse a dar nombres, Porfirio Muñoz Ledo culpa a los “responsables de la historia reciente” de haber entregado la plaza a los detractores del PRI y del sistema político mexicano
Esos responsables, “parricidas políticos” según tesis de Muñoz Ledo, degradaron a la ciudadanía, desacreditaron a las instituciones y dañaron a la nación, cuando, en el sexenio pasado, contribuyeron a la “desnudez creciente del dedazo”
Según Muñoz Ledo, los “responsables de la historia reciente –término que usa para no llamar por su nombre a Luis Echeverría y a José López Portillo–, ejercieron una filosofía patrimonialista del poder” y decidieron su respectiva sucesión presidencial como si se tratara de una “decisión testamentaria”
Todos estos agravios a la ciudadanía, a las instituciones y a la nación fueron cometidos, explica Muñoz Ledo, por “la seducción que sobre la psicología de los gobernantes ejerce la preservación de un poder intacto en términos operativos, frente a la inminencia de la muerte en términos políticos”
En un ensayo de 29 cuartillas, México 1988: desafíos y alternativas, que es la aportación del exlíder del PRI al libro La sucesión presidencial en 1988, de Abraham Nuncio, en preparación, Muñoz Ledo asegura que los enemigos por vencer, en la lucha por la democratización del país”, “se atrincheran tras la persistencia de atavismos, a los que alimentan con las miserias de la complicidad y del provecho lacayo”
Y él, con el típico atavismo priísta de recurrir al lenguaje críptico y de no mencionar a las personas por su nombre, afirma:
“Degradante para la ciudadanía, dañino para la nación y corrosivo para el propio sistema ha sido la desnudez creciente del ‘dedazo’, que –a contrapelo de su intención– no ha sido fuente de filiación ideológica, o de continuidad programática sino de parricidio político, y, por ende, del descrédito en que han caído las instituciones Algunos responsables de la historia reciente se han esmerado, por su autoafirmación tardía, en revelar la trama íntima de ciertos procesos políticos y el carácter personal de decisiones que corresponden al Partido, con lo que han entregado la plaza a sus detractores, tornando en verosímiles las peores caricaturas del sistema y en creíbles los argumentos panfletarios enderezados en su contra”
A falta de nombres de los “responsables de la historia reciente”, los hechos demuestran que José López Portillo es quien inició la “desnudez creciente del dedazo”
PRIMERO, LOPEZ PORTILLO
El 3 de diciembre de 1980, el entonces presidente López Portillo dio una conferencia de prensa en la que le preguntaron:
“Su secretario particular (Roberto Casillas, actualmente senador por Aguascalientes) dijo que en México el presidente designa a su sucesor ¿es cierto?”
López Portillo respondió:
“Si el Partido Revolucionario Institucional le otorga voto de calidad al presidente de la República, porque es el más fiel y aquí aparecería lo que yo llamo la teoría del fiel del partido, que es el presidente de la República, pues, muy su derecho para fijarse ese sistema de toma de decisiones ¿A qué llamo yo el fiel del partido, al presidente de la República? El presidente de la República es el fiel del partido, el más fiel de los partidarios del partido, porque es el que ya no tiene ambiciones políticas, porque como no puede reelegirse, es el que más objetivamente puede ver el proceso de selección de candidato dentro del partido, por un lado Por otro, el presidente de la República, dentro del partido, es el fiel de la balanza: al analizar los prospectos va captando intereses, fuerzas, opiniones, circunstancias de todos quiénes representando a los sectores, constituyen el proceso para ir señalando e inclinándose hacia el que considera más idóneo”
Cuatro meses después –7 de abril de 1981–, otro de los “responsables de la historia reciente”, Luis Echeverría, en un acto de “autoafirmación tardía”, culminó la “desnudez del dedazo” En un texto autobiográfico, publicado por El Universal como entrevista, el expresidente reveló:
DISCRETISIMO DEDAZO
“No tuve dudas, en el momento decisivo, sobre quién sería mi sucesor Estaba consciente de que el principal problema del país era el financiero y que, obviamente, correspondería enfrentarlo a mi secretario de Hacienda, quien había compartido conmigo los ataques de una iniciativa privada reaccionaria y obtusa, que no vacilaba en colocar sus fondos en el exterior, en su afán de doblegarme
“Pero sí tuve un secreto que guardé celosamente y que sólo revelé al interesado cuatro meses antes de que se diera a conocer públicamente quién sería el nuevo presidente
“El 11 de abril de 1975, el secretario de Recursos Hidráulicos, Leandro Rovirosa Wade, estando en el ejido La Nopalera, en Morelos, alegremente, con ese tropical carácter de los tabasqueños, ‘candidateó’ a Mario Moya Palencia, Hugo Cervantes del Río, Porfirio Muñoz Ledo, Augusto Gómez Villanueva, Carlos Gálvez Betancourt y José López Portillo Este, que era el último de la lista, supo en los primeros días de junio quién sería el siguiente Primer Magistrado Yo personalmente le di a conocer la resolución, en discretísimo coloquio”
Secretario del Trabajo con Luis Echeverría, precandidato a la Presidencia de la República y líder del PRI durante la campaña electoral de López Portillo, Muñoz Ledo tiene conocimiento de causa para afirmar que en su partido no se acatan las normas democráticas para la postulación de candidatos:
“El partido mayoritario –dice en su ensayo, publicado, como adelanto, el miércoles 1o en La Jornada– ha consagrado, en sucesivos decantamientos, normas democráticas para la postulación de candidatos a puestos de elección popular Ellas rigen, naturalmente, el proceso de nominación de candidato a la Presidencia de la República; pero en ese nivel se desacatan más ostensiblemente que en ningún otro La seducción que sobre la psicología de los gobernantes ejerce la preservación de un poder intacto en términos operativos, frente a la inminencia de la muerte en términos políticos, suele aferrarlos al prurito de una decisión testamentaria Con ello ejemplifican una filosofía patrimonialista del poder, en tanto ‘ultima ratio’ y lastre fundamental del subdesarrollo político”
Después de denunciar a los “responsables de la historia reciente” que desnudaron al dedazo y al sistema, Muñoz Ledo, dirigente de la Corriente Democrática, clama:
“Desmentir con hechos irrefutables a nuestros impugnadores –de dentro y de fuera–, restaurar la decencia política, recuperar la confianza pública y ofrecer un horizonte de dignidad a las nuevas generaciones, es el deber que se impone a los depositarios de nuestra herencia histórica Fallar en esta coyuntura o cerrar las puertas a una demanda abrumadora de la conciencia cívica, sería sacrificar, en aras de la comodidad inmediata o de una insostenible autarquía burocrática, la oportunidad irrepetible que el Ejecutivo tiene de ser congruente con sus propias tesis y de situarse, por encima de las camarillas y de las presiones, a la altura de su Mandato”
Siempre con lenguaje priísta, críptico, Muñoz Ledo advierte que la conducción del proceso electoral, conforme a rutinas obsoletas y procedimientos viciados, “plantea nada menos que una sucesión de corte dinástico”
Ante ese riesgo, el recién “condenado y rechazado” –junto con Cuauhtémoc Cárdenas– por la Comisión Nacional de Coordinación Política del PRI, advierte:
“Es preciso evitar, a toda costa, que el relevo de poder se consume a espaldas y en contra de los sectores mayoritarios Habría enseguida que promover en todos los ámbitos una acrecida participación democrática Erradicar el sometimiento indebido y la sinrazón de la fuerza en nuestra vida comunitaria”
Y aunque tampoco menciona por su nombre a Jorge de la Vega Domínguez, líder del PRI, Muñoz Ledo le dedica estas frases:
“No (debemos) aceptar, en modo alguno, que las reglas no escritas se sobrepongan al ejercicio de nuestros derechos El autoritarismo no es sino el rostro duro de nuestro propio desistimiento; la ocupación implacable de los espacios que corresponden a nuestra libertad”