EL PROCESO DE FUSION, ENEMIGO DE LA UNIDAD

EL PROCESO DE FUSION, ENEMIGO DE LA UNIDAD
Señor director:
La urgente unidad de la izquierda mexicana ¿pasa necesariamente por el actual proceso de fusión que, contra las declaraciones cupulares, será presentado a las bases no para su discusión sino para su refrendo en los respectivos congresos? O, por el contrario, ¿el actual proceso de fusión llevará, a mediano plazo, a una pulverización aún mayor, a un desencuentro profundo, a fracturas tan difíciles de soldar como las que se vienen padeciendo en las últimas décadas?
Las respuestas a ambas preguntas —que deberían estar en el centro de una muy amplia discusión— fundamentan dos posiciones encontradas: a favor de la fusión y en contra de ella La primera es ampliamente conocida, por cuanto corresponde a las cúpulas partidarias y ha sido ampliamente argumentada por Heberto Castillo en las páginas de Proceso; mientras que la segunda apenas comienza a aflorar Quiénes nos hemos manifestado contra la fusión hemos respondido que la unidad de la izquierda no pasa por el actual proceso de fusión y que éste, por sus características, es anuncio de la pulverización
Estoy convencido de que estas últimas respuestas son compartidas por muchos más militantes que cuantos las hemos expresado Al fin de cuentas, existe el temor a pasar por sectario —recientemente se nos ha llamado “inquisidores”, la peor profesión a la que pudiera dedicarse quien esto escribe—, o por emisario del pasado, o por antiunitario; sin embargo, cuando la discusión sea cosa de todos y no de unos cuantos, quedará claro que no tiene por qué estarse contra la unidad cuando se está contra la fusión y que la viceversa resulta cada vez más probable
Habría que partir de la última fusión de todos conocida, la del PSUM, y de cinco tediosos años de grilla interna, de espaldas al país, con un 40 por ciento de escisiones irrecuperables, con un centralismo concertador que nada tiene que ver con fusión auténtica, con un profundo desgaste en los cuadros de dirección y con el alejamiento masivo de una militancia sin vela en el entierro
A estas experiencias, angustiosas de tan actuales, se suman diferencias fundamentales ante la política, la sociedad y el Estado que se han manifestado con toda claridad en el conflicto de la UNAM pero que no se agotan en él Posiciones diferentes, que, aun cuando todas sean respetables, no todas son “concertables”
A fuerza de ser sinceros: ¿no resulta más fácil llegar a posiciones unitarias cuando cada quien conserva su propio perfil —al que cada quien tiene inalienable derecho— en lugar de hace acuerdos malabares, documentos pegados con diurex, declaraciones concertadas a regañadientes, mientras el respeto al derecho ajeno conlleva renuncias forzadas al propio derecho?
Este problema de la fusión es también el problema de los distintos partidos y deberán hacerle frente, no diferir la discusión, no heredárselo a un nuevo organismo partidario y mucho menos maquillarlo ante la opinión pública con declaraciones de buena intención La experiencia del PSUM demostró que no fue sólo un problema de los organismos que lo conformaron, también lo fue de las corrientes que en su momento conformaron a esos organismos Y como este último problema fue diferido, se le heredó al PSUM, se acentuó con nuevas corrientes y ahora se pretende heredarlo a su vez hasta formar una masa informe de cuestiones diferidas que llevarán, por necesidad, a la ruptura y a la consecuente pulverización
No se trata, pues, de una vuelta al pasado ni de un reacomodo de las sectas Se trata de buscar la unidad en la fundamental pero sin negociar lo fundamental, de cumplir las etapas de una discusión que no se ha dado y de resolver los problemas de los partidos “fusionantes” antes de aventárselos, como papa caliente, a un recién nacido
Creo sinceramente que este proceso de fusión es un serio enemigo de la unidad real y que la intolerancia y la inquisición auténticas —aun disfrazadas de promesas pluralistas— crecen en relación directa con la fragilidad de un equilibrio apenas sostenido por la concertación cupular
Por otra parte —y aquí quiero referirme explícitamente al último artículo de Heberto Castillo—, la constitución de un frente amplio no ha recibido una seria argumentación en contra El artículo de Heberto Castillo, “La necesaria fusión”, no define un partido, define un frente, aunque en su segundo párrafo despache sin consideraciones la idea de quiénes “proponen una federación de partidos o una alianza meramente electoral” Me atrevo a decir que lo meramente electoral está en el interés por alejar de la discusión esta idea
¿No será precisamente el momento de pensar en un frente, de proponerlo y de echarlo a andar como lógico primer paso hacia la auténtica unidad de la izquierda que tanto necesita este país?
José Ramón Enríquez
México, DF