De la sociedad igualitaria a la aristocracia burocrática
Con pagos extra, el gobierno separa en clases al sector oficial
Oscar Hinojosa
Pocos como el gobierno que llegó a Palacio Nacional en 1982 con la oferta de construir una sociedad igualitaria, han hecho tanto por crear dos grupos claramente diferenciados en la administración pública federal mediante un trato desigual y selectivo: en el pico de la pirámide, una casta de altos funcionarios se sirve con la cuchara grande aumentos constantes e incentivos cuantiosos, mientras en la base una amplia masa de empleados federales, con salarios próximos a la angustia, presencia recelosa el festín de los jefes
Desde los primeros meses del sexenio unos recibieron trato de hijos favoritos y otros de entenados La austeridad decretada sobre el conjunto de la población trabajadora del país nunca llegó a las cumbres de la administración pública, a pesar de la proclama lamadridiana de “gobernar con el ejemplo”
De varios instrumentos se ha valido el gobierno para elevar los ingresos de los “servidores públicos superiores”: sumados a los aumentos periódicos, los “bonos de actuación” y los incentivos de eficiencia”, de creación reciente, dotan a los altos funcionarios de un virtual doble salario, según el análisis de un documento oficial de circulación restringida
En 1987 la situación será mejor todavía porque entonces los nuevos mecanismos estarán en plena aplicación
Los secretarios de despacho, los subsecretarios, los oficiales mayores, los directores generales y los coordinadores generales forman el Olimpo de la burocracia política mexicana con derecho a los privilegios de un gobierno que demuestra generosidad consigo mismo Otro círculo cercano, integrado por los directores de área, subdirectores, jefes de Departamento y el personal de apoyo y asesoría, también comprueba quincenalmente la sabiduría de César Garizurieta que enseñó que vive en el error el que habita fuera de las ciudades del presupuesto
Los números hacen más clara la situación de privilegio de los altos funcionarios gubernamentales Un secretario de Estado, por ejemplo, que a principios de sexenio ganaba 256,430 pesos al mes (unos 3 millones al año, después de los descuentos) al cabo de 1986 habrá ganado al año 12 millones 540,000 pesos, que no son una biboca aun en estos tiempos Pero gracias a los “bonos de actuación” y los “incentivos de eficiencia”, el aguinaldo y gastos de oficina, podrá acumular una cantidad similar: tres meses de sueldo provenientes de los “bonos”, cuatro meses producto de los “incentivos de eficiencia”, creados en octubre último pero con retroactividad a julio, otros cuatro meses por concepto de la entrega “por única vez” de un incentivo equivalente a dos trimestres, 40 de aguinaldo, prima vacacional equivalente al 30% del salario mensual, 80,000 pesos mensuales para gastos de oficina Más de 24 millones de pesos, libres de polvo y paja, sólo por ingresos institucionales Como para levantarle un monumento al sabio “Tlacuache”
Los demás inquilinos del Olimpo mexicano reciben un tratamiento idéntico, con ingresos correspondientes a su posición jerárquica Un subsecretario de Estado —otro ejemplo— que ganó en 1986 unos diez millones y medio de pesos, en los doce meses sumará a sus cuentas, seguramente alegres, una cantidad adicional ligeramente mayor que esa
Los oficiales mayores, que en 1986 obtuvieron ingresos salariales por 618,068 pesos (unos siete millones y medio al año) sumarán una cantidad semejante, gracias a los inventores de los “bonos” y los “incentivos” La generosidad del gobierno beneficia, cada cual según su nivel, al resto de los jefes, desde directores generales y secretarios particulares de secretario de Estado hasta jefes de Departamento, los más modestos personajes de las cumbres del poder
Pero el año que entra sin duda será mejor, porque ya han sido aprobados los aumentos para el núcleo de altos burócratas Un secretario de Estado recibirá aumentos por más de 400,000 pesos al mes, por ejemplo Los documentos del gobierno federal no explican si el Presidente de la República (que gana actualmente un millón 742000 pesos y el año entrante ganará 2 millones 700,000 al mes) recibe bonos de actuación, incentivos de eficiencia y aguinaldo Tampoco, por lo tanto, precisan quién calificaría su desempeño
Los documentos que obtuvo Proceso exponen los mecanismos establecidos para aplicar entre la élite gubernamental los “incentivos al desempeño de los servidores públicos superiores y mandos medios” del sector central y del sector paraestatal
DE BONO EN BONO
En el texto destinado al sector central se explica que las administraciones anteriores a la de Miguel de la Madrid reconocieron la actuación de los altos funcionarios a través de una “compensación especial” que se daba “en forma discrecional en algunas dependencias”
En 1983, añade, se estableció el “bono semestral de actuación”, que estimularía la “eficiencia y productividad de los servidores públicos superiores y mandos medios” Sin embargo, “como no se instrumentaron los mecanismos que permitieran otorgarlo con base en la evaluación de los resultados obtenidos”, fue considerado “como un complemento al sueldo y no como un incentivo a la eficiencia”
El “bono de actuación” mejorando corrige una deficiencia anterior que colocaba en desventaja a los funcionarios de la administración central frente a los administradores del sector paraestatal: en éste el bono se pagaba mensualmente y en aquella se entregaba cada seis meses Ahora, a partir de julio, se prorratea mensualmente
Aunque el sistema diseñado por el gobierno federal para otorgar incentivos económicos se basa en el nivel de responsabilidad de cada dependencia y en la evaluación del desempeño de los administradores, dos mecanismos básicos fortalecen el poder de los más altos funcionarios
Uno, la clasificación del nivel de responsabilidades, coloca de antemano a los titulares de las Secretarías, subsecretarías, oficialías mayores, coordinaciones generales y homógolos en el área “A”, la de más alto rango de las tres claves utilizadas Esta definición ubica a este tipo de funcionarios en la punta del sistema que se utiliza para fijar el monto de los incentivos económicos
El segundo es un instrumento que concede una nueva cuota de poder a los altos jefes de la burocracia Es así porque la evaluación del desempeño de los funcionarios será realizada por el jefe inmediato, que ubicará a su subordinados en tres grados (máximo, 25% de sus empleados; medio, 50% de ellos y mínimo, el restante 25%) Según esta nueva fórmula del verticalismo, la evaluación de los méritos puede transformarse en otorgamiento de favores personales, que haría crecer la influencia de los jefes ante sus subordinados
En una sintaxis caótica, el documento de la SPP sostiene que el sistema de clasificación de las direcciones generales debe ser definido por cada dependencia, de acuerdo con sus características y necesidades, pero “se sugiere contemplar dentro de este sistema entre otros, los siguientes factores: si el ámbito de aplicación funcional es global, sectorial o institucional: si los programas que se manejan son prioritarios o no de acuerdo al Plan Nacional de Desarrollo y a los programas sectoriales: el número de áreas que conforman la dirección general; si las funciones que se realizan inciden directamente en el logro de los objetivos institucionales o si coadyuvan a su obtención: así como el monto del presupuesto que se maneja y el número de personal que se dirige y coordina”
Como el monto del incentivo millonario se fija mediante la combinación del nivel de responsabilidad asignado a cada dependencia con la evaluación del desempeño personal de los funcionarios, sólo los secretarios de Estado tienen asegurada de antemano la calificación más alta (doble A), una “A” porque como titulares del despacho tienen asignada esa definición per se y otra “A” gracias a que el sistema de evaluación permitiría en este caso calificarse a sí mismos, a menos que el jefe del Estado se ocupara personalmente de estas tareas de ponderación para el pago de incentivos (en el caso de que opere un mecanismo de autocalificación, es extremadamente improbable que un secretario de Estado, obligado por el sistema de evaluación a colocar al 25% de sus subordinados entre los rendimientos máximo se excluyera a sí mismo y permaneciera en el puesto)
Todo funcionario que reune la doble “A” Tendrá el derecho a recibir ocho meses de “incentivo anual”, dos por trimestre Como se creó a fin de año con retroactividad a julio, en esta ocasión sólo recibirían tales funcionarios cuatro meses a lo sumo, pero los compresivos creadores de esos instrumentos de compensación determinaron que “por única vez” al final del segundo semestre de 1986 se otorgaría un incremento equivalente a dos trimestres
Sólo en el ripleyano caso de que el desempeño de un secretario fuera calificado (por el Presidente o por él mismo) como de rendimiento medio “B”, el incentivo se reduciría en un porcentaje poco sensible
Si bien los documentos no detallan la participación presidencial en la evaluación de los secretarios, claramente establecen que los restantes funcionarios quedan sujetos a la calificación de su jefe Subsecretarios, oficiales mayores, coordinadores generales, secretarios particulares, directores generales y personal de asesoría y apoyo se someten al veredicto del inmediato superior Y, según el manual de incentivos, sólo 25% de los funcionarios podría recibir la calificación máxima, mientras la calificación media tendría que aplicarse al 50% forzosamente y el otro 25% recibiría la calificación mínima
El documento destinado al sector paraestatal establece que el sistema de evaluación del desempeño de los funcionarios tiene como finalidad estimular la productividad en el desarrollo de las funciones de los altos funcionarios, a través del análisis de los logros obtenidos durante su gestión
En el caso del sector paraestatal precisa que a los titulares de las entidades paraestatales se les otorgará un incentivo trimestral que “anualizado será de ocho meses de sueldo neto mensual, como máximo, correspondiendo al órgano de gobierno de la entidad determinar y otorgar este incentivo”
Otro fragmento del documento establece que “los servidores públicos superiores y mandos medios de la entidad paraestatal serán evaluados por sus respectivos jefes inmediatos” Otro más señala que el importe del incentivo será cubierto con recursos propios de la paraestatal y otro más puntualiza que “por única vez al finalizar el semestre julio-diciembre de 1986, se otorgará un incentivo equivalente a dos semestres”
En las entidades paraestatales donde se realice el reparto de utilidades “el monto de los incentivos trimestrales se considerará como anticipo o adición al reparto mencionado según sea el caso”
Empleados federales que auxiliaron al reportero en el análisis de los documentos (que en una primera etapa resultaron de difícil comprensión incluso para algunos responsables del manejo y aplicación de los nuevos instrumentos) explicaron que aunque puede haber diferencias específicas entre una y otra dependencia, la regla general tiende a beneficiar a todos los funcionarios de alto nivel
Mientras eso ocurre en las alturas, los burócratas de base con dificultades han obtenido aumentos insuficientes, a pesar de que han llegado a organizar movilizaciones de gran alcance en todo el país Algunos de los sindicatos más activos se ubican precisamente en las dependencias donde se toma muy en serio el adagio popular que indica que “el que parte y reparte se queda con la mayor parte” A principios de abril, las secciones 13 y 18 del sindicato de trabajadores de la Secretaría de Programación y Presupuesto denunciaron la crítica situación de los empleados menores En ese momento, según los trabajadores, el gobierno se había ahorrado 670,149 millones de pesos, a costa de las percepciones de los empleados no encumbrados
Utilizando informaciones oficiales, los sindicalizados de la SPP indicaron que en quince meses únicamente habían obtenido aumentos salariales por 401% en tanto que la inflación en ese lapso había crecido en 117%
En ellos está claro, no pensaba “El Tlacuache”








