REFUTACION DE PREUX

REFUTACION DE PREUX
Señor director:
Dícese que la ira es mala consejera; así ha de ser, y sin embargo, en el caso específico del siniestro coloquio (?) que se efectuó el 17 del presente mes, en el Instituto Mora (Federico Campbell dixit; Proceso 507), me dejo llevar por ella Dos exponentes —dos— atrajeron mi atención debido a las barbaridades que dijeron El primero, Federico Alvarez, me hizo recordar algunas transcripciones de los juicios políticos (1936, 1937 y 1938) encargados al fiscal Vishinski por el nada inefable “Padrecito” Stalin contra la vieja guardia de bolcheviques, algunos de los cuales adoptaron la autodenigración, creyendo con ello congraciarse con sus acusadores al aceptar culpabilidades inexistentes La actitud frívola de Federico me sorprendió muchísimo ya que el autoflagelarse de esa manera (el es un ex-sic-exiliado español) da la impresión de la búsqueda desesperada de la aceptación general; no me lo esperaba de una persona inteligente como lo es él La actitud sectaria (en cuanto a la denominación “exilio cultural español” se refiere) de Federico Alvarez, lo hace desmenuzar y reducir un importante contingente humano, a la categoría de meras cifras manejadas por un novel contador público titulado, y así, según él, quedan unos cuantos individuos que apenas cumplieron con su cometido cotidiano Consecuentemente, los artistas, obreros especializados, escritores, periodistas, profesionistas varios, campesinos, profesores universitarios (cuantos os recuerdan con afecto y gratitud), que arribaron a las costas mexicanas entre 1939 y 1942, no cuentan para nada en lo que como Cultura se conoce El “mito” no se puede desmitificar, ya que no hay tal; había un gigantesco grupo de exiliados políticos (de acuerdo, también uno que otro “vivo” que se coló), acogidos por un país cuyo Presidente Cárdenas tuvo la impresionante visión de comprender con antelación, el beneficio que éstos, con sus conocimientos y experiencias, podrían aportar al desarrollo local Los refugiados españoles, nuestros padres, perdieron la guerra y la patria, pero encontraron otra, mas no por ello, perdieron ideas, costumbres, raíces No hay nada de que avergonzarse, y espero que mis hijas nacidas en México, estén tan orgullosas del abuelo que fue a luchar a España con las Brigadas Internacionales (y en un gesto —ese sí— muy español, se naturalizó ciudadano de la República Española, cuando las BI tuvieron que salir de ella), como yo me siento honrado por la actitud de mi padre; y de mi generación, de mis compañeros, la gran mayoría siente parecido
El macartismo del doctor José María Muria me dejó estupefacto, mas no mudo Le preguntaría que si al acabársele (“lo que les quiero decir es que ya no friegen más con sus malditas virtudes porque acabarán con nuestra paciencia”) la “paciencia”, sugeriría para nosotros el internamiento a campos de concentración, o nos aplicaría el garrote vil, o nos echaría al mar, o de “perdis” nos mandaría de regreso a España (¡Oh dulces travesías en el Orinoco, en el Marqués de Comillas, en el Mexique, en el Ipanema, en el Sinaí); santo remedio con nuestras “malditas virtudes”
En un aparente reproche (“Educaron a sus hijos en escuelas españolas”), el doctor Muria parece no visualizar lo que hubiera implicado la inclusión de miles de niñas y niños en los planteles educativos de la SEP, problemón con la creación del Colegio Madrid, del Instituto Luis Vives y de la Academia Hispano Mexicana, ¿o acaso cree que fueron productos de un “mito” (pensando quizás a futuros)?
Al afirmar que “muchos siguieron siendo gachupines”, “fueron los primeros en vender sus empresas a los norteamericanos y en entrar en la larga cadena de la fuga de divisas”, el doctor Muria encontró a los sacadólares, a los pinches culpables de la situación actual del país; sí, sí, fueron estos miserables refugiados “gachupines” españoles El utilizar una expresión que ningún exiliado español, ni de ninguna otra procedencia, utilizó jamás, vaya, ni se le ocurrió a ninguno de nosotros (“exilio español como una cruzada evangelizadora”), lo único que revela el doctor Muria es un clásico complejo de inferioridad
Me parece que lo vertido por los Señores Alvarez y Muria en el susodicho coloquio, fue innecesario y gratuitamente vejatorio, despectivo e injurioso; que sus análisis fueron superficiales y banales, y que refleja una tendencia a la persecución de minorías cuyas faltas fueron y son la defensa de la democracia y la solidaridad humana Confieso que este asunto me hirió profundamente Y otra cosa, gracias David Huerta por su artículos “Esos españoles”
Pedro Preux