Ante la visita de De la Madrid a Washington

Ante la visita de De la Madrid a Washington
La debilidad económica de México, acicate para la mano dura de Reagan
Carlos Fazio
La política del desdén, como elemento básico en el tratado de Estados Unidos a México, sigue imperando Con nuevos elementos: la vulnerabilidad de México —sin que exista todavía el riesgo cercano de una situación de desestabilización interna— hace la coyuntura favorable para el ejercicio de presiones sistemáticas de Estados Unidos
Hace ya un tiempo que las actitudes de “buen cuate” del presidente Ronald Reagan— como las definiera un experimentado conocedor de las relaciones bilaterales como Hugo B Margáin —quedaron atrás El “gran cuatismo” de Reagan ha sido sustituido largamente por la política del desprecio y la mano dura Si acaso, el jefe de la Casa Blanca recurre a la relación de “cuate” para tomar el teléfono y reconfirmarle al presidente Miguel de la Madrid una invitación a verse Invitación previamente filtrada al New York Times, en total desapego a las normas de la ética diplomática
Más allá de las implicaciones poco protocolarias de la invitación —”una trampa que la Casa Blanca le puso al presidente De la Madrid”, comentó en estas páginas Jorge G Castañeda— cabe preguntarse después de la poca productiva —aparentemente— reunión de Mexicali, el 3 de enero de este año, los motivos de una nueva entrevista Reagan-De la Madrid sólo ocho meses después
La relación política bilateral ha tenido un paulatino deterioro en los últimos dos años, dentro del ciclo acercamiento distanciamiento que ha caracterizado los vínculos entre ambos países en los últimos quince años Sobresalen, en la relación, los “cambios” en la llamada percepción norteamericana hacia México, que han devenido una actitud de dureza e injerencia creciente en los asuntos internos mexicanos que, según un análisis del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE), “parece que se han convertido en un tema de discusión de la agenda bilateral” (Estados Unidos, Perspectiva latinoamericana, febrero 1986)
La coyuntura reciente se caracteriza por la agudización de dos tendencias de signo distinto, pero estrechamente interactuantes: por una parte, la aceleración del proceso de integración de la economía mexicana a la norteamericana, sancionado con el establecimiento de un nuevo marco legal a raíz de la firma del “Entendimiento sobre subsidios e impuestos compensatorios”, en abril de 1985, las dos cartas de intención del FMI, el ingreso en el GATT y la puesta en práctica del Plan Baker y, por otra, la multiplicación e intensificación de las tensiones bilaterales, particularmente en torno del problema del narcotráfico y, últimamente, a nivel político, por las audiencias Helms, que vincularon fraude electoral, corrupción oficial, droga y diferencias en política exterior
En el marco de la nueva entrevista no puede pasar inadvertida la ausencia de un sucesor de John Gavin en la embajada norteamericana en México, así como el hecho de que después de varios meses continúa cerrada la sección consular de la misión diplomática de la Avenida Reforma
¿Por qué, entonces, ahora, una nueva entrevista Reagan-De la Madrid? Parece obvio que el argumento de las reuniones anuales de presidentes es de poco peso
Según el New York Times, cuando anunció la invitación de Reagan debido a una filtración, el jefe de la Casa Blanca desea comunicarle a De la Madrid que las acusaciones de narcotráfico y corrupción gubernamental (que en el primer caso alcanzaron inclusive a la familia presidencial) “no expresan” la política de la administración Reagan y que las cuestiones formuladas por el senador ultraconservador Jesse Helms “no tienen apoyo” del gobierno de EU El Times neoyorquino citó a funcionarios estadunidenses —no identificados— que habrían puntualizado que Reagan “desea expresarle a De La Madrid que las tensiones entre ambas naciones ‘han sido exageradas’, pero que EU ‘está preocupado’ por el flujo de narcóticos provenientes de México, así como por los problemas económicos que enfrenta el país vecino”
En la fase preparatoria de la entrevista, después de una fugaz visita del subsecretario para Asuntos Interamericanos del Departamento de Estados, Elliot Abrams, casi silenciada por el gobierno mexicano (Abrams testificó en primer lugar en las audiencias Helms y dijo que no había que “subestimar” el valor de la “presión pública” para que México “entendiera” que sus problemas están afectando su buena imagen) y de la ida a Washington del canciller Bernardo Sepúlveda, para ultimar detalles de la entrevista presidencial con su homólogo norteamericano George Shultz, poco es lo que se ha podido avanzar La calificación de Sepúlveda de que su reunión con Shultz fue “espléndida” y “extraordinariamente cordial” no significa, forzosamente, como se ha dicho, que es una “manifestación inequívoca del clima real de las relaciones”
Una revisión de los temas tradicionales de la relación bilateral y de algunos puntos nuevos pueden ayudar a una mejor comprensión del estado de las relaciones y del ambiente posible de la reunión
NARCOTRAFICO: CASO TEST
En este contexto de integración económica y conflicto que privilegian el ejercicio de la “línea dura” de Estados Unidos contra México, sobresale el tema del narcotráfico, que motivó, inclusive, una nota de protesta formal del embajador Jorge Espinosa de los Reyes ante el gobierno de Washington
Para Guadalupe González, investigadora del CIDE, el problema del narcotráfico constituye un termómetro bastante exacto, tanto del ambiente político general de la relación bilateral como de la capacidad de negociación y presión mutua de ambos países, en un contexto en el cual las condiciones internas tienden a afectar cada vez más directamente la dinámica de las relaciones bilaterales a nivel gubernamental
Tema tradicional en la historia de las relaciones México-EU, el narcotráfico ha merecido, normalmente, un tratamiento de bajo relieve político, pero en distintos momentos históricos se ha constituido en un factor de conflicto y tensión altamente sensible Esto se debe, según Guadalupe González, a que las políticas nacionales y bilaterales para el control del narcotráfico tocan muy de cerca la “esfera más sensible y exclusiva del ejercicio político: la actuación de los aparatos de seguridad interna del Estado y el control de las fronteras”
El detonante, en la actual coyuntura, fue la instrumentación, por EU, de la llamada segunda “Operación Intercepción” a raíz del secuestro del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, el 7 de febrero de 1985, en Guadalajara
Como antecedente, hay que recordar la primera “Operación Intercepción”, instrumentada por el presidente Nixon en 1969, que constituyó el signo crucial de una nueva etapa en las relaciones bilaterales caracterizadas, a nivel global, por mayores márgenes de desacuerdo explícito, y a nivel del tema específico del narcotráfico, por una estrecha cooperación y una mejoramiento de las relaciones en este campo
Entre el 21 de septiembre y el 10 de octubre de 1969 Nixon eligió a México para demostrar, de cara al pueblo norteamericano, su compromiso de combatir eficazmente el tráfico de drogas La medida fue directamente instrumentada desde las oficinas del presidente Nixon y sin previo aviso al gobierno mexicano, con el pretexto oficial de interceptar y detener el contrabando de drogas La reacción oficial del gobierno mexicano fue de silencio y sorpresa, aunque posteriormente se presentó una protesta formal
A pesar de los graves costos económicos y diplomáticos, la medida demostró su eficacia como instrumento de presión A corto plazo, paradójicamente, resultó el punto de partida de la llamada “Operación cooperación antidrogas”
Posteriormente, en 1975, por medio del “Programa Janus”, se acordó la persecución conjunta de narcotraficantes El programa —dice Guadalupe González— dio un giro distinto a los términos de la cooperación, al introducir áreas de gran sensibilidad política para el gobierno mexicano “por estar directamente vinculadas con la dinámica de la seguridad interna y con la actuación de los aparatos de seguridad y de inteligencia”
Sería precisamente este asunto de la cooperación antinarcóticos el que, en 1985, provocaría las tensiones más agudas entre México y Estados Unidos Para entonces, el esquema de la “Operación cooperación” se había deteriorado por las tensiones interburocráticas entre la DEA y la Dirección Federal de Seguridad (en los últimos años del gobierno de José López Portillo) y por la apreciación de la agencia anti-drogas norteamericana de la inoperatividad de facto del “Programa Janus” y una clara muestra de “involucramiento” de ciertas autoridades mexicanas en el narcotráfico
El 17 de febrero de 1985, el gobierno norteamericano inició unilateralmente, y sin previo aviso a las autoridades mexicanas, la intensificación de la inspección y la revisión aduanal de todo flujo de personas y comercio a Estados Unidos proveniente de México La excusa formal explícita fue detener la entrada de droga; pero después fue haciéndose público que el motivo inmediato era “ejercer presión” sobre el gobierno mexicano para obligarlo a esclarecer el secuestro de Enrique Camarena
Según la investigadora del CIDE, si bien el secuestro y asesinato del agente norteamericano fue el elemento catalizador que desató el conflicto, la fuerte reacción norteamericana sólo se explica como resultado de un proceso de deterioro de la relación de cooperación entre la DEA y algunas instancias del gobierno mexicano vinculadas a las operaciones antinarcóticos, así como del avance, en las percepciones norteamericanas, de visiones negativas acerca de los desarrollos políticos, sociales y económicos internos de México, “altamente favorables a la adopción de políticas de carácter unilateral y proteccionista para enfrentar los retos planteados por el vecino del sur”
El secuestro y asesinato de Camarena provocó el avance de las posiciones más duras respecto al diseño de la política hacia México dentro del espectro burocrático norteamericano, particularmente entre los sectores ligados a las actividades de inteligencia y seguridad, que sustentaban la tesis de la necesidad de ejercer presiones sobre el gobierno de México a fin de asegurar “comportamiento” más acorde con los intereses norteamericanos en la emergencia, pues, fue directamente la DEA —con el apoyo de la Dirección de Aduanas, el Servicio de Inmigración y del embajador Gavin en México— la que encabezó la modificación de los términos de la negociación con México, que culminó con la “Operación intercepción”, rebasando la posición del Departamento de Estado
Un informe del director de la DEA, Francis Muller, señaló que existía “evidencia” de que el alto nivel de corrupción de funcionarios públicos y agentes de la policía en México había obstaculizado sistemáticamente el éxito de las campañas antinarcóticos Además, EU rompió con las formas tradicionales de la negociación bilateral cerrada, en la cúpula, al abrir el juego a la opinión pública mexicana,magnificando la presión sobre el gobierno mexicano Declaraciones de Mullen y Gavin dieron al problema gran visibilidad pública y un cariz esencialmente político al conflicto, al poner en entredicho la actuación del gobierno mexicano de cara a la opinión pública nacional
A partir de ese momento la política de mano dura fue aplicada con un alto nivel de consenso burocrático y bajo la coordinación del Departamento de Estado (Shulz declaró que las actividades de narcotráfico en México habían excedido el nivel de tolerancia que podía permitir EU)
La segunda “Operación intercepción” fue visualizada aquí como una medida desproporcionada e inadecuada, lo que llevó a algunos analistas a interpretar que existía la intención norteamericana de negociar concesiones mexicanas en otras áreas, desde una posición de fuerza, por lo cual se trataba de una política coherente, explícita y específicamente diseñada para modificar la relación con México Para unos se trató de un ejercicio de prueba para un futuro cierre de la frontera, a fin de detener el flujo migratorio; otros vieron la intención de doblegar la política exterior de México hacia Centroamérica y modificar el rumbo de la política interna
Las respuestas del gobierno mexicano fueron cautelosas, defensivas y ambiguas y estuvieron encaminadas a reducir la magnitud y visibilidad pública del conflicto, lo que lleva a pensar que la ofensiva norteamericana sorprendió al gobierno de México, el cual evitó la presentación de protestas diplomáticas y públicas formales El problema —en contraposición al manejo norteamericano— fue definido como de naturaleza esencialmente policiaca y judicial, con lo cual se buscó disminuir su perfil político No escapa el temor real de que la agudización del conflicto pudiera influir en el debate político preelectoral, principalmente en los estados fronterizos
La permanencia del conflicto vinculado al narcotráfico, en 1986, debe ubicarse en el marco de la “guerra moral” de Ronald Reagan contra la droga Es decir, las medidas unilaterales de EU no pueden explicarse en función de la problemática bilateral; forman parte del endurecimiento de la política antinarcóticos que pone énfasis en el frente externo de la producción y deja de lado el frente interno del consumo
Es en este marco donde se explica que durante este año, en el desarrollo de las audiencias Helms, la embestida haya llegado hasta la propia familia de Miguel de la Madrid, cuando el senador por Alaska, Frank Murkowski, preguntó a los testigos si “algunos parientes” del presidente mexicano “eran narcotraficantes” La respuesta del comisionado general de Aduanas William von Raab, fue: “No podemos hacer ningún comentario sobre esto en una audiencia pública” El asunto provocó que el 14 de mayo de 1986 el embajador Espinosa de los Reyes presentara una nota diplomática al secretario de Estado Shultz, protestando formal y enérgicamente por los hechos y dichos ventilados en las audiencias Helms
En junio siguiente, durante la cuarta audiencia Helms, el propio senador ultraconservador preguntó a un calificado “testigo”, el exembajador John Gavin: “Hace unas semanas, la cadena de televisión CBS dijo que un tal Edmundo de la Madrid, primo hermano del presidente de México, era socio narcotraficante de Florentino Ventura, director de la Policía Judicial¿Qué puede decirnos al respecto? La respuesta de Gavin fue casi la misma de Von Raab: “En vista de que he recibido información secreta (“classified”) al respecto, no puedo comentar nada en público” Según apuntó Jorge G Castañeda en Proceso, esa respuesta, en EU, equivale, sin la menor duda o ambigüedad, a una respuesta afirmativa
El “asunto narcotráfico” ha cobrado en los últimos días mayor relevancia a raíz del envío de tropas de la Brigada 793 del Ejército norteamericano a la región de El Beni, en Bolivia, en observancia de una instrucción secreta de seguridad nacional firmada por Reagan, el 8 de abril, que da al Pentágono amplios poderes en la lucha contra la droga Según Reagan, se trata de “preservar la seguridad nacional (en EU) y exterminar de una vez el narcoterrorismo” La intervención de las Fuerzas Armadas de EU en la lucha antinarcóticos marca una ruptura en el manejo del problema, caracterizada por su dureza y de consecuencias todavía impredecibles
Respecto a México, nada dice que el gobierno de Reagan no intente aplicar la “receta” boliviana en el combate al narcotráfico, es decir, el camino de la intervención militar Por lo pronto, el 22 de julio el Pentágono informó al Congreso norteamericano que se aprestaba a usar aviones espías y globos aerostáticos dotados de radares para combatir el narcotráfico a lo largo de la frontera con México
ASUNTO INDOCUMENTADOS
El tema de lo militar ha sido vinculado, últimamente, a otro asunto tradicional de la relación bilateral: indocumentados En la reunión de 3 de enero, en Mexicali, De la Madrid pidió a Reagan el respeto a los derechos de los indocumentados en EU La respuesta de Reagan fue iniciar una serie de deportaciones masivas superiores en número a la de los meses anteriores
Según cifras recogidas por Peter Applebome, en el New York Times, la cifra de arrestos de ilegales pasó de 3,638 en 1960 a 256,523 en 1985, siendo la tasa de este año superior en 34% a la del año pasado Ante esta situación, funcionarios subalternos norteamericanos han declarado que una de las vías más probables que tome este problema es la de la militarización de la frontera, por México o por EU Según la versión de Jorge G Castañeda en Proceso, la situación estaría planteada en estos términos: o México regula el flujo, lo organiza y lo modera, o EU lo tendrá que hacer de su lado, involucrando a la única fuerza que tiene los recursos y la autoridad para hacerlo: el Ejército
LA INTEGRACION SILENCIOSA
En el ámbito de las relaciones económicas (deuda, comercio, inversión, etcétera), la entrevista del 13 de agosto se dará en el marco de una “integración silenciosa” de México con EU, según la definió el investigador estadunidense Clark Reynolds (El Financiero, 7 de agosto de 1986), que ubica al país más cerca de un Mercado Común Norteamericano que de una integración con Centro y Sudamérica
Esta tendencia se ha visto confirmada con la liberación del comercio y la firma de un entendimiento comercial bilateral con EU, la suscripción de sendos acuerdos con el FMI (y doble vigilancia de la economía nacional por ese organismo y por el Banco Mundial), el relajamiento de la legislación y la promoción de la inversión extranjera directa y el ingreso de México en el GATT
La aplicación de políticas de cambios estructurales macroeconómicos, bajo la divisa de “crecer para pagar”, impulsada por el secretario del Tesoro norteamericano, James Baker, ha convertido a México, según no pocos analistas económicos, en el “país piloto” del Plan Baker El plan, que no es ajeno a la ortodoxia de los programas de austeridad, implica una mayor apertura del mercado; remoción de trabas a la inversión extranjera; observancia de políticas fiscales y monetarias antiinflacionarias; privatización de la economía (lo que en el caso mexicano es funcional al objetivo norteamericano de acortar los márgenes de autonomía del Estado); revisión del sistema impositivo y control de fugas de capitales
Las medidas adoptadas por el gobierno mexicano durante 1985 y 1986 concuerdan con el espíritu que nutre de sustancia al Plan Baker Además, Miguel de la Madrid había calificado como “positivo” al Plan Baker en la reunión de Mexicali No es extraño, entonces, que ahora llegue a la nueva entrevista habiendo puesto distancia con el Consenso de Cartagena y de los planteamientos de negociación política de la deuda Lo que sería sin duda un triunfo de los estrategas norteamericanos que impulsan la línea de solución “caso por caso”, disuasión de la sincronización de la moratoria y quebrantamiento de acuerdos en el marco del Consenso de Cartagena
De acuerdo con algunos analistas, la actual situación mexicana sería producto de un trabajo acucioso de los negociadores norteamericanos, que pasó por un cambio de políticas Según el investigador Hermann Aschentrupp Toledo, la nueva emergencia financiera mexicana aparece más débil que en el verano de 1982 —la crítica experiencia del “fin de semana mexicano” en agosto de ese año— ya que la amenaza de un crack generalizado ante una insolvencia de México resulta poco probable en virtud de las medidas adoptadas por la banca internacional y el gobierno norteamericano orientadas a evitar esa eventualidad
Según el boletín Estados Unidos Perspectivas latinoamericanas del CIDE, de febrero de 1986, la necesidad de una nueva era de estabilidad, en México, pasa por cambios significativos en la forma de operación de las estructuras políticas Pero EU “no parece interesado en cualquier tipo de estabilidad, sino en una estabilidad que resulte funcional a lo que consideran el destino irremisible de nuestro país: una vinculación cada vez mayor con la contraparte norteamericana” Lo que los norteamericanos han dado en llamar el “precipicio político” pasaría por la generación de un mayor espacio de influencia para la “izquierda” (de coalición gubernamental y del PRI, identificable como representante extremo del “nacionalismo revolucionario”), lo que pudiera convertir a México en el “siguiente dominó”
De esta “paradoja del precipicio” se desprende un corolario: a medida que el país se aleje de los peores momentos de la situación financiera o que EU advierta que no está al borde del “precipicio político”, es dable esperar un endurecimiento de sus posiciones, mediante presiones, abiertas o no, si estiman que pueden obtener objetivos prioritarios
En este marco deben ubicarse las críticas de funcionarios de la administración Reagan a México en lo que va del año, así como las aparentemente no orgánicas audiencias Helms, pero funcionales, en todo caso, a la política de presiones de la administración Reagan
DESPUES DE CENTROAMERICA, LA ONU
Uno de los temas “no tradicionales” de la relación bilateral es la crítica norteamericana a las posiciones de México en la ONU El asunto afloró en Mexicali, impulsado por Abrams y tiende a desplazar la contradicción por Centroamérica, donde México ya no es desfavorable a EU, aunque todavía no sea favorable (Jorge G Castañeda, Proceso 478) En este sentido sobresalen —después del rudo “corte de caja” petrolero de julio de 1983 a Nicaragua, que llevó a que los sandinistas recurrieran a la URSS para sustituir el crudo mexicano y del corte de la línea de crédito de productos farmacéuticos— declaraciones de De la Madrid sobre la “creciente dependencia” de Nicaragua del “bloqueo soviético” (Carta de Política Exterior, CIDE, abril 1985) Más significativo es el silencio mexicano en las discusiones del fallo del Tribunal de La Haya sobre el conflicto EU-Nicaragua, en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde la posibilidad de defender la tradición juridicista de la diplomacia mexicana se dejó en manos de Venezuela, en coincidencia con el bajo perfil de México en el Grupo Contadora —al menos de imagen—, luego de ser acusado de querer la “sepulvedización” del mismo
Es este marco donde surge el reclamo de Abrams respecto al voto mexicano en la ONU, tema menor y nuevo, pero que se podría volver conflicto y que la investigadora Yolanda Muñoz Pérez pone como una muestra más de “la vulnerabilidad de México ante EU” Por primera vez, dice, se cuestionó en una reunión bilateral (Mexicali), “dando la impresión de que México ya no puede expresarse libremente, sino que debe supeditar su voto en dicho organismo a la aprobación norteamericana”
Estos antecedentes parecen confirmar la tendencia de que la crisis lleva a transformar la política exterior en un producto residual de decisiones tomadas en el terreno económico, diluyendo su determinación estrictamente política Más aún, parecieran existir dos estrategias discrepantes
Así, la entrevista Reagan-De la Madrid no está llamada a ser de anuncios espectaculares Tal vez se oficialice el fin del unilateral embargo atunero norteamericano, se hagan ajustes para la instrumentación de México como país maquilador y se formalice un nuevo pedido para que Pemex siga surtiendo la reserva estratégica energética de EU
Por todo ello, cobra fuerza la tesis de que la invitación de Reagan obedeció a la necesidad de calmar el ánimo de algunos congresistas norteamericanos y de la banca acreedora, que ve con nerviosismo la escalada de tensiones con México Por parte de México, ante los anuncios del entierro de Contadora, sería una buena oportunidad para enterrarla a la derecha o a la izquierda El apoyo a Nicaragua sería la opción a la izquierda y también la coherente con la tradición progresista de la política mexicana