Se buscan en el exterior aunque sea ideas

Se buscan en el exterior aunque sea ideas
En privado, el gobierno admite que fracasó su política económica
Carlos Acosta Córdova
Insólito: el gobierno está pensando seriamente en cambiar, de manera radical, su política económica que —reconoce internamente— ha fracasado Tuvo que venirse abajo la economía, en forma drástica, para que llegara a ese punto
Desde febrero pasado, cuando empezaron a bajar estrepitosamente los precios del petróleo, el gobierno reconoció que se le habían acabado las salidas: o se cambia la estrategia o se hunde el país, así sea lenta pero inevitablemente
Ya en ese mes las discusiones dentro del gabinete llevaban a una conclusión que sus integrantes no han querido aceptar públicamente, pero que internamente los tiene desesperados: vivimos en una situación de emergencia nacional, más grave inclusive que la provocada por los sismos de septiembre pasado
Todo se está cayendo precipitadamente: los ingresos petroleros, los fiscales, las reservas internacionales, la captación financiera institucional; no se puede soportar más la carga de la deuda externa y la interna se hace cada vez más explosiva; el sector externo sigue en crisis: no responden las exportaciones manufactureras, la actividad turística no capta divisas; las empresas quiebran, el empleo se desploma El gobierno, pues, no tiene forma de conseguir dinero: en el exterior lo niegan, ponen trabas, y el que se genera internamente es carcomido por los propios errores de una política financiera que lo único que ha logrado es acelerar la inflación e incrementar el déficit público
El margen de maniobra en política económica está agotado: el llamado a la buena voluntad de acreedores y organismos financieros internacionales no tiene eco; la opción exportadora quedó chica ante la urgencia de divisas; las medidas tradicionales de recortar el gasto público y aumentar ingresos vía modificaciones fiscales y encarecimiento de bienes y servicios públicos, empobrecen más a la población, pero ni a paliativo llegan
En medio de esa desesperación, el gobierno llegó a lo que parecía increíble: reconocer que su estrategia económica —que había defendido tan permanente como empecinadamente— no ha funcionado y, ahora, agazapado y nervioso, busca alternativas El gabinete económico, desde febrero pasado, está volcado en el estudio de nuevas opciones que poco o nada tengan que ver con lo que hasta ahora se ha hecho
En los escritorios de los secretarios, subsecretarios, directores y asesores se estudian afanosa y apresuradamente experiencias ajenas que arrojen luz y provean de ideas, conceptos y elementos que den forma a lo que podría ser la nueva estrategia económica gubernamental Particularmente, los planes antinflacionarios —de resultados espectaculares en sus inicios— aplicados en Brasil y Argentina son objeto del análisis de los estrategas del gobierno Más todavía, funcionarios del gabinete económico han estado en esos países para observar de cerca la instrumentación y los resultados de las estrategias implementadas allá, así como para hacer consultas con los responsables y los ejecutores de las mismas
DE LA MANO DEL PETROLEO
La desesperación del gobierno no es infundada La caída de los precios del petróleo —causa de todo el conflicto, en vista de que hasta ahora ha sido la única fuente segura de divisas— rompió todo el esquema económico planeado para este año El gobierno había previsto una baja de dos dólares en el precio del petróleo para todo el año y en función de ello se elaboraron los presupuestos y todo el programa económico de 1986 Hasta marzo, el precio oficial promedio del petróleo había caído a menos de la mitad del que tenía a fines de diciembre pasado, para ubicarse en 1125 dólares por barril
Para ese mes el crudo mexicano ya había perdido la tercera parte de sus mercados Las ventas tuvieron una reducción, en los tres primeros meses, de 36 millones 500,000 barriles que, a precios de marzo, significaron una pérdida de 1,500 millones de dólares
El 21 de febrero el presidente De la Madrid estimó que por la caída de los precios y la menor exportación que originaría la inestabilidad del mercado internacional, México perdería 6,000 millones de dólares Pero en vista de que internacionalmente el mercado no se compone, la Secretaría de Hacienda estimó la semana pasada que la pérdida de ingresos ascenderá hasta 8,000 millones de dólares
La caída de las exportaciones petroleras, por otra parte, invalidó los propósitos de la opción exportadora, elegida por el gobierno como la única fórmula viable para sacar al país de sus urgencias financieras Originalmente se estimaron exportaciones totales por 22,000 millones de dólares para todo el año Las importaciones costarían 14,000 millones El superávit esperado era, pues, de 8,000 millones de dólares, que sería destinado, como ocurre siempre, al pago del servicio de la deuda externa
La baja de los precios petroleros, de casi doce dólares en los tres primeros meses, junto con una caída en el monto exportable, de 400,000 barriles diarios en promedio, rompió el esquema previsto desde diciembre pasado Las estimaciones oficiales más recientes apuntan que las exportaciones totales no sobrepasarán los 14,000 millones de dólares (6,500 de ventas petroleras); es decir 8,000 millones de dólares menos de lo originalmente previsto Con ello, el saldo favorable, el superávit, será nulo
De ser así, la angustia del gobierno aumenta: con qué se va a pagar el servicio de la deuda Más aún, el desplome de los precios petroleros implica también una severa merma en los ingresos tributarios del gobierno: 15 billones de pesos, según la Secretaría de Hacienda
Y nada indica que vayan a mejorar las cosas El desacuerdo entre los miembros de la OPEP sobre los montos de producción —sólo diez de los trece países del organismo aceptaron reducir su plataforma— hace permanente la guerra de precios, en la que México y los demás países productores independientes llevan las de perder El gobierno mexicano, por lo pronto, reconoció ya que tendrá problemas para conservar sus mercados
El impacto de la caída de los precios petroleros en la inflación, la paridad cambiaria, las tasas de interés y el déficit público tienen en completo desorden el panorama económico nacional El gobierno, pues, tiene razón de estar nervioso
Nada tiene bajo su control La inflación, por ejemplo, seguirá al alza, según reconoce el propio gobierno Ninguna de las estimaciones más optimistas la baja de una tasa de 70% para finalizar el año Los analistas privados pronostican una inflación de 73%; el gobierno cree que será de 75%; la Bolsa Mexicana de Valores la proyecta sobre 80%
Tácitamente, el gobierno reconoce con ello que en la “prioridad número uno” de su política económica —el combate a la inflación— está perdiendo Más aún, se encamina a una derrota definitiva: la política de altas tasas de interés tiene desquiciadas las finanzas públicas, parada la inversión y el consumo impiden que la economía crezca
El impacto más severo de la política de altas tasas de interés se ha dado en la intermediación financiera Según el Banco de México, creció en 54%; en 1985 se redujo 13% En los tres primeros meses de este año la captación bancaria tuvo una tasa real de menos 126% Sin embargo, no sólo ha caído la captación de la banca, sino que la intermediación bursátil también se ha deteriorado por las altas tasas Estas tienen tan elevado el costo del dinero y encarecido el crédito, que están provocando otro fenómeno: las empresas, antes que recurrir al financiamiento bancario o bursátil —no pueden soportar un interés que rebasa el 130%—, prefieren recurrir a empresas con flujo financiero positivo Es decir, las empresas que tienen urgencias financieras acuden a otras con posibilidad de hacer préstamos, en términos que para ambas partes resultan favorables, sin que tengan que pagarse las altas tasas que exigen los bancos Las transacciones de este tipo —que se realizan al margen de la banca y de la bolsa— se incrementan vertiginosamente, a tal punto que, según analistas privados, se estarían moviendo capitales por un monto de dos billones de pesos al finalizar este año
BANCOS EN PROBLEMAS
La desintemediación financiera, por otra parte, tiene amenazados a muchos bancos que, fusionados y todo, están a punto de la quiebra: su abultada cartera vencida, activos degradados y gastos de operación desproporcionados (para su tamaño y magnitud de recursos), tienen al gobierno en un predicamento: los refusiona, los liquida o los subsidia para que puedan seguir operando
Por otra parte, la tendencia restrictiva del crédito, decidida por el gobierno, parece no tener fin Banamex indicó la semana pasada que prácticamente todos los recursos captados por el gobierno se han destinado al financiamiento del déficit público, que para este año el gabinete económico teme que llegue al 12% como proporción del Producto Interno Bruto, cifra que rebasará los pronósticos más pesimistas
Allí el gobierno encuentra un punto más de preocupación: cómo financiar ese creciente déficit si no llegan recursos del exterior, cae la captación financiera institucional y la inflación erosiona rápidamente todos los activos de la economía Peor todavía, no encuentra la forma de hacer frente a los compromisos financieros de fuera y dentro Este año tendrán que pagarse 7,500 millones de dólares por el servicio de la deuda externa, según informó el secretario de Hacienda la semana pasada, y por intereses de la deuda interna deberán pagarse ocho billones de pesos
En la búsqueda de soluciones, el gobierno de pasos, cada vez con menos convicción, en un camino permanente e infructuosamente transitado: Programación recorta 500,000 millones de pesos a un gasto público que se decía el único posible; “el gasto (para 1986) no puede ser menor, pero tampoco mayor”, según el texto aprobado por el Congreso en diciembre pasado Por su parte, Hacienda no logra incrementar los recursos ni por fuera ni por dentro Las pláticas con el Fondo Monetario Internacional están suspendidas, los acreedores se muestran reacios, cerrados, a las peticiones mexicanas La solicitud de un préstamo de 1,000 millones de dólares a Japón, hecha la semana pasada por el secretario de Hacienda, está en veremos Dentro, ya no hay forma de generar recursos
En ese contexto, el gobierno está decidido a reconsiderar su estrategia económica y a cambiar su actitud ante la banca acreedora Sobre esto último, el subsecretario de Hacienda, Francisco Suárez Dávila, señaló la semana pasada que de continuar la cerrazón de los acreedores para compartir la responsabilidad en el problema de la deuda externa, México no tendrá más opción que tomar medidas unilaterales, tendientes a una reducción de puntos a las tasas de interés, de tal forma que el servicio de la deuda externa no continúe significando lo que hasta ahora: que todo el esfuerzo productivo nacional se vuelque por esa vía hacia el exterior
Independientemente de ese anuncio, desde febrero pasado se vienen estudiando distintas posibilidades para implementar una nueva estrategia económica Desde ese mes, en que el gobierno sostenía —sin hacerlo público— que la situación económica era de emergencia, se han dado pasos en la configuración de una política económica distinta Todo, por supuesto, en el mayor de los sigilos, prácticamente en secreto
MIRAR HACIA EL SUR
De las continuas reuniones de emergencia del gabinete económica se ha pasado al estudio de experiencias de otros países Funcionarios de ese gabinete han estado en Brasil y Argentina para observar de cerca la instrumentación y los resultados de sus respectivos planes de estabilización económica: el “Tropical” de Brasil y el “Austral” de Argentina
Un memorándum oficial, mediante el cual se instruye a prácticamente todos los miembros de ese sector del gobierno para que se aboquen al estudio de esas experiencias, señala textualmente que dos altos funcionarios de la Secretaría de Hacienda estuvieron en la ciudad de Brasilia los días 10 y 11 de marzo pasado Sus observaciones, y el resultado de las consultas con los responsables y ejecutores de aquellos planes, son prácticamente un secreto de Estado
El contenido y la orientación de los planes económicos de aquellos países da idea, sin embargo, del tipo de cambios que está estudiando el gobierno mexicano
Algunos puntos sobresalientes de ambos planes son los siguientes El plan Tropical brasileño pretendía abatir radicalmente la inflación —el nombre oficial es Plan de Estabilización de Precios— que para febrero tenía una tasa anualizada de 255% Para lograrlo se tomaron medias —sin que se afectara la capacidad de crecimiento— como estas: una reforma monetaria, que incluyó la creación de una nueva moneda: el “cruzado”, que sustituiría al cruzeiro a razón de mil por uno; se congelaron precios y se estableció una paridad fija; se creó un seguro de desempleo y se propuso el reajuste automático de los salarios cuando el aumento acumulado de los precios fuera mayor del 20%
El plan brasileño tiene entre sus objetivos básicos eliminar el déficit público operativo, estabilizar las cuentas externas y mantener la capacidad de crecimiento de la economía
Un primer resultado de ese plan, al mes de haberse instaurado, fue el abatimiento radical de la inflación: en marzo los precios no crecieron, hubo una deflación de 148%
Por su parte, el Plan Austral argentino, instrumentado en junio de 1985, se proponía disminuir el déficit fiscal del gobierno (vía mayores ingresos de las empresas públicas, mayores impuestos al comercio exterior, incremento en los ingresos tributarios, nuevos impuestos directos, reducción del gasto público y reducción de tasas nominales de interés); la congelación de precios; incremento y posterior congelamiento de salarios; una paridad estable y la introducción de una nueva moneda: el austral, a razón de mil pesos por uno
En sus inicios, este plan produjo buenos resultados y contó con la aceptación popular; sin embargo, al paso del tiempo ha tenido que flexibilizarse: se han incrementado los salarios, se ha devaluado el austral y se han tenido que liberar, “gradualmente”, algunos precios de productos de consumo generalizado En el control de inflación no ha habido mayor éxito
Con esos antecedentes, y luego de tres meses de estudio y análisis, el gabinete económico se reunió de nueva cuenta —en Ixtapa, Guerrero, la primera semana de este mes— y surgió una propuesta que es estudiada en estos momentos: la posibilidad de instrumentar un “shock heterodoxo”, que recogiera algunos de los elementos experimentados en Brasil y Argentina: una reforma monetaria, el congelamiento de precios y salarios, una semi-indexación de la economía y la eliminación de toda causa de sobregiro presupuestal
Es decir, algo totalmente ajeno a la ortodoxia monetarista que ha conducido a la economía nacional a una situación de emergencia