Empeñada en aclarar un crimen pasional, la policía perdió dos años

Empeñada en aclarar un crimen pasional, la policía perdió dos años
Desde hace seis meses, de hecho no investigaban ya el asesinato de Buendía
Francisco Ortiz Pinchetti
La investigación sobre el asesinato del periodista Manuel Buendía Tellezgirón se llevó desde un principio por caminos equivocados, que la condujeron inevitablemente al fracaso
Hoy, 21 meses después de perpetrado el crimen, la policía se encuentra por ello sin indicios próximos, sin hipótesis confiables, sin pistas concretas, como lo reconoció el nuevo procurador de Justicia del Distrito Federal, Ranato Sales Gasque
A pesar de las evidentes, obvias posibilidades de móviles políticos en el asesinato, la indagación de la policía se centró obstinadamente en la búsqueda de motivos de tipo personal y escudriñó tan exhaustiva como infructuosamente en la vida del periodista
Ahora se tiene que partir prácticamente de cero
La única información realmente útil y confiable con que se cuenta es la recabada en las diligencias iniciales de la investigación Está contenida en las declaraciones de testigos presenciales, los estudios de balística y los peritajes originales Para nada sirve el cúmulo de testimonios, entrevistas e indagaciones practicadas posteriormente, que implicaron la comparecencia de casi un centenar de personas: es pura paja
Dos meses completos, los primeros después del homicidio, se dedicaron casi exclusivamente a investigar con base en la hipótesis de un crimen pasional
Aunque ciertamente se contemplaron y se siguieron otras hipótesis o “casilleros” de investigación, el énfasis se puso en la vida privada de Buendía Tellezgirón Ahora se sabe que fue un yerro
El fracaso de la pesquisa, además, se hizo evidente meses después de que la procuradora Victoria Adato viuda de Ibarra —hoy convertida en ministra de la Suprema Corte— aseguró que la investigación estaba “muy avanzada” y a punto de culminar exitosamente
Hace un año, por instrucciones de la propia procuradora, el entonces subprocurador, René Paz Orta, informó, en efecto, que la indagación tenía un avance del 80% y que el “perfil del homicida” estaba elaborado en 90% Las autoridades, dijo, se encontraban ya en la etapa de la “cacería del homicida”
Todavía en agosto del año pasado se sostenía esa presunción Inclusive, la Procuraduría de Justicia del DF (PJDF) informó que se había construido un muñeco de cera basado en la descripción del homicida, que la procuradora Adato tenía en sus oficinas En septiembre, la investigación se empantanó y prácticamente fue abandonada
Las pistas que se siguieron resultaron falsas
Y hoy el crimen sigue impune
PRIMERAS INDAGACIONES
La investigación del homicidio, que conformaría la averiguación previa 2358/984, se inició unos minutos después de ocurridos los hechos, el 30 de mayo de 1984 a las 18:40 horas, cuando los tripulantes de la patrulla 3026 de la Dirección de Protección y Vialidad llegaron al estacionamiento de Insurgentes Sur 64, donde yacía el cuerpo de Manuel Buendía Tellezgirón
Según el parte del patrullero Alfonso Garrido Reyes, rendido ante la agente del Ministerio Público de la Séptima Delegación, cuando él y su pareja llegaron al lugar ya había ahí agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS)
A partir de entonces, se tomó declaración a una docena de testigos presenciales Entre ellos, a Juan Manuel Bautista Ortiz, ayudante de Buendía Tellezgirón, que lo acompañaba en el momento de ocurrir el atentado y que inclusive persiguió al asesino; el encargado del estacionamiento, Juan Manuel Meza Barajas; el chofer de un autobús de la ruta 100 que presenció los hechos, Felipe Flores Hernández; el acomodador José López Sánchez; dos socorristas de la Cruz Roja y dos ambulantes de Rescate; dos empleados de la tienda “Pimienta Hermanos”, ubicada en Insurgentes y Londres y algunos transeúntes que vieron huir al criminal
Esa es, de hecho, la información básica con que cuenta la policía A partir de esas declaraciones, se estableció le media filiación del homicida y se logró realizar un “retrato hablado” de gran fidelidad
Además de la necropsia, se realizaron peritajes de balística, pruebas químicas y estudios de proyectiles Pudo establecerse que el asesino hizo cinco disparos con una pistola escuadra de calibre de nueve milímetros Dos de esos disparos alcanzaron a Manuel Buendía por la espalda y otros dos los recibió de frente, cuando giró hacia la derecha antes de caer El asesino erró el quinto tiro
En el inventario de la ropa que vestía el periodista se detallaron características, marcas, colores Por ejemplo, se menciona que llevaba una gabardina azul “marca James Bond 007”
La prueba química de disparo de arma de fuego practicada al cadáver de Buendía Tellezgirón resultó “positiva” en la mano derecha y “negativa” en la izquierda, según el peritaje de Lucía B Ramírez y Jesús Toledo Cha
El estudio de proyectiles, practicado por los peritos Jorge Moscardo Hernández y Jaime Corona Méndez, determinó que dos balas examinadas, ambas de nueve milímetros, habían sido disparadas por la misma arma
Según el informe de los forenses que practicaron la necropsia, dos de los cuatro disparos que recibió el periodista causaron daños mortales Uno de ellos fue penetrante de tórax y el otro penetrante de tórax y de abdomen Los doctores Mario Alva Rodríguez y Luis Delgado Salinas estimaron que la víctima fue sorprendida por la espalda, en primera instancia a unos 70 centímetros
Las primeras pistas, fallidas, que siguió la policía, enfocaron la investigación hacia empleados y exempleados del periodista asesinado Así, se investigó exhaustivamente al propio Juan Manuel Bautista Ortiz, a sus familiares y a sus amigos, y se hizo declarar a varias personas que en algún momento trabajaron con Buendía Tellezgirón Entre ellos, Pedro Arturo Matamoros Jonguitud, María Teresa Mendoza Bustamante, Lorenia Jáuregui Valderrain y Raúl Carranza Rojas
Durante los interrogatorios a que fue sometido Bautista Ortiz, el ayudante de Buendía Tellezgirón y principal testigo de los hechos, surgió la existencia de una credencial que acreditaba al periodista asesinado como agente de la Dirección Federal de Seguridad (número 1291) La credencial tenía fecha del 16 de agosto de 1978 y estaba firmada por Miguel Nassar Haro, entonces director de la DFS
Dicha credencial habría sido utilizada por Bautista Ortiz en una ocasión, por instrucciones del secretario de Buendía, Luis Soto, para recoger un paquete a nombre del periodista en Mexicana de Aviación El empleado no devolvió la credencial Se quedó con ella y posteriormente, según declaró, se la prestó a un amigo que jamás se la devolvió Apareció finalmente: le fue recogida por la policía a “un manifestante de la Prepa Popular” Bautista Ortiz dijo que “tiene entendido que Manuel Buendía contaba con una credencial vigente expedida por la DFS, en virtud de que siempre andaba armado”
PISTAS FALSAS
Luis Soto, el secretario de Buendía, que trabajó con él durante 16 años y a quien el periodista llamaba “hijo”, se convirtió en el testigo principal del caso Soto relataría luego, en una entrevista (Proceso 448), el calvario que le significó esa prominencia Durante meses, de día y de noche, fue incesantemente requerido por los investigadores de diversas corporaciones “Me trataban como si fueran mis dueños”, dijo
En su primera declaración formal, el 16 de junio, Soto fue inquirido insistentemente acerca de las relaciones personales de su jefe, sus actividades, sus temores dijo entonces que había tres temas que preocupaban especialmente a Buendía y le causaban temores: los fanáticos religiosos, los elementos de la CIA y el grupo de los Tecos, de la Universidad Autónoma de Guadalajara También abundó sobre la estrecha amistad del periodista con el entonces director de la Federal de Seguridad, José Antonio Zorrilla Pérez
Soto relató, entre otros incidentes, que en marzo de 1984 desapareció del despacho de Manuel Buendía una máquina eléctrica IBM Dijo que no se levantó acta de ese robo, pero que sí se dio parte a la DFS y que agentes de esa corporación acudieron para investigar el hecho Dictaminaron que había sido un ladrón común quien sustrajo la máquina
La relación de Buendía con Zorrilla Pérez, mencionada por varios de los declarantes, no mereció por cierto mayor atención de los investigadores Tampoco se tomó en cuenta la versión de algunos amigos del periodista en el sentido de que, poco antes de su muerte, trabajaba en una investigación acerca del narcotráfico y que inclusive había elaborado una lista de altos funcionarios involucrados en ese negocio
Zorrilla Pérez sería mencionado meses después por la agencia estadunidense antidrogas, la DEA, como pieza clave, protector y beneficiario del narcotráfico en México (Proceso 448) El informante de la DEA consideró por cierto que la investigación del asesinato de Buendía, la relación entre el periodista y Zorrilla Pérez era algo “que no se debe descartar”
En mayo del año pasado, el PRI canceló sorpresivamente la candidatura de Zorrilla Pérez a una diputación federal y el exdirector de la DFS salió intempestivamente del país
Pero en los días que siguieron al crimen, la PJDF estaba empeñada en dar prioridad en sus investigaciones a la vida privada de Buendía
“En esos momentos, el enfoque de la investigación era cien por ciento hacia la cuestión pasional”, diría Luis Soto un año después
Así era Durante junio y julio de 1984, la policía judicial del DF interrogó a 26 personas en torno de la vida privada de Manuel Buendía Si bien se trabajaba también en otras hipótesis, era evidente que la investigación se conducía prioritaria y casi exclusivamente hacia la suposición de móviles estrictamente personales
De hecho, fue hasta agosto cuando se puso algún interés real en otras posibilidades, aunque fundamentalmente a partir del contenido de las columnas publicadas por Buendía en los últimos años
El hecho nunca aclarado de que inmediatamente después del asesinato agentes de la Dirección Federal de Seguridad hayan ocupado el despacho del periodista y sacado de ahí documentos y papeles personales —el propio Zorrilla Pérez llegó al lugar de los hechos unos minutos después del crimen, luego de ser informado por Luis Soto— fue otro elemento que oscureció la investigación
La PJDF se limitó a indagar a partir de los temas más recurrentes de las columnas del periodista: la CIA, los Tecos, los grupos fanáticos religiosos, los dirigentes petroleros, el exgobernador guerrerense Rubén Figueroa, el exdirector de Pemex Jorge Díaz Serrano Pero tampoco ahí se profundizó en la investigación
Un agente de la Policía Judicial del DF, Jorge González Guzmán (agente 9040), que había trabajado como escolta de Díaz Serrano cuando éste ocupó la dirección de Pemex, declaró haber reconocido gran parecido entre el “retrato hablado” del homicida y Jorge Roberto Días Moreno, hijo de Díaz Serrano
En su declaración formal, González Guzmán mencionó que “Jorge Roberto no permitía que lo vigilaran”, que era “de carácter agresivo y hosco”, que “siempre andaba armado”, que “siempre portaba una pistola escuadra de nueve milímetros”, que era “buen tirador”, que acudía “dos veces por semana a tomar clases de tiro en la estand de Guardias Presidenciales” Díaz Serrano denunciaría después que su hijo fue secuestrado, vejado y torturado por policías judiciales, pero la PJDF nunca reconoció haberlo detenido
ENTREVISTAS INUTILES
Durante agosto y septiembre de 1984 se llevó a cabo una serie de entrevistas con amigos y colegas de Manuel Buendía No se trató de declaraciones formales, sino de simples entrevistas informativas, que en la mayoría de los casos realizó personalmente el subprocurador René Paz Orta
En esas conversaciones se aplicó a los entrevistados un cuestionario común, que abarcaba fundamentalmente datos acerca de las relaciones y los informantes del periodista, sus temores, su personalidad y, otra vez, se ponía énfasis en su vida privada
Uno de los entrevistados fue José Leipen Garay, exdirector de Sidermex y amigo cercano de Buendía Dijo que bajo ninguna circunstancia podía pensarse que Manuel Buendía estuviese en contra del gobierno, “pues se caracterizaba por sus publicaciones progobiernistas”
Leipen Garay mencionó también que Alfonso Martínez Domínguez —de quien Buendía fue jefe de prensa en el DDF— atribuía al periodista su caída a raíz del 10 de junio de 1971, que según el exregente “se debió al mal manejo de la prensa”, por lo que “Buendía le reclamó que ello era consecuencia de que Martínez Domínguez no le permitió un manejo amplio de la misma”
Salvador Yáñez Campero, exsecretario particular de Buendía, aseguró en su entrevista con el subprocurador, que Manuel Alonso —director de Comunicación Social de la Presidencia— era uno de los informantes del columnista; que Buendía estaba vinculado al periodista estadunidense Jack Anderson, quien le pasaba también información y que Buendía sabía de la existencia de una gran amistad entre Joaquín López Dóriga y Miguel Lerma Candelaria
Otro entrevistado fue Miguel Angel Sánchez de Armas, periodista, amigo de Buendía y actual vicepresidente de la Fundación Manuel Buendía Enumeró los temas que integraban el archivo periodístico del columnista, al cual él ayudaba a integrar: Clero político, CIA, Ciudad de México, Relaciones Exteriores, Centro América, Estados Unidos, KGB, Políticos, Policía, Humor, Empresarios, Guerrilla Urbana, Extrema Derecha y Miscelánea, eran los rubros
Sánchez de Armas mencionó haberse enterado de que el 24 de mayo, seis días antes del asesinato, Buendía había dado una conferencia sobre seguridad y comunicación social ante oficiales de la Secretaría de la Defensa Nacional
Este dato fue mencionado también por Virgilio Caballero, otro periodista amigo de Buendía, en su entrevista
Rafael Cardona, actual jefe de prensa de la Presidencia de la República, dijo que Manuel Buendía le comentó que había sido amenazado por Joaquín Sáenz Arriaga, uno de los creadores del MURO y los Tecos Cardona aseguró que Buendía era un hombre “bastante violento” y que en cuatro ocasiones utilizó su arma para defenderse; que era muy buen amigo de Javier García Paniagua y que llevaba buena amistad con Jesús Miyazawa, actual jefe de la policía Judicial del DF y quien tiene ahora directamente a su cargo la investigación del crimen
Cardona se refirió también a los temores de Buendía, pero dijo que “su vanidad no le permitía arriar banderas”
Otro entrevistado fue el columnista Miguel Angel Granados Chapa, exsubdirector de La Jornada, y uno de los periodistas más allegados a Buendía Relató Granados Chapa que Buendía le había enviado en marzo de 1984 un informe sobre la visita que altos jefes militares habían realizado a la Universidad Autónoma de Guadalajara —cuna de los Tecos— y que ese asunto preocupaba grandemente al periodista
También contó que el 28 de mayo, dos días antes del crimen, se reunió por última vez con Buendía, a quien Granados Chapa refirió que iba a publicar un tema relacionado con el narcotráfico, porque Buendía se había referido a que los obispos de la región Pacífico Sur estaban preocupados por la existencia de parcelas en las que se cultivaba mariguana y amapola
Por su parte, Carlos Monsiváis, también entrevistado en la PJDF, mencionó que supo que Manuel Buendía había exhibido a Arturo Durazo frente a José López Portillo, cuando éste era Presidente
Otras personas entrevistadas fueron María Luisa Mendoza (La China), Heberto Castillo, Luis Suárez, Félix Fuentes, Elena Poniatowska, Fernando Benítez, Otto Granados y José Luis Mejías Mejías, por cierto, fue mencionado como “enemigo” de Buendía por varios de los entrevistados
La investigación tocó también las relaciones entre Buendía y la dirección de Excélsior, el periódico donde se publicaba la columna “Red Privada” cuando ocurrió la muerte del autor
A propósito de esto, el 15 de noviembre de 1982, Manuel Buendía escribió una carta a Regino Díaz Redondo, director de Excélsior, en la que le reclamaba airadamente el que se hubiera publicado, en la misma página en que se colocó el “pase” de su columna, un agresivo desplegado de Manuel J Clouthier, entonces presidente del Consejo Coordinador Empresarial, contra el columnista Clouthier preguntaba “¿quién le paga?” a Manuel Buendía
Y Buendía le reclamaba a Díaz Redondo: “si a estas alturas el director de mi periódico no sabe quién me paga, estoy perdido” También se quejaba el columnista en su carta de que “no es la primera vez” que ocurrían anomalías respecto a su trabajo en el propio Excélsior, como el hecho de que mientras se publicaban cartas en contra del columnista, no se publicaban otras en las que se le apoyaba o defendía
Poco aportaron, en fin, las 35 entrevistas realizadas por la PJDF La investigación se encaminó una y otra vez hacia la vida privada de la víctima, hasta estancarse definitivamente hace ya seis meses Lo único cierto, hoy, es que no hay prácticamente avance alguno Lo ocurrido en 21 meses se resume en la frase lacónica del procurador Sales Gasque al hacerse ahora cargo del asunto: “se siguieron pistas erróneas”