Manejo de imagen, a 250,000 dólares anuales

Manejo de imagen, a 250,000 dólares anuales
Un hombre de Reagan, representante político de México en Washington
Jorge G Castañeda
WASHINGTON- Sin duda el gobierno de Miguel de la Madrid sabía, de tiempo atrás, las tremendas dificultades a las cuales tendría que enfrentarse el país al tambalearse el precio del petróleo Sabía también que poco podría hacer, salvo quizá adoptar algunas medidas para limitar los estragos
Una de estas medidas resulta sorprendente: la contratación, en Estados Unidos, por el gobierno de México, de dos agencias de relaciones públicas y asesoría económica y política, incluyendo, desde el 10 de enero de este año, a una dirigida por —y propiedad de— el exsubsecretario particular del presidente de los Estados Unidos y su mejor amigo desde hace 20 años, Michael K Deaver Así consta en el informe del Procurador General al Congreso de los Estados Unidos sobre la administración del Acta de Registro de Agentes Extranjeros de 1938 (Foreign Agents Registration Act, US Departament of Justice, Washington DC)
Sabido es que la contratación de “lobistas” o cabilderos norteamericanos por gobiernos extranjeros es una vieja costumbre en la política de Estados Unidos Igualmente, se sabe que durante muchos años, con la excepción de un breve interregno durante el paso —inolvidable— de Santiago Roel por la Secretaría de Relaciones Exteriores, el gobierno de México se había rehusado a seguir dicha práctica, no siempre por motivos muy convincentes En general, se esgrimían dos argumentos en contra: uno, que México abriría la posibilidad de que Estados Unidos nos hiciera lo mismo, es decir, comenzar a intervenir directa y abiertamente en nuestros asuntos políticos internos; dos, que ninguna empresa norteamericana podría jamás representar digna y fielmente los intereses de México, sólo representables por el gobierno de la República
En todo caso, el gobierno actual resolvió romper con esa tradición y, a finales de 1985, contrató a una primera empresa, “The Hannaford Company”, para encargarse de asuntos relacionados con medios de comunicación e “imagen de México” El contratante legal es “la oficina de la Presidencia de México” y el “Funcionario con el cual el registrante (The Hannaford Company) trata” es, según el contrato y como era de esperarse, el inefable Manuel Alonso, quien celebró esta contratación desde el 1o de diciembre de 1985 y lleva, directamente, la relación con la empresa
Según el encargado de la cuenta de México en Hannaford, Marx Moran, hasta esta fecha la empresa sólo tiene un entendimiento verbal con el gobierno de México y le cobra honorarios por hora: entre 100 y 150 dólares por hombre, por hora, siendo cuatro las personas de Hannaford las que trabajan en la cuenta de México Moran informó que de diciembre a esta parte, su empresa había organizado una visita del secretario de Comercio, Héctor Hernández, a Washington, incluyendo una entrevista de prensa con el Washington Post Asimismo, consiguió citas con el presidente De la Madrid para un grupo de diputados y senadores norteamericanos, que viajó a México para estudiar el problema de la droga en enero
Para Mark Moran, el propósito de su empresa es “difundir y explicar asuntos mexicanos, desde el desempeño del gobierno de México en la lucha contra el narcotráfico hasta comercio, inversiones, etcétera” Se trata de “disipar los malentendidos que existen en Estados Unidos sobre México y sus posiciones y de promover una mayor conciencia en Estados Unidos de las necesidades y de las preocupaciones de México”
Hasta aquí, nada del otro mundo La Secretaría de Turismo tiene contratada una empresa de publicidad y consultoría en Nueva York —Hilland Knowlton Inc— desde hace un par de años Ahora Manuel Alonso contrata a otra empresa para hacer trabajo de medios: no hay por qué escandalizarse Claro, los otros clientes de The Hannaford Company no son precisamente buena compañía: Taiwán, Arabia Saudita, Líbano y, extrañamente, (pero desde luego esto no tiene nada que ver con Alonso y México), Spanish International Communications Corporation, una filial de Spanish International Network o SIN, la filial en Estados Unidos de Televisa
Pero The Hannaford Company no le pareció suficiente al gobierno de México Y, a partir del 10 de enero, la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial en representación del Gobierno de la República, firmó un contrato por dos años con la empresa “Michael K Deaver and Associates” Dicho contrato está registrado en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y dice muchas cosas interesantes Lo firma el oficial mayor de Secofin, Agustín Munguía
El contrato estipula que se celebra un acuerdo de consultoría entre las partes para asuntos de comercio, inversiones e intereses económicos de México “La parte contratada (Deaver) aconsejará y consultará con el contratante para fortalecer el entendimiento norteamericano de, y respeto por, México Desarrollará actividades que incluirán: investigación y encuestas de opinión, el desarrollo de un plan de comunicación estratégico, anticipación, seguimiento y análisis de tendencias comerciales; iniciativas políticas y acontecimientos en Washington que puedan afectar los intereses económicos de México
“Por estos servicios, el gobierno de México le pagará a Michael K Deaver and Associates 250,000 (doscientos cincuenta mil) dólares al año, más gastos, en pagos semestrales por adelantado” El contrato dice, obviamente a petición del gobierno de México, que “ninguna de las partes hará o permitirá que se haga pública la existencia de o el contenido de dicho acuerdo sin la autorización expresa por escrito de la otra parte”
También señala el contrato —y éste es el meollo del asunto— que “la parte contratada desarrollará actividades políticas en los Estados Unidos a nombre del contratante Estas actividades podrán incluir: comunicaciones a nombre de la parte extranjera (el gobierno de México) con el Ejecutivo norteamericano y sus funcionarios, con miembros de la Cámara de Representantes y del Senado y sus asistentes”
En otras palabras: Michael Deaver hablará con sus viejos amigos Ronald y Nancy Reagan, sobre los problemas de México, cuando sea necesario Esto último, que parece exagerado, queda demostrado de manera palmaria en una cláusula de contrato, incluida también a petición de México y que dice: “Michael K Deaver fungirá como principal funcionario de la empresa para este contrato Si Michael Deaver, por motivo alguno, dejara de actuar en dicha capacidad, la otra parte podrá cancelar el contrato y la totalidad de las obligaciones contraídas” Esta cláusula aparece también en los contratos firmados por Deaver con sus demás clientes “soberanos”: los gobiernos de Corea del Sur, Singapur y Canadá
El problema en todo esto es evidente Una cosa es contratar a una empresa norteamericana para ayudar al gobierno, en coordinación con la embajada de México en Estados Unidos, a defender mejor los intereses del país Otra cosa muy distinta es contratar a quien, hace apenas un año, era el principal asesor del presidente de los Estados Unidos, su mejor amigo y el productor de su imagen desde que era gobernador del estado de California Es a tal punto amigo de los Reagan que es hoy la única persona con derecho a estacionarse en la Casa Blanca, comer allí y jugar tenis en sus canchas sin ser funcionario de la Presidencia de los Estados Unidos
Deaver es conocido por su predilección, justamente, por cuestiones de imagen: le importa poco el fondo de las cosas Por ejemplo, fue Deaver quien decidió que durante el viaje de Reagan a Europa el año pasado, éste visitara el cementerio de Bitburg en Alemania, donde había soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial enterrados, porque las fotos saldrían bonitas El hecho de que los soldados eran de la SS no le pareció importante
Desde luego, se puede argumentar que si el gobierno de México quiere contratar a un cabildero, de una vez que contrate al mejor Y el mejor, lógicamente, es alguien con relaciones privilegiadas con el presidente de los Estados Unidos Sólo que necesariamente surge la pregunta inevitable: ¿a quién sirve el mejor amigo del presidente: a éste o a sus clientes? Respuesta: a ambos, mientras los intereses de uno y los otros sean idénticos Pregunta ¿Y cuándo no?
Por lo demás, ha habido mucha controversia en Estados Unidos a propósito de las actividades comerciales de Deaver desde que salió de la Casa Blanca En particular, se ha mencionado el caso de Canadá, y del principal tema de conflicto entre Canadá y los Estados Unidos: la contaminación ambiental por motivo de la lluvia ácida Resulta que todavía durante la última reunión entre el presidente Reagan y el primer ministro Mulrooney, Deaver estaba en la Casa Blanca y participó en las conversaciones Pero, al mismo tiempo, estaba ya en tratos con el gobierno canadiense para que, al entregar su renuncia a Reagan, lo representara ante el gobierno de Estados Unidos Las preguntas eran: ¿fue realmente ética su participación en las conversaciones entre los jefes de Estado (y de gobierno) ¿no debió haber esperado a salir del gobierno para comenzar negociaciones con los canadienses?
La interrogante para México es evidente Ronald Reagan no ha sido, ni mucho menos, el presidente de los Estados Unidos más amigo, o menos enemigo de México Sus principales colaboradores nunca se han caracterizado por su entendimiento, simpatía o interés por México Llevar el cinismo convenenciero al extremo de contratar como representante del país en Estados Unidos al Emilio Gamboa de Ronald Reagan, pero que además es su amigo personal de años, y todo esto sin el conocimiento de los principales funcionarios de la embajada de México en Washington, parece excesivo La época de Reagan termina dentro de tres años; México no
México se encuentra en una situación muy difícil El gobierno de Miguel de la Madrid hace lo que puede —que no es mucho, aunque no por culpa suya— y sin duda se siente rebasado por los acontecimientos, suficiente motivo para cometer errores, más no para no corregirlos Se entiende que el gobierno se obnubile, no que se desespere Si México fuera un producto de exportación, habría que venderlo bien, lo mejor posible, y conseguirse la asesoría más calificada para lograrlo Pero México no se exporta, no está en venta y no necesita de ayudas indignas, indefendibles e inconfesables Estamos atrapados, pero algo de orgullo deberíamos tener; sin él, nos hundimos todos