FRANCISCO CORZAS

FRANCISCO CORZAS
Miguel Angel Flores
Carlos Ramírez Sandoval et al: Francisco Corzas Universidad Autónoma Metropolitana; México, 1985 137 pp
Gesto de distorsión, tela quemada, ocre en el que arde la substancia del tiempo, tropel de caballos, amarillo de lujuria, ojos ciegos o mirada enigmática, el pincel de Francisco Corzas fue un torbellino que supo de matices y rasgos en bruto La muerte puso punto final a una obra, que ahora entrega la totalidad de sus formas para la contemplación serena
Si la figura de Corzas se empequeñecía por el cúmulo de anécdotas que se quería excepcionales, nada había de extraordinario en el origen humilde, en la afición a la bebida o en la penuria de una estancia en Italia, su condición de artista adquiere dimensiones de gran pintor ante la presencia de sus cuadros Distinguir entre vida y obra acaso sea la primera operación para situar la obra de Corzas dentro de nuestro ámbito y resaltar así sus rasgos: colores y formas que sólo Corzas pudo concebir y plasmar en lienzos, donde se expresa una contenida sensualidad ante el cuerpo femenino o un gran vigor en el movimiento y la energía de un caballo
Hay una conjunción que será notable en Corzas: la destreza en el dibujo y la originalidad en el color Nuestra mirada se involucra en el cuadro precisamente porque las líneas se presentan ante nosotros con una fuerza y precisión notables y los colores son pigmentos que adquieren tonalidades que sólo son posibles en Corzas
Sí, Corzas sabía captar el misterio de figuras estáticas en un cuadro cuya composición remite a una lección bien aprendida y que se trasciende, incorporando elementos propios que hacen del cuadro algo muy singular: ahí está Corzas con su ironía y al mismo tiempo con la calidad inasible de sus figuras Figuras con ecos renacentistas y románticos, con un desorden interno que agudiza los sentidos Madonas construidas con trazos indefinidos a base de texturas de tal forma que cada sección del cuadro constituye un surtidor de formas y colores
Riqueza de Corzas: sus pinturas indagan en las posibilidades del contraste
Cuadros de figuras embozadas en las que está a punto de desatarse una tragedia, o gesto de angustia, como en el cuadro El grito, en el que la boca sin ser el elemento central de la composición destaca porque a partir de ella se distorsiona el rostro y la línea cobra vigor y el rojo afirma la violencia
Corzas y sobre todo la destreza del dibujo, la precisión de la línea, que se incorpora al color para dar a las figuras una construcción sólida en sus rasgos y una cálida etérea en su presencia; los cuadros inconclusos de Corzas son la mejor muestra de una sabiduría como pintor: todos los recursos de su arte se integran alrededor de un goce en el acto de pintar Esa es la última y gran dualidad de Corzas: mujer contemplada y reproducida, transmutada por el color en presencia de alegría y contemplación
En elogio de su arte y en conmemoración de su prematura muerte, la Universidad Autónoma Metropolitana ha publicado un hermoso libro con ensayos sobre la pintura de Corzas en el que se reproduce un excelente conjunto de sus cuadros que dan idea de su notable arte pictórico La bien cuidada edición es un justo homenaje a Francisco Corzas El libro debe mucho de su atractivo al hermoso diseño de Natalia Rojas Nieto y al cuidado que se puso en la reproducción e impresión de pinturas y fotografías del pintor en su estudio