Muñeca Fea
Francisco Ponce
BERLIN – Podría reducirse todo el abolengolero y socorrido justificante: el pasado está pintado de color rosa mexicano También diríamos que todo tiempo pasado fue mejor Y, claro: ¡Ay qué tiempos señor Don Simón!
(Aunque cuidado, porque hay de pasados a pasados y mejor no hablar de los sexenios trágicos, cuya desvirtud es de consecuente contemporaneidad)
Me refiero a aquellos años añejos de los pioneros del deporte A aquellos seres prácticamente cósmicos, visionarios, ilusionarios que entregaron pedacitos de vida —quizá ésa era su vida— para tratar de convencer a los políticos de que las guerras no sólo se ganan con balas, que las diferencias entre los ciudadanos no se atenúan nada más con decretos ni emblemas, que ni la educación por sí misma, ni la medicina, son disciplinas independientes
Para ellos, naturalmente, reconocimiento: resulta conmovedor que México celebre con un desfile deportivo el aniversario de nuestra adorada muñequita de trapo: la Revolución Mexicana
Aquellos viejos luchadores cuántos errores cometieron Pero cuánto esfuerzo y trabajo dejaron en las canchas Y desde aquí, en Berlín, a un dintel de regresar a México, vuelvo a recordar aquél eufemismo de aquellos locos del deporte: la era de los atletas de generación espontánea
Y digo desde aquí, en Berlín, porque con todo y su cielo plomo, sus anocheceres ahora a las 16:30 horas, sus bellos castaños cuyas hojas amarillas tapizan las calles —y particularmente las de Charlottenburg, a un lado del lago—, o sus otros árboles verdes y hasta algunos parecidos a los que no sé por qué me recordaron los de Xochimilco—, hay dirigentes deportivos que están dispuestos a colaborar en el proyecto nacional del deporte, sin remuneración
Son padres, muchachos universitarios, obreros, que dan un poco de su conocimiento —claro, para ello tienen que estudiar para tener licencia como monitores— para contribuir a que Alemania tenga mejores atletas
Esa cooperación existía —y existe entre muchísimos profesores de educación física en nuestro México—, sólo que la intención se ha quedado en una fantasía: la menos grata de todas las que tenemos Porque si bien en Alemania Federal —y concretamente Berlín— el diseño de desarrollo deportivo se fundamenta en estas intenciones particulares, en nuestro país ocurre lo mismo, sólo que en Berlín los políticos han entendido la lección de los griegos; en México, los políticos la recitan, como tantos otros textos de amor al pueblo y a nuestros símbolos y a nuestra identidad y
Por eso no es difícil, pero sí de alguna manera desalentador, escribir casi sin temor a equivocación, lo que será este fin de año revolucionario deportivo
Pero en realidad hasta ahora, el deporte sigue existiendo debido a mexicanos de clase, a dedicaciones personales Aquí, de acuerdo con el esquema de desarrollo deportivo, todas las instancias se basan en un proyecto en el que están incluidos desde el club más insignificante hasta el ejército y el gobierno El Comité Olímpico es una realidad de cada cuatro años, nada más Y el gobierno ayuda cuando hay programas y cuentas claras
Por eso, cuando el desfile, cada año siento que se le pone otro parche a nuestra muñequita Y no es que esté más fea cada día: lo que pasa es que la hemos remendado tanto que ni siquiera podemos ver sus lágrimas
Por eso, del desfile, siempre vemos esos remiendos








