Pese al fracaso, las mismas fórmulas

Pese al fracaso, las mismas fórmulas
Los empresarios, a gusto; en 86, menos gasto público, pocos subsidios, precios libres
Carlos Acosta Córdova
Ante el reconocido incumplimiento de las principales metas económicas fijadas para los últimos tres años, el gobierno decidió, para la segunda parte del sexenio, olvidarse definitivamente del Plan Nacional de Desarrollo —en materia de expectativas económicas y gasto público— y orientar su política económica más en atención a las exigencias empresariales que al bienestar social
Así consta implícitamente en los “Criterios Generales de Política Económica para la Iniciativa de Ley de Ingresos y el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, correspondientes a 1986”, y en la presentación del propio Presupuesto, ambos elaborados por la Presidencia de la República y sometidos a la aprobación del Congreso
El crecimiento sostenido, de entre 5 y 6%, previsto por el PND en el periodo 1985-1988, quedó en cifra muerta Simplemente, para el año que entra los documentos prevén un “crecimiento” del Producto Interno Bruto (PIB) de 1% ó -1% La inflación, que para ese periodo sería de entre 5 y 10%, según el Plan, alcanzará en 1986 una tasa de entre 45 y 50%, de acuerdo con las nuevas metas
De hecho, año tras año, hubo un incumplimiento claro de los pronósticos oficiales Para 1983 se proyectó una inflación de 50%; llegó a 808% El déficit público como proporción del PIB sería de 85%, fue de 87% El PIB crecería 05%; decayó en -57% En 84, siguiendo la misma relación (meta/logro) éstos fueron los resultados: inflación: 40%/592%; déficit público: 55%/64%; PIB: entre 0% y 1%/37% Y en 1985: inflación: 35%/60%; déficit público: 52%/96%; PIB: 3 y 35%/39% (Las últimas cifras de 1985 son las estimadas por el propio gobierno)
Todo ello con las consecuencias “naturales” de mayor desempleo y deterioro permanente de los salarios
En el último año de la primera mitad del sexenio, las cosas se complicaron más Las medidas de ajuste severo y los recortes presupuestales, no impidieron el desequilibrio de las finanzas públicas Tan no lo hicieron que, según los propios datos oficiales, indican que habrá un sobregiro en el gasto de todo 1985 Se proyectó en 183 billones de pesos y cerrará en 206 billones La mayor parte de ese incremento, el 806%, se destinó al servicio de la deuda pública
Las complicaciones en la economía, durante este año, fueron producto, según los “Criterios generales”, no de la política económica sino de “condiciones adversas, tanto internas como externas, que se mantuvieron a lo largo del año” Las internas: se creció, desde finales de 84 y más aún al principio de 85, mucho más de lo previsto “para una economía en proceso de ajuste” El gasto público se expandió, también, más de lo debido, al grado de que el déficit público no se contrajo “con la oportunidad y magnitud requeridas”
Esta situación, señala el mismo documento, si bien favoreció la creación de empleos, también “limitó la caída de la inflación, deterioró la balanza comercial, presionó el mercado cambiario y aumentó la vulnerabilidad de la economía frente a los choques del exterior”
Es decir, apenas empieza a crecer la economía, se desbarata el cuadro Tanto que para corregirlo, anuncia la estrategia para 86, “la economía entrará en un cuadro menos dinámico”
A ese panorama se añadieron las dificultades externas: a lo largo de todo 85 hubo una gran incertidumbre en el mercado petrolero, consecuencia de la sobreoferta prevaleciente y de la poca coordinación entre productores Además, aunque las tasas internacionales de interés se redujeron “marginalmente”, los flujos financieros del exterior fueron muy bajos Junto a ello, persistió el proteccionismo, que limitó seriamente el comercio exterior mexicano
Esos tres factores contribuyeron, según la explicación oficial, “a deteriorar la balanza de pagos, desestabilizar las expectativas y presionar el mercado cambiario”
Sin embargo, pese a las complicaciones evidentes, los conductores de la economía nacional insisten en señalar que la estrategia seguida es la correcta, no obstante que “no hubo avances significativos en el proceso de reordenación económica”, pero tampoco hubo mayor deterioro o retroceso en los logros alcanzados en el bienio 83-84
Dicen los documentos que están en manos del Congreso: “Gracias a los progresos que logramos en 1983 y que posteriormente preservamos, nos encontramos hoy en una etapa diferente Hemos superado la emergencia económica, limitado el costo social de la crisis, evitado retrocesos en el proceso de reordenación e iniciado cambios estructurales”
Lo conducente, según los planteamientos oficiales, no es un cambio en la política económica; basta simplemente “revisar el marco macroeconómico prospectivo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo”; es decir, “ajustar hacia la baja las metas correspondientes al conjunto de los próximos años”
En función de ello, el esquema de política económica para 1986 repite básicamente los propósitos de los años anteriores: reducir el déficit fiscal, tanto por la vía del gasto como de los ingresos; impulsar la moderación monetaria, racionalizar la protección comercial, sincronizar los ajustes en precios y tarifas, y, en cuanto las condiciones lo permitan, reducir las tasas de interés y el ritmo de deslizamiento del peso
En pocas palabras: más de lo mismo, pero sobre la base de un ajuste más profundo y prolongado, un castigo más abierto al gasto público y la renuncia al crecimiento económico (la meta de 1% ó -1% como tasa de crecimiento del PIB así lo indica)
La estrategia de política económicas diseñada para 1986 no es ajena a exigencias de las cúpulas empresariales ni al tipo de soluciones que sugieren las mismas para combatir la crisis El caso concreto del Consejo Coordinador Empresarial así lo manifiesta En su más reciente análisis de la economía (Proceso 471) además de culpar al gobierno de los desequilibrios financieros y en general de la gravedad de la economía, sugiere los siguientes elementos para corregir la situación: abatir la inflación y reducir sensiblemente el déficit público, mediante la disminución del gasto corriente, liquidación o venta de paraestatales y eliminación de subsidios; ampliar la base recaudatoria y reducir las tasas impositivas; eliminar controles de precios y de cambios, liberalizar al máximo el comercio exterior y dar mayor apertura a la inversión extranjera
Muchas de esas propuestas las hace suyas la estrategia económica para 1986 La reducción del déficit, señalan los “Criterios generales”, “es un elemento fundamental del proceso de reordenación económica propuesto para el año próximo, ya que se plantea reducirlo de 96% del PIB, en 85, a 49% en 1986”
No se apunta, sin embargo, que, de acuerdo con las propias cifras oficiales, el déficit se mantuvo elevado y sin control por el alto pago de intereses de las deudas externa e interna
Los documentos gubernamentales señalan con claridad que el propósito de sanear las finanzas públicas y abatir la inflación, se cumplirá “aun cuando ello signifique en el corto plazo un menor dinamismo de la economía”
Por otra parte, para gusto de los empresarios, no habrá cambios en la política cambiaria y de tasas de interés en 1986: “se mantendrá flexible y realista” La especulación y la fuga siguen sin preocupar al gabinete económico “Se mantendrán en el mercado libre aquellas operaciones cuyo intento de control, además de entorpecer la actividad económica, resultaría ineficaz dadas las características de operación de la economía mexicana”
Continuará, el año que entra, el proceso de liberalización del comercio exterior, mediante la sustitución de permisos previos por aranceles, y la racionalización efectiva de la protección interna La deuda externa tampoco tendrá un trato diferente Una moratoria, se argumenta, tendría efectos nocivos para la economía y aislaría al país Es preferible “continuar la política de mejorar la estructura de plazos y costos de la deuda externa” Por lo pronto, para 1986 el endeudamiento neto del sector público se incrementará con 4,100 millones de dólares de créditos nuevos
Hasta el momento, los datos oficiales indican que la contratación de más deuda ha servido para cubrir puntualmente el servicio de la misma y no para el crecimiento económico
Un análisis del Centro de Estudios de la Economía Nacional, indica que la estrategia económica seguida en los últimos tres años, y que se reproducirá “con mayor severidad” en 1986, soslaya interesadamente los efectos sociales de su aplicación y la inequidad en que está sustentada Apunta: no hay en los documentos que seguramente aprobará el Congreso, ninguna consideración, por ejemplo, sobre la posibilidad o no de una recuperación de los salarios reales en 1985 De no haberla sería el cuarto año consecutivo en que caen los salarios
Por otra parte, la estrategia que se seguirá el próximo año reproduce las condiciones para prolongar el ajuste y condena al país al estancamiento, señala el CEEN Es más, favorece las recaídas y hace de la recesión el estado natural de la economía Eso se comprueba cuando se observan signos positivos de crecimiento: apenas repunta la economía, así sea ligeramente, empiezan los problemas: se disparan la inflación y el déficit, se descontrola el mercado de cambios y se pierde el control de la economía
Es pues, dice el CEEN, un modelo que se sostiene sólo con base en la recesión, en el castigo al gasto y en la merma del bienestar social Pero soslaya claramente los efectos de su aplicación: reducción del mercado interno, caída abrupta de los salarios, desvalorización de proyectos prioritarios en salud, educación, tecnología
En suma, sostiene el Centro, el programa de ajuste además de que le interesa marcadamente disminuir cada vez más la participación del Estado en la economía, no ha sido capaz en estos años de desarrollar condiciones reales para un desarrollo sostenido Lejos de intentarlo insiste en combatir la inflación y reducir el déficit, es decir “sanear las finanzas”, al estilo sugerido por empresarios y organismos financieros internacionales: por la vía de un mayor sacrificio social y económico: salarios bajos, menos empleos, menos producción
A la par con ello, en política de gasto público, la estrategia para 1986 hace más evidente el abandono del Plan Nacional de Desarrollo En efecto, éste sostiene que la política de gasto estará orientada a la generación de empleo, a fortalecer la capacidad del aparato productivo, promover una distribución más equilibrada del bienestar social y a ejercer el gasto con eficiencia, honradez y control
Si en los primeros años de la actual administración no se cumplió ninguno de estos postulados, en el que viene tampoco, según se desprende de la estructura del presupuesto de 1986
Nuevamente será la deuda la parte que ocupe la mayor proporción del gasto total Este será, en el próximo año, de 32 billones 214,800 millones de pesos, de los cuales, el 459%, es decir 14 billones 791,800 millones de pesos, serán para cubrir la deuda En 1985 se había proyectado que la deuda ocupara el 373% del gasto total, pero las últimas estimaciones oficiales la acercan al 419%
El monto de lo que se destinará a la deuda en 86 es apenas inferior en 599,200 millones de pesos a lo que se ocupará para el gasto total programable del gobierno, que asciende a 15 billones 391,000 millones de pesos Pero esta cantidad deberá distribuirse en diez partes, para igual número de sectores: a energéticos, 248% del gasto programable; a educación, el 138%; en contraste, a turismo el 02% y a pesca el 18%
En el presupuesto 86 destaca el propósito de sanear las finanzas públicas y reducir la participación del sector público en la economía, mediante la contención del gasto corriente y de los subsidios
Finalmente, para hacer frente a los requerimientos de financiamiento del gasto de 1986, el gobierno incrementará impuestos en un orden aproximado de 73% global, de tal forma que se captarían 81 billones de pesos Las alzas se harán sobre todo en el Impuesto al Valor Agregado y sobre la Renta, importaciones, impuesto sobre automóviles nuevos y en el impuesto sobre producción y servicios Junto con ello, se buscará aumentar, según datos de la iniciativa de Ley de Ingresos, sujeta a la aprobación del Congreso, en cerca de 102% la recaudación fiscal, además de incrementar precios y tarifas de bienes y servicios del sector público