Corruptos los presidentes, no; colaboradores y parientes, “por ahí va la cosa”
Para salir de la crisis se requiere democracia, dice Rosa Luz Alegría
Rafael Rodríguez Castañeda
Rosa Luz Alegría acepta la pregunta con una sonrisa, a estas alturas de la entrevista ya habitual, y responde con voz suave:
“Si, soy millonaria Comparada con un pobre, soy rica; comparada con un verdadero rico, soy pobre Lo que sí le puedo decir es que cada centavo que tengo lo he ganado con mi trabajo”
En la sala de su residencia en San Jerónimo —en la pared, hermanados, un Tamayo y la impresionante luminosidad de un Ricardo Martínez—, la exfuncionaria propone la democracia verdadera como única salida de la crisis, aboga por los expresidentes Echeverría y López Portillo, menosprecia críticas personales y concluye que sí, claro, que sí le gustaría volver a la administración pública
La entrevista es en blanco Blancas las paredes, blanco el tapiz de los muebles, blanca la felpuda alfombra, blanca la plata que refulge sobre la blanca mesa de centro, blanca ella: desde la diadema que le aprieta la frente y le recoge el cabello, hasta las botas de tacón bajo que ciñen su blanco pantalón; blanco, también, el oro de las sortijas diamantadas en cuatro dedos de su mano izquierda y la enorme madreperla que luce en la derecha Blanco, en fin, el reloj plateado en su muñeca izquierda
Todo, en contraste con el verde salpicado de hojas amarillas del jardín que se extiende como abanico más allá de los ventanales, en la luz del mediodía
Ha pasado mucho tiempo desde que Rosa Luz Alegría encabezaba las asambleas del 68, en la Facultad de Ciencias, junto con otros brillantes dirigentes que ese plantel aportó al movimiento estudiantil Y muchos acontecimientos, en el país y en la vida de la exsecretaria de Turismo ¿Qué es y cómo es ahora Rosa Luz Alegría?
Licenciada en física teórica, doctora en ciencias, exlíder estudiantil, divorciada del hijo de un expresidente, madre de un adolescente, primera secretaria de Estado en México, mujer envuelta en la polémica y en la crítica mordaz, Rosa Luz Alegría pasa, durante hora y media de diálogo, por contradictorios estados de ánimo: desde la exaltación, hasta la irritación, desde la tranquilidad hasta la ironía
—Doctora, usted se reitera como apasionada de la política ¿Qué es para usted la política?
—La actividad más importante a la que se pueda dedicar el ser humano La política es, precisamente, el arte de las relaciones humanas, de la convivencia, pacífica y productiva
—¿Pero qué es realmente la política? ¿Ese cuadro que usted pinta corresponde a lo que se hace en la práctica?
—Lo que sucede es que casi en ninguna parte, casi en ningún momento la política como ya la concibo coincide con la politiquería como se practica aquí, por ejemplo
—¿Dónde ha encontrado lo más cercano a lo que usted concibe como ideal de política?
—En el pueblo y en la comunidad estudiantil en el 68 Eso fue precisamente la raíz de la toma de conciencia, de la crisis de conciencia del 68 Claro, ahora eso ha cambiado
—¿Para bien o para mal?
—Pues creo que para mal, porque se perdió la mística, la conciencia profunda, el sentido de responsabilidad y el gran compromiso que se tenía en ese momento, que era el de trascender cuando se es joven, cuando se tiene preparación suficiente para entender y actuar y sin compromisos tan fuertes como los de una familia Eso da una gran libertad y una gran capacidad, que se combina con el momento justo de la educación superior y se tiene la obligación de aprovechar al máximo siento que ahora ya se está entendiendo esto, ya no se está haciendo, salvo a partir del terremoto, a raíz del cual se despertó la conciencia estudiantil
—¿Su incursión en la función pública la decepcionó de la política?
—No, de ninguna manera, precisamente porque soy adicta a la política me interesa luchar porque se aplique en sus propios términos, que no se malentienda ni se utilice para manipular
—Pero dice usted que lo más cerca de su ideal lo ha encontrado en la comunidad académica
—Bueno, antes de la comunidad académica, en el pueblo; ahí está la verdadera razón de ser y fuente de energía, la reserva de revolucionarios de cualquier país, pero particularmente de este En el pueblo está la verdadera política, la que nos sirve para servir, para entender, para atender las necesidades a partir de ciertos recursos, no para resolverles los problemas sino para que los resolvamos juntos
—¿El gobierno practica ese tipo de política?
—Cuando menos trata Es la razón de ser de cualquier gobierno: conciliar los intereses en conflicto y atender las demandas populares Eso es, por lo menos, lo que debía de tratar de hacer
—Como muy cercana colaboradora en los dos sexenios anteriores, doctora ¿cuándo piensa que se empezó a generar la crisis que ahora agobia al país?
—Hace muchísimos años Creo que alcanzó su culminación en 1968 y no es imputable a una persona en particular o a un problema en especial, sino a muchos factores que se vinieron cambiando durante mucho tiempo, que justo en 68 hicieron crisis Desde entonces siento que no se le dio una salida viable y luego se complicó con factores adicionales, externos e internos, que han hecho más difícil la situación
—¿Qué factores han incidido más en este agravamiento?
—¿A partir de 68? Pues estoy convencida que todo tiene su origen en los problemas económicos y si no atienden los problemas económicos se convierten en sociales y si los problemas sociales se acumulan se convierten en problemas políticos y cuando se alcanza el rango de dilema político ya no se pueden dar soluciones políticas y hay que ir a la raíz, es decir, resolver las cuestiones económicas, para dar salida a las presiones sociales y como consecuencia resolver las tensiones políticas Creo que ciertos problemas económicos no se atendieron, se convirtieron en sociales y actualmente tenemos problemas políticos serios
—¿Pero cuál es la causa de que no se hayan entendido?
—Me atrevo a plantear una tesis: la de la carencia de un sistema de comunicación social eficiente y permanente entre gobernantes y gobernados Precisamente la razón por la que estalló el 68 fue porqué no se le supo canalizar Lo que empezó como una simple demanda, un pliego petitorio, frente a la ausencia de un interlocutor fue creciendo hasta convertirse en crisis, en la que además intervinieron otros factores, como problemas económicos, laborales, sucesionales Es decir, creo que el asunto se desencadenó por la falta de este mecanismo fundamental de comunicación entre gobernantes y gobernados
—En concreto, por ejemplo, ¿qué falló durante el sexenio de Echeverría?
—Yo participé en el sector educativo y no conozco a fondo lo que ocurrió, ya que desafortunadamente en el gobierno hay un divorcio entre las áreas sociales y las decisiones económicas Los problemas económicos no se discuten con las autoridades del sector educativo Sin embargo, creo poder decir que los problemas económicos se agudizaron por la reacción que provocaron en ciertos sectores internos e internacionales algunos planteamientos radicales de Echeverría Eso polarizó y radicalizó posiciones Eso afecta mucho en una sociedad como la nuestra, que funcionan mucho con base en alianza de intereses
—¿Y en el sexenio de López Portillo, qué pasó?
—Tampoco tuve injerencia directa en cuestiones económicas, a pesar de que estoy convencida que la actividad turística es eminentemente económica Me atrevo a señalar que en un momento determinado el gabinete económico le presentó al Presidente de la República un panorama que no era exactamente el real No quiere decir que se le quiso engañar; simplemente que el panorama que se le dio era irreal Creo, sin embargo, que la gran decisión del gobierno —aprovechar la coyuntura del petróleo para avanzar y dar el salto en la planta productiva del país— fue muy acertada
—Usted fue subsecretaria de Programación y Presupuesto Debe usted conocer qué medidas desacertadas se tomaron
—Le vuelvo a decir que la gran decisión fue acertada Hubo desaciertos en pequeñas decisiones de instrumentación y en medidas concretas de política económica o energética Tuve serios enfrentamientos con el gabinete económico, porque yo era la voz que desentonaba en el corto, cuando todos sus miembros pensaban que las medidas eran acertadas sólo porque el Presidente creía que lo eran Tuve diferencias con el Presidente y él respetaba mis puntos de vista
—Doctora ¿cómo es la gente que tiene el poder en México?
—No podríamos hacer generalizaciones Cada quien tiene su estilo No podríamos hacer el retrato hablado del político mexicano, pues cada quien es como es Puedo dar mis puntos de vista sobre los políticos mexicanos que conozco, pero definitivamente me negaría a hacer el retrato hablado que generalice
—¿Cómo son los que conoce?
—Pues para empezar, gente muy inteligente, muy valiente, de la que he aprendido muchísimo desafortunadamente no son perfectos, pero tienen muchas más cualidades que defectos
—¿Cree usted que el poder pervierte?
—Pues yo me atrevería a decir de los políticos que conozco que tienen tal solidez de convicciones y de carácter, que no los pervierte, pero hasta el más pintado se puede confundir o equivocar por culpa del halago, una de las grandes plagas del país Lo digo por experiencia personal La primera vez que le dicen a usted que es sensacional, pues dice me están cotorreando, la segunda, pues, ya basta, pero la milésima vez que se lo dicen a usted empieza a pensar que, bueno, algo hay de eso, al grado de que cuando alguien le dice que se equivocó, exclama: ¡cómo, yo, si soy sensacional, si soy perfecto cómo me voy a equivocar! De ahí se pasa a la falta de frontones donde rebotar ideas, no tener con quién discutir, porque todo lo que uno dice está bien
—Eso llega al extremo, sin duda, en el caso del Presidente de la República ¿qué opina del poder absoluto de los presidentes mexicanos?
—Creo que el sistema presidencialista es el más adecuado para nuestro país Pero está la plaga del halago En ninguna parte la Constitución dice que el Presidente debe ser verdad porque lo dice el Presidente Esto no es problema del sistema, sino de hombres y mujeres del sistema que actúan en forma equivocada
—¿Cómo fueron Echeverría y López Portillo ante el poder y el halago?
—No les afectó gran cosa Aunque, en un análisis retrospectivo, alcanzó a percibir ciertas modificaciones de comportamiento entre el comienzo de su administración, cuando estuvieron en apogeo y cuando terminaron Sí, hay ciertas modificaciones de conducta Pero nada sustancial Y es que, vuelvo a repetir, el halago constante, martillante, llega un momento que aturde y confunde
—¿No cree usted que el paso de años de poder y de halagos sin límites acaban por influir en la toma de decisiones?
—Creo que ese es el arte de gobernar, el no dejarse influir por este tipo de cosas, el dominar estas influencias en el momento de tomar decisiones serenas
—¿Y ellos lo lograron?
—En términos generales, sí De las equivocaciones que tuvieron, no fue porque se hayan dejado influenciar Hubo equivocaciones, pero no decisiones arbitrarias Y ninguna se generó en influencias externas
—Como compañera de gabinete que fue en la época de López Portillo conoce bien a Miguel de la Madrid, ¿Cómo lo juzga ahora?
—Lo conocí cuando yo era funcionaria pública y para juzgarlo ahora tendría que ser funcionaria De otra manera, no es válido Cuando conviví con él fue estupendo colega, muy centrado, muy trabajador Después fue mi jefe como secretario de Programación y Presupuesto y yo subsecretaria de Evaluación Fue muy enérgico, un estupendo jefe Después, como compañero de gabinete, fue un estupendo colaborador Entendía los planteamientos y era muy disciplinado Algunas veces manifestó puntos de vista contrarios a los del resto del gabinete económico El Presidente tomó la decisión de la mayoría y él se disciplinó
—¿Sabe De la Madrid conocer a los hombres?
—Supongo que sí Conocía bien a sus colaboradores y tenía un estrecho contacto con ellos, lo cual es una virtud, porque cuando por diversas causas y compromisos se aleja uno de sus colaboradores, pues éstos se van por su cuenta
—¿Escogió el Presidente actual a los mejores hombres posibles como sus colaboradores?
—Yo no sé de dónde escogió, entre quiénes escogió, por lo tanto no sé si lo hizo bien o mal
—¿Pero usted cómo los ve actuando?
—Desde fuera, como los vemos todos
—Pero usted es una observadora especial
—Como observadora me abstengo de opinar porque creo que sería distorsionar las cosas por mi condición de exfuncionaria, primera secretaria de Estado, lo que tiene muchísimo peso y no quisiera distorsionar las cosas
—¿Le gustaría regresar a la administración pública?
—Sí, desde luego, a pesar de que me doy cuenta de que cada vez es más difícil el manejo de la función pública por las condiciones como están A mí me gustan los retos y sí, claro, me gustaría estar de nuevo en el gobierno
—¿A pesar de la enorme desconfianza popular en los gobernantes?
—Precisamente por eso, porque creo que es capital que se reconstruya la confianza a partir de una comunicación permanente
—¿Cree de veras que hay posibilidades de que se restablezca la confianza?
—Tengo que creerlo
—¿Pero qué tendría que suceder, en concreto, para que se restableciera?
—Que exista comunicación real con el pueblo Lo que hay es difusión, divulgación en un sentido y nunca retroalimentación Mientras no haya participación efectiva en la toma de decisiones, no nada más en la recepción de los beneficios o perjuicios de ellas, no vamos a salir
—Insisto: ¿qué tendría que ocurrir para devolver la confianza?
—Que los gobernantes escucharan a los gobernados, pero no sólo que los dejaran hablar, sino que escucharan sus puntos de vistas y los tomaran en cuenta para actuar juntos
—¿Cree que el sistema soportaría una verdadera participación popular?
—Pues yo creo que lo que no soporta es seguir así No sólo lo soporta, sino lo requiere indispensablemente No propongo nada en forma contestaria, cambiar el sistema o algo así Simplemente, que se haga efectivo, que realmente nuestro sistema sea participativo, es decir, democrático Creo que ya rebasamos la etapa de una democracia representativa; tenemos que ir hacia una democracia participativa
—Pero las estructuras del sistema están cerradas para lo contrario de lo que usted propone El PRI y los organismos que lo componen están creados precisamente para cooptar al pueblo y no como vía de participación
—Bueno, pero los representantes son los menos, y los representados somos los más Si nos organizamos para ejercer nuestros derechos, pues ahí está la solución
—Si no se acierta a dar esos pasos ¿qué futuro la espera al país?
—No tengo bola de cristal, pero creo que muy negro, si no se atiende esta cuestión, que no es una recomendación mía, sino algo que se ve que se necesita, que yo percibo
—¿Cómo y cuándo se originó la desconfianza de la que hemos hablado?
—Repito que desde el 68 había ya un fermento de desconfianza, precisamente por falta de instancias de comunicación Imagínese, pretendíamos que el Presidente saliera al balcón de Palacio Nacional a dialogar con una muchedumbre Y es que todos sus colaboradores estaban cuidando su imagen Nadie quería meterse en problemas, ni quedar mal con el Presidente, ni con el pueblo No había instancias negociadoras Se formaban comisiones para dialogar, pero nadie tomaba decisiones porque cuidaban de no comprometerse con una parte o con la otra Entonces prácticamente dejaron solo al Presidente frente a la colectividad, frente a la comunidad que ya no era sólo estudiantil, porque se habían integrado trabajadores y amas de casa Y predominó la incomunicación Lo mismo ocurría entre la comunidad estudiantil con el asambleísmo, en que se discutía y se discutía y en realidad no nos comunicábamos y a nada se llegaba
—A partir de ese germen ¿Qué ocurrieron los últimos 17 años?
—No se atendió la cuestión Seguimos careciendo de una política de comunicación social que establezca ese vínculo Culpa también de los medios de comunicación, más bien de difusión, mal manejados y desaprovechados Lo que han hecho es incomunicar aún más Y es que, paradójicamente, han convertido la comunicación, no en un medio, sino en un fin en sí mismo, sin un porqué o un para qué claros A través de ellos se mediatiza y se desinforma con una avalancha de información
—Retomemos el tema de la desconfianza ¿Qué importancia le da usted a la corrupción en la generación de este problema?
—Mire, yo más que hablar de la corrupción, la combato
—Pero al combatirla, tiene usted una idea clara de hasta qué grado ha llegado la corrupción en México
—Creo que se ha exagerado mucho esta cuestión Es triste ver cómo en el extranjero se ha distorsionado mucho la imagen de México, al grado de decir que ya no es el Estado, ya no es una persona, ya no es el gobierno, sino un país de corruptos Obviamente, no es el caso Si 10,000 personas ó 100,000 personas son corruptos, de ninguna manera es representativo con 78 millones de mexicanos que, definitivamente, no podemos calificar como corruptos Me niego absolutamente a aceptar este concepto Al contrario, en términos generales, creo que el pueblo de México es de una honestidad, de una sinceridad, de una solidaridad como se han dado muestras en las últimas semanas
—Algo debe haber, donde el propio Presidente o el entonces candidato invocó el lema de “la renovación moral” para que pensáramos en otro tipo de gobierno, en otro tipo de funcionarios
—Era una estrategia de una campaña política que, como cualquier otra, se hizo en torno de un modelo del país a que aspiramos No se planteaba como una forma de gobierno Es una estrategia para llevar a cabo la política de gobierno
—Estrategia que surge de una necesidad popular de volver a creer que los funcionarios públicos pueden ser honestos
—Esa estrategia se podía haber planteado desde la época de los romanos, y se puede plantear en México, en Estados Unidos o en la URSS En cualquier país la renovación moral es válida Hay que combatir la corrupción, pero no ahora, sino desde siempre y en todo tiempo y lugar Es un problema del género humano
—No podemos negar que hay un consenso en México de que hay corrupción en el gobierno, de que muchos funcionarios son corruptos, de que hay enriquecimiento ilegítimo de funcionarios No lo podemos negar
—Sí, porque el hecho de que exista un funcionario honesto no es noticia Vuelvo a repetirle, si hay 10, 100 o 500 funcionarios corruptos no quiere decir que dos millones de funcionarios públicos que existen en este país sean corruptos Lo que pasa es que si un funcionario cumpla y sea honesto, eso no lo sabe nadie ni a nadie le importa Lo que importa es el que no cumple Y qué bueno, para que se les demande o se les destituya Pero no generalicemos
—¿Pero no cree usted que esos pocos o muchos funcionarios corruptos son los que han hecho daño a la relación?
—Claro que sí Le han hecho daño al país y al mundo entero y a la humanidad Y nos han hecho daño a quienes hemos sido funcionarios, porque estamos cargando culpas ajenas ¿Usted es o ha sido funcionario? Entonces usted también es corrupta Y a partir de ahí, todo lo que yo tenga ha de ser malhabido, como una consecuencia lógica Son las consecuencias que pagamos por los que sí se equivocaron, por los que sí cometieron delitos Pero me niego a que se generalice
—¿En algo tiene que ver la corrupción de funcionarios en la crisis del país? ¿El sistema ha propiciado los malos manejos?
—Por muy hábiles que sean, no creo que quienes han delinquido tengan la capacidad para poner en jaque al país El país está en jaque por causas muy grandes, mucho más complejas Que haya corruptos afecta, pero no a ese grado Ahora, que el sistema haya propiciado esto, de ninguna manera Lo que pasa es que somos muy ingeniosos hasta para ver la manera de burlar leyes y reglas
—¿Ha llegado la corrupción al nivel de los presidentes de la República?
—Depende de lo que se entienda por corrupción A mi juicio, corrupción es deliberadamente abusar del poder, sacar provecho personal de situaciones generales, de problemas como el de la crisis A partir de esta definición estoy convencida de que los presidentes con que he trabajado, fundamentalmente el presidente Echeverría y el presidente José López Portillo, no fueron corruptos
—¿No hicieron un uso personal del poder?
—Por parte de ellos, no Si algunos colaboradores o familiares se extralimitaron o actuaron de otra manera, yo me abstengo de opinar por cuestiones obvias y creo que más bien por ahí va el asunto Pero ellos, en lo personal, desde este punto de vista de lo que yo considero corrupción, ellos no la cometieron
—¿Cómo es posible que en un país pobre como México, con tantas limitaciones, un expresidente esté en condiciones de regalar hectáreas y hectáreas de terrenos urbanos ubicados en un lugar privilegiado que, inclusive, son barrancas que hasta donde yo sé son de propiedad federal? ¿Cómo es posible que se pueda dar un fenómeno así?
—Muy fácil La especulación urbana no la inventó José López Portillo Y no son hectáreas y hectáreas Son sólo 6 hectáreas Extensión muy modesta comparada con lo que tienen empresarios privados Parece ser que si un empresario tiene amplias extensiones, no hay problemas Si las tiene un funcionario, entonces sí es un delito No se vale Lo que es parejo no es chipotudo El compró esos terrenos muy baratos Y ya los tenía y ninguna obligación tenía de donarlos Lo hizo como una forma de colaborar en la reconstrucción Ni modo que hubiera tomado una pala y hubiera participado en el rescate No hubiera podido hacer ninguna aportación valiosa
—¿Por qué el tremendo desprestigio de López Portillo?
—Un grupo de particulares con recursos estableció lo que podríamos llamar un fondo para el desprestigio, a fin de financiar una campaña no tanto contra la persona sino contra el sistema Resulta que el sistema estaba adquiriendo demasiada relevancia, entre comillas, para la comunidad de ciertos intereses particulares nacionales y extranjeros
—¿Cómo resintió la forma en que se le involucraba con el presidente López Portillo?
—En lo personal, de ninguna manera En lo social, tampoco Jamás me he encontrado con ningún planteamiento incómodo respecto de mis relaciones con mis jefes y exjefes Esto fue parte de la campañita que me tocó de rebote Pero fue sólo en algunos medios de información No tuvo penetración
—A usted le tocó vivir de cerca la etapa de la selección de candidatos presidenciales al final del sexenio de Echeverría ¿Cómo es ese proceso?
—Es algo muy interno del sistema, que depende del estilo y de la mentalidad de los involucrados en esas cuestiones Para mí no es un misterio Hay una serie de factores institucionales y también circunstanciales que se toman en cuenta No se puede hacer el retrato hablado de la sucesión No hay recetas ni metodología Es complejo, pero no oculto
—Durante esos momentos ¿cómo se comportan los miembros del gabinete?
—Aparentemente, no hay cambios Pero en realidad, desde el primer día en que se integra el gabinete se inician las tensiones Se viven situaciones molestas para unos y para otros, como yo, divertidas
—¿En algún momento pensó en la posibilidad de ser la elegida?
—Sólo en broma Estaba consciente de las limitaciones y obstáculos que todavía tenemos las mujeres en la carrera política Así ocurría con mis compañeros de gabinete Tenían temor por mi capacidad personal, pero sabían que ninguna oportunidad existía Puedo decir, sin embargo, que yo, como todos, pensamos en la posibilidad de ser, hasta el último minuto anterior a conocer la decisión
—¿Es usted millonaria?
—Cualquiera que tenga más de un millón de pesos, lo es Sí, soy millonaria Comparada con los pobres, soy rica Comparada con los verdaderos ricos, soy pobre Lo que si le puedo decir es que cada centavo que tengo lo he ganado con mi trabajo Y siguiendo el consejo que me daba mi padre: nunca gastes más de lo que ganas








