La devaluación del peso, en este gobierno, 614%

La devaluación del peso, en este gobierno, 614%
El Banco de México, surtidor de dólares para la fuga
Carlos Acosta Córdova
Antes que recuperar plenamente el dominio del mercado nacional de divisas y abatir la anarquía que lo caracteriza, el Banco de México alienta la especulación —primero con recursos propios y luego con un marcado desinterés en la aplicación de un verdadero control de cambios— y se muestra incapaz de contener la caída estrepitosa del peso, a grado tal que el tipo de cambio libre rebasó la semana pasada los 500 pesos por dólar
En los últimos días el mercado cambiario ha estado desquiciado por completo y las autoridades financieras nada hacen para imponer el orden La copiosa especulación, que ha generado aumentos de hasta 120 pesos en la cotización libre —de 385 pasó a 505— en tan sólo dos semanas, resulta irrelevante para los encargados de la política cambiaria La demanda de dólares, al precio que sea, no se detiene Antes bien, la oferta amplia y sostenida de las autoridades, la revitaliza
La semana pasada tanto el Banco de México como la Secretaría de Hacienda negaron que la especulación y el desorden cambiario fueran graves La fuga de capitales, incesante y creciente, tampoco es preocupante, dijeron Insistieron en lo de siempre: que solamente el 20% del total de las divisas que se manejan en el mercado nacional es el que entra en el juego especulativo El 80% restante está sujeto al mercado controlado por el gobierno y se usa en operaciones de comercio exterior y para cumplir obligaciones financieras externas, entre otros renglones
Sin embargo, las propias cifras oficiales contradicen a las autoridades: no son pocas las divisas que entran en la especulación, ni menores los daños que causan al país, ya de por sí descapitalizado y con reducidas posibilidades internas de generar divisas
Con datos del Banco de México y de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el exsecretario técnico de aquella institución, Clemente Ruiz Durán —hizo mancuerna con Carlos Tello cuando éste dirigió el instituto central, en los últimos tres meses del gobierno lopezportillista— señala que en tan sólo año y medio, de enero de 1984 a junio de 1985, salieron del país, por movimientos especulativos de capital, 3,456 millones de dólares
Esta cantidad resulta de sumar 2,833 millones de dólares depositados por mexicanos en bancos de Estados Unidos y 622 millones de dólares registrados en el renglón de “errores y omisiones” (en el que se incluyen desde contrabando hasta fugas de capital) contabilizados en la balanza de pagos que elabora el Banco de México
Para saber si esos 3,456 millones de dólares (cantidad similar a la que, según la CEPAL, se necesita para reparar los daños ocasionados por el terremoto) son mucho o poco dinero, dice Ruiz Durán, hay que compararlo con los 154 millones de dólares que fue el monto neto de créditos externos obtenidos en ese mismo lapso
Es decir, lo que salió gracias a la especulación fue superior en 224 veces a lo que ingresó como crédito neto en esos 18 meses
Esos recursos, dice Ruiz Durán, pudieron salir del país debido al apoyo que dio el Banco de México a la especulación, marcadamente en el primer semestre de este año Explica: con el pretexto de la libertad cambiaria —convicción de las autoridades monetarias y exigencia de los empresarios, dice— y con el fin de estabilizar la paridad y desalentar la demanda con una oferta amplia de dólares, el Banco inyectó al mercado de cambios, en los primeros seis meses de 1985, un total de 1,550 millones de dólares de sus reservas internacionales
“Es decir —apunta el investigador universitario—, las reservas del Banco de México fueron utilizadas para financiar la especulación Es sumamente grave que el gobierno esté utilizando sus recursos para que algunos mexicanos, so pretexto de la libertad cambiaria, depositen su dinero en el exterior”
Ese es uno de los factores que han mermado sustancialmente las reservas del banco al que, de casi 9,000 millones de dólares que tenía en noviembre de 1984, le han quedado en este noviembre de 1985 apenas 4,000 millones de dólares
Además, mientras el mercado cambiario sigue descontrolado y la especulación y la fuga de capitales crecen sin freno, el Banco de México sigue rechazando un verdadero control de cambios y sólo intenta tímidamente mecanismos de control que “complican más las cosas y entorpecen el funcionamiento de los mercados cambiarios para importadores y exportadores”, según Clemente Ruiz
En efecto: la semana pasada, el Banco de México dio a conocer, con dedicatoria para exportadores e importadores, nuevas normas para regular el control de cambios, con las cuales se restringe a unos y otros el uso de divisas, dada la “carencia por la que atraviesa el país” Según las nuevas disposiciones cambiarias, para la compra de materias primas, insumos y equipo para cumplir obligaciones financieras con el exterior, los exportadores sólo podrán usar el 50% de las divisas que generen A su vez, los importadores podrán hacer anticipos en divisas sólo hasta por el 20% del monto total de sus compras externas
Además, dice el Banco de México, para que no se pierda el control sobre las divisas destinadas al pago de anticipos de importaciones y evitar que las mismas se destinen a fines especulativos, los importadores están obligados a dar un depósito de garantía en moneda nacional, de 30% del importe de la operación
La Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana respondió de inmediato a las nuevas disposiciones Su presidente, Arturo Zavala, advirtió públicamente que las nuevas disposiciones desalentarán la actividad exportadora e impedirán que se logre el equilibrio en la balanza de pagos, como pretenden las autoridades También, que habrá un desabasto de materias primas y de insumos de exportación y que se dificultarán las negociaciones comerciales con el exterior
Con las nuevas medidas, dijo, se corre el riesgo de que aumente la desconfianza de los proveedores extranjeros en sus clientes mexicanos, “lo que repercutirá negativamente en la producción y en la generación de exportaciones no petroleras”
Este tipo de medidas restrictivas, interpreta Ruiz Durán, son limitadas, con resultados poco favorables y que “espantan más a la gente que un control de cambios real” Complican más las cosas y entorpecen los mercados cambiarios para las transacciones comerciales con el exterior, por lo cual es fácilmente predecible un mayor aumento de la especulación, dice
El problema es que el círculo de la especulación no se circunscribe a importadores y exportadores, como lo presuponen las nuevas medidas del Banco de México, dice el entrevistado Además de ellos y los especuladores de oficio, hay una gran cantidad de personas —de muchos recursos o no— que no ven que haya un proyecto económico claro que haga sentir que no vale la pena comprar dólares
Mientras no se les dé una seguridad —menos inflación, créditos y, en general, claridad en materia de cambios y de política económica— la onda especulativa no cederá, sostiene Ruiz Durán Si no se hace nada, cada vez habrá menos divisas, pero la gente seguirá comprando dólares al precio que sea mientras haya
Descartado el control de cambios, las autoridades financieras del país han optado por recurrir a los mismos expedientes que se han usado en el sexenio —rendimientos altos para los ahorradores nacionales y una cotización también alta de la paridad peso-dólar— y que han producido, contra lo esperado, un estancamiento de la economía y una devaluación extraordinaria (sin precedentes en la historia económica mundial, dice Ruiz Durán) de nuestra moneda
En efecto: para desalentar la especulación y evitar la fuga de divisas, las autoridades han recurrido persistentemente a una política de altas tasas de interés para los ahorros en moneda nacional, con la cual se pretende, de paso, aliviar la escasez aguda de recursos del gobierno
Tan luego empiezan los movimientos especulativos con el dólar y/o se desploman los ingresos del gobierno, las autoridades incrementan las tasas de interés pasivas para hacer atractivo el ahorro Sin embargo, los resultados han sido contrarios: no sólo la captación bancaria ha caído, sino que el endeudamiento interno se ha elevado desproporcionadamente Hasta el primer semestre de este año, simplemente, la deuda interna era ya de 7 billones 134,000 millones de pesos, cantidad superior en 630,000 millones (25%) al total de la deuda interna de 1984
Los resultados del endeudamiento interno exagerado, reconocidos hasta por los analistas gubernamentales, son los siguientes: 1) un efecto inflacionario grave, porque las tasas altas que se ofrecen impiden que se bajen las tasas de interés en general; 2) al no bajar las tasas de interés pasivas (lo que se paga al inversionista) tampoco pueden bajar las activas (interés al que se presta), de lo que resulta un encarecimiento del dinero y ello provoca la imposibilidad de contratar más créditos para la inversión y acumula efectos inflacionarios (Proceso 465)
Pese a esos resultados, el Banco de México insiste en incrementar las tasas La semana pasada operaron así: para los depósitos a plazo fijo de uno, tres y seis meses fueron, respectivamente de 60%, 64% y 6505% anual neto Para los pagarés con rendimiento liquidable al vencimiento, para los mismos plazos, fueron de 6175%, 6688% y 7290% En el mercado bursátil, los rendimientos fueron —en Cetes, bonos y aceptaciones— de hasta 15 puntos porcentuales más altos que las inversiones en la banca
Para evaluar esos incrementos, un dato: cuando empezó el actual gobierno, el rendimiento más alto en los instrumentos bancarios no llegaba al 45% anual neto Hoy, el privilegiado que deposite un millón de pesos en pagaré a seis meses, en cualquier banco, ganará por mes 60,750 pesos El salario mínimo, en cambio, no llega siquiera a los 40,000 pesos mensuales
A la política de altas tasas de interés la acompaña, en este gobierno, una política cambiaria basada en la permanente devaluación del peso Con ésta, la idea es desalentar la especulación y la fuga de capitales por la vía del encarecimiento del dólar Además, el ajuste continuo del tipo de cambio permitirá, según la lógica del gobierno, dar competitividad a las exportaciones, dinamizar la industria y, de paso, incrementar el ahorro interno y generar divisas suficientes para cumplir con las obligaciones externas
Los resultados de esta política y en general de la política económica seguida, quedaron explicados claramente en el télex que envió el secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, a los banqueros acreedores a fines de septiembre: mayor inflación, caída de exportaciones, alza de importaciones, disminución de las reservas del Banco de México
Una explicación la da el investigador universitario Arturo Huerta González en su tesis doctoral: “El efecto de la política devaluatoria sobre el incremento de la producción manufacturera es muy reducido y más si se toma en cuenta el encarecimiento de la inversión que origina, tanto por el alto coeficiente importado que requiere, como por las presiones financieras que surgen del pago del servicio de la deuda externa y por el aumento de los precios que deriva Esta situación obliga a instrumentar adicionales políticas de ajuste que aumentan la tasa de interés interna y a contraer más el gasto público, por la mayor participación del pago del servicio de la deuda Ello dificulta y encarece más la inversión y compromete la reposición y crecimiento de la capacidad productiva, agudizando también el proceso de descapitalización de la economía a través de la quiebra de empresas y por las mayores salidas de capital”
Ambas políticas —tasas altas, dólar caro— han arrojado una devaluación de nuestra moneda de 614% del primero de diciembre de 1982 al último día de octubre de 1985 (Al iniciarse el actual gobierno la paridad oficial era de 70 pesos por dólar; la semana pasada llegó a 500 por uno) Además, la especulación y la fuga de capitales siguen incontenibles y revitalizados
El exsecretario del Banco de México, Clemente Ruiz Durán, autor del libro 90 días de política monetaria independiente (en alusión a los primeros tres meses de la banca nacionalizada y el control de cambios decretado por López Portillo), tiene la convicción de que es urgente una modificación radical: “hay que fijar una política cambiaria de estabilidad y establecer efectivos controles de cambios Se debe establecer una paridad fija, porque las variaciones en el tipo de cambio tienen impacto inmediato en la estabilidad de precios del país
“Si se quiere controlar la inflación —agrega Ruiz Durán— es preciso establecer un control de cambios y una política cambiaria de tipo estable De esa forma se reducirá sustancialmente la especulación y la salida de capitales Con ello se podrán reducir las tasas de interés, porque ya no será necesario mantenerlas altas Se estaría así combatiendo la inflación, impulsando la economía nacional y reduciendo las cargas de la deuda interna”
Sin embargo, a su convicción de que la única salida viable es el establecimiento de metas claras de política económica y la aplicación real de un control de cambios, Ruiz Durán une su escepticismo:
“Las autoridades responsables de la política económica creen fervientemente en el mercado y consideran la intervención del Estado como nociva Están convencidas de ello Además, el Banco de México es como un gobierno dentro del gobierno: se ha convertido en reducto de las fuerzas más conservadoras de este país, apoyadas por los empresarios todavía más conservadores, de una línea claramente antiestatal”