Los objetivos de Miguel de la Madrid, postergados
Deuda externa y FMI destruyeron los sueños de la reordenación
Carlos Acosta Córdova
Contra lo que prometió desde el inicio de su gestión, en el sentido de que en 1985 el país estaría ya en una etapa de recuperación “moderada, pero sostenida”, el presidente Miguel de la Madrid decidió la semana pasada, aplicar de lleno el freno a la economía nacional
Las medidas que anunció el lunes 22 en Guadalajara —ajustar por cuarta vez en el año el gasto público, modificar la política comercial, ordenar el mercado de cambios, reforzar las finanzas públicas y fortalecer la intermediación financiera— es un reconocimiento implícito de que el 1985 dibujó en sus primeros meses de gobierno, incluidas las metas que para este año preveía el Plan Nacional de Desarrollo, quedó en mera ilusión Y en definitiva, quedan postergados los objetivos centrales de su política económica; la reordenación de la economía y el cambio estructural
La recesión, el estancamiento económico y el crecimiento cero que casi todos los sectores prevén para este año, dan al traste con las promesas presidenciales Dijo Miguel de la Madrid en diciembre de 1982:
“Creo que el programa de ajuste económico nos va a llevar de dos a tres años Las primeras etapas son las más difíciles; el primer año será más difícil que el segundo y el tercero Y dentro del primer año los seis primeros meses Creo que la gente irá viendo resultados fundamentalmente en normalización de la actividad económica”
Desde entonces, el Presidente decía, optimista, que ya para el segundo año la economía empezaría a normalizarse nuevamente y que “en esa medida la gente se convencerá de que el camino que he propuesto y que estoy ejecutando, es el correcto, y, además, el necesario”
Para 1985, según sus previsiones, la economía y el país en general serían otra cosa El Plan Nacional de Desarrollo, dado a conocer en mayo de 1983, sostenía que el crecimiento económico sería moderado, pero sostenido, y alcanzaría un incremento de 4% a 5% De tal suerte que el camino, sería franco y llano para alcanzar la sociedad igualitaria y elevar a niveles altos los mínimos de bienestar De igual forma, la inflación quedaría abatida, protegido el empleo y el crecimiento económico convertido en desarrollo social
El 1985 real, sin embargo, tiene otro rostro Y el propio Presidente, en su discurso de Guadalajara, al anunciar un nuevo reordenamiento —cinco medidas “que implican un profundo cambio estructural”— así lo ratifica
El 1985 que se auguraba de crecimiento será de mayor recesión que los anteriores La meta inflacionaria de 35% quedó descartada desde los primeros meses Para el primer semestre ya rebasaba el 25%, con lo que para fin de año será prácticamente imposible llegar a una tasa menos de 50% El año en que se pensaba crear más empleo no se logrará crear siquiera los propuestos para cada uno de los dos primeros años del sexenio Peor aún, debido a los ajustes presupuestales se congelan plazas y suprimen dependencias del sector público, y la quiebra de empresas, pequeñas y medianas, son ya una realidad, entre otras cosas, por la falta de créditos y/o su difícil acceso a él por las altas tasas de interés bancario
Dentro de ese panorama de 1985, son evidentes los desajustes en las cuentas con el exterior; la inversión privada no se recupera; la especulación financiera y las persistentes fugas de capital hacen estragos en las finanzas públicas, que se debaten en una aguda escasez de divisas
Hasta el momento, todo ello ha significado —y no son pocos quienes dentro del propio gobierno así lo reconocen— que el rostro de 1985 es de un trastocamiento grave del entorno macroeconómico
El problema, empero, no es de este año Las fallas, los errores, el incumplimiento de metas, empezaron de hecho desde la aplicación del programa económico delamadridiano Este —al que desde un principio se le denominó de “reordenación económica”— se planteó un proceso de ajuste que tendría como propósito disminuir los desequilibrios externos; los internos —la inflación abrumadora y el elevado déficit fiscal como proporción del PIB— serían resueltos mediante un programa de estabilización, que tendría como base de sustentación una merma sustancial de los niveles de bienestar popular
De hecho, todo el programa económico quedó orientado por los compromisos contraídos con el fondo Monetario Internacional y el conjunto de la banca acreedora mundial Nunca se ocultó el hecho: las visitas frecuentes de representantes de ambas entidades y la firma de las Cartas de Intención así lo manifestaron Por esos compromisos, el gobierno quedó obligado desde el principio a fijarse como metas e instrumentos lo siguiente: severas restricciones de orden fiscal y monetario; límites al endeudamiento externo e interno; reducción al mínimo posible del déficit presupuestario por la vía de los incrementos de impuestos indirectos, aumento a precios y tarifas de bienes y servicios y recortes presupuestales Junto con eso, quedaba implícita la política de devaluaciones continuas, las reducciones drásticas a los salarios reales y fijación de tasas de interés altas, tanto pasivas como activas
Según los analistas, este programa no difería, o no difiere mucho, ni en concepción ni en instrumentación, del que se puso en práctica desde mediados de 1981
Sin embargo, desde su iniciación el programa económico delamadridiano tuvo dificultades Las metas parciales ni se alcanzaron En 1983 la meta inflacionaria fue de 50%, pero se llegó, en el año, a 81% La incapacidad para controlar la inflación, junto con la rigidez de la política salarial abatieron, mucho más allá de lo pensado, la demanda y la capacidad de consumo
Para ese año se había fijado un crecimiento del PIB de 0%, pero fue de menos 53%, cifra que desde 1932 no se había conocido Se les pasó la mano en los programas de ajuste y estabilización Tanto, que las importaciones cayeron mucho más de lo calculado Las exportaciones subieron y se logró un mayor superávit comercial a costa, claro, de una recesión más profunda, lo cual poco importó a los ejecutores de la política económica, pues aquello garantizaba el cumplimiento de las obligaciones financieras con el exterior
En 1984 tampoco le salieron las cuentas al gobierno Se había programado un crecimiento del PIB entre 0 y 1%, pero resultó de 35% Muchos lo festinaron Consideraron que ese incremento demostraba la fortaleza de la economía nacional y la conducción eficaz de la misma Sin embargo, ese crecimiento revelaba dificultades más de fondo En principio, no está apoyado en bases sólidas, atendía más al corto plazo y estuvo lejos de ser una recuperación sostenida, como se decía Conforme avanzaba el año y se aceleraba la actividad económica, se empezó a notar la fragilidad de ese crecimiento El superávit comercial fue de 8% inferior al del año anterior, pero suficiente para cumplir con la preocupación fundamental de las autoridades económicas: el pago de los intereses de la deuda En los últimos meses las exportaciones empezaron a desacelerarse, mientras que las importaciones crecieron 325% más que en 83
En una conferencia reciente, el director de la Facultad de Economía de la UNAM, José Blanco Mejía, dijo, respecto a lo anterior: “Como se muestra, en cuanto requerimos más divisas, porque importamos más, contamos con menos divisas, porque exportamos menos Se trata, nuevamente, del problema estructural más grave de la economía mexicana y se expresa como una restricción al crecimiento por las divisas
“A este problema —agregó— se añade otro, y es que la balanza externa del movimiento de capital, privada, tiene ya año con año, signo negativo Se trata de la perniciosa y persistente fuga de capitales, que expresa al mismo tiempo una desconfianza que pareciera irremovible y un aflojamiento evidente del control de cambios”
Para 1985, ninguno de los factores que hicieron posible el crecimiento de 84 —incremento de 9% en la inversión privada, crecimiento importante del PIB norteamericano y el aflojamiento de las restricciones al gasto público (es decir, incumplimiento de la meta de déficit fiscal)— estarán presentes, o al menos con la misma definición Por ejemplo, la inversión privada, ante la restricción tan fuerte del crédito —encaje legal de 90% y las altísimas tasas dejan prácticamente sin recursos al sector privado y buena parte del social—, tendrá dificultades para repuntar
A su vez, todo indica que el crecimiento norteamericano será considerablemente menor que el del año pasado, lo cual provocaría la caída de las exportaciones mexicanas Los precios del petróleo afectan —como se ha visto— gravemente las finanzas públicas lo que obliga a continuos recortes del gasto público Y a ello se agrega el pago irrestricto, incondicional, de la deuda
Todas las cifras y los indicadores económicos de 1985, las medidas de política económica que se han tomado a lo largo del año y el contexto internacional adverso, apuntan a un freno más decidido a la economía y, por consecuencia, a un deterioro más grave de las condiciones de vida de los sectores mayoritarios
En ello coinciden Clemente Ruiz Durán, que fue secretario técnico del Banco de México de septiembre a noviembre de 1982, y autor del libro 90 días de política monetaria y crediticia independiente; Salvador de Lara Rangel, coordinador de la Maestría en Docencia Económica de la UCPyP (Unidad de Ciclos Profesional y de Posgrado) del CCH de la UNAM, y Enrique González Tiburcio, investigador de tiempo completo en la misma unidad
Los entrevistados, dentro del análisis que hacen de la conducción económica nacional de los últimos meses, enjuician las medidas anunciadas por el Presidente en Guadalajara y que, según él, “implican reformas estructurales radicales y que exigirán mayores esfuerzos de la sociedad”
Una convicción une sus ideas: los planteamientos del Presidente, lejos de proponer transformaciones estructurales, son simplemente una profundización de las mismas medidas que se han venido aplicando a lo largo del sexenio No son un esquema alternativo, ni modifican las líneas básicas de la política económica Peor aún, señalan, agudizarán la crisis, la harán irresoluble y atentarán, atentan contra el deteriorado nivel de vida de la población
Sobre la primera medida —el abatimiento del gasto corriente del gobierno, que se tradujo ya en un recorte más (ahora de 150,000 millones de pesos) al presupuesto de egresos de la Federación—, dice Clemente Ruiz: “En el gobierno hay la convicción de que el gasto público, que siempre consideran excesivo, es el que provoca los procesos inflacionarios y que por lo mismo hay que disminuirlo a toda costa”
El recorte entra, dice, en la insistencia gubernamental de establecer un mercado menos regulado por el Estado, de una menor intervención estatal en la economía que, según ellos, induciría un mejor nivel de vida para los mexicanos
Para Salvador de Lara —a quien Carlos Tello agradece su colaboración en el libro La nacionalización de la Banca—, la desaparición de entidades gubernamentales y el recorte en sí son medidas meramente espectaculares, llamativas, pero sin ninguna influencia real en términos de ajuste de las finanzas públicas, ni de racionalidad efectiva Están hechas más bien —dice— sobre la base de un planteamiento más ideológico y político que económico: el adelgazamiento del Estado, y su alejamiento continuo de la economía
Para un presupuesto de 18 billones, agrega Ruiz Durán, los 150,000 millones de pesos que ahora se eliminan son prácticamente nada Además, es absurdo querer abatir el déficit público reduciendo el tamaño del Estado, disminuyendo su influencia en la economía y afectando programas y proyectos de carácter social
El problema es más de fondo Y no está en el tamaño del sector público, ni en los sueldos de los servidores públicos, ni en los utensilios de la administración “Si eliminamos el pago de intereses de la deuda, interna y externa, el déficit del sector público se convierte en superávit”
Ahí está la clave, dice Ruiz Durán, también investigador universitario Mientras se siga destinando la tercera parte del presupuesto de gastos al pago de los intereses, habrá necesidad de seguir recortándolo y, en consecuencia, de afectar el bienestar de decenas de miles de familias
El eje del asunto es la persistencia del gobierno de pagar a toda costa, y en las condiciones que le marcan desde fuera, los intereses de la deuda No plantea, sin embargo, una moratoria, sino que las autoridades deberían, en primera instancia programar su gasto, sus niveles de bienestar, de empleo y, después, con lo que sobrara, pagar los intereses Es decir, invertir el orden: supeditar el pago de los intereses al bienestar del país y de la población
Los cambios en la política comercial —sustitución de permisos de importación por aranceles—, que es la segunda medida anunciada por el Presidente, adolece, en opinión de Clemente Ruiz Durán, de una definición clara, de una visión de conjunto de la economía nacional y revela la poca reflexión del gobierno sobre lo que se quiere con el aparato productivo nacional Explica:
Es cierto que durante los 50 años en que utilizaron los permisos previos de importación, hubo distorsiones en el aparato productivo, pero —se pregunta— ¿son los aranceles el camino adecuado? “No es ni una cosa ni la otra Hay ramas donde se necesitan los permisos; en otras, los aranceles Entonces, no es cuestión de eliminar permisos y generalizar aranceles La cuestión es sobre el perfil industrial que deseamos tener para los próximos años Eso no lo discute el gobierno Lo que discute es si su instrumento es mejor que otro No es el caso: hay áreas que requieren ser protegidas y otras no Entonces, lo que hay que ver es cómo vamos a integrar nuestro proceso productivo”
Para Salvador de Lara, eta medida es, cuando menos, desalentadora: se quiere poner a competir el aparato productivo interna y externamente, cuando no se le ha impulsado, fortalecido, cuando está débil y vulnerable
La flexibilización del tipo de cambio, y en general el orden en el mercado cambiario —tercera medida presidencial— parten de una persistente idea gubernamental: que la flotación y el libre juego de la oferta y la demanda, van a eliminar la especulación Dice Ruiz Durán: “Es absurdo: mientras no haya un sistema previsible, una política clara respecto a qué va a pasar con nuestra moneda, la gente seguirá jugando a la especulación, porque sabe que con ella, seguramente, el día de mañana saldrá ganando No hay más solución: necesitamos un sistema de paridad previsible que desestimule la especulación y combinarlo con un sistema de controles efectivos”
El investigador Enrique González analiza la forma en que se ha conducido el gobierno en materia de cambios, que lo ha obligado a devaluar permanentemente el peso Explica: desde el comienzo de la actual administración, se plantearon tres objetivos de política cambiaria: lograr un tipo de cambio único y realista a finales de 83 y principios de 84; mantener un tipo subvaluado, que fomentara las exportaciones y redujera las importaciones, y lograr la soberanía del mercado cambiario, entendida como la capacidad de la autoridad de mantener la demanda especulativa dentro de los círculos oficiales
Sin embargo, el tipo de cambio único no se logra en 83: fue necesario deslizarlo, en 84, el tipo de cambio se utiliza como un mecanismo antiinflacionario y a lo largo del año pierde la subvaluación Inclusive, el tipo controlado se sobrevalúa y el libre pierde toda subvaluación a fines de diciembre El mecanismo entra en crisis porque se usa como instrumento antiinflacionario Es decir: no elevamos el precio del dólar para que no encarezcan los productos
En este año, el repunte inflacionario, que alarmó a todos, junto con un dólar permanente subvaluado, empezó a generar demandas especulativas crecientes, que se aceleraron con los anuncios gubernamentales de establecer un tipo de cambio realista Todo mundo intuía que el dólar subiría y se volcaron en su búsqueda
Ya para junio —dice González Tiburcio— el propósito de soberanía monetaria se deteriora, al grado de que se decide desaparecer el dólar libre y jugar a la paridad superlibre, establecida por las casas de cambio y los especuladores Lo que ahora se pretende con la devaluación del dólar controlado —en 20% lo estableció el gobierno— es reducir la brecha entre uno y otro tipo, que antes de esta devaluación era de casi 150 pesos de diferencia Lo que se vislumbra, porque no tiene otra salida, según lo que se ve y están haciendo, es seguir con devaluaciones o deslizamientos cada vez mayores para tratar de cerrar esa brecha
En estos momentos, añade, en materia de cambios, los instrumentos de política económica parecen estar corriendo detrás de las fuerzas especulativas que, en un primer momento, pensaban controlar
La medida —cuarta— de reforzar las finanzas públicas mediante una mejor recaudación fiscal y la disminución de la evasión no tuvo de los conductores de la economía una suficiente explicación de cómo se instrumentaría Tal como quedó planteado, coinciden De Lara y González Tiburcio, no va más allá de los buenos deseos de siempre “El problema es que si la actividad económica es baja, la captación tributaria también disminuye Se quiere combatir la baja tributación con buenos deseos, con buenas intenciones”, dicen
Respecto a la última medida, el fortalecimiento de la intermediación financiera, dice Ruiz Durán: los sistemas fiscales, tributarios, cambiarios, financieros, tienen como principio la base de la confianza La gente no la tiene y por eso saca su dinero de los bancos, de las casas de bolsa El mismo gobierno dice que la captación se ha caído fuertemente Entonces, hay que establecer la confianza ¿Cómo? Teniendo un sistema económico y político claro, un sistema de planeación donde la gente pueda saber, con certeza, qué puede hacer con su dinero, que va a pasar con él Pero si sigue una política económica que cambia todos los días, la desconfianza será permanente
Critica Clemente Ruiz Durán que el gobierno diga que va a fortalecer la intermediación financiera sin señalar cómo lo va a hacer Lo que están haciendo, ahorita, con las altas tasas de interés, es destrozar todo el sistema de costos del país “Ningún proyecto económico es viable con tasas tan excesivas, y más si tenemos un encaje legal de 90% El efecto de estas dos circunstancias todos lo conocen: se deprime la inversión productiva El crédito significa capital de trabajo y operación de las empresas”
Enjuicia Ruiz Durán la decisión gubernamental de elevar a 90% el encaje legal —con el cual, apunta, nunca vamos a salir adelante—: “Milton Fiedman se quedó chico junto a los ejecutores y diseñadores de la política económica mexicana Frente a ellos, él es muy razonable cuando habla de que el exceso de liquidez provoca inflación Sólo hay que recordar a nuestras autoridades que una cosa es el exceso de liquidez y otra muy distinta la congelación total de los fondos del país, cosa que están haciendo, según ellos, para abatir la inflación Están totalmente equivocados: esa es una medida netamente inflacionaria, porque una empresa qué hace si no le dan crédito: pues sube sus precios para hacerse de recursos”
Coinciden los entrevistados, finalmente, en que en el paquete de medidas falta análisis y no responde a la realidad compleja del país; que hay en el gobierno una cerrazón tal que no admite las propuestas de la sociedad “Piensa que su medicina, que hasta ahora ha resultado inservible, dará mejores resultados si se aplica en dosis más altas”
Ruiz Durán es severo: “No hay dirección en la economía Estamos naufragando como el barco que se mueve al arbitrio de la tormenta ¿Hacia dónde nos llevan?”








