Pueblo sin ley
Francisco Ponce
Preocupado más por regresar a casa con las redes más o menos llenas de cosechas generosas, de su travesía pesquera por Europa, el presidente De la Madrid seguramente no estaba enterado del fraude del torneo octagonal de futbol de Ciudad Juárez, cuando declaró en Bonn: “La Copa del Mundo en México será un simbolismo de amistad con todos los pueblos y una contribución en favor de la paz que todos deseamos”
Claro que el fraude no significa que el Mundial 86 carezca de las cualidades que le otorga el Presidente, pero la realidad es que el prestigio de México —y no nada más del futbolístico— se vio lesionado por el escándalo internacional, que puso en el paisaje el río revuelto de la pesca nacional: La Federación Mexicana de Futbol negó su responsabilidad, el promotor uruguayo Gisleno Medina acusó desde la cárcel al ayuntamiento panista y las demandas alcanzaron cifras de más de 70 millones de pesos
Y el problema resonó más recio por tratarse de cinco de los equipos más reconocidos en el mundo
Pero es que las instancias nacionales carecen de controles básicos para garantizar la celebración de eventos como el de Ciudad Juárez En los cincuenta, y precisamente por problemas similares al de Juárez, cuando el promotor argentino Maresco —anterior a Casildo Osés—, el licenciado Ignacio Gómez Urquiza concibió el sistema de fianzas, que eran depositadas en las embajadas de los equipos visitantes invitados a torneos como pentagonales y hexagonales
El Azteca —sin gente en el reciente torneo de selecciones, igual que el de Juárez— contó con el apoyo del Comité Organizador del Mundial, y de empresas y recursos materiales, como publicidad y televisión aquí y en el exterior
Fue un caso distinto al de Juárez, naturalmente
Sin embargo, también por falta de disposiciones ya olvidadas ahora, los seleccionados alemanes regresaron a su país quejándose de la altitud, el calor, la venganza de Moctezuma en forma de refrescos embotellados con agua de caño y virus hasta en el jugo de naranja que allá los deutsche erradicaron a pesar de haber perdido la guerra
Ellos llegaron dos días antes de jugar contra Inglaterra —en lugar del mínimo de 72 horas exigido por Octavio Peredo del DDF en los sesenta— y su osadía fue atroz: 0-3 ante los ingleses,visita a Teotihuacán, comidas y cenas en el Club Alemán y luego el 0-2 ante México, el sábado 15
Y le echan la culpa al subdesarrollo mexicano, cuando que en la realidad las situaciones quedaron bien claras desde los Juegos Olímpicos de 1968: en el país en que compitieres, entrena como debieres
En fin: lo real es que falta una legislación específica sobre deporte en general Ya es preciso erradicar el caso, la multiplicidad de esfuerzos y la falta de organización; los abusos, el riesgo de prestigio nacional herido en los torneos internacionales y, naturalmente, el orden interno del cual ya no debemos prescindir








