Cauteloso, el rector platea como cooperación el alza de colegiaturas

Cauteloso, el rector platea como cooperación el alza de colegiaturas
Graves riesgos para UNAM, aparte de la reacción estudiantil
María Esther Ibarra
Agobiado por la crisis financiera de la UNAM, el rector Jorge Carpizo sacudió el tabú político de la elevación de colegiaturas universitarias, que han permanecido inalterables durante 37 años
El miércoles 8, propuso una medida sui géneris de democracia económica, para allegarse recursos: que los pudientes, voluntariamente, aporten cuotas que van de los 4,000 a los 60,000 pesos al año para que con ello se puedan costear así, dijo, la educación de hijos de obreros y campesinos Previamente, el doctor Carpizo hizo una severa crítica a las colegiaturas de 150 y 200 pesos, vigentes en la Universidad
Dijo: “La cuota anual que un alumno paga en la Universidad resulta hoy estrictamente simbólica y constituye sólo la séptima parte del salario mínimo actual por día, por ello ha dejado de ser un instrumento de justicia en la Universidad
“En esta forma, en México se da un paradoja: tenemos obreros y campesinos pobres, con una alimentación deficiente, que paga la educación superior de los hijos de los ricos y de la clase media alta Esto, señores, más que demagogia, es un contrasentido y entraña una injusticia social muy grande”
En apoyo a su crítica argumentó: “Hay que reconocer que con frecuencia que los estacionamientos de los estudiantes, donde ya no caben más vehículos, albergan automóviles de lujo que no se ven en aquellos destinados a los profesores Muchos estudiantes gastan diariamente más en gasolina, golosinas o cigarros que su cuota universitaria anual”
No obstante, el rector Carpizo dijo que esperará seis meses la respuesta de la buena voluntad de los pudientes y dejará por ese lapso inalteradas las actuales cuotas obligatorias
Su precaución no es gratuita Los antecedentes son elocuentes
En 1948, al doctor Salvador Subirán le costaron muy caros 20 pesos Su decisión de incrementar la colegiatura de 180 a 200 pesos, provocó una huelga estudiantil y su consecuente salida de la rectoría de la UNAM
Dedicado actualmente a su labor en el Instituto Nacional de Nutrición, el doctor Subirán habla del posible aumento en las cuotas universitarias: “Ha habido el temor de que esto pueda provocar situaciones difíciles entre los alumnos Que los estudiantes se agiten por el aumento de cuotas Yo no veo otra razón para que se mantengan inalteradas Es ridícula esta situación Sin embargo, es un poco parecida a lo que pasaría con el incremento del precio al boleto del Metro, que cuesta más tan sólo el puro papelito” Sin embargo, está de acuerdo con la propuesta del doctor Carpizo
Pero inclusive el llamado rector de “hierro”, Guillermo Soberón Acevedo, eludió el riesgo Al ser reelegido para un segundo período en la UNAM, dijo:
“No existe actualmente en la Universidad ningún proyecto que contemple elevación de cuotas El presidente López Portillo dijo que él visualizaba la educación como una inversión y no como un gasto, en lo que estamos completamente de acuerdo En nuestra Universidad existe una cuota de 200 prácticamente inexistente, y el costo por alumno es de 12,000 pesos anuales, antes de la flotación del peso
“Si los muchachos pagaran cuota, la captación de recursos para la Universidad ni con mucho iba a contribuir sustancialmente al presupuesto Por aportaciones de los estudiantes se recaban alrededor de 75 millones de pesos ¿Cuánto podría elevarse las cuotas para incrementar esta cantidad y que tanto representaría para el presupuesto? En cambio, hay que preguntarse cómo repercutiría esta acción para disminuir la movilidad social
“Estoy convencido de que las instituciones educativas necesitan hacer esfuerzos para buscar ingresos en otras fuentes ; en eso también estamos empeñados y haciendo estudios para ver cómo pudiera darse, pero el sostenimiento de las universidades tiene que venir fundamentalmente del subsidio que les otorga el Estado Pero sí es necesario derivar más dinero a las instituciones educativas, lo cual podría lograrse a través de reformas fiscales”
De 1973 a 1980, durante la gestión del doctor Soberón, el presupuesto universitario ascendió de 1,148 a 11,366 millones de pesos, lo que significó un incremento de 764%
No menos precavido se mostró el rector Octavio Rivero Serrano en su momento Fue reiterativo en afirmar que su Reforma Universitaria no iba encaminada en esa dirección Atajó: “Frecuentemente, ustedes los reporteros me preguntan por las cuotas Les he dicho que no se pretende elevarlas, porque hay otros rubros que sí pudiéramos modificar para lograra más recursos Pero, definitivamente, las cuotas anuales no se cambiarán”
El costo político de un conflicto estudiantil no es el único obstáculo para el aumento El doctor Raúl Cardiel Reyes, exdirector de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y profesor emérito de la UNAM, aplaude la iniciativa del rector Carpizo, porque —dice— “no afecta el concepto de Universidad popular ni impone una institución selectiva El aumento que propone no es obligatorio ni legal, sino voluntario y potestativo”
Advierte peligros en un eventual aumento en las cuotas Dice: “En el caso de que se hicieran obligatorias esas colegiaturas, entonces la Universidad sí pierde su carácter popular y se estaría convirtiendo en una empresa privada En esto estoy totalmente en contra La Universidad no debe cobrar en función de costo-beneficio o de lo que cuesta educar al alumno”
Prevé otro riesgo el doctor Cardiel: “sí hasta ahora el gobierno ha financiado la educación, es por la incapacidad y limitaciones que tienen las capas populares de pagar los servicios educativos Pero en el momento en que todos los mexicanos lo puedan hacer, el gobierno podría dejar a un lado su obligación social de financiar la educación Este es un peligro que se puede presentar”
El temor al alza de las colegiaturas universitarias no estuvo ausente en el anuncio del rector Carpizo El mismo consideró el asunto “de suma importancia, porque implica aspectos académicos, sociales, políticos y económicos”
Para dar a conocer su propuesta se aprovechó una ceremonia en la que anticipadamente se celebró el día del maestro
En la pequeña aula “Jacinto Pallares”, de la Facultad de Derecho —cuna profesional del doctor Carpizo— tras de un discurso del director del plantel, Miguel Acosta Romero, vino la entrega simbólica se diplomas a maestros, como reconocimiento a sus años de labor docente y, finalmente, “un mensaje del rector de la UNAM”
El doctor Carpizo empezó con una relación de las sangrías económicas de la UNAM Con datos cifras y apreciaciones personales argumentó la necesidad de modificar el actual régimen de cuotas
En su mensaje, que dedicó a exponer la desesperada situación financiera de la institución —a la cual el gobierno le redujo el subsidio en 3,800 millones de pesos— mencionó entre otros los siguientes datos:
Los recursos económicos para sufragar los gastos de la Universidad provienen primordialmente del subsidio federal, que “no es un regalo del Estado, sino una de sus obligaciones sociales” este año, el presupuesto es de 93,553 millones de pesos, de los cuales cerca de 5,000 millones provienen de ingresos propios y deja 3,700 de déficit Constituye, pues, el subsidio federal, el 94% del presupuesto universitario
A primera vista —dijo—, el presupuesto parece muy grande “Lo es, pero al mismo tiempo es insuficiente para las necesidades de la institución” Debe resaltarse que el porcentaje de incremento del financiamiento federal de 1985 “es el más alto de los últimos 30 años”
Además “téngase en cuenta que el 828% es para el pago de nóminas de 63,671 miembros del personal académico y administrativo Queda el 17% para los gastos de operación: hay que darle mantenimiento a 1,030 edificios en toda la República, lo que implica una erogación de 2,321 millones de pesos; hay que reparar y reponer equipo; comprar libros y revistas científicas, subsidiar servicios de fotocopiado, editar libros; adquirir artículos y materiales de consumo, insumos para la investigación científica, y útiles para el apoyo de la docencia y papelería En estos rubros se gastan, aproximadamente, más de 7,500 millones de pesos”
Entre las cifras de la penuria, el rector Carpizo no precisó como afecta el déficit las partidas destinadas a la docencia, la investigación y la extensión universitaria
En su llamado para que contribuyan los que pueden a la cruzada voluntaria, el doctor Carpizo habló de la injusticia social que entraña la colegiatura simbólica “Muchos estudiantes no valoran la educación que reciben, porque es prácticamente gratuita Por ello estoy planteando que quienes tienen recursos que ayuden al sostenimiento de quienes carecen de ellos Así los estudiantes que no tienen con qué pagar, no deben pagar”
Establece que, según los ingresos familiares o personales de que dispongan y de acuerdo con sus posibilidades, aportan voluntariamente cuotas independientes de los 200 pesos
Propone, a los estudiantes del bachillerato, que hagan aportaciones anuales de 30,000; 15,000; 7,000 ó 4,000 pesos Y a los estudiantes de licenciatura, de 60,000, 40,000, 20,000 ó 10,000 pesos
El doctor Carpizo expreso confianza en que “los padres de nuestros estudiantes y los mismos estudiantes sabrán apreciar la importancia y el valor que la educación superior tiene, tanto en términos individuales como sociales” Para ello, fijó un plazo de seis meses para conocer opiniones
De inmediato hubo declaraciones en favor y en contra del proyecto Organizaciones obreras, como la CTM y la CROC, lo apoyaron, lo mismo que la agrupación laboral de profesores, pero no el sindicato de los trabajadores administrativos El STUNAM pronosticó el fracaso de la propuesta, pues dijo, dijo, el 70% de los 350,000 estudiantes pertenece a las clases medias, pobres y muy pobres Añadió que el Estado debe otorgar mayor subsidio, pues es su obligación
Profesores e investigadores apoyaron irrestrictamente la medida Coincidieron en afirmar que era ridículo y absurdo mantener el pago de los 150 y 200 pesos de colegiaturas
El doctor Alberto Guevara Rojas, profesor emérito de la Facultad de Medicina, afirmó que un incremento en las cuotas podría contribuir a que “vinieran a la Universidad los alumnos que en realidad tiene interés y capacidad” El doctor Fernando Alba Andrade, investigador emérito del Instituto de Física, consideró que un incremento “podría generar en algún momento problemas, pero se debe estudiar quiénes realmente sí pueden pagar su aportación y quiénes no”
Otros, como el doctor Raúl Cardiel Reyes, se mostraron escépticos Dijo: “muchos no van a responder, pero se debe ir acostumbrando a la gente a que contribuya a tareas que son de interés público, como es la educación En otros países la gente sí coopera, porque tiene capacidad económica En México, el problema precisamente es de incapacidad financiera y resulta utópico pedir que lo haga Además, no somos un país desarrollado Esto funciona en las naciones que sí lo son, pero en nuestro caso es muy difícil Creo que va a ser poca la ayuda”
UNIVERSITARIOS POBRES
Las cifras del Anuario Estadístico de la UNAM indican que el ingreso familiar de alrededor del 79% de la población estudiantil es menor a tres veces el salario mínimo Es decir, alrededor de 90,000 pesos Y de ese 79% el 52% tiene ingresos menores a dos veces el salario mínimo Esto significa aproximadamente 50,000 pesos mensuales
El exrector Salvador Zubirán relata: también agobiado por la falta de recursos,—”recibí una Universidad con 21,000 estudiantes y con un presupuesto de 11 millones de pesos, con instalaciones muy precarias y sin equipo para la investigación”—, realizó una campaña de búsqueda de colaboración financiera Refiere:
“Me propuse conseguir 10 millones de pesos Lo logré Tuve la respuesta de los particulares Reuní a los banqueros y me apoyaron; las asociaciones de profesionales; organismos como Pemex, la Lotería Nacional y muchas otras dependencias del gobierno aportaron recursos Los universitarios contribuyeron, pero fue poco Ellos, indudablemente, no tienen recursos económicos suficientes”
Para el exrector Zubirán, que dirigió durante dos años la UNAM (1946-1948), lo más positivo de su propuesta fue “demostrar y hacerle ver a la sociedad que si la Universidad se le consideraba como un centro de agitación era precisamente por la falta de apoyo y ayuda económica”
—¿La falta de recursos propicia la agitación en la Universidad?
“Sin duda”, afirma el doctor Zubirán “Sobre todo cuando los estudiantes no tienen posibilidades de dedicarse a los estudios y sus profesores están mal pagados ¿Cómo pueden sentir, los estudiantes, el deseo de obtener conocimiento y los profesores de dar clases en situaciones de penuria económica? Así, son presa fácil de agitadores e intereses ajenos a los de la Universidad”
Pese a los exitoso de su campaña, la UNAM continuó con problemas financieros El doctor Zubirán decidió entonces romper el tabú de las colegiaturas Sin embargo, esto le costó la salida de la Universidad
“Yo tenía un proyecto de aumentar sustancialmente las colegiaturas, de tal manera que con ese dinero se otorgaran becas a estudiantes que tuvieran capacidad intelectual, pero no recursos Con este proyecto, ya no íbamos a necesitar los 200 pesos de los pobres, porque los ricos nos iban a dar para eso y para más Este era mi objetivo, pero ni siquiera pudo ventilarse adecuadamentesalí pronto de la Universidad”
El rector Jorge Carpizo enfrenta abiertamente el viejo tabú Su mensaje del miércoles pasado concluye así:
“Sin importarnos los riesgos que ello implica, los malos entendidos, ni los intereses ilegítimos que se puedan lesionar, los universitarios que hoy estamos planteando claramente nuestros problemas con la finalidad de resolverlos”
La consignación del director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, como presunto responsable de peculado, con cuatro de sus colaboradores, y el despido de 81 trabajadores, considerados “aviadores”, fueron algunos de los primeros pasos de su política de austeridad, que se complementa con medidas como disminuir el uso excesivo de energía eléctrica, de agua, de servicios postales y telegráficos, entre otros
La negativa gubernamental de otorgarle los cerca de 4,000 millones de pesos que constituyen el déficit de la Universidad fue compensada parcialmente con la resolución en favor de la UNAM del juicio sobre 35 hectáreas de terreno que reclamaba
Luego de 14 años de litigio, la Universidad logró recuperar esa superficie, ubicada en lo que se conoce como “triángulo del Pedregal” Del área se habían apropiado indebidamente particulares, entre ellos los dueños del restaurante “Maunaloa”
Inicialmente, el rector dijo que en los terrenos recuperados se construiría un Club para el personal docente de la Universidad Sin embargo, no se ha precisado si la institución educativa se quedará con las propiedades que los particulares edificaron en esa superficie o si se decide rentarlas
La recuperación de los 35 hectáreas podría ser para la UNAM una válvula de oxígeno en su angustiante estado financiero