Fugacidad

Fugacidad
Francisco Ponce
Muchos creen que la profesión de entrenador de fútbol es algo más que un trabajo como cualquier otro: piensan que implica una especie de apostolado, en el que el sufrimiento es una manera abnegada cuando se pierde o fracasa Y que, en ese halo cuasirreligioso, el triunfo corresponde al del verdadero guía que mostró la luz a sus discípulos, también apóstoles en la circunstancia
El técnico es, ciertamente, una figura principalísima; el club se ahorra, por un solo sueldo —mucho más bajo que el que perciben los mejores cracks del conjunto—, a un psicólogo, un estratega, a un padre, a un publicista y hasta un verdugo
Claro: cuando esta deidad deja de recibir los rayos luminosos del cielo, es despedido, porque los jugadores dejan de creer en él, su terapia ha perdido eficacia, sus consejos son tirados a la basura, los periódicos comienzan a criticarlo y los futbolistas dejan de sentir miedo por sus condenas
Eso pasó al Gallo Jáuregui en el Neza y, hasta el momento, desde cualquier punto de vista, los nuevos dirigentes técnicos del equipo, el profesor Acevedo y Miguel Marín, están a punto de eludir la liguilla de descenso Por supuesto, los dirigentes del Neza cambiaron antes de que el equipo se hundiera más Ahora sólo falta ver lo que ocurrirá al Necaxa, luego de la separación de José Antonio Roca
Casi siempre, los técnicos son los seres más lastimosamente tratados: se dice que los jugadores, finalmente, se convierten en sus verdugos, cuando se pierde la cohesión del grupo Hay que recordar a Vicente Feola, aquél técnico gordo Era espantoso verlo sufrir, porque la situación para él, de regreso a casa, Brasil, era de linchamiento seguro
La verdad, al menos en el caso de México —y de los fracasos en los dos últimos premundiales y el mundial de Argentina—, las personas responsables volvieron a ocupar un sitio en el fútbol nacional: borrón y cuenta nueva Es decir, los jugadores siguieron alineando —contra la opinión de los técnicos —y éstos— contra la crítica de la opinión pública— volvieron a dirigir
Naturalmente, algunos se retiran Por cansancio, porque han ganado suficiente y tienen negocios o bien porque ya no tienen nada que hacer en el fut
Al final de cuentas, en el fútbol mexicano, por falta de seriedad, existen movimientos constantes que obedecen generalmente a la falta de estructuras bien establecidas Claro, en trabajos como éstos, nadie está seguro, porque en los contratos es imposible decir cuántos partidos se pueden ganar Al menos, pocos equipos pueden establecer ciertas constantes
Pero existe una verdad; los técnicos no son como los diputados y gobernantes —los malos, claro está—, los cuales, sobre todo los de jerarquía principal, suceda lo que suceda, se mantienen en sus puestos
Nadie los mueve, salvo cuando es preciso encontrar a chivos expiatorios o cuando llegan al colmo
La realidad es que los técnicos, en ningún deporte, son eternos
Como tampoco son siempre los mártires Aunque, como en todos los casos, ha excepciones, Honorables, por cierto