DOS AÑOS DEDICADOS A CRITICAR EL PASADO, PROGRAMAR EL FUTURO Y DEJAR PASAR EL PRESENTE

DOS AÑOS DEDICADOS A CRITICAR EL PASADO, PROGRAMAR EL FUTURO Y DEJAR PASAR EL PRESENTE
Carlos Acosta Córdova
Días antes de comparecer por segunda ocasión ante el Congreso de la Unión, el presidente Miguel de la Madrid dijo que su Segundo Informe de Gobierno sería sobrio, concreto y sin triunfalismos
Ni falta haría, porque éstos ya se habían dado
La presentación de 11 programas sectoriales —en sólo 15 días— fue tribuna libre para los devaneos retóricos, las vaguedades y los triunfalismos Más aún, fue campo abierto para el ataque a las administraciones anteriores, particularmente la próxima pasada, y la exaltación de la presente, que sólo ha tenido aciertos y avances, según los programas
Las “estrategias” y los “lineamientos de acción”, aprobados con récord de velocidad entre el 7 y el 22 de agosto, en una jornada sorpresiva, inusual, acabarán, en cuatro años, con los errores imperdonables del pasado inmediato
Al menos así se dejó entrever por la constante y el tono que marcaron tanto la presentación como los contenidos de los programas nacionales 1984-1988 de Salud, Simplificación Administrativa, Energéticos, Educación, Minería, Pesca, Turismo, Ecología, Desarrollo Urbano y Vivienda y Desarrollo tecnológico y científico
Invariablemente, antes de fijar los objetivos, estrategias y metas que se proponen, los programas presentan un diagnóstico, en el que señalan una situación pesimista y caótica del campo específico que les atañe
El programa de salud, uno de los más extensos y publicitados, fue el más severo con el pasado inmediato Los bajos niveles de salud de la población, la cobertura parcial de los servicios institucionales, la calidad desigual de los mismos y las débiles acciones en pro de los más desfavorecidos se debió, ni más ni menos, a errores administrativos y políticos Estos son algunos: no hubo una concepción coherente en torno de un sistema nacional de salud, abundaron las acciones desarticuladas, no hubo programación integral de los servicios, el sector salud nunca estuvo formal e integralmente constituido, la centralización de los servicios fue persistente; no hubo cuadros básicos de insumos, las jornadas de trabajo y sus remuneraciones fueron desiguales En suma, no hubo una política nacional de salud
En cambio, con Miguel de la Madrid todo eso quedará en un mal recuerdo: aparece la programación como el instrumento idóneo para dar efectividad a un sistema de salud; la coordinación intersectorial está ya en proyecto avanzado; el uso eficiente de los recursos y la adopción de medidas necesarias para el goce gradual pero acelerado del derecho a la protección de la salud es producto de la programación sectorial, concebido como un ejercicio participativo, democrático y ordenador; ha habido un profundo esfuerzo de modernización administrativa y legislativa de la salud, cuya concepción se ha ampliado, y los esfuerzos antes dispersos se han articulado con el “propósito rector de avanzar en la creación de una sociedad más igualitaria en el ámbito de la salud” En pocas palabras, el Estado tiene, ahora sí, la sartén por el mango
No se apuntan, sin embargo, los logros reales, tangibles, que se han obtenido con esas medidas
Apenas pasaron 24 horas, cuando ya se estaba aprobando el Acuerdo de Simplificación Administrativa que, se auguró, pondrá fin a la prepotencia de los burócratas, a la reglamentación excesiva, al controlismo y a todos los vicios que hay en las oficinas públicas
Sin tiempo para asimilar y conocer a fondo esos dos “instrumentos operativos”, a la semana siguiente fueron presentados otros cinco programas: de energéticos, minería, educación, pesca y turismo
El primero se mantuvo en el tono de los anteriores: antes de la presente administración, errores y pocos frutos; ahora, aciertos y perspectivas claras En materia de energéticos, dice el programa delamadridiano, se había carecido de un marco de referencia efectivo que orientara las acciones Ahora ya se tiene: el Plan Nacional de Desarrollo, que define las directrices fundamentales para que el sector contribuya de manera eficiente y oportuna a los objetivos generales de la sociedad
El programa de energéticos no se anda por las ramas y critica los excesos del sexenio pasado: “El programa pretende ser realista, en la medida en que no sobrestima nuestro potencial, pero tampoco subestima nuestra capacidad; se apoya en un análisis de viabilidad técnica y económica”
Más: aunque en los gobiernos anteriores el país cobró presencia internacional, apunta el programa, “no se lograron resolver problemas estructurales, incluso algunos se agudizaron; se siguió consumiendo energía en forma desproporcionada, tanto en términos absolutos como por unidad de producto, se aumentó la dependencia de los hidrocarburos como fuente de energía primaria
Por supuesto, el programa actual “pretende romper con tal perspectiva” y para ello “se cuenta con un potencial energético, con recursos humanos y con la voluntad política y solidez institucional para abrir el margen de maniobra que requiere el cambio estructural del sector y de toda la economía”
El programa de minería, uno de los más breves, no hace tanto aspaviento: señala algunas fallas tradicionales del ramo —insuficiente exploración, carencia de proyectos a gran escala, vinculación reducida del sector con las ramas de bienes de capital, desarrollo limitado de las empresas dedicadas al avance tecnológico—, pero confía en que serán subsanadas en este sexenio Y da la razón: “El presidente Miguel de la Madrid ha incorporado en el Plan Nacional de Desarrollo, por primera vez, en forma explícita, a la minería mexicana en el esquema de la planeación y programación nacional para el desarrollo”
Estos dos programas, energéticos y minería, evaden como los anteriores una evaluación de los alcances logrados durante los dos primeros años de este gobierno
Aunque con la misma prisa en su presentación, el programa de educación, cultura, deporte y recreación —también breve— fue más bien parco y sin críticas excesivas a la administración anterior ni exaltación de la presente Se concretó a señalar las deficiencias de siempre
El programa evita el tono festivo, y aunque establece metas específicas para los próximos cuatro años, advierte que los frutos de las nuevas políticas emprendidas —la revolución educativa, como carta fuerte— son a largo plazo: los cambios trascendentes se verán en el año 2000
Sin emitir juicios contra las administraciones pasadas —por el contrario, a veces se advierte cierta justificación—, el programa de pesca señala fallas estructurales y coyunturales que han hecho crecer el sector pesquero en forma desequilibrada
Una vez aceptadas esas fallas, el grueso del programa es un catálogo bien nutrido de estrategias y lineamientos de acción —enmarcados, señala, en las directrices del Plan Nacional de Desarrollo, el Programa Inmediato de Reordenación Económica y el cambio estructural— que habrán de fortalecer al sector
El que de plano rompió con el tono y las normas, fue el programa de turismo: el sector ha sido “dinámico y eficiente” antes, ahora y después El diagnóstico, color de rosa, es de principio a fin, un sumario de “logros contundentes” que lo han hecho constituirse en un “factor de extraordinario dinamismo para el desarrollo económico y social, por su capacidad para generar empleos, captar divisas, contribuir al desarrollo regional, fortalecer la identidad nacional, difundir los valores culturales y estimular a otros sectores de la actividad económica”
Sin embargo, en sus “lineamientos de acción” el programa deja al descubierto, entre líneas, sus puntos débiles Estos son algunos: subutilización de la capacidad de la planta turística, crecimiento lento de la inversión privada, instalaciones descuidadas, poco impulso a la recreación de los nacionales, insuficiente capacidad de absorción y protección del empleo, y vicios administrativos
En el discurso, empero, todo va bien
Lenguaje técnico al margen —”variables transversales”, “perspectiva intersectorial”, “vertiente obligatoria”, “concertación de vertientes”—, el programa nacional de capacitación y productividad es crítico del pasado y del presente —sólo ha habido logros administrativos— y reservado con el futuro Sin florituras: el aparato productivo es heterogéneo, entre las ramas productivas y las unidades productoras los niveles de productividad son disparejos; la capacitación y el adiestramiento de la mano de obra es deficiente y persiste el uso de tecnologías inadecuadas
Superado el trago amargo de algunas declaraciones desventuradas —como aquella que anunciaba la construcción de mil viviendas diarias—, los encargados del área de los asentamientos urbanos y la ecología han optado por matizar sus palabras Aunque la debilidad por el triunfalismo los persigue: en el programa nacional de desarrollo urbano y vivienda, luego de señalar los añejos e irresolubles problemas de ese ámbito —concentración demográfica y económica, dotación de servicios insuficiente y desigual, deterioro del medio físico, dispersión de la población rural y todos los demás—, se insiste en el optimismo: el programa, elemento importante del sistema nacional de planeación, se orienta a vencer la crisis y configurar una nueva realidad sobre bases diferentes
Lo curioso, sin embargo, es que no se enuncian siquiera los pasos reales que se han dado, durante este gobierno, para la consecución de tal fin
Ultimo de la jornada, el programa de desarrollo tecnológico y científico —a cuya presentación ya no asistió el Presidente de la República— no varió la forma: un severo enjuiciamiento del pasado, de todas las deficiencias que por decenios se vienen arrastrando; un silencio deliberado de lo que se ha hecho en esta administración y el ofrecimiento de un futuro promisorio, que permitirá la transformación radical de este país
El programa es optimista: mediante seis contundentes estrategias podrá, en cuatro años, “aumentar la autodeterminación tecnológica del país”, e “integrar la investigación científica al caudal de recursos nacionales, para la solución de los problemas de todos los sectores de la vida del país”