EN REPRESENTACION DE OCHO ESPIRITUS, LORET DE MOLA JUZGA Y DEFIENDE A JLP Y NO ARRIESGA UN JUICIO
Elías Chávez
En una entrevista de las de moda —al gusto del entrevistado—, Carlos Loret de Mola recurre a la ficción y la ambigüedad para elaborar un libro, El Juicio, y benévolamente enjuiciar a su “querido amigo” José López Portillo
Como contratar a un espiritista para entrevistar al espíritu del Che Guevara, Loret de Mola invoca a los espíritus de Quetzalcóatl y de siete expresidentes —Porfirio Díaz, Obregón, Calles, Cárdenas, Ruis Cortines, López Mateos y Díaz Ordaz—, los reúne en la Colina del Perro y, entre todos, justifican a López Portillo
Lo que estrictamente sería la entrevista con López Portillo ocupa sólo 13 de las 156 páginas del libro Pero toda la obra parece ser una jugada más en la que tanto Luis Echeverría como López Portillo mueven sus respectivos peones: después de que Luis Suárez escribió Echeverría en el sexenio de López Portillo, Loret de Mola publica ahora la respuesta de López Portillo:
—¿Te gustó el libro de LEA, Pepe? —pregunta Loret de Mola, por teléfono, a López Portillo, refiriéndose al libro escrito por Luis Suárez Y López Portillo contesta:
—Ahora entiendo de dónde viene la campaña (de ataques en su contra) Es suya (de Echeverría) Tenías razón, de antes, de siempre, Quetzalcóatl (Loret de Mola) Lo que más me apena es que ponga en labios de Suárez, no suyos, las cosas peores contra mí
Acusado de chaquetero desde hace tiempo, porque primero elogió a Echeverría cuando era Presidente y luego lo vituperó, cuando dejó de serlo, Loret de Mola reanuda sus ataques al expresidente Para esto, invoca al espíritu de Díaz Ordaz y la hace decir, dirigiéndose a López Portillo:
—Políticamente todos estamos muertos, mi abogado Todos, incluso usted desde hace unas horas Para la historia somos debate Todos Pero usted comienza a acumular la oleada más densa de crítica adversa que recuerdo ¡Ni de mí hablaron tan feo! Bueno: de mi gran pecado —como llamo a mi sucesor— sí se dijeron horrores y se siguen diciendo; pero así como arrojó sobre mí el peso de sus fallas durante su gobierno y el principio de su tiempo de expresidente, ahora tratará de desviar su maleficio contra usted, don José Está especializado (Echeverría) en transferencias cobardes que nadie, salvo él cree
En la plática con los espíritus, Loret de Mola asume la defensa de López Portillo Y lo hace decir:
—Señores —se dirige a los espíritus de Quetzalcóatl y de los expresidentes—: ésta es, según voz popular, la Colina del Perro; la prueba para mucha gente de mi enriquecimiento desmedido No faltan quiénes aseguran que soy uno de los hombres más ricos del mundo Nada tan falso Qué bueno que vengan a esta casa ¿No tiene derecho un hombre que ha sido Presidente de México, a poseer un lugar donde vivir con los suyos, conforme a su gusto y circunstancias? Les mostraré, en primer lugar, mi casa, este estudio, lo único mío del conjunto, proyectado para vivir solo En primer lugar, los terrenos, 12 hectáreas, son el único negocio que yo he hecho: los compré en dieciséis millones de pesos; y con el beneficio de la plusvalía he de pagar las obras de la casa, con financiamiento de mi amigo Carlos Hank, quien, generosamente, quiso regalar una residencia aquí a cada uno de mis hijos, pero yo dispuse que sólo le aceptáramos el crédito
Casi en la miseria muestra Loret de Mola a su amigo En una parte de la entrevista, en Roma, le plantea:
—Se dice que eres el hombre más rico del mundo
—Vivo —dice López Portillo— acogido a la generosidad de mis amigos
—Entiendo que el gobierno de México paga a los expresidentes sueldo de ministro aparte de ayudantes, transportación, etc
—En efecto, tengo esos ingresos, base de mi sustentación; pero la vida es muy difícil Me creen inmensamente rico No lo soy
—Mira José —insiste Quetzalcóatl-Loret de Mola—, no es fácil creértelo
—Lo sé Pero también tengo mi verdad que algún día se abrirá paso No soy el gran ladrón que se imaginan Soy sólo un hombre sujeto a equívocos, pero también profundamente creyente en México y en los mexicanos Mi angustia en los últimos días del gobierno no tuvo límites Sentía que no podía hacer todo lo que deseaba por mis conciudadanos
Tanto para Quetzalcóatl como para los expresidentes —es decir, sus espíritus— lo más criticable de López Portillo fue su frivolidad y la conducta de sus allegados, “sobre todo femeninos” Al respecto, Quetzalcóatl recuerda las sesiones espiritistas de doña Carmen en el hotel Castillo de Santa Cecilia, en Guanajuato, “y, sobre todo, el curioso espectáculo de veinte guaruras militares cuidando al perro favorito de la señora en torno de la alberca del hotel, para que sin necesidad de ponerle collar, molesto, el animalito no corriera el peligro de zambullirse y por ende resfriarse Y eso no es nada frente al incidente diplomático en Suecia, cuando el propio magnificado can hubo de ser enviado fuera de aquel país, en viaje especial de un avión de la Presidencia de México, porque los suecos fueron definitivamente tercos en su prohibición de admitir animales sin cuarentena; y el perrito de doña Carmen era un indocumentado cualquiera para ese país incomprensivo”
—¡Cómo reprocharme hasta eso —reclama López Portillo a los espíritus
—¿Y España, y los pianos de cola entera en el octavo piso del Ritz? ¿Y aquel agregado de asuntos agropecuarios en nuestra embajada buscando por todo Madrid una farmacia veterinaria que se pusiera en guardia día y noche, sin cerrar un instante, por si se enfermaba el perrito?
Luego, el espíritu de Quetzalcóatl insiste:
—¿Y qué me dices de doña Margarita, a quien sólo por su singular parecido físico con la vedette de los años veintes, Lupe Rivas Cacho, la convertiste en ama y señora del cine, la radio, la televisión y la cultura, en su carácter de albacea espiritual y espírita de Sor Juana Inés de la Cruz, cuya alma hicieron creer los lambiscones que había reencarnado en tu hermana?
Loret de Mola hace que el espíritu de Díaz Ordaz intervenga en esa discusión y pregunta:
—¿Para qué tantas alhajas, tantos viajes, tantas presunciones, si el paso del hombre por la Presidencia dura sólo seis años? La cruda, en cambio, es vitalicia Usted llegó, señor licenciado, a la Primera Magistratura de México sin historia y, por ende, sin enemigos Pero ni la más larga y ensañada colección de odiadores hubiera realizado en contra suya una labor más demoledora contra su gobierno y su imagen que sus parientes, del género femenino sobre todo, y su antecesor, que jamás le perdonó que no lo hubiera usted dejado mandar en el sexenio 76-82 Echeverría proyectó ser presidente del PRI, para seguir siendo llamado Presidente; y manejar desde ahí la política de México, mientras usted, con el nombre de Presidente, desempeñara de hecho la Secretaría de Hacienda en los Pinos El sueño echeverriano, y la ambición y cursilería de sus parientes, señor Presidente, se proyectaron negativamente contra usted
Todos los fantasmas reunidos en la Colina del Perro analizan pros y contras del gobierno de López Portillo Y en todos, el juicio es ambiguo Finalmente Quetzalcóatl hace la “síntesis general” de la asamblea de espíritus y encuentra como gran culpable al sistema presidencialista y como cómplices al Congreso y a los secretarios de Estado y demás funcionarios aduladores Recuerda que en lo que va del siglo el Congreso nunca “se ha puesto de pie no para aplaudir sino para juzgar una sola acción del Presidente de la República” Y añade:
“Esto, por sí solo, demuestra la falta de funcionamiento del sistema republicano federal con división de los poderes que el pueblo se ha dado La Carta Magna establece todos los procedimientos a fin de que el Poder Legislativo, síntesis del conglomerado humano y su legítimo representante, vigile, regule, juzgue y en su caso procese al depositario del Poder Ejecutivo; pero jamás ha osado hacerlo Casi siempre se habla mal del Presidente saliente, y se le cuestiona y condena por infinidad de actos Todo ello por las corrientes retrasadas de la murmuración y la crítica Jamás oficialmente El Congreso lo ignora todo”
Y luego de establecer que el poder omnímodo enloquece a nuestros presidentes, al grado de que llegan a sentirse “el hijo del Cielo que nunca se equivoca”, Quetzalcóatl da el veredicto:
“Condenemos al presidencialismo El es el culpable fundamental de lo que está pasando ¿Y a López Portillo? Imposible de absolverlo Que vaya por el mundo con sus recuerdos, y que sean ellos los que le sitúen en el punto preciso de la justicia”








