Partenón de bizarros

Partenón de bizarros
Francisco Ponce
Ocurrió en el plenilunio del mes de Apolonio, en el año 776 a C
Cuando el Valle de Olimpia era el templo de las ceremonias religiosas deportivas cada cuatro años, cada Olimpiada Allí, junto al río Alfeo, donde se celebraba la carrera de los 183 metros Allí donde el primer campeón fue el joven Corebo, de la provincia de Elis
Allí, pues, y en esa fecha, cuando comenzó la tradición
Y la tragedia
Porque si bien los primeros Juegos Olímpicos sirvieron como remanso de paz de la civilización helénica durante mucho tiempo, la fiesta comenzó a prostituirse al declinar la rectoría de Grecia
Y Olimpia fue transformada en desordenado tianguis, en circo, en feria, en caos Los competidores, entonces, ya no satisfacían su ego con la sencilla guirnalda, tejida con hojas de olivo sembrado en el huerto sagrado, junto al templo de Zeus: como en los viejos tiempos No: los ganadores comenzaron a exigir dinero y otras regalías en la medida en que los juegos se hicieron más cosmopolitas y permitían la participación de más y más extranjeros
En la antigüedad, por supuesto, también había problemas Los excronistas deportivos de The New York Times, Arthur Daley —Premio Pulitzer— y John Kieran, exponen en su libro The story of the Olympic Games (Lippincott, 1961):
“En los 98os Juegos Olímpicos Eupolo de Tesalia fue encontrado culpable de sobornar a tres oponentes para que lo dejaran ganar en boxeo Fue desprestigiado y multado, aunque ahí no terminaba todo Al pasar del tiempo, toda una hilera de estatuas llamada Zanes, se levantaba con el dinero cobrado como multa a los atletas que violaban el código olímpico de honor, en competencia”
Esas Zanes se erigían a quiénes violaban el juramento ante los Dioses Eran monumentos bizarros y quedaban ante los ojos de los nuevos competidores, para no transgredir el espíritu olímpico
En la actualidad, la violencia, la corrupción, el engaño y la drogadicción deportivas, son combatidas con toda energía por el Comité Olímpico Internacional Sin embargo, seguramente no son más comunes —pero sí más erradicables— que la vanidad y arbitrariedad de los políticos, en un mundo agudizado por la carencia de contenidos menos inhumanos para sobrevivir
Es más importante ahora la hegemonía de los políticos que quieren pasar a la historia como líderes divinos, hacedores sociales, patriarcas de la destrucción
Y no se dan cuenta que el foro real, diáfano, en el que los hombres dialogan, es el olímpico No para ser manoseado como Carter en 1980 o como Reagan ahora con su endemoniada fobia contra el comunismo
Los atletas se abrazan, dialogan, conviven: se ayudan a pesar de ser adversarios Y este espíritu olímpico es lo que muchos millones de ojos pueden ver a través de la televisión, en casi todo el mundo
Pero negarles a las futuras generaciones la posibilidad de ver completo este foro deportivo como factor de solidaridad, con atletas de buena fe, es obligarlas a enfrentarse a hombres de otras culturas pero en diálogo con láseres y porquerías químicas; no con la palabra ni con la competencia olímpica
Alguien, algún día, pues, hará de ellos —y de nosotros, claro— un Partenón de Zanes