Durazo delinquía al ritmo que se jactaba de moralizador

Durazo delinquía al ritmo que se jactaba de moralizador
Al descubierto su vida criminal, lo acusan de fraude al fisco, como a Al Capone
Ignacio Ramírez
Eran los días alegres del último año de la administración lopezportillista cuando Arturo Durazo Moreno se vanagloriaba, a principios de 1982: “Cualquier policía que se encuentre cansado y que piense que esto es la cueva de Alí Babá puede ir arreglando sus maletas, porque se va de aquí
Quien arregló las maletas fue él y escapó, convirtiéndose en uno de los prófugos de la renovación moral Inmerso en el vasto oleaje de la corrupción, hoy elude la justicia, acusado de evasión fiscal, acopio de armas y despojo La realidad, los peores crímenes de Durazo no figuran en la consignación
Su buena suerte e impunidad, de que siempre hizo gala, se acabaron A la indignación y reclamo popular, por fin hubo voluntad política de echarle el guante: la evasión al fisco es suficiente para solicitar su extradición
Como a Al Capone, todo se le sabía: que estaba involucrado en el tráfico de estupefacientes, homicidios, trata de blancas, fraude, estafa, extorsión, peculado, contrabando, nepotismo, torturas, vendetas Sin embargo, era un verdadero dilema encontrar el hilo de la madeja Y, como en el caso del gángster de Chicago, se le pescó por el delito de evasión de impuestos
Las averiguaciones correspondientes y los cateos de sus casas del Ajusco y del Partenón de Zihuatanejo son tan sólo la punta de esa madeja de corruptelas
Cobijado en la amistad de su amigo José López Portillo, Durazo Moreno se encumbró en el poder De las penurias que vivió en la infancia y la adolescencia pasó a convertirse en un hombre rico, con base en triquiñuelas al hacer de la Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal una verdadera mafia
De la nada pasó a una fama que no tuvo límites: amigo de la fortuna, coleccionista de armas, automóviles lujosos, centenarios y caballos, entre otras virtudes, se decía libre de toda sospecha, honesto, impoluto El martes 28 de septiembre de 1982, declaraba: “Yo no he robado y, como dijo el indito, a mí que me esculquen Las personas que me atacan lo hacen porque saben que le soy leal al presidente José López Portillo Si soy culpable, que se me consigne”
Todavía el 2 de noviembre del año pasado, en declaraciones hechas a un reportero de un periódico capitalino, Durazo Moreno amenazó desde Los Angeles: “Soy gente buena Pero, hay cada ca que no le caigo bien Voy a poner a todos en su lugar Porque ¿cómo está eso de que quieren quitarme mi casa? Es como si le quitan la suya Pero, los conozco a todos Imagínese 34 años de policía ¡Cómo no voy a conocer a la gente! A todos los voy a denunciar en mi libro Ahí se va a saber todo”
Y se le perdió la pista
Los últimos informes sobre él fueron obtenidos en noviembre pasado Vivía en Los Angeles desde seis meses atrás, hospedado frecuentemente en el Hotel Westwood Marquis, de la avenida 925 de N Hilgard, donde por cierto trabaja como maitre su sobrino Eduardo Era asiduo comensal del restaurante “Carlos and Charlies”, ubicado en 8240 Sunset Blvd, de aquella ciudad, al que asistía junto con su hijo el “Yoyo” y el primo de éste, Francisco Durazo
El 28 de noviembre, The Informator de Las Vegas anunciaba la siguiente primicia: “El exdirector de Policía y Tránsito de la ciudad de México, Arturo Durazo Moreno, hará una primera inversión de 100 millones de pesos para la construcción de un hipódromo en Winsconsin, Texas” En sus declaraciones dijo que había logrado la concesión y que daría una participación entre 20 y 30% al Estado norteamericano También, según dicha publicación, pensaba crear una escuela de policía en los Estados Unidos, de la cual podría ser el director
Ahora se sabe que pasó el fin de año en Puerto Rico
La corrupción implantada por Durazo no se podía tapar con un dedo Cotidianamente era seguida por sus principales colaboradores y era la comidilla de la ciudadanía Tantos desmanes no podían pasar inadvertidos y brotaron a la luz pública
A mediados de mayo de 1980, Proceso publicaba un amplio reportaje sobre los actos intolerables de la policía Hasta esa fecha, 7,428 agentes, empleados y funcionarios de la entonces DGPyT habían sido cesados en lo que iba del sexenio “No me interesa que me odien por la labor que estoy realizando”, decía Durazo, “pues tengo el compromiso ineluctable de, cuando me vaya, entregar una policía más digna, honesta y consciente de su deber”
Los vicios que se mantenían dentro de la corporación reflejaban desde entonces la inagotable fuente de dinero que llevó a Durazo a amasar una fortuna para construir sus mansiones, ofrecer regalos y cumplir todos sus caprichos Por ejemplo, el famoso descuento de dos pesos “para ayuda a los familiares” de cada policía muerto En un principio, en el sobre del pago quincenal se consignaban los apellidos del o de los difuntos Pero por esas fechas se indicaba tan sólo el número de “compañeros muertos”, seis o siete quincenalmente, y a veces el doble
Según Durazo, el promedio de policía que morían —”y la mayoría en el cumplimiento del deber”— era de sólo cuatro a la quincena El personal ignoraba a quién iban a parar esos dos pesos por cada “muerto” Este descuento se aplicó a los 35,000 empleados de la DGPyT
Otro negocio fue la caja de ahorros, que sin consulta, captaba 187 pesos quincenales por agente Las utilidades de la caja, se decía, eran para casas y clubes deportivos que, en realidad, construyó y pagó el Departamento del Distrito Federal
Un vicio más se derivó de la autorización de únicamente 20 litros diarios de gasolina a los patrulleros El resto del tanque se llenaba con dinero de extorsiones y con ingenio para escapar a la “moralización” También a cuenta del público —por la vía de las “mordidas”— corrían los gastos de mantenimiento de las unidades
Paralelamente estaban las acciones “efectivas” de la policía capitalina: las redadas anticonstitucionales que se llevaban a cabo en las colonias populares y los atracos a los ciudadanos, estudiantes y obreros preferentemente, que provocaron denuncias del Congreso del Trabajo, la CTM, los comités distritales del PRI y otros partidos, asociaciones y sindicatos independientes, muchas veces ante el propio Durazo
“Se trata de un verdadero calendario de atropellos que ya es inaguantable”, se quejaba el líder juvenil priísta Carlos Jiménez Lizardi Y el diputado cetemista Ignacio Zúñiga declaraba que “es insoportable la brutalidad policiaca”
Folklórico desde siempre, Durazo hablaba sin ton ni son Ya se ufanaba: “La policía de México es muy buena policía Yo, pa’mi, que es la mejor policía del mundo, aunque les dé mucho coraje a todos” Y presumía que la criminalidad había sido abatida “en 80 %”, cuando la Procuraduría de Justicia del Distrito informaba que en 1979 los problemas de seguridad pública significaban la cifra récord de 120,000 delitos
Por esas fechas, Durazo daba rienda suelta a otro de sus atributos: coleccionar distinciones y condecoraciones, en torneos de elogios entre jefes policiacos de otros países El 22 de mayo de 1980 fue nombrado, inclusive, alcalde de la ciudad de San Antonio, Texas, por un día Y ya se sentía el rey, todo quería arreglarlo con dinero Aún se recuerda su ofrecimiento, como en las películas, a través de una declaración al estilo del viejo oeste, de pagar de su bolsillo recompensas hasta de 250,000 pesos a quien proporcionara información fidedigna de los asaltabancos
A fines de febrero de 1982, se publicó aquí una larga lista de hechos delictuosos en perjuicio de personas inocentes, de la policía, que iban desde los golpes hasta el asesinato Para el penalista Raúl F Cárdenas, se daba un incremento grave de criminalidad y no creía que aumentar el número de policías fuera una garantía de que eso disminuyera “El problema grave que tiene que resolver el derecho penal —afirmó— es, por una parte, la necesidad de que la sociedad tenga protección y, por la otra, que el ciudadano tenga garantías Para combatir al crimen hay que atenerse a la ley y no violarla, andar sin placas y con armas, detener sin orden de aprehensión y cometer todo género de arbitrariedades que tienen francamente alarmada a la ciudadanía”
Numerosos fueron los casos denunciados en esa ocasión He aquí tan sólo uno de ellos: el sobreviviente de una matanza, David Rosas Medel, tuvo el valor de denunciarla Fue arrojado, junto con sus amigos Bernardo Castro Cantú, David Hernández Sánchez y Enrique Gerardo Ortiz Rosas, al río Atlaltongo, cerca de San Juan Teotihuacan Antes, todos ellos habían sido baleados y apuñalados Víctor Manuel Sánchez, tío de uno de los asesinados, culpó a miembros de la DIPD del triple homicidio, pues así se habían identificado Días después de los sucesos —el crimen ocurrió el 21 de febrero de ese año—, la propia DIPD hablaba de la “banda del guayín azul” y afirmaba que los delincuentes se autonombraban “los tiras” y debían más de 30 homicidios, además de que habían perpetrado unos 15 asaltos bancarios Los comandantes Carlos Bosque Zarazúa y Carlos Manuel Cavazos —dos de los hombres fuertes de Durazo— dijeron que se trataba de siete maleantes, algunos de ellos expolicías El caso nunca fue investigado, como sucedió luego con los muertos del río Tula
A principios de julio de 1982, Proceso publicó una entrevista con Durazo Decía:
“No temo ningún golpe interno, eso es cosa de risa, únicamente detuvimos a nueve elementos que ya se habían repartido el pastel y no me dejaban nada, el Presidente me nombró jefe de la policía y con él me voy Del caso Tula, es un ‘boleto’ que no me compete; si no mato a mis enemigos, menos a gente que ni conozco, la investigación sigue, fue una bronca entre gente subversiva No opino nada de Nassar Haro, todo está en manos de la justicia norteamericana No tengo ligas con la CIA, nada más con el embajador, sus guardias de seguridad, los agentes de narcotráficos No soy sacadólares, ni que fuera tan bruto Nos preocupan nuevos brotes de subversión, últimamente han sido asesinados policías al estilo de la Liga 23 de Septiembre En la corporación sólo hay 15% de corrupción, la ‘mordida’ se extirpará cuando se pague bien al policía Se está cambiando la imagen, los separos ya no son las mazmorras oscuras de antes, ahora huelen a loción La policía no es rompehuelgas, cuando se nos llama a tiempo ni muertos hay No tengo aspiraciones políticas, pero si me llaman para el próximo gobierno, hay general para rato Que la gente hable, que diga lo que diga, somos mexicanos, no yugoslavos ni chinos, ni nada de eso, pero nos hacemos mucho mal entre sí: no me hacen daño, ya se acordarán bien de mí”
Y sus palabras tristemente célebres:
“Bueno, aquella no la hemos terminado Además, yo tengo derecho a tener casa en Zihuatanejo ¿no? Si la tienen los pobres ¿por qué yo no? La del Ajusco la hice con muchos sacrificios Si hubieran visto a mi señora cargando la carretilla ¡Mi casa me ha costado sangre! Pero los mexicanos somos tan pinches que nos hacemos daño unos a otros”
En esa misma ocasión salió a la luz pública el primer denunciante: Guillermo Domínguez, exagente de la DIPD, detenido en más de una ocasión por demandar la reivindicación del policía Esta era su voz desesperada: “Durante la presente administración, el policía fue apartado de su cometido fundamental: el de servidor público, para convertirse en un instrumento de represión lanzado a la calle a robar para abultar las alforjas e incrementar aún más las ya inmensas fortunas de tenientes, comandantes, mayores, coroneles y hasta generales En este sexenio la policía capitalina llegó a su máximo de corrupción, porque ya no puede haber más corrupción, porque sencillamente no se toleraría más corrupción”
Domínguez ingresó en la DIPD en 1968 y presentó su dimisión el 2 de junio de 1982, en una carta dirigida al presidente José López Portillo, al regente Carlos Hank González, al entonces candidato priísta Miguel de la Madrid y al propio Durazo
Al número siguiente, relacionado al último informe de gobierno de López Portillo —en el que lloró y dijo no irse con dinero mal habido—, Proceso dio a conocer a la opinión pública las casas de JLP en una colina de Cuajimalpa, la mansión de Hank González en Connecticut y el ya famoso Partenón de Zihuatanejo
Una fortaleza que se levanta en un área de 20,000 metros cuadrados —parte de ellos terrenos ejidales, sin decreto presidencial de expropiación ni, desde luego, indemnización para los afectados—, con el confort de un príncipe: camas colgantes, aire acondicionado, televisores a color, hornos de microondas, consolas y otros “souvenirs” del exjefe policiaco Técnicos especialistas consultados al respecto, entre ellos el ingeniero Miguel Farías Salazar, director de Obras Públicas de Zihuatanejo, quien aportó datos para el avalúo, el costo del Partenón, a precios de 1982, era de 700 millones de pesos, incluido el mobiliario
“La casa de Durazo es un insulto al pueblo”, declaró el presidente municipal, Fidel Gutiérrez Gordillo, quien trató de frenar la obra, pero fue inútil
¿Qué pasó? —inquirió el reportero
“Figueroa dio marcha atrás”
¿Por qué?
“Era el gobernador”
La obra iba a ser suspendida porque Durazo no pagaba ningún impuesto Las autoridades enviaron los oficios correspondientes para que cumpliera con el fisco Nunca aportó ningún centavo por ese concepto
Y llegó el primer aviso, con el compromiso presidencial sobre las policías: “Deben ser garantía de seguridad y tranquilidad ciudadana y no causa de su quebrantamiento” El presidente Miguel de la Madrid respondía así a lo que llamó “reclamo popular” de dignificar las fuerzas del orden
Sin embargo, los últimos detalles al Partenón continuaban aceleradamente y a fines de 1982 estaba a punto de estrenarse No sólo eso, sino que Durazo comenzaba a construir otra casa en lo que parecía ser la segunda fase del Partenón, en otros 4,000 metros cuadrados situados en “La Punta de la Ropa”, que se había apropiado antes de terminar la gestión presidencial de López Portillo
Vino el segundo aviso: a fines de enero del año pasado, la diputada Lilia Maldonado Ramírez anunció un proyecto para expropiar la mansión de Zihuatanejo, “porque es un insulto a la miseria del pueblo guerrerense y sospecho que el Partenón fue construido con dineros mal habidos” Y luego la confirmación: el gobernador Alejandro Cervantes Delgado prometió investigar el asunto El resultado: despojo de terrenos ejidales y pertenecientes al Fideicomiso Bahía de Zihuatanejo (Fibazi), según denunció el director de este organismo, Manuel Barros Nock
A fines de julio de 1983 se publicó aquí la fotografía y la información correspondiente de la mansión de Durazo en el Ajusco, otra fortaleza asentada en 150,000 metros cuadrados cuyo precio —a costos del año pasado— ascendía a 3,500 millones de pesos, sin contar los caprichos del exjefe policiaco en cuanto a mobiliario, equipamiento y decoración interior
Los técnicos consultados para el avalúo no daban crédito a la fotografía expuesta por el reportero Por primera vez, también, se dio a conocer que la “colina del negro”, como le llama la gente vecina, contaba, entre otras, con las siguientes instalaciones: un castillo, casas —principal y de huéspedes—, hipódromo, cortijo, lagos artificiales, alberca, salón de juegos, discoteca, canchas de tenis y futbol, campo de tiro, caballerizas, helipuertos y juegos infantiles
Lejos estaban los días en que Durazo vivía miserablemente, con su esposa e hijos, en tres pequeños cuartos —dos de ellos utilizados como recámaras y otro como sala y comedor— cuya superficie total no era mayor de ocho metros de ancho por 10 de largo Tal era la dimensión de su lúgubre departamento, descascarado aun en la azotea de la vetusta vecindad en la calle Cerrada de Antonio Maceo, número 43, en Tacubaya
Para ese entonces crecía la indignación popular, principalmente de los pobladores de San Andrés Totoltepec y de San Pedro Mártir —vecinos de tiempo atrás de Durazo—, quiénes contaban la historia: en 14 años corrompió a los lugareños, los enfrentó entre sí, les quitó sus tierras, se apoderó del agua y de la cantera, cerró caminos y se erigió en “benefactor del pueblo” Y hasta la redacción de esta revista llegó la fotografía del lujoso automóvil, cuyo precio es de varios millones de pesos, que invariablemente se mal estacionaba “sobre la acera de Paseo de la Reforma frente a las oficinas del periódico Excélsior y cuyo propietario es el señor Víctor Payán”, decía su remitente, el licenciado Emmanuel Ruiz Subiaur, como una muestra más de la ostentación de que hacían gala los principales colaboradores de Durazo
Un mes después, agosto de 1983, Proceso descubrió que 24 horas antes de que López Portillo dejara la Presidencia de la República, Durazo cerró con otro amigo una sospechosa operación de compraventa que parece librarlo de una acusación por enriquecimiento ilícito, al menos en la zona del Ajusco, donde se levanta su insólita mansión Ese otro protector amigo es Alejo Peralta Díaz y Ceballos, exdirector del Instituto Politécnico Nacional y reputado hombre de empresa quien a través de inmobiliarias creadas a manera repentina, compró a Durazo alrededor de 170,000 metros cuadrados de terreno, la mayor parte de los cuales sirvió de base a esa mezcla de casa y parque de diversiones que es la “colina del negro”, según consta en el Registro Público de la Propiedad
Dos números de Proceso, los publicados la última semana de septiembre y la primera de octubre del año pasado, llamaron aún más la atención pública: José González González, su exjefe de ayudantes, daba a conocer la biografía criminal de Durazo
Confidente y subordinado en hechos delictuosos, en un acto de autoconfesión, González descorrió el velo que encubría los sucios manejos de quien se regodeaba en humillar a los miembros del gabinete, en pisotear las leyes para manejar a su antojo el presupuesto de la DGPyT, en dar y recibir favores a cambio de regalos con oro, brillantes y centenarios, en fabricar delitos e ilícitos que en carne propia sufrió la ciudadanía y de quien hasta soñó llegar a ser Presidente de la República