RECUERDO DE IBARGUENGOITIA
Señor director:
En el número 370 de Proceso se recuerda a Jorge Ibargüengoitia, cuyo accidente nos tocó de cerca porque habíamos ido a España al homenaje a Lázaro Cárdenas, en el que participamos
Y, temerosos del avión como somos y como tal vez lo era el propio Ibargüengoitia —”Si no se cae el avión, cuando este artículo vea la luz pública”, texto citado entre la selección de Federico Campbell—, fácil imaginar la doble cantidad de adrenalina gastada al regreso, cuando en un momento dado el “jumbo” comenzó a moverse como hoja al viento
La frase citada también puede atribuirse a ese humorismo mexicano que, con ciertos tintes, se dio en Jorge Ibargüengoitia, tomándole el pelo a la muerte Que a veces, como ha resultado ahora fatalmente, lo decide todo
En el mismo avión venía Cantinflas Lo habíamos saludado en Barajas en medio de la atención que siempre provoca Y en el mal rato que se desataron las turbulencias, después de Montreal, repasábamos con obsesión más nerviosa que alegre, aquella película del gran cómico mexicano que tal vez se llamaba “A volar, joven”, donde al argumento de quiénes se empeñan en defender la seguridad aérea, como si fueran accionistas de PAA, Cantinflas contraargumentó: —”Sí, todos tenemos una rayita para morirnos, pero si le marcan el aire esa rayita al aviador”
Poco tratamos a Ibargüengoitia Lo recordamos con sus grandes zapatos en el hotel Plaza, de Buenos Aires, en la excursión “con la crema de la intelectualidad”, citada con el propio escritor guanajuatense En los textos recogidos en la nota a que aludimos Se nos dijo que vivía de sus libros, en EU y últimamente, en París Hecho que, al menos visto desde Europa, donde se nos lee muy poco, demuestra que había alcanzado una recompensa a su talento Sobre todo en “Los relámpagos de agosto”, excelente libro Su sentido del humorismo no es que quisiéramos practicar —cada cual tiene su forma de matar las pulgas— dicho francés, pero siempre nos atrajo la prosa de Ibargüengoitia y hasta el hecho de haber estado cerca de donde murió nos ha hecho pensar más en él estos días Como en Scorza, Marta Traba, Angel Rama
Tal vez convenga una aclaración En fragmentos dedicados por Proceso —recuerdo, meditación, homenaje a JI— se alude, en viejas letras del escritor muerto en Barajas, a que Asturias acusó a García Márquez de plagiario Hecho que a su tiempo armó la tremolina en la República de las Letras: donde siempre el ataque gusta más que el elogio
El libro de Balzac citado en el incidente no es “Las ilusiones perdidas” sino “La búsqueda de lo absoluto” La verdad es que la supuesta acusación la hizo un periodista cuyo nombre no tenemos a mano, pero que damos a conocer en libro próximo, donde se habla de Asturias, entre otros
Un infiel entrevistador cambió la opinión del novelista guatemalense, que se limitó a señalar que era conveniente una investigación, pero que jamás se lanzó contra García Márquez Apresurados defensores del actual Nobel de Literatura hicieron lo demás
Confiamos que el gran novelista de Colombia haya llegado a conocer la verdad Miguel Angel Asturias tenía otros defectos, pero no era celoso de la gloria ajena Más bien, tendía a la generosidad
Al pensar de nuevo en Jorge Ibargüengoitia cuyo trágico fin nos ha recordado en otro orden de fatalidades, el de Garizurieta, no deja de invitar a creer que el humorismo, aun practicado a veces como revancha más que como alegría, tiene su razón, si la muerte está por allí agazapada, como en el cerro de Barajas Nieztche, con todo y su rostro de poseído escribió en su “Origen de la Tragedia”: “Hombres superiores, vamos aprender a sonreír”
Un saludo cordial
Fedro Guillén
México, DF








