El sueldo suficiente, sólo maniobra verbal de los líderes
Al fijarse el nuevo mínimo, los trabajadores seguirán en el hambre
Salvador Corro
Como el circo que cada año regresa al pueblo con la alharaca de sus mismos payasos y maromeros, la fijación de los nuevos salarios mínimos revive, acentuados, los reclamos de los líderes obreros de una paga realmente justa, suficiente, acorde con lo dispuesto por la Constitución
Y, como cada año, este diciembre el final de la función será amargo
Disipadas las declaraciones, olvidadas las promesas, superadas las discusiones, los trabajadores habrán sido derrotados otra vez
Pero ahora, cuando la inflación galopante hace impensable ya un salario suficiente, al menos para lo indispensable: la brecha se ha agigantado
“Ni siquiera hay criterios para determinar en pesos el valor del salario mínimo constitucional”, dice Faustino Chena Pérez, representante del sector obrero ante la Comisión Nacional de Salario Mínimo
Se remite a las tres últimas revisiones del salario mínimo Encuentra que en vez de beneficiar perjudicaron a los obreros “Cada vez —dice— se recupera menos el poder de compra; se separan cada vez más los salarios mínimos de los contractuales y se aleja la posibilidad de alcanzar un salario único”
Mientras el cerco se cierra sobre los trabajadores, sus líderes levantan la voz con más encono; aunque sus palabras, aparece, tienen cada vez menos fuerza Para ellos resulta ya difícil embellecer la cara de la crisis, que afecta sobre todo a los obreros con salario mínimo —unos 12 millones en el país Un párrafo del documento aprobado por el Congreso del Trabajo la semana pasada —y que será entregado a la Comisión en estos días— resume así la situación actual:
“Por supuesto que el movimiento obrero organizado reconoce que la crisis económica por la que atraviesa el país es profunda, pero esto no justifica la parcialidad de las medidas económicas impuestas, porque es a todas luces claro que hasta el momento ha favorecido principalmente a los empresarios con el otorgamiento de estímulos y ventajas, mientras que los trabajadores se debaten en una miseria real y desesperante”
Pero los planteamientos y demandas del Congreso del Trabajo poco han servido en la práctica Pese a que aún no se inicia la negociación oficial en la Comisión, ya hay indicios de que el endurecimiento, hasta ahora sólo verbal, de los líderes obreros, se encontrará con una pared más dura aún integrada por los sectores gubernamental y patronal
SALARIO DE MIEDO
El Congreso del Trabajo reconoce que el salario mínimo actual, de 520 pesos diarios para el Distrito Federal, apenas si cubre el renglón de alimentación del obrero, siempre y cuando éste no tenga familia Para poder satisfacer las más elementales necesidades tendría que ganar por lo menos mil pesos diarios Y para que pudiera satisfacer sus necesidades materiales, sociales y culturales, como lo ordena la Constitución, la cantidad tendría que ser mucho mayor
“No existe mejor parámetro de la realidad inflacionaria —acusa el CT— que el hambre de los trabajadores y sus familias Este infalible instrumento señala ya su límite máximo y demuestra también el equívoco de las medidas adoptadas por el gobierno Estas sólo han afectado a las grandes masas populares porque, finalmente, aunque los empresarios vean disminuídos sus volúmenes de ventas, cuentan con mecanismos de ajuste instantáneos para mantener sus altas tasas de ganancias a través de aumentos de precios que nadie vigila”
El documento elaborado por el Congreso del Trabajo se difundió públicamente el mismo día que el presidente Miguel de la Madrid Hurtado dio a conocer los criterios generales de su política económica para 1984 Los conceptos y señalamientos de ambos puntaron hacia direcciones opuestas Tanto, que la puesta en circulación del documento obrero irritó al máximo jerarca del sindicalismo oficial, Fidel Velázquez, sobre todo porque vio la luz pública contra su voluntad y en un “momento inoportuno”
En cambio, el propio Velázquez ha reiterado su desgastada retórica en demanda de un aumento salarial justo El salario mínimo, dijo una vez más, deberá ser constitucional “Hasta ahora, los mínimos se han determinado en forma caprichosa y sin apego a la Ley”
Según Chena Pérez, esa, la de exigir un salario constitucional, es la más socorrida de las maniobras de los dirigentes obreros A la postre, siempre, resulta que quiénes determinan el porcentaje de aumento son el gobierno y los empresarios
Pregunta el representate obrero: “¿Quién debe fijar cuál es el salario?” Prácticamente, dice, los empresarios han normado hasta ahora los criterios al respecto y con ellos condicionan las formas de vida de los obreros “Nosotros hacemos un cálculo de los que humanamente debe consumir un obrero; pero los empresarios son los que determinan si el trabajador debe tomar leche, jugo o carne o simplemente limitarse a una comida al día”
Además, advierte Chena Pérez, el problema no es sólo fijar el salario mínimo, sino que se pague
EL CUENTO DE SIEMPRE
La nueva demanda formulada por el Congreso del Trabajo con vistas a la próxima revisión del salario mínimo que regirá en 1984 es sin duda la más agresiva y severa que ha pronunciado; pero no es nueva: año con año, en noviembre, formula y argumenta su demanda de incrementos salariales mediante un análisis de la situación económica Conforme evolucionó la crisis, sus exigencias fueron siendo mayores, sus planteamientos más radicales, pero paradójicamente, cada vez se concedió menos a los obreros
Desde 1976 los salarios y los precios han tomado caminos diferentes En la negociación definitiva entre los empresarios y los líderes cada vez es más evidente que los obreros tienen que aportar su sacrificio Así ha ocurrido en las tres últimas revisiones, cuando menos Después de haber demandado incrementos del 50%, finalmente se aceptaron otros que no rebasaron el 25%
Y el caso más patético, en junio pasado: el aumento de emergencia otorgado apenas si llegó al 15% El resultado fue que se acumuló el deterioro del salario Nada más
De poco ha servido la fundamentación legal que incluye la petición de aumento salarial Hoy, otra vez, los líderes recurren a ella
En 1979, el Congreso del Trabajo anunciaba ya en sus análisis:
“En virtud de las múltiples desviaciones que se han presentado en el seno de la economía, distorsionando el normal comportamiento entre la inversión, la producción, la distribución y el consumo, y dadas las características debido a la inflación () el sector laboral exige en forma inmediata tomar las decisiones precedentes para reorientar y encausar este equilibrio roto”
Eso fue hace cuatro años
Para 1981 la situación se había agravado Y el CT denunciaba en su documento anual:
“El deterioro de los salarios reales nos lleva a una participación decreciente en el Ingreso Nacional, a pesar de casi 50% en 1976 a un 414%”
Calculaba el CT que “el poder adquisitivo de los salarios ha sufrido una merma en promedio nacional del 131%, que sumado a la inflación persistente, hacen que el salario real de los trabajadores se vea disminuído en proporciones alarmantes, agudizando los problemas de alimentación vivienda, vestido y educación, principalmente”
Estos planteamientos, como siempre, fueron acompañados por demandas de elevados incrementos salariales Y los aumentos concedidos, además de no mejorar el poder de compra, fueron anulados en los primeros meses del año siguiente
Y los argumentos del CT subieron de tono en 1982
En la negociación de diciembre de ese año, para determinar el salario mínimo de 1983, algunas expectativas que abrió la recién estrenada administración fueron pretexto para que los representantes obreros aceptaran un aumento salarial de sólo 25% Para que los obreros conservaran la paciencia, los patrones les prometieron concederles otro 125% en julio
El 22 de diciembre, Fidel Velázquez entregó al presidente De la Madrid el manifiesto “Solidaridad para el cambio” El documento, conciliador, no eludía las infaltable denuncias; pero las palabras se habían gastado ya demasiado
“No se puede admitir —decía, por ejemplo— que por los embates de la inflación se sigan modificando sustancialmente las prácticas de consumo de las mayorías, trastocando su patrón de vida”
O que “no se podrá exigir la misma aportación, el mismo sacrificio a quiénes, como los trabajadores, no disponen más que de su fuerza de trabajo, en contraste con quiénes poseen cuantiosas fortunas a las que nadie, hasta ahora, ha podido poner límite”
Sin embargo, ante la decisión tomada, la respuesta de los líderes fue de conformidad A lo más que llegaron fue a una velada amenaza de volver a pedir aumentos salariales en el caso de que continuara la carrera de los precios
Cuatro meses después, en abril de este año, la denuncia del CT era elocuente: “para el movimiento obrero nacional el proceso inflacionario ha conducido a mayores desequilibrios en el poder adquisitivo de sus salarios; los logros que se habían obtenido parcialmente, a la fecha han desaparecido por completo”
Pero aún, “el poder de compra de la población en general nunca había alcanzado niveles tan bajo como los que ahora se contemplan” Y amenazaba: “si no se atienden y solucionan preferentemente este tipo de inconformidades, caeremos en el caos, la desesperación y el quebrantamiento de la estabilidad que hemos disfrutado desde hace ya varias décadas”
Las cifras del CT también eran elocuentes Los trabajadores iniciaron 1983, decía, con un deterioro de 375% en sus salarios; si a este se agrega el 30% registrado en los primeros cuatro meses, los salarios han perdido su poder de compra en más de 50%
Además, no sólo no se les dio a los trabajadores el 125% adicional prometido por los empresarios, sino que el nuevo se les retardó hasta julio y fue de sólo el 15%
Han pasado ya otros seis meses
En ese lapso, el combustible subió de 24 a 30 pesos el litro; la leche, de 33 a 38 pesos; el huevo llegó a 100 pesos el kilo, el arroz, a 80, el azúcar a 43: 524% de aumento en promedio hasta octubre En ropa y accesorios, lleva a 701%
Frente a ese problema, otra vez se anuncia el regreso del circo Ya se declara, se demanda, se discute








