Ningún delito quedó sin cometerse
Durazo hizo de la policía una organización criminal, para explotarla
Ignacio Ramírez
Con absoluta impunidad, Arturo Durazo Moreno convirtió a la Dirección General de Policía y Tránsito en una organización delictiva, en la que implantó desde el terror hasta el tráfico de estupefacientes Y cobijó la trata de blancas, el fraude, la estafa, el contrabando, la extorsión, el robo, la violencia, el nepotismo, la vendetas, las torturas y la muerte
Tan inmenso era su poder y prepotencia, que se daba el lujo de imponer todos sus caprichos Así fue nombrado “general” por decreto presidencial y “doctor Honoris Causa” por el Tribunal Superior de Justicia; recibió la Medalla del Mérito de la Legión de Honor Nacional y el “casco de plata” de Scotland Yard, así como los títulos “Hombre del Año” en tres ciudades estadunidenses y “líder” de las policías de América Latina
Se regodeaba en humillar a los miembros del gabinete, en pisotear las leyes para manejar a su antojo el presupuesto de la DGPT, en dar y recibir favores a cambio de regalos en oro y brillantes, en fabricar delitos e ilícitos que en carne propia sufrió la ciudadanía no sólo de la capital sino de todo el país, pues contaba con una Brigada Blanca, particular, que actuó con el consentimiento de las autoridades federales
De esa manera logró amasar una fortuna incalculable, de la cual hizo gala en su Partenón en Zihuatanejo y en su casa del Ajusto, amén de ser uno de los accionistas de Yamaha de México y del Banco de Comercio, entre sus negocios conocidos hasta ahora
Y, por si esto fuera poco, hasta soñó con llegar a ser Presidente de la República
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José González González, de 55 años de edad, 27 de ellos como gatillero profesional al servicio de políticos y funcionarios —en su currículum está el haber formado a los “Halcones” y dar muerte a varios manifestantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco—, acaba de escribir un libro con el título Lo negro del Negro Durazo, un texto de 150 cuartillas, que narra detalladamente la biografía criminal de su exjefe
Fue su último jefe de ayudantes Una placa de teniente coronel lo acredita como tal desde 1978 Y también jefe de seguridad; cuatro credenciales lo avalan, además de mostrar a Proceso dos oficios, con fechas 29 de agosto de 1978 y 2 de marzo de 1979, firmadas por el teniente coronel Nazario Jasso López, jefe de personal y Detall General, y por el coronel Federico Daniel Garza, director de los Servicios Administrativos, en los que se le conceden ascensos
Siempre detrás de Durazo, desde las 6:30 de la mañana hasta el anochecer, fue testigo de una y mil anécdotas y sucesos de los más altos niveles Confidente y subordinado en hechos delictuosos, en un acto de autoconfesión descorre el velo que encubría hasta hoy los sucios manejos del exdirector de la DGPT
Una historia alucinante, que más bien parecería el relato de una sociedad secreta, que se tejió a todas luces, sin tapujos, con la bendición de las más altas autoridades del país
He aquí tan sólo parte de esa historia, tomada de su libro, con acotaciones de viva voz:
“Un día llegó una señora, que se identificó como mamá del taxista que murió junto con unos sudamericanos, acompañada de uno de sus hijos; insistió en que a su hijo, antes de morir, seguido iban a detenerlo agentes que se decían de la DIPD Con base en eso, fuimos por los libros de las fotos y fueron identificados tres elementos Pero viendo el riesgo que corría la señora, yo mismo le sugerí que se fuera, que íbamos a tomar nota, que si quería levantara un acta Pero le pedí que se fuera porque se van a dar cuenta éstos y la matan”
Era el caso de los cadáveres aparecidos en el río Tula
A fines de enero de 1982 se había identificado plenamente a una de las víctimas: Armando Magallón Pérez, taxista de 28 años de edad, desaparecido desde el 8 de junio de 1981 La versión difundida por sus familiares era en el sentido de que la última vez que se le vio acompañado a un grupo de “turistas colombianos”
—Hasta ese momento, ¿usted ya sabía de qué se trataba? —se le pregunta a González González
“Yo ya sabía que sí había intervenido la DIPD —responde el entrevistado—, sabía que Sahagún Baca controlaba a los hampones sudamericanos Y desde que supe de la muerte fui a ver los cadáveres y vi que el procedimiento era de policías, por las vendas en los ojos y en las manos; además, el tiro preciso para matarlos Lo demás que presentaban los cuerpos fue porque, ya postmórtem, los envolvieron en alambre y los metieron en pedazos de tubos de albañal para que fueran al fondo del canal Lo que les falló fue que pensaron que todos eran sudamericanos, no contaron con el taxista No los podían dejar vivos porque estos ya habían robado como 180 millones de pesos Cuantos habían participado eran delincuentes que no tenían antecedentes, porque actuaban libremente y con la protección de los demás”
—¿Por qué dice usted que no podían dejarlos vivos?
“Porque al dejarlos vivos representaban un problema posterior, debido a que ellos iban a seguir trabajando Y como ya se acercaba el momento de entregar la administración, a la larga los iba a agarrar la policía, otro tipo de policía, pues en ese tiempo de Durazo la policía que funcionaba deveras, como se le daba la gana, era la DIPD”
Francisco Sahagún Baca, entonces director de la DIPD, era el hombre de todas las confianzas de Durazo y no daba un paso sin antes consultar todo con su “patrón”, como le llamaba, según dice González González Así crearon una Brigada Blanca particular, cuando la que existía desapareció del Campo Militar Número Uno El jefe de esta policía ilegal era Roberto Reta Ochoa y sus miembros “trabajaban con toda impunidad a lo largo del país cometiendo extorsiones y arbitrariedades con el pretexto de perseguir guerrilleros, que en esa fecha ya no existían en el país, con la complacencia de las autoridades federales”
A principios de julio de 1982, en una entrevista con Durazo, en su despacho particular (Proceso No 297), se le comentó que, en el caso del río Tula, había una versión que se trataba de asaltabancos centro y sudamericanos, asunto en el que se le involucraba Y estas fueron sus respuestas
—Es un boleto que no me competía ni me compete a mí Todas las policías estamos trabajando en eso
—Dice usted que sigue la investigación del caso Tula
—Eso se sigue y tiene que salir No puede quedar pendiente Sabemos cómo anda la cosa más o menos
—¿Cómo anda la cosa?
—La conclusión es ésta: fue un broncón entre gente subversiva, como un reto entre sí, además por la manera asquerosa como los aventaron al río
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La arrogancia de Durazo no tuvo límites cuando fue “ascendido” a “general de división”, por decreto presidencial Fue el mismo Sahagún Baca quien le dio la noticia, en un acto oficial en el Monumento a la Independencia Le quitó las insignias de general de policía, que consisten en dos estrellas rodeadas de laureles dorados y le puso las correspondientes a las del Ejército, que son tres estrellas y un águila, de plata y oro respectivamente Al ver esto, el entonces secretario de la Defensa Nacional, Félix Galván López, se le acercó
—Señor director, a mí se me hace que el señor Presidente se equivocó con usted
—Pues fíjese mi general que yo pienso exactamente lo mismo, porque a mí se me hace que el señor Presidente con quien se equivocó fue con usted Pero para salir de dudas, ahorita mismo se lo preguntamos
“Durazo se subió al presídium —relata González González— y se sentó atrás del Primer Mandatario A pesar del acto, ahí mismo, según se vio, le comunicó a López Portillo el incidente, pues luego el Presidente ya ni se despidió de Galván López”
No fue la única diferencia que tuvieron; otra fue el cambio del subdirector de Policía y Tránsito, cargo ocupado por el general de carrera Rodrigo Montelongo, sustituido por un amigo de Durazo, el general Rafael Navarro Mendoza “Ante López Portillo, El Negro inventó que Montelongo era un traidor y que pasaba información a la Defensa y que se dedicaba exclusivamente a fiscalizarlo, por lo que no era conveniente tenerlo en el puesto Para no tener problemas se escogió a otro general de carrera Y JLP envió un oficio a Galván, quien contestó que la comisión que desempeñaba en esos momentos el general Navarro no podría suspenderla de un día para otro, lo que indignó a Durazo”
El mismo día que llegó la respuesta, un sábado, Durazo citó a González González para ir el domingo a ver al Presidente, quien en el reverso del oficio de la Defensa escribió: “Esta es una orden”
Y Navarro fue designado
Con esas prerrogativas, Durazo ordenaba hasta matar, dice González González
Para confirmarlo, narra el caso de León Sandoval Tableros y Javier Pérez Mancera, vigilante y policía bancario comisionados en la casa de Gilberto Flores Muñoz, asesinado junto con su esposa, delito por el cual fue declarado preso el nieto, Gilberto Flores Alavez Los dos fueron secuestrados y aparecieron luego narrando las torturas y presiones de que fueron objeto para que se declararan culpables y de cómo fueron abandonados en la sierra de Puebla
González González fue llamado por Sahagún Baca para “resolver” el caso
—Mi general Durazo ordena que se haga cargo del asunto porque para “calentar” a usted nadie le gana
Y esta es parte textual de su participación en el caso:
“Me trasladé con mi personal a una granja deshabitada en avenida Morelos número 15, en el perímetro de la delegación de Cuajimalpa, en donde el capitán Eugenio Barraza me entregó a los detenidos, esposados, con los ojos vendados Su estado era deplorable, por debajo de las vendas de los ojos les escurría pus, ya que desde que los detuvieron y a pesar de haberlos sumergido en agua sucia, durante cinco días, no les habían cambiado las vendas
“Esperé al día siguiente para entrevistarme con Sahagún Baca y explicarle que los detenidos no eran responsables del asunto Ante esto, lleno de furia, me dijo: ‘Mire don Pepe, a mí me importa una pura chingada si son o no son responsables, lo que quiero es que me traiga ya una confesión firmada por esos cabrones'”
Y luego la orden fulminante
—De orden de mi general Durazo llévese a esos dos cabrones a la sierra en donde colindan los estados de Puebla y Veracruz y truénelos, no les deje ninguna identificación y tírelos en algún lugar despoblado para que cuando los encuentren ya estén irreconocibles por la acción de animales o aves de rapiña
“Ya en plena sierra de Puebla —escribe González González— dejé a esos dos separados uno del otro como 50 kilómetros, pero vivos y cerca de la carretera a efecto de que rápidamente fueran encontrados y auxiliados, como ocurrió”
Otro caso sucedió frente al Bosque de Chapultepec, en donde se aseguraba que había un grupo subversivo que tenía armas y explosivos Sin ninguna investigación, cuenta González González, Sahagún Baca ordenó se allanara el domicilio, siendo comisionado el comandante José de Jesús Cruz Mares y su grupo quiénes, al tratar de entrar por la fuerza, fueron recibidos a tiros Mares y tres de sus agentes murieron
González González también fue testigo de los hechos ocurridos después
“Al llegar al lugar vi a un individuo en el interior y le disparé logrando herirlo en un brazo aún desmayado y para mi sorpresa me di cuenta de la terrible realidad, ya que lo conocí como un viejo y gran amigo mío, de nombre Gustavo Olguín, que vive aún, gran deportista y en ese entonces colaborador de Alicia y Margarita López Portillo Lo único que hizo fue defender a su familia Y se lo comuniqué a Sahagún”
—Está usted seguro don Pepe de lo que me está diciendo, porque si es así, mejor de una vez lo rematamos y nos quitamos de pendejadas, pues esto va a traer graves consecuencias
¿Qué pasó?
“Yo me pregunto lo mismo, pues de lo único que me enteré fue que la prensa nacional fue informada que Olguín quedó libre después y que a los muertos los enterraron”
Un caso más fue el de José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Box, al que por “puntadas” de Sahagún Baca se le acusó de traficar con piezas arqueológicas, “estando en una de sus clásicas reuniones en su privado, en compañía de varios artistas y señoras de la vida galante ingiriendo bebidas alcohólicas acompañadas con inhalaciones de cocaína y cigarros de vacerola”
—Mire don Pepe, por unanimidad de mis invitados ese tal Sulaimán es un pinche payaso, así que lo vamos a poner en orden
Cuando González González hablaba del por qué del delito, llegó Durazo a la fiesta
—¿Qué tanto alega este, Pancho? Sácate de aquí pendejo, las leyes las hago yo Y para mañana tengo en los separos a ese
Al final de las cuentas, Sulaimán quedó libre de toda imputación
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La cocaína “rolaba” en toda la Dirección General de Policía y Tránsito En su libro, González González da pelos y señales de cómo se distribuía y vendía la droga, que servía también como regalo del director
Todo lo que a continuación se escribe es también una transcripción exacta del texto:
Sahagún Baca, tiempo antes de que se iniciara la campaña política de JLP, y siendo comandante de la Policía Judicial Federal, en Guadalajara, personalmente ayudó a la fuga de traficantes, de un cerco que ya les había preparado el comandante Florentino Ventura Luego se dio a la fuga y abandonó el país, refugiándose en España “Pero Durazo convenció a López Portillo de que se le perdonaran a Pancho esas pequeñas fallas”
Ya en funciones con El Negro, cuando le sobraba cocaína en su despacho, el secretario particular de Sahagún Baca, el mayor Miguel Angel Fernández Serratos, llamaba a los jefes de brigada y de la DIPD y les manifestaba: “Sobró mucho perico, cabrones, y el jefe Sahagún ordena que hay que hacer una vaquita entre todos” La onza de coca para ese tiempo costaba entre 80 y 90,000 pesos, pura “Estando en ese estado, puede tolerar hasta cuatro cortes, o sea cuadruplica su cantidad, bajando obviamente su calidad” De esta manera, los jefes de brigada tenían que pagar entre 50 a 60,000 pesos por “tamal”, o sea la dotación
Para recuperar la “inversión”, se ordenaba que la droga se distribuyera entre el personal de agentes, desde luego ya “rebajada”, por lo que “en casi la totalidad de las oficinas de los jefes y comandantes existían pequeños laboratorios para comprobar la pureza de la droga y adulterarla sin que ésta perdiera toda su efectividad” Y en el mercado negro se creaba escasez ficticia, para venderla después en mayor cantidad y a mayor precio
“Posteriormente, en los viajes que yo como jefe de seguridad de Durazo llegué a efectuar a EU, me percaté que Sahagún Baca seguía manteniendo los contactos con la mafia, pues me tocó presenciar que en cuanto llegábamos a los distintos lugares de ese país, los primeros que se reportaban eran los mafiosos: en Las Vegas, Luis Krasnic, Alex Colombo y Germán Ferriola; en Nueva Orleans, Merci Manjarrez; en San Antonio, Armando Rivera y Alberto Zepeda; en Houston, Juan Walezok, y en Los Angeles Baltazar Yáñez y Sergio y Kiko Villagrán Por cierto que éstos últimos tapan sus negocios ilícitos con salones de belleza unisex y alquiler de limusinas de lujo”
González González recuerda el desmentido del embajador de México en Suiza, Agustín Barrios Gómez, publicado el 27 de julio de este año, quien negó que cuando fue embajador en Canadá haya contribuido “a que el general Arturo Durazo Moreno cambiara de nacionalidad y sea ahora ciudadano canadiense”
Con fecha de julio de 1979, dice González, cuando se preparaba un viaje a Montreal para visitar al jefe de la Policía y al director de Tránsito de esa ciudad, Durazo llamó a Sahagún Baca
“Nos trasladamos hasta Otawwa, en donde tuvo lugar la entrevista con Barrios Gómez, a la cual únicamente asistieron Durazo, su esposa y Gastón Alegre Mi asistencia a ese viaje se pude comprobar con el registro que aparece en mi pasaporte y que es el mismo de la fecha que debe tener mi buen amigo Víctor Payán Nos acompañaron también Octavio Menduet Félix, el coronel Mario Mena Hurtado, el licenciado Armando López Santibáñez, Arturo Marbán Kurczyn y el ingeniero Batuel, así como otros de menor categoría Huelga decir que el tremendo gasto de dicho viaje, los regalos, hospedajes, alquiler de limusinas con choferes canadienses bilingües y demás, le costó al erario varios millones de pesos”
Un último dato aporta González: el “fontanero” —médico que se dedica a hacer lavados intestinales o a “destapar caños” nasales como los llaman los drogadictos—, el conocido otorrinolaringólogo Manuel Rosete, que atiende a casi todo el medio artístico adicto a la coca, en su consultorio de la calle de Tuxpan, colonia Roma, “también atendía a Durazo, por recomendación de su amigo Sahagún Baca, debido a que en momentos se ponía bastante mal y llegó a tener fuertes hemorragias y resequedad Llevábamos al Negro por lo menos cada quincena, para que le aplicara varias sondas y le lavara todos los conductos”
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Recuerda González González cómo Durazo construyó su “cabaña”, como él la llamaba, del Ajusco Al parecer, pagó bien los terrenos al principio y colocó a los hijos de los propietarios como “aviadores” en la DGPT Pero luego les decía: “Mire don fulano o don zutano, no me vaya a armar pedo con sus terrenitos, porque sus hijos están cometiendo un delito, al haber cobrado un sueldo del gobierno sin trabajar y en cualquier momento yo se los mando al reclusorio Y esto se lo digo nomás por si algún día quiere usted dejar de ser mi cuate”
Una vez adquiridos los terrenos, a caballo subieron la colina del Ajusco el propio González González, Durazo, su esposa Silvia Garza y un arquitecto de apellido Vázquez, de la Oficina de Seguridad Urbana de la DGPT, para reconocer el terreno
—A ver cabrón, ¿cuánta gente necesitas?
—Señor, pues para el tiempo que quiere la señora que se termine, ocho meses, necesito mínimo 150 trabajadores
Al día siguiente había trabajando allí 650 policías Y como en las pirámides de Egipto, “a pleno lomo” se cargaron los materiales para la obra, cubiertos sus salarios con igualas que pagaba el DDF
Casi para terminarse la casa y al no necesitarse tantos trabajadores, 150 de estos policías-albañiles fueron enviados para la construcción del Partenón de Zihuatanejo “Para decorar la `cabañita’ se trajeron todos los motivos interiores de las cabañas de Los Alpes suizos, los que conservadoramente costaron más de 100 millones de pesos, dinero posterior a las devaluaciones lopezportillistas”, afirma González González
La “cabaña” era un paraíso para Durazo y sus amigos equipada con hipódromo, cortijo, canchas deportivas, caballerizas, lagos artificiales, alberca, sala de juegos y otras instalaciones, entre ellas una discoteca réplica del “Studio 54” de Nueva York, que tanto le fascinó a uno de los hijos de Durazo —Francisco, el “Yoyo”— en uno de sus viajes a la urbe de hierro
Todos los fines de semana había fiestas Para llevar y traer invitados se pedían dos helicópteros de la policía El número de ellos variaba de 200 a 300 personas Las viandas y las bebidas eran de importación, adquiridas y pagadas por algún jefe de área de la DGPT El postre: cocaína
A la casa llegaban alimentos en cantidades industriales: piernas de jamón serrano español, quesos holandeses, caviar, ultramarinos, a tal grado que muchas cosas se echaban a perder “Acumulaban tantos alimentos —escribe González— que había cuatro congeladoras gigantescas Y nos encontrábamos con el problema de que cuando llegaban los pavos de Navidad, los refrigeradores todavía estaban llenos de los pavos de la Navidad anterior Hasta que los alimentos estaban totalmente agusanados era cuando se decidían tirarlos”
Entre los asiduos invitados se contaba al licenciado Salvador Martínez Rojas, presidente del Tribunal Superior de Justicia del DF; Gastón Alegre López, abogado, ahora residente en Canadá; Pablo Fontanet, con quien Durazo realizó el fraude del panteón Mausoleos del Angel y cuyas ganancias sirvieron para el proyecto de Reino Aventura, y su inseparable amigo Sahagún Baca
Atendían a los invitados policías “comisionados” como garroteros, cocineros y meseros, que trabajan en el Servicio de Alimentación de la Brigada de Granaderos, al frente de la mayor Guillermina Martínez de Híjar A este personal se sumaba la escolta de Durazo: 140 elementos, 15 patrullas, 20 motociclistas que, en conjunto, cobraban más de un millón de pesos quincenales por concepto de sueldos
Al día siguiente de las francachelas, los policías comisionados en tan degradantes tareas sufrían otra nueva y heroica peregrinación: la pancita y los chilaquiles para la cruda
Siempre se caracterizó Durazo por repartir dinero a manos llenas Pero más aún por sus regalos, algunos “perdurables”, como los llamaba Por ejemplo, a su amante Lidia Murrieta Encinas, le tocó en suerte una casa, comprada al contado en 30 millones de pesos, sita en la calle de Fuentebella, en Fuentes del Pedregal, frente al Pedregal de San Angel
“A petición de la Murrieta —relata González González— los muebles fueron adquiridos en Francia e introducidos a México por vía marítima por el puerto de Coatzacoalcos, de donde era administrador de la aduana su hermano mayor, Sigfredo Durazo Moreno Y fueron los arquitectos Juan José Díaz Infante y Alfredo Hernández, quiénes hicieron gastos con un monto de 25 millones de pesos, sólo en adaptaciones”
En su desmedida ambición, El Negro adquiría constantemente joyas a cuenta de exorbitantes erogaciones para regalos Ya tenía a sus joyeros: Federico G Astorga, en Motolinía 25-302; Miguel Vargas, en Hamburgo 98-F, y los Cassab, Alfonso y su padre, dueños de las joyerías “El Aderezo” de Polanco y de Isabel la Católica, que cobraban en la Dirección Administrativa de la DGPT, con facturas que amparaban tela para uniformes, gorras, zapatos, etcétera, para el uso de la policía
Otro de los regalos preferidos de Durazo eran los centenarios, que recibía cada quincena, pues era orden establecida de que tanto en la Policía Auxiliar como en la Bancaria, los jefes de área y directores tenían que llevarle “el entre”, en ese tipo de monedas de oro o en dólares; no aceptaba moneda nacional
¿Las cantidades?
“Mentiría si las mencionara —dice en su libro González González—, pero puedo asegurar que quincenalmente y en forma muy discreta, acompañado sólo de su chofer y yo, contra su costumbre, sin ninguna escolta, bajábamos tres maletas de viaje de la cajuela de su automóvil y nos trasladábamos a la casa matriz del Banco de Comercio En el sótano nos esperaba el hijo de Manuel Espinosa Yglesias quien, acompañado de varios policías bancarios, subían las maletas por el elevador privado”
—Mira pinche flaco, aprende Cuántos años tienes de chingarte y no tienes ni en dónde caerte muerto Yo en cambio, ya soy accionista principal de este changarro y no se los compro completo porque sería mucha pinche ostentación
Para regalar los centenarios era muy original Mandaba ensamblar dos de ellos, con una bisagra, algo así como un estuche En el anverso de las monedas, ya lijadas, se leía: “Para el licenciado equis, con motivo de su cumpleaños De parte del General Arturo Durazo Moreno, fecha y lugar”
—Te juro pinche Pepe, que no hay en el mundo quien tire dos centenarios acoplados Se acordarán de mí mientras vivan y todavía se los dejarán de herencia a sus pinches nietos
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No obstante su carácter de director dependiente del DDF —jerárquicamente quedaba abajo del oficial mayor, el contralor general, los secretarios de gobierno, el tesorero y, por razón natural, del regente—, Durazo manejaba a su antojo el presupuesto de la policía
“Para ello —refiere González González— se requería el aval de la Contraloría General del Departamento Y no le fue difícil lograrlo: mediante presiones y acusaciones falsas, ante el propio JLP, se destituyó al titular, Salvador Mondragón Rodríguez, Durazo le presentó al Presidente al subcontrolador Jaime Porter Samanillo; lo había comprado con cinco millones de pesos, en dólares porque no hacía tranzas con cheques ni documentos”
Y para controlar las entradas ilícitas del dinero proveniente del presupuesto, El Negro impuso como primer director administrativo a su cuñado Federico Garza Sáenz Pero éste también abusó, al grado de que se compró una isla en Zihuatanejo Como Durazo no perdonaba, fue cesado Lo sucedió en el cargo un amigo íntimo del Negro, Carlos Castañeda Mayoral, de quien González González da estas referencias: “era jefe de personal en la Procuraduría General de la República y con quien lo ligaban nexos inclusive a nivel de la mafia, de drogas, de trata de blancas y contrabando”
“Nunca volvieron a darse refacciones —expone González—, ni llantas, aceites, combustibles, aditivos y demás, para las unidades del servicio de la policía, ya que la orden era: `Si quieres patrulla para trabajar en la calle, tendrás que pagar todos tus gastos’ Asimismo, no se volvieron a dar uniformes, los cuales según era costumbre debería darse dos por año, incluyendo zapatos, corbata, calcetines y fornituras Y fue público y notorio que los uniformados se veían de chile, de dulce y de manteca, porque cada quien se compraba lo que podía”
Castañeda Mayoral también se fue sobre los bienes y en tan sólo ocho meses se construyó dos casas con valor superior a los 40 millones de pesos, en Tecamachalco y en Fuentes del Pedregal Además “adoptó” a la artista brasileña Gina Montes, a quien le pagaba una renta mensual de su departamento —50,000 pesos al mes—, en la colonia del Valle, y otra cantidad igual por concepto del pago de teléfono, así como miles de pesos diarios de las cuentas que firmaba la vedete en el “Marraquesch”
“También había incluido en la nómina de honorarios, con sueldos mínimos de 40 a 50,000 pesos mensuales, a sus dos esposas, a su hermano, a su papá y a su tío Y permitió al teniente coronel Alberto Paz Martínez, jefe de la Oficina de Vehículos Oficiales, cometer irregularidades con la gasolina, como el hacer efectivos los viajes de vehículos pendientes de baja, o sea fuera de servicio, que representaban más de 300 millones de pesos anuales”
Con esas dotes de administrador, no le fue difícil construir una casa más: en cinco meses levantó una de tres niveles en el kilómetro 23 de la carretera México-Cuernavaca, cerca de la de Durazo, que tuvo un costo de 15 millones de pesos
Durazo no tuvo más remedio que destituirlo, pero lo sustituyó con su cuñado Garza Sáenz —el mismo que había quitado— “quien, en los pocos meses que ya faltaban para concluir el sexenio, vendía las últimas plazas de jefes cuyos costos eran: de capitán a mayor, medio millón de pesos; de mayor a teniente coronel, un millón, y de teniente coronel a coronel, millón y medio de pesos”
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Los negocios ilícitos afloraron en la DGPT durante todo el sexenio Siempre se encubrieron de una u otra manera En su libro, González González da numerosos ejemplos, como la compra fraudulenta —en 1982— en la importación de 300 motocicletas, 84 grúas, 250 patrullas y miles de armas de largo alcance, equipo de radiocomunicación, radios y torres telescópicas
González refiere que el 9 de agosto último fue visitado por el coronel Orlando Calderón Guerrero —”en solicitud de consejo”—, ya que trataba de presentarse con el general Ramón Mota Sánchez para aclarar las irregularidades que existieron en la compra de equipo, concretamente grúas, cuya brigada tuvo a su cargo en el sexenio pasado “El temor que me manifestaba Orlando Calderón era en base a que el día 8 de agosto pasado se había comunicado con él, vía telefónica, desde Francia, El Negro Durazo, quien además le manifestó que estaba en compañía de López Portillo, expresándole que hasta allá le habían llegado las noticias de que estos hechos ya se estaban investigando en la ciudad de México y que por haber sido él jefe de esa área lo hacía responsable de arreglar esa situación a nivel personal, costara lo que costara
“Orlando me confesó que él no estaba dispuesto a pagar lo que no había hecho Y que quería declarar en contra de su exjefe, ya que en estos hechos la ganancia quedó entre Castañeda Mayoral y el propio Durazo Le recordé que él también tenía responsabilidad, puesto que 80 de esas unidades fueron adquiridas exclusivamente con caseta y chasis Y que él, Orlando, había tenido que seleccionar a 160 policías a los que había exigido la cantidad de 100,000 pesos por pareja, para que se les instalara a dichas unidades la plataforma y la polea para levantar los vehículos Al hacer dicho desembolso, los policías por razón natural adquirían el derecho de salir a extorsionar a la ciudadanía sin limitaciones”
Según González el negocio fue el siguiente:
Castañeda Mayoral hizo contacto, en San Antonio, Texas, con Hugo Pimentel Mercado —”hombre también de gran influencia ante las autoridades del DDF”—, un intermediario que arreglaría la facturación e introducción del equipo al país —”obviamente aumentando enormemente los costos”— y quien “nos trasladó hasta Tenesse para cerrar el trato y posteriormente entregar el dinero en Laredo, Texas”
“Yo recuerdo que Sahagún Baca consiguió facturas apócrifas de las adaptaciones que se les hicieron a las grúas y ello se cargó al presupuesto de la DGPT, en 20 millones de pesos Independientemente de que esto también se había ya cobrado con anterioridad, en la compra original, porque los vehículos aparecían como si hubieran llegado completos”
El 4 de octubre de 1979 se hizo público el anuncio de que la DGPT había acordado adquirir un edificio de dos pisos de altura, con capacidad para varios miles de urnas, de la empresa Mausoleos del Angel, “con el que se pretende resolver el problema durante 40 años, para los deudos de la corporación, que fallecieran en ese periodo” Nunca se reveló el monto de la operación
Lo único que sabe toda la policía es que, a partir de noviembre de 1979 a marzo de 1983, sin ninguna autorización, a los 27,000 elementos de la corporación les fue descontada una cantidad aproximadamente de 57 pesos quincenales —en total 110 millones de pesos—, en ese lapso En todo ese tiempo no se inhumaron más de 50 policías Sólo podía ser enterrado el policía que falleciera en actos de servicio; su familia no tenía ningún derecho para utilizar ese servicio; si el elemento causaba baja, no tenía ninguna posibilidad de recuperar su inversión, pues había una cláusula que, en tal caso, cedía su fondo para los que seguían prestando sus servicios en la DGPT
“El plan de esta recaudación de fondos fue con el fin de iniciar, sólo iniciar, el famoso centro de diversiones Reino Aventura, para lo cual Durazo logró la autorización de López Portillo con el objeto de usufructuar los terrenos durante 99 años, vencidos los cuales, pasarán a ser propiedad de la nación, junto con todas sus instalaciones De los socios en este negocio o que intervinieron al menos en él, aparte de Durazo y Pablo Fontanet, dueño de Mausoleos del Angel, están Carlos Hank González y el licenciado Gastón Alegre” De los inumerables ilícitos, imposible de contar, podrían citarse los 7,000 semáforos electrónicos, anunciados a mediados de diciembre de 1979, que no fueron más que fantasmas; el stand de tiro electrónico, similar al de la FBI en los Estados Unidos, que se instaló en la casa del Ajusco, y el fabuloso negocio de los llamados “corralones”
Tal como lo cuenta González, éste era el negocio:
La “concesión” fue un regalo de Durazo al “coronel” Lerma Durazo, esposo de su hermana Teresa —primos, por eso coinciden en los apellidos—, quien despachaba en su domicilio particular, por conducto del “mayor” Silvia Tonchi
“Con órdenes de Durazo, Tonchi se comprometió y cumplió entregar un promedio de 150,000 pesos diarios por cada uno de los `corralones’, que en ese tiempo eran siete, cuya cantidad recababa uno de sus ayudantes, Joaquín Zendejas Para que el ingreso de vehículos no fallara en cantidad, se recurrió al coronel Fulvio Jiménez Turengano, comandante de la Brigada Vial, que contaba con la casi totalidad de las grúas con que cuenta la DGPT, todos los motociclistas de la misma y casi la mitad de las patrullas, que eran obligados a recaudar un mínimo de 1,200 vehículos diarios; por ser tan cumplido, le entregaban 100 pesos por cada uno de ellos, o sea aproximadamente 120,000 pesos diarios de los cuales le daba la mitad a Francisco “Panchito” Ramírez, chofer de López Portillo, pues con esa cantidad le garantizaba la conservación de su envidiable posición, dado que tenía gran influencia sobre Durazo”
Y así en todas las áreas, eran premiados los que redituaban mayores ganancias, como también fue el caso del licenciado Germán López Vié, jefe de la Oficina de Antecedentes Penales, a quien El Negro lo nombró al mismo tiempo jefe del Canje de Placas para el bienio 82-83
—Mira Pepe, con este canje, me hice de 300 millones de pesos Ya los tengo en Hawai, no tardo en irme a residir a ese lugar con mi mamá, ya que ahí hice mis inversiones Esto me lo gané porque Durazo dijo: “El que quiera el canje de placas a mí me va a entregar 1,000 pesos por cada vehículo, independientemente de los pagos a la Tesorería ustedes podrán presionar a los causantes, con los argumentos que se les pegue su chingada gana, que les falta el sello, no coincide su domicilio, no trae los documentos originales, la placa tiene un agujerito más o trae un rayón”
De acuerdo con el Reglamento de Tránsito, la placa que se destruya o se extravíe, tendría que ser pagada, siendo el precio de cada una, según orden de Durazo de 2,500 pesos Bajo esas condiciones, ahora se sabe, “extrañamente” los usuarios no encontraban las placas de sus vehículos o estaban semidestruidas, perforadas o rayadas para borrar algún número Y los trafiques eran similares en las oficinas de Licencias, de Antecedentes Penales, etcétera
Cuando más arbitrariedades se cometían, el entonces procurador de Justicia del DF, Agustín Alanís Fuentes, logró la autorización del presidente López Portillo para que desaparecieran las famosas “charolas” Esto molestó a Durazo, quien declaró públicamente que “un policía sin charola no es policía” Y posteriormente llamó a Sahagún Baca
—Mira pinche Pancho, las próximas credenciales las mandas hacer más grandes y con la placa al doble de tamaño que tienen actualmente, porque este cabrón ya está viendo elefantes color de rosa
Así era Durazo








