El jardín de cemento

El jardín de cemento
Federico Campbell
IAN McEWAN: El jardín de cemento – Ed Tusquets; Barcelona, 1982
En esta novela corta se recrea la historia de una familia en la que, en ausencia de la autoridad paterna, los hijos deben tomar las riendas de la organización familiar El relato de la trama corre a cargo de uno de los protagonistas: el hijo de 16 años que cuenta el despertar a la vida y la necesaria adaptación de este curioso y peculiar grupo humano Para el joven narrador inglés, nacido en 1948 y autor asimismo de cuentos Primer amor, últimos ritos (Ed Anagrama; Barcelona, 1981), El jardín de cemento es “un relato, algo estremecedor acerca de las cadenas edípicas que a la vez amenazan y cimentan las relaciones familiares”
Hijo de un militar inglés, Ian McEwan creció, por los diversos destinos de su padre, en lugares como Trípoli y Singapur En 1970 decidió dedicarse a la literatura, en 1976 ganó el premio Somerset Maugham y ha escrito tres piezas para la televisión A pesar de su escasa producción, ya se le considera uno de los más interesantes portavoces de su generación
SHUNSUKE TSURUMI: Ideología y literatura del Japón moderno; Ed El Colegio de México; México, 1980
No parece gustarle mucho a Shunsuke Tsurumi la interpretación que la antropóloga Ruth Benedict ha hecho de la cultura japonesa en el sentido de que se fundamente en la vergüenza, “en contraste con la occidental, que es una cultura del pecado”
Otros elaboradores de tesis o hipótesis o teorías, como el sociólogo Sakuta Keichi y el crítico Tada Michitaro, tienen la impresión de que existe una categoría intermedia entre la vergüenza y el pecado: la timidez
Sea como sea, este libro trata sobre el problema de la modernización del Japón en el campo de la ideología “El proceso de modernización que había sufrido el Japón desde su apertura a Occidente en 1853, produjo una importante interacción entre la cultura del antiguo Estado y las culturas periféricas, entre las que se incluyó Corea Este proceso se manifestó asimismo en las corrientes literarias, de gran originalidad y valor estético, que absorbió, asimiló y contrastó los elementos tradicionales y las influencias occidentales”, dicen los editores Jaime del Palacio y Eduardo Martínez en la solapa
MORTIMER OSTOW: La depresión: psicología de la melancolía; Alianza Editorial 461; 172 páginas; Madrid, 1947
En momentos de depresión la tristeza es alegría Parece ser cuestión de matices, de más a menos o de menos a más, o de peor en pero, pero lo cierto es que la tristeza todavía guarda un tono humano no tan devastador ni aniquilante como la con justicia llamada despreciativamente “depre” por lo jóvenes, en el curso de cuyo túnel no es posible hablar, oír un discurso, leer, dormir, gozar Sólo el comer y el dormir parecen posibles si se pueden ejercer ininterrumpidamente
En el libro de este organicista neurólogo y psiquiatra y norteamericano, se discurre con criterios lógicamente muy clínicos, todo huele como a cloroformo y a hospital y a agujas hipodérmicas y a esa cosa aséptica que tienen los anfiteatros, pero hay por ahí unas líneas interesantes sobre la “tranquilidad narcisista”, ese estado en el que se recuesta el depresivo crónico u ocasional; es decir: una más de las maniobras de diversión —de desviación— a través de las cuales la persona trata de protegerse Otra operación defensiva sería la concentración obsesiva en el trabajo o en la búsqueda insaciable de placer (sexual)
“El estado de tranquilidad narcisista tiene sus desventajas El aumento de peso incomoda al enfermo, y más aún si se trata de una mujer El deseo sexual fortalecido resulta frustrante y embarazoso ante relaciones de objeto defectuosas, tendiendo hacia la masturbación o hacia contactos extramaritales y, en algunos casos, hacia la promiscuidad Por otra parte, la manifestación de este estado deteriora el propio narcisismo, que el sujeto trata de consolidar
“El estado de tranquilidad narcisista se produce siempre que el individuo intenta evitar la tensión No sólo tiene lugar después de un alivio de la depresión: también después de un progreso semejante en otras enfermedades”