¡Aguas con la ley!

¡Aguas con la ley!
Francisco Ponce
¡Shhhhh!
Cuidado: queda prohibido criticar lo inmoral de lo moral, por obra y gracia de quienes aplican la “justicia” al “ciudadano” Algo así como una santificación de los gobernantes en el ejercicio de un delito no tipificado tan drásticamente como otros que cometemos los periodistas: prevaricato
Y es que, en el último de los casos, la prevaricación ha sido parte inherente a la concepción que los priístas tienen sobre la manoseadísima y violadísima revolución mexicana
Entonces, se produce una victoria material e ideológica del gobernante, que va desde diferenciar al “hombre” del “ciudadano”, hasta la aplicación de medidas impositivas descabelladas, en lugar de integrar soluciones con base en la productividad
De cualquier manera, en este interesante juego de la política mexicana, en este magnífico experimento social, previo o preámbulo de la enajenación total, el que paga los impuestos carga con todos los males de los voraces chacales de la administración pública
Y precisamente por ello, surgen proyectos de ley que pretenden reglamentar el honor, el prestigio, en una palabra, “lo moral”, como si una legislación inmoral pudiera acabar con la inmoralidad
Porque de acuerdo con la paupérrima iniciativa de “ley moral” —en cuanto a conceptos y en cuanto a calidad jurídica—, desaparecerá un de los ejercicios más honestos de la vida social: la autocrítica, como fórmula auxiliar al desarrollo de nuestra cultura
Es decir, en la medida en que las modificaciones al Código Civil —así como las prohibiciones sobre la “deslealtad” de los funcionarios públicos— encuentren vigencia real, en esa medida nuestra sociedad será dramática, una caricatura O mejor: una sociedad regresiva al tiempo histórico previo a los totalitarismos militares de Argentina, Uruguay, Chile
Así, pues, hasta los cronistas deportivos tendrán que cuidar sus puntos de vista —y sus sintaxis, claro, aunque los de la televisión y radio podrían verse privados de su derecho a la narrativa verbal— y jamás, absolutamente, decir que un futbolista es un incapaz cuando falle un penalty, ya que podría lesionar la susceptibilidad y el honor familiar del pateabolas
Y en ese contexto, imagínense, atentaríamos contra el honor nacional, contra la identidad nacional, contra la pureza más transparente de nuestras convicciones, al criticar, aunque fuese por simbiosis, a nuestra lamentabilísima y mediocre escuadra nacional de futbol
Claro: aquellos amateurs que fallaron todos los penalties contra el equipo argentino en el torneo internacional de fut amateur, serían ciudadanos libres de toda sospecha
Afortunadamente, las iniciativas presidenciales deben recorrer dos caminos oficiales para ser aprobadas: la Cámara de Diputados y el Senado La primera, en un alarde de ignorancia sobre lo que debe ser la solidaridad partidista, aprobó el proyecto Pero faltan los senadores Y sería un buen momento para que demostraran que son unos locos quienes los estiman como representantes inútiles
Mientras tanto, creo que no hay ley que me prohiba, por el momento, decir que el gobierno ha entregado el honor nacional a Televisa: con la selección nacional de fut y con la trasculturación gringa que propone en su cotidiana programación