La disputa por el proyecto de economía, en el gobierno

La disputa por el proyecto de economía, en el gobierno
Tello Macías, avance desde la nacionalización; Silva Herzog, marcha atrás
Carlos Ramírez
Una vez decretados la nacionalización de la banca y el control de cambios, el gobierno se enfrenta a una pugna interna para saber el uso concreto y a largo plazo de ambas decisiones Entre crisis, deuda dolarizada, presiones externas e internas, vencimientos inmediatos de créditos, intervención del Fondo Monetario Internacional y cierto tono de conservadurismo en parte del sector oficial, la nación se encuentra a medio camino entre la proyección de aquellas medidas para cambios urgentes y la aceptación de compromisos internacionales y programas de ajuste que posponen reformas y limitan el alcance de los decretos del 1o de septiembre
Como hace seis años, en el interior del gobierno se vive la disputa por el proyecto nacional Varios hechos desencadenan las posiciones: para Carlos Tello Macías, nuevo director del Banco de México, el país se encuentra en la ruta de una reforma económica que rescate el proyecto nacional de desarrollo, olvidado por la especulación, la fuga de capitales, la crisis financiera y los programas parciales posteriores al 17 de febrero Para Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda, lo importante es negociar la carta de intención con el FMI, además de considerar que la nacionalización de la banca fue sólo un cambio de dueño y su función debe seguir siendo la misma
Como árbitro de ambas posiciones, el presidente López Portillo, finalmente, se verá obligado a optar por uno de los dos, como cuando lo hizo en 1977, a aceptarles la renuncia a sus secretarios de Programación, Carlos Tello Macías, y de Hacienda, Julio Rodolfo Moctezuma Hay, sin embargo, ciertos hechos que no repiten mecánicamente el ámbito de 1977: existe un gran apoyo popular, social y político a la nacionalización bancaria y el control de cambios, en tanto que el rechazo masivo al Fondo Monetario impide cualquier negociación secreta Al mismo tiempo, ciertas presiones oficiales internas desean que el Estado no se quede con las acciones y empresas de la banca privada, aunque el decreto de expropiación lo señale como mandato; en caso de que se deshiciera de ellas, habría una desnacionalización de la banca nacionalizada, cosa que rechazan sindicatos y fuerzas sociales
Las pugnas internas en el gobierno comienzan a perfilarse Por lo pronto, las contradicciones están planteadas: el proyecto de reforma económica con la banca nacionalizada implica una mayor participación del Estado en la economía y una reestructuración de la planta industrial con fronteras protegidas y dólares racionalizados Sin embargo, el proyecto de carta de intención —que es, según David Márquez Ayala, “carta de rendición”— que trato Silva Herzog la semana pasada, exige menor participación estatal, baja en el gasto público, represiones salariales, apoyo al sector privado y apertura de fronteras al estilo GATT
Después de lo que ocurrió en 1980 respecto al GATT, los sectores sociales y políticos han comprendido el carácter de la polémica interna en el gobierno De ahí que las presiones de sindicatos y partidos y otras fuerzas sociales vayan a tono con la reforma económica nacional De hecho, señalan en declaraciones y desplegados que lo que está jugando el país es la autonomía para señalarse a sí mismo su proyecto nacional y la posibilidad de el Estado, con la banca y los recursos financieros rescatados para la nación, cumpla con sus compromisos sociales y políticos
La apertura de esta polémica corrió a cargo de Silva Herzog Marginado del proceso nacionalizador, el secretario de Hacienda se enteró de los decretos horas antes de la lectura del VI Informe Presidencial Sin mucho ánimo, con una formalidad burocrática, presentó su renuncia al Presidente de la República Con esa misma formalidad, el funcionario fue ratificado en su puesto y le dieron instrucciones de darle posesión a Tello Macías de la dirección del Banco de México, cosa que hizo sin convicción En la ceremonia respectiva destacó la ausencia del director saliente, Miguel Mancera Aguayo, quien no dio, siquiera, las gracias por los cinco meses que duró
Con el ánimo desinflado, Silva Herzog salió a comienzos de septiembre hacia Toronto, Canadá, a las reuniones del FMI y del Banco Mundial Y ahí fue, precisamente, donde rompió el protocolo e hizo aflorar la disputa alrededor del carácter y alcance de la nacionalización Pero no lo hizo en un vacío de decisiones, sino justamente un día después de que el director del Banco de México había fijado los nuevos objetivos de la banca, en una presentación pública, televisada a nivel nacional y después de un acuerdo con el Presidente de la República
El tono de ambos funcionarios fue, en el fondo, contradictorio Mientras Tello Macías anunció bajas en las tasas de interés, rechazó cualquier contacto con la prensa hasta no tener terminados los reglamentos de los decretos presidenciales y planteó nuevos rumbos sociales a la banca y al país, Silva Herzog se permitió llamar a conferencia de prensa en Canadá, hablar con periodistas mexicanos que tenían poca información sobre las decisiones del 1o de septiembre y definir lo que a su juicio debería ser el funcionamiento de la banca nacionalizada
Desde Toronto, el secretario de Hacienda dijo el domingo 5 que no debería haber tanto cambio en los principios bancarios “Deberá mantenerse el principio fundamental de la operación financiera, pagar al ahorrador un rendimiento atractivo y deberá evitarse todo intento de subsidio que impediría el buen uso de los escasos recursos de que se dispone”, fueron las palabras recogidas
En México, durante una presentación en la casa presidencial de Los Pinos, Tello Macías hablaba de relanzar a la banca como instrumento de desarrollo, al margen de funcionamientos anteriores Para Tello, si el sector financiero privado había servido para la especulación, en manos del Estado podría utilizarse para la recuperación Para ello fijó objetivos que serían alcanzados con la banca nacionalizada: fortalecer el aparato productivo y distributivo del país, reordenar el sistema de créditos, detener las presiones inflacionarias, dar seguridad a ahorradores, apoyar a los pequeños cuentahabientes y bajar las tasas de interés
Habían sido planteadas, aquí y en Canadá, dos posiciones, dos perspectivas Para uno había que mantener las tasas de interés atractivas; para el otro, para Tello Macías, la reforma del sistema financiero podría tener alcances mayores si había decisión de hacerla Era, para Tello Macías, la clave para las tantas veces prometida y pospuesta reforma económica nacional
SILVA HERZOG, HOMBRE CONVENCIONAL
Detrás de la polémica se encuentran la personalidad y las actividades como funcionarios de dos economistas del gobierno De poca tradición teórica, Silva Herzog se formó en la burocracia financiera estatal, ahí donde las alianzas entre gobierno y sector privado constituyen todo un circuito de coincidencias, compromisos y realidades De hecho, Silva Herzog no pudo controlar la crisis de 1982 y no logró plantear salidas que salvaran al país Formalmente, resolvía la crisis con declaraciones de confianza Nunca quiso asumir decisiones determinantes e inclusive alentó y apoyó la negativa de Miguel Mancera Aguayo, definitivamente, a establecer cualquier control de cambios
Cuando tomó posesión en marzo, tenía tras de sí solamente su presencia como subsecretario de Hacienda A partir de esa fecha y hasta el primero de septiembre, fue el pararrayos del gobierno y el negociador, aunque tuvo en sus manos la posibilidad de plantear salidas reales de la crisis Sus propuestas fueron siempre a la defensiva, sin exacerbar los ánimos de la clase empresarial y bancaria Inclusive, echó mano de Agustín F Legorreta, presidente de Banamex, para que le ayudara con sus amigos los banqueros internacionales en la renegociación de la deuda externa
De marzo a agosto, la crisis fue creciendo hasta hacerse incontrolable No hubo mayor determinación que la de controlar algunos chicotazos de la crisis En el fondo, hubo más declaraciones que decisiones Tuvo que aceptar hasta una llamada de atención del entonces candidato presidencial priísta, Miguel de la Madrid Después de presentar su programa de ajuste en abril, con recetas monetaristas y de cierto tinte similar a las del Fondo Monetario Internacional, los hilos del exterior se veían muy evidentes El 8 de mayo, en una reunión sobre financiamiento para el desarrollo, De la Madrid dijo que “sólo los ingenuos se traban todavía en la polémica añeja de estructuralismo y monetarismo”
Era un mensaje directo contra el secretario de Hacienda y sus medidas El 15 de mayo Silva Herzog respondió a sus críticos en Cuernavaca: el ajuste monetario de abril está muy lejos, es ajeno, a soluciones monetaristas
El 23 de abril anunció su programa de ajuste Aunque las medidas significaban austeridad, crecimiento cero y problemas sociales, Silva Herzog habló de cuidar empleo y problemas mayores a la capacidad de vida de las mayorías En el fondo, ambos deseos eran contrapuestos Sin embargo, el programa significaba un retroceso del Estado y un repliegue del gobierno en la conducción económica, ante la fiesta especulativa de banqueros, comerciantes y empresarios Insistió en hablar de crisis financiera, de liquidez exclusivamente Desde entonces y hasta finales de agosto, la economía dio bandazos incontrolables
De ahí hasta junio, la situación apareció más o menos igual para el secretario de Hacienda Esto lo reiteró el 28 de junio, en Los Pinos Sus palabras hablaron de un repunte de la economía y de que la crisis había sido dominada No se refirió a los problemas de liquidez, desempleo, concentración acentuada de la riqueza, inflación, escasez, especulación, deterioro del nivel de vida de los mexicanos, dolarización, salarios reducidos, caída de la producción industrial, crisis de liquidez nacional Los sindicatos respondieron con datos y cifras al ahondamiento de la crisis Había, en realidad, confusión de términos: control de la crisis era, para Silva Herzog, menos gasto público, recesión, menos circulante, más reservas monetarias, baja en déficit fiscal, menos déficit comercial baja en déficit de cuenta corriente de balanza de pagos, más exportaciones de petróleo, menos burocracia, despidos, menos inversión pública Sin embargo, la crisis financiera comenzaba a causar estragos en el aparato económico general, en la plante industrial y en las relaciones políticas y sociales
Había, en consecuencia, dos países De todos modos, la situación financiera del gobierno era peor de lo que el mismo secretario de Hacienda decía que estaba recuperándose Habló de “problemas de caja”, cuando las cajas oficiales estaban vaciándose peligrosamente sin que nadie hiciera nada Para Silva Herzog, faltaba simplemente que se llenaran de nuevo las cajas y todo resuelto En agosto, Silva Herzog anunció el tipo dual y otras medidas de apoyo Pero resultaron, al final, engañosas: anunció reducciones del 35% en el ingreso sobre la renta, pero en realidad sólo llegarían al 11%
Ya en el tobogán de la crisis sin control, Hacienda declaró el 23 de agosto que el panorama internacional impedía cualquier corrección de la problemática nacional Sin embargo, el 26 de agosto Silva Herzog parecía volver a la confianza y entregó los primeros dólares preferenciales El primer beneficiado fue, curiosamente, Ernesto Rubio de Cueto, expresidente de la Concamin y dueño de Cementos Mexicanos
El 30 de agosto, Silva Herzog no sabía de la nacionalización Sin embargo, declaró que la economía del país era sólida y el problema financiero, temporal “México saldrá bien librado”, dijo, mientras la especulación era escandalosa e irrefrenable y el país se cimbraba en sus estructuras
En esta etapa de la crisis, Silva Herzog no tenía soluciones a la mano Además de disminuir el efecto, guardó siempre la carta del petróleo Sin embargo, no dejó de insistir en que el monto de la deuda no era peligroso y resultaba controlable Llegó a declarar que significaba apenas el 5% de las reservas, lo que originó cuestionamientos inclusive dentro del propio gabinete No podía, tampoco, llevar la relación como puente entre los dos presidentes, el saliente y el entrante Los dos querían soluciones de fondo, pero Silva Herzog seguía insistiendo en problemas de liquidez
La negociación con los banqueros internacionales fue tensa y larga Logró una prórroga de 90 días, pero porque los banqueros no quieren nada con López Portillo y esperan a De la Madrid para arreglar cuentas Cuando Silva Herzog fue a hablar con los banqueros, llegó con pocas propuestas Según el Wall Street Journal, pidió suspensión de pagos hasta 1984 Los banqueros le pidieron programas económicos del próximo presidente de la República, y del actual, pero no pudo ofrecer más que generalidades Lo más que logró fue la prórroga
Hacia comienzos de septiembre, se inclinó por la negociación inevitable con el FMI Inclusive, en la explicación pública de la crisis el 18 de agosto —que fue clara por elemental, pero oscura porque no mostró caminos a seguir más que la negociación con los organismos internacionales—, el secretario de Hacienda anunció conversaciones recientes con el FMI Sin embargo, informes del propio FMI hablaban de pláticas con Hacienda de varios meses No ofreció otros caminos En Toronto, en las reuniones del FMI y del Banco Mundial, la negociación fue agobiante A la fecha, no hay decisión
Fue en Toronto donde Silva Herzog, entró en contradicción hasta consigno mismo El 5 de septiembre declaró a periodistas mexicanos que México solamente pagaría intereses hasta 1983, según acuerdo logrado con bancos extranjeros Dos días después, sin embargo, se retractó y anunció que México entregaría a los bancos sus programas económico y financiero para mostrar la recuperación nacional Además del terremoto en las sedes bancarias del mundo, el FMI reaccionó violentamente y al parecer detuvo la negociación Silva Herzog se retractó el 8 de septiembre
TELLO, HOMBRE FUERTE
Ahí se abrió la pugna entre los dos proyectos económicos Tello Macías busca marginar la nacionalización de la banca y el control de cambios de cualquier negociación con el FMI, en tanto que Silva Herzog busca estructurar un programa de recuperación basado en la austeridad, el orden financiero gubernamental, el ajuste monetario, la disminución del gasto público, la limitación de la nacionalización bancaria a un funcionamiento igual al anterior y la temporalidad del control cambiario
Sin embargo, Tello Macías es un hombre duro De convicciones arraigadas renunció en 1977 y denunció públicamente que el programa monetario de Hacienda estaba asesorado por funcionarios del FMI En 1982 se repite la historia Solamente que hoy el país se encuentra ante posibilidades y decisiones determinantes Tello Macías tiene en sus manos el rescate del proyecto nacional que, para él, significa lo siguiente:
“La lucha por mantener y ampliar el control de la nación sobre las condiciones generales en que se desenvuelve la producción; el manejo nacional de los recursos; el fortalecimiento de la independencia económica y el ejercicio pleno de la soberanía nacional en materia de política económica y social” En asuntos concretos, ese proyecto busca: mayor participación estatal para cumplir compromisos sociales, promoción de empleo y producción, revaluación de los salarios, uso del gasto público como promotor del desarrollo justo
En su libro La política económica en México 1970-76, Tello Macías se refiere a los programas de estabilización y a la presencia del FMI como “la obstinación de revivir cadáveres” En ese texto, planteó la necesidad de romper con estructuras obsoletas que impedían reformas profundas en el país En la administración de Echeverría, esa falta de decisión de cambiar estructuras hizo que al final se hablara de “un desarrollo estabilizador vergonzante”
La situación económica, también, se repite en 1982 como en 1976 De ahí que las palabras de Tello Macías resulten proféticas: “los esfuerzos por reconstruir el pasado, en medio de condiciones económicas nacionales e internacionales totalmente distintas, no fueron presentados de golpe sino en partes: se disfrazaron de `esquemas estabilizadores’, advertencias sobre las `consecuencias inflacionarias’ de un gasto público excesivo; de recomendaciones respecto al manejo `sobrio’ que debe caracterizar a la política monetaria y crediticia; de advertencia sobre los `desequilibrios’ que crearía cualquier ajuste tributario; de programas para reducir `drásticamente’ el desequilibrio exterior mediante un menor crecimiento: de llamados al `equilibrio presupuestal'”
En general, agrega, se trata “de todo el recetario en que se ha envuelto, nacional e internacionalmente, la ideología que busca preservar los mezquinos privilegios de clase mediante el desempleo, la miseria y la marginación de millones de mexicanos Es la misma ideología que ve en la sudamericanización de nuestra economía y en la represión abierta el último recurso para defender su reducido mundo” Con la nacionalización y el control de cambios, el país se alejó de esa sudamericanización y Tello Macías busca alejarlo definitivamente del FMI
Sin embargo, la presencia del FMI —fantasmal, primero; evidente, después— está muy insistente sobre el país De ahí que volver al FMI y a sus recetas y limitar la nacionalización de la banca y el control de cambios sea una vuelta, un regreso, un retroceso, al desarrollo estabilizador que se enterró el 1o de septiembre Queda, para Tello Macías, un camino:
“La única alternativa a este tipo de estratagemas (del FMI) es la conformación de una nueva estrategia para el desarrollo nacional, que ponga de inmediato las medidas necesarias para reorientar la economía hacia objetivos de mayor producción y empleo, de satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población, de redistribución del ingreso ente grupos y regiones del país de mantenimiento de nuestra soberanía como nación, de fortalecimiento de nuestra independencia económica y de nuestras libertades democráticas”, dice en su ensayo sobre la política económica de 1970-76
Y ayer como hoy, las amenazas están encima Rescatado el sistema financiero, las bases para la reforma económica están más cerca que nunca Sin embargo, otro proyecto surge desde la Secretaría de Hacienda, que tiene tentáculos que vienen desde el FMI
Quedan muchas cosas por hacer para convertir en irreversible la nacionalización Hay, de todos modos, iniciativas para limitar esas medidas, y no vienen sólo desde el FMI sino que aquí se manifiestan Además de Silva Herzog, la nueva generación de banqueros de la banca nacionalizada no tiene ni experiencia ni mentalidad para convertirla en instrumento de desarrollo Algunos de ellos han sido exsecretarios de Hacienda, y como tales fueron aliados de los banqueros Otros vienen del Banco de México, como Leopoldo Solís, cuando esta institución servía a los intereses financieros privados Tienen hoy una nueva posibilidad de reencauzar sus ideas, dirigidos por Tello Macías
Hay no obstante, ciertos hechos Por ejemplo, David Ibarra Muñoz, —el hombre que creó el poder financiero de grupos—, quedó como director de Banamex y ofreció trabajo a Rubén Aguilar, que fue hasta el 1o de septiembre director de ese banco y hombre que alentó la especulación Cuando algunos funcionarios menores de Banamex le fueron a ver asustados por el desenfreno especulativo, Aguilar les dijo que era tiempo de ganar y que dedicaran tiempo y recursos a especular con divisas Después de participar en los cónclaves de los banqueros privados en el hotel Camino Real —propiedad de Banamex— Aguilar se retiró y los abandonó para cobijarse con Ibarra Muñoz
Si se nacionalizó la banca, el proceso puede burocratizarse o detenerse por muchos lados De ahí que Tello Macías esté en una carrera contra el tiempo y de ahí también que el presidente López Portillo tenga la decisión en sus manos: o reforma económica integral que implicaría —como él mismo lo dijo en su VI Informe— que “muchas decisiones pendientes podrán tomarse”, o, en caso contrario, aceptar programas de estabilización del FMI, retroceder en lo ganado y desnacionalizar lo nacionalizado Es, a fin de cuentas, la disputa por la nación en momentos decisivos