LOS “GUARURAS”, SIGNO DE LA CORRUPCION GENERAL

LOS “GUARURAS”, SIGNO DE LA CORRUPCION GENERAL
Señor director:
Hace tres días, a las 6 de la tarde, un amigo de condición humilde caminaba por la calle de Corregidora, cerca del Metro Candelaria Pasó un auto con tres agentes, quienes lo llamaron Sabiendo que era peor no hacerles caso o huir, se acercó al coche y ellos lo obligaron a subir Durante un paseo lo esculcaron —incluso le abrieron unos libros— y, total, le robaron su quincena A los pocos minutos lo dejaron junto a un callejón y huyeron Mi amigo sólo recuerda que era un coche grande y que llevaba una placa que decía CALIFORNIA con letras amarillas, sin ningún número ni otra cosa
Dudé en escribir esta carta porque me preguntaba: ¿y qué ganamos con que la publiquen? ¿Que la gente ya no transite por Corregidora? (que es un lugar común por donde andan estos coches con agentes) ¿Y qué hacemos con estos perros que andan sueltos por toda la ciudad?
Estos agentes, que pertenecen a la clase o cultura de los “guaruras”, son hombres que lo fueron y que por su adiestramiento los han convertido en mastines o, para el caso, en subhombres o animales sin ninguna conciencia ni horizonte más que la depredación para subsistir Tal vez esta misma drástica realidad les atenúa la culpa moral
Pero no son individuos aislados ni solamente palomillas de tres o cuatro, sino que pertenecen estos agentes a una gran mafia que es nuestro sistema de autoridad policial y, por extensión, a nuestro sistema de autoridad a secas No sé mucho de estructuras políticas, pero, siguiendo temerariamente la lógica, este sistema jurídico-cohercitivo (más lo segundo que lo primero) es la gran fuerza y base que sostiene a la gran pirámide del sistema PRI-gobierno, y a todos sus puntales económicos e ideológicos
A medida que subimos por la gran pirámide desde la base, los guaruras, va aumentando, poco a poco, la responsabilidad moral, de tal manera que el robo a mano armada de los agentes se va convirtiendo en la mordida de los funcionarios, el cohecho de los jueces, los negocios y mutuos regalos de alcaldes y gobernadores, las inteligentes medidas de los secretarios o ministros y, por último, la planeación revolucionaria del C Presidente de la República Todo esto, en sutil proceso de sublimación
Ante una carta de esta índole quisiera uno proponer soluciones; pero yo, al menos, me siento totalmente indefenso y falto de imaginación frente a síntomas de problemas tan graves y complejos Podría uno sugerir la organización de grupos independientes y organizados para la denuncia y la acción (digo grupos aparte de los partidos políticos) Sí, pero, ¿cómo y dónde? ¿Y cuándo vamos los mexicanos a despertar de este marasmo? Nos pasan por encima una aplanadora, y al día siguiente estamos en la calle echando flores y vivas a quien nos la pasó Con todo, alguna conciencia comienza a brotar como esperanza Y ojalá que esta modesta carta —empantanada en las palabras y sin capacidad cercana de praxis— sirva para aumentar en algo dicha conciencia y ayudarnos a trascender un poquito más
Jerónimo Kohtom
México, DF